20 de Agosto. 7:51

I’ll / Estaré diciendo esto hoy y tendré éxito un día de estos:

“”Escucha, voy de prisa, pero creo que eres como/algo linda. Invítame a tomar algo uno de estos días/ Tomémonos algo un día, ¿Qué dices?”

22:18

En mi cuarto acabo de ver “Tensión sexual no resuelta”, una comedia española muy inteligente, y por “inteligente me refiero a que fue capaz de sacarme muchas risas a palo con seducciones violentamente homosexuales y contraespionaje apasionado para demostrarnos una vez más que el amor puede sacar lo peor de nosotros y que de lo peor de nosotros puede haber amor,

22:55

Mi papá está en hoy en la clínica tal y como estaba recostado en una camilla hace 7 años, en el 2003, excepto que esta vez su riñón derecho o izquierdo es 7 años más viejo.

Recuerdo todas las habitaciones que tuvo en la Clínica Marly en el año del trasplante, el cual fue ese 23 de Junio:

Todas sus habitaciones tenían un toque azul, no sé bien cómo eran sus pisos, tal vez de cerámica barata blanca y negra. Eran habitaciones grandes y pequeñas, solas o compartidas, con televisor todas y seguramente con baño de barandas.

Al lado de la camal, en la que estaba recostado ese infame, flacucho, peludo y afeitado (en unas partes) y pálido cuerpo de mi papá, había generalmente un sofá grande en el que los visitantes nos sentábamos a sacar de quicio al enfermo  y en el que yo una vez me quedé a dormir en contra de las normas de la clínica.

Esa noche, como me imagino serían también las demás, hacía mucho ruido. No el ruido de la fiesta que entra por mi ventana ahora sino un ruido blanco, un constante bip hospitalario o clínico que nos recuerda que no somos los únicos enfermos en este hospital corto y eterno al tiempo.

La comida se la clínica era especial, muy misteriosa, oculta e inmaculada, tan inmaculada como para casi no saber a nada para el paciente. Yo disfrutaba esos platos cortesía de papá  convaleciente. Ensaladas de fruta con Helado, jugos, gelatinas, palitos de queso, sopas, tal vez yo haya comido más que el paciente flaco y nutrido a base de intravenosa.

Me recuerdo pasando los canales de Tv, viendo canales de música  (cuando SI eran de música), los Simpsons, los noticieros, todo. Mi papá, como lector consagrado, ignoraba la Tv.

Me acuerdo del espíritu Navideño y de Año Nuevo que nos acompañaron en forma de locuras y arranques de un padre “insane”.

Salíamos de visitar a papá, generalmente de Noche y con Mamá y Perlita, íbamos a Éxito, donde yo me antojaba del Xbox que anhelé más que por las papas y Gaseosa, ritual de cada día de visita.

Durante esta semana de ausencia física de Papá, odiaría decir que ya me he acostumbradoo a que falte o a que no lo extraño. Eso sería mentira.

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