El Sentir de los Sentires

Considerarnos colombianos, venezolanos, mexicanos o americanos no es algo que sea realmente natural. No siempre fue verdad, y difícilmente es, que los habitantes de lo que hoy llamamos América se sintieran verdaderamente americanos o que los habitantes de la que fue la Nueva Granada fueran siempre colombianos, para que esto sucediera se requirió de mucho tiempo y de muchos hechos que se fueron cristalizando en la conciencia de los habitantes de estas tierras, como una noción o sentimiento unificador: el sentimiento de Nación.

El sentirse parte de una nación, sentirse colombiano o americano, es una experiencia unificadora porque evoca el sentirse parte de, estar en y compartir con[1]. De acuerdo con Benedict Anderson, Nación es una “comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana” (Anderson 23) entonces, estas tres experiencias por mí propuestas serían sentimientos que existen en una “comunidad imaginada” y que definen por tanto a los sujetos que los viven. También sería bueno analizar la penetración de éstas tres formas de sentir (ser parte de, estar en y compartir con) en un mismo elemento que es considerado por muchos historiadores como Nacionalismo.

Sentirse parte de, es un sentimiento muy fuerte porque le confiere al individuo cierta identidad. Esto se ve en la época de la Edad Media en la cual tener un lugar en un Estamento o Feudo era causa de privilegios y características del sujeto, por ejemplo, quien se encontraba en el nivel más bajo, era el “Siervo de la Gleba” y tenía únicamente el derecho a la seguridad a cambio de sus servicios al Señor.

Sentirse parte de, era un anhelo de los españoles de América[2], quienes se sentían iguales a los Españoles de España, pero eran apartados por ellos de todas las actividades económicas y políticas; no tenían acceso a los cargos públicos, que les eran negados, pero se consideraban idóneos para desempeñarlos. No se sentían parte de una comunidad española, se sentían parte de una comunidad americana, lo que les daba una identidad diferente y nueva frente a una figura española de antaño, constituía la “liquidación de los opuestos conceptuales”[3] de sus “realidades imaginadas”[4](Anderson p). En proclamación de esa identidad propia, de la cual eran parte de, los criollos se Independizaron de esa autoridad de la metrópolis y se recrearon en su imaginación, “un estado de vida en la que la nación se considerara como algo totalmente nuevo” (Anderson 267).

Estar en, significa el sentimiento que el individuo de hoy y el “criollo” del siglo XIX tienen cuando están viviendo en un territorio el cual sienten como suyo. Los criollos de la época de la Independencia (siglo XIX), gracias a la Expedición Botánica “adquirieron así conocimientos sobre sus países y descubrieron las riquezas y las posibilidades que ofrecían sus propios territorios” (König 15). Al descubrir el territorio que les rodeaba y estar conscientes de las riquezas,  los “Criollos” empezaron a sentir que estaban en una tierra que les pertenecía y que defenderían de las manos de quienes no estaban en ella, de quienes no habían nacido allí. (…) Rechazaron cada vez más el concepto de que había que impulsar el desarrollo económico de las colonias para bien de España (König 16).

Sentir, el compartir con, anuncia que el sentirse parte de y el estar en, son experiencias no individuales, sino colectivas que existen de manera significativa cuando “en la mente de cada uno se vive la imagen de la comunión” (Anderson 23).

“La imagen de la comunión” es experimentada por individuos que se dan cuenta que tienen cosas en común, imaginándose como Nación (Anderson 23). Lo anterior significa el sentir que se comparte con el otro, con el prójimo, con el semejante y en la medida que esto sucede, el compartir con hace que el individuo se sienta importante en un colectivo, que no se sienta solo y que sea importante. En este caso, la nación se percibe “siempre como un compañerismo profundo” (Anderson 25).

No podría decir lo mismo, mejor de como lo dice Benedict Anderson para referirse a América y en especial, al período protagonizado por los criollos en su “emancipación”: “Es ésta fraternidad la que ha permitido, durante los últimos dos siglos, que tantos millones de personas maten y, sobre todo, estén dispuestas a morir por imaginaciones tan limitadas” (Anderson 25).

A pesar del sentirse parte de, estar en y compartir con, es imposible pensar en los “Criollos” solo como “Criollos” o en los americanos únicamente como americanos. Tanto en el siglo XIX como hoy, había en toda América diferentes razas –blanca, negra indígena, mestiza, zambo, mulato-; diferentes credos; orígenes –nativos, europeos, africanos-; costumbres, intereses. No es igual el Criollo de Santa Fe que el Criollo de Antioquia. Es imposible hablar de un Nacionalismo antes que hablar de un Regionalismo o de unos particularismos locales.

El Regionalismo en el siglo de la “Emancipación” de la Nueva Granada era parte de “La imagen de la comunión” que tenían sus pobladores. Era más común que el sentirse parte de, el estar en y el compartir con no se refiriera a los americanos o a los criollos como “comunidad imaginada”; no al país o a la Nueva Granada como territorio de la comunidad, sino más bien, a los antioqueños o a los santafereños; a Antioquia o a Santa Fe.

Los Regionalismos hacían difícil la conformación de una comunidad americana o criolla, que facilitara la unión para hacer la fuerza que se enfrentara contra la Metrópolis. También fue causa de la división que hubo entre Federalistas y Centralistas quienes lucharon entre sí por el poder del Estado nacional que pretendían fundar. Una lucha que facilitó la reconquista por parte de los españoles en 1816.

Este Regionalismo, y a la larga el Nacionalismo, sería incompleto por lo que dejo a la saga a nuestros ancestros los Indígenas y a los Afrodescendientes, por las limitaciones de espacio y de tiempo. Valga formularse una pregunta final: ¿Es posible considerar a Colombia un país donde hay un solo gentilicio?

OBRAS CITADAS

  • Anderson, Benedict. Comunidades Imaginadas: Reflexiones sobre l origen y la difusión del nacionalismo. México: FCE, 2005.
  • Hobsbawm, Erick. Naciones y Nacionalismo desde 1870. Trads. Jordi Beltrán. Barcelona: Crítica, 1991.
  • König, Hans-Joachim. “Los Movimientos de Independencia Hispanoamericanos: Actores y Programas” En: Janik, Dieter. La Literatura en la Formación de los Estados Americanos: 1800-1860. Madrid: Bibliotheca Ib

[1] Utilizaré estas expresiones como sustantivos.

[2] Con “españoles de América” me estoy refiriendo a los “Criollos” y más que todo, a sus élites.

[3] Según Benedict Anderson son: “Imperios Dinásticos, instituciones monárquicas, absolutismos, sometimientos, noblezas heredadas, servidumbre, ghettos, etc.”

[4] Para Benedict Anderson, producto de la “confusión americana”, las “realidades Imaginadas” son: “Estados nacionales, instituciones republicanas, ciudadanías comunes, soberanía popular, banderas e himnos nacionales, etc.”

3 Comments

Filed under Próxima Parada, Verba

3 responses to “El Sentir de los Sentires

  1. My partner and I stumbled over here from a different web
    page and thought I might check things out. I like what I see so
    now i’m following you. Look forward to exploring your web page repeatedly.

  2. Hello there! Do you use Twitter? I’d like to follow you if that would be ok.
    I’m undoubtedly enjoying your blog and look forward to new posts.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s