Juicio Justo

Con los alarmantes casos de violadores en nuestro país en la última década, se está planteando la posibilidad de ignorar un pasaje de la Constitución que dice que “no habrá pena de muerte” al pensar en aplicar ésta pena a violadores de niños o pederastas.

Las recientes noticias de abusadores sexuales, del hombre que le tocó una nalga a una mujer y del famoso caso del violador y asesino en serie Luis Alfredo Garavito, están poniendo a pensar no solo a los legisladores ni a los políticos, sino a la ciudadanía en general, sobre una reevaluación de la pena de 40 años de cárcel, máxima en la Justicia Colombiana a un castigo mayor como sería la cadena perpetua o la muerte.

El caso de Pablo Enrique Díaz, el hombre que violó a su hijastra, y quien fuera la primera paciente del Aborto Legal en Colombia actualmente está pagando la pena de 9 años de cárcel, tiempo que con las rebajas a que ha sido sometido quedará en la mitad. Otro abusador, Germán Bustos, quien será liberado en un año por violar a una niña. O el caso de Erick Fernando Gaviria Villegas, quien recibió una condena de 26 años de prisión por violar a una niña de 5 años.

Casos como los anteriores, demuestran la debilidad de la justicia colombiana al juzgar y castigar criminales con penas que muchas veces no guardan una “proporción” con el delito mismo. Y si no se tiene esta “proporción” o esta ecuanimidad en nuestro sistema penal, ¿cómo es que se piensa aplicar la cadena perpetua o la pena de muerte a abusadores sexuales, a asesinos en serie y a todos los delincuentes?

Pero hay que ponernos a pensar en lo que derivaría la pena de muerte o la cadena perpetua: El derecho a la vida ya dejaría de ser un derecho fundamental para los ciudadanos pasando a ser un derecho que puede ser “omitido”;  el sistema penal sería más violento y más inútil, porque las penas no paran a los individuos y menos a los delincuentes, haciéndolos más inteligentes y sagaces al armar sus delitos y al esconderlos, y finalmente, dándoles más deseos, más miedos y más premeditación de los crímenes.

Por las razones anteriores, se podría pensar “utópicamente” en un sistema penal educativo, reformatorio y readaptativo del criminal a la sociedad. O en su defecto, el  violento Método de Ludovico, que fue utilizado en la Naranja Mecánica de Anthony Burguess. Con este método reeducativo y readaptativo por el que pasó Alex (personaje principal de la Naranja Mecánica) en el cual le mostraban imágenes violentas que aunadas a que estaba siendo drogado provocaban dolor físico, ansiedad y tristeza en él, dando como resultado en Alex, una relación entre los crímenes y el dolor físico, resumido en una aversión a la violencia y a los crímenes tanto violentos como sexuales. Aunque con esta técnica, si se aplicara, cosa que no es muy posible porque es una forma violenta y “deshumanizadora” de corregir, se conseguiría dejar a sus pacientes como “castrados sociales”.

Los violadores, querámoslo o no, siguen siendo seres humanos como explica Sebastián Cordero, un renombrado director de cine ecuatoriano conocido por Ratas, Ratones y Rateros ante una entrevista concedida al diario El Tiempo cuando se le pregunta: “Hay muchísimas películas inspiradas en asesinos en serie, ¿qué diferencia la suya?” responde: “Claro que las hay, pero todas se van por el estereotipo del asesino en serie y se pierde lo más fascinante: su lado humano, que convive con el monstruoso”. En la entrevista, el cineasta responde también que “vivimos en sociedades poco tolerantes y es muy fácil decir que tal individuo es un “monstruo”, quitándole la humanidad que también tiene”. En tal caso, si se debiera aplicar un castigo a Garavito y a los demás violadores, tal pena tendría que ser “humanizadora”, “justa” y digna para un ser humano que tuvo un tropezón muy grande contra el mundo: un tropezón ilegal e inmoral.

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