¿Se equivocó Salomón?

Introducción.

Sobre el juicio que le correspondió emitir en el conflicto entre dos prostitutas que se disputaban un nene como su hijo, el sabio rey mandó: “Corten al niño vivo en dos y den una mitad a una mujer y la otra mitad a la otra”. Inmediatamente, la primera mujer reaccionó y suplicó dejar al niño vivo y entregarlo a la otra mujer, quien al mismo tiempo dijo: “Ni mío ni tuyo llegará a ser”. El rey sentenció: “Den a aquella [la primera mujer] el niño vivo y no deben de ninguna manera hacerlo morir, ella es su madre”.[1]

Salomón recién recibía la investidura de Rey por su padre David y pensaba que no estaba preparado para tamaña responsabilidad, pensaba: “no soy más que un muchachito, no sé cómo salir ni como entrar a un pueblo tan cuantioso que no se puede numerar ni contar por su multitud”[2]. Por ello pidió a su Dios un “corazón obediente” para juzgar a su pueblo, “para discernir entre lo bueno y lo malo”, máxime cuando se trataba de un pueblo difícil; por supuesto que esa petición agradó a su Dios quien le dijo: que por razón de haber solicitado sabiduría y no larga vida, ni riqueza, ni el alma de sus enemigos, así le fue concedido por vía de revelación en sueño[3]. Despertado y si nos atenemos a las palabras de las Sagradas Escrituras, se tiene de presente que es en una ilustración para explicar en qué consistiría la sabiduría para su Pueblo, por el contrario, si el conflicto entre las Prostitutas fue un hecho histórico, su sentencia resulta relevante para quienes nos iniciamos en el estudio del Derecho.

 

El Rey Salomón y los enfoques de Betegón.

A la luz de los cuatro enfoques que plantea Betegón[4]: Derecho como Derecho objetivo, como derecho subjetivo, como ciencia o actividad intelectiva y como ideal de Justicia.

Con base en el primer enfoque –Derecho como Derecho objetivo– Salomón, el sabio rey, contaba con los Diez Mandamientos de Moisés, un sistema normativo de naturaleza religiosa y moral, en el que se encuentra el mandato  de “No Matarás” que debía servirle de “Premisa mayor” para éste caso. No contaba con medios probatorios que verificaran los testimonios de las prostitutas, en su lugar, tenía la Sabiduría divina y el discernimiento para impartir Justicia en forma perfecta porque estas virtudes eran venidas de Dios, en consecuencia fuera cual fuere su sentencia, no podía equivocarse.

Siguiendo este orden, el segundo enfoque –Derecho como derecho subjetivo o facultad de la que gozan las personas-. Salomón, el gobernante y administrador de justicia de su pueblo (poder concentrado), tenía por deber proteger la vida del nene, que no era realmente el derecho que se le había pedido proteger en este caso, pues lo que debía hacer era restituirlo al seno de su madre. Para proteger este derecho, Salomón estuvo dispuesto a sacrificar la vida y por consiguiente, el Quinto Mandamiento de Moisés –“No Matarás”-.

Continuando con el hilo conductor, –Derecho como ciencia o actividad intelectiva-, Salomón tenía muy claros los Mandamientos de Dios, que eran principios firmes e innegables, eran el Dogma. Se ha de pensar que en la Antigua Israel, el conocimiento normativo no se consideraba “ciencia” sino que era más bien un “Dogma”, unido a la ética y a la moral de Dios.

El Derecho como ideal de Justicia.

En la solución que Salomón planteaba a las dos mujeres -partir al niño por la mitad-, se puede pensar que su ideal de Justicia podía identificarse con el Principio de Igualdad; esta Igualdad implicaba que la madre verdadera perdía a su niño y la madre falsa tenía al menos la mitad de un niño muerto, llevándose la satisfacción egoísta y malvada de ganar el caso, reflejada en su expresión: “Ni mío ni tuyo llegará a ser”[5].

A la luz de este enfoque de Betegón, quien dice que en ciertos contextos, el “derecho adopta una dimensión prescriptiva acerca no de lo que existe, sino de lo que debería existir, no de lo que el Derecho dice o de los derechos que se tienen, sino de lo que debería decir o debería tenerse”[6]. Por esto, se entiende que el Principio de Justicia es un ideal que debe perseguirse siempre. En el caso de Salomón, él con su “Sabiduría Divina” y su obediencia a Dios, tenía que actuar con Fe, tenía el deber de buscar la Justicia pero no bajo los cuestionamientos de los 10 Mandamientos como normas morales y vigentes.

En virtud de su sabiduría, se puede inferir que él utilizó su orden de cortar al niño y darle una mitad a cada una de las prostitutas, como un ultimátum  para ver la reacción de las mujeres y poder conseguir así pruebas e indicios que le ayudaran luego en su sentencia.

Al aplicar éste ultimátum, se corrió el riesgo de que ambas madres hubiesen reaccionado de manera inesperada. Si hubieran reaccionado igual: la madre verdadera por amor renuncia al niño y la madre falsa hubiese renunciado de la misma manera para no ver morir a un niño, entonces, Salomón hubiese quedado sin elementos de juicio para dictaminar su sentencia.

El procedimiento utilizado por el Rey, no fue el mejor, fue un procedimiento confiado por entero a su Sabiduría y al poder Divino del que fue investido, que afortunadamente fue exitoso para cumplir con el Ideal de Justicia, devolviendo al niño a su madre verdadera.


¿Se equivocó Salomón?

Al final de cuentas, Salomón cumplió con su cometido y fue certero en su sentencia. Hizo prevalecer la verdad y en consecuencia, siguió el Ideal de Justicia que se proponía y fue coherente en las concepciones de casi todos los filósofos sobre éste ideal del Derecho: “Armonía, Proporcionalidad e Igualdad”[7].

El procedimiento de éste rey Sabio en búsqueda de pruebas que le permitieran decidir la madre del niño fue un tanto riesgoso y desproporcionado porque podía haberse quedado sin elementos de juicio o habría violado el Quinto Mandamiento de Moisés.

En su sabiduría divina, Salomón, en lugar de utilizar el ultimátum de la muerte del niño, podría haber utilizado el ultimátum de entregarlo a un hogar sustituto consiguiendo, tal vez, las mismas reacciones de las mujeres.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Leyes 1. 3: 1 – 3:28. En: Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. New York: Watch Tower Bible and Track Society of Pensilvania, 1987.
  • BETEGÓN, Jerónimo. Lecciones de Teoría del Derecho.
  • MONROY C., Marco Gerardo. Introducción al Derecho. 5 ed. Bogotá: Temis, 1980.

[1] Reyes 1. 3: 1 – 3:28. En: Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. New York: Watch Tower Bible and Track Society of Pensilvania, 1987. p. 445 – 447.

[2] Ibíd., p. 445.

[3] Ibíd., p. 446.

[4] BETEGÓN, Jerónimo. Lecciones de Teoría del Derecho. p. 3-30.

[5] Reyes 1. 3: 1 – 3:28. En: Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. New York: Watch Tower Bible and Track Society of Pensilvania, 1987. p. 446.

[6] BETEGÓN, Jerónimo. Ob. cit., p. 5-6.

[7] MONROY C., Marco Gerardo. Introducción al Derecho. 5 ed. Bogotá: Temis, 1980. p. 46.

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