¿Cuál es el valor de la vida?

Desde pequeños nos repiten que la vida humana es invaluable, que no se puede tasar ni cuantificar y que dentro de esa infinitud, todos valemos lo mismo. Por lo tanto, somos iguales.

Esta concepción del valor infinito, y por consiguiente de nuestra igualdad como seres humanos, de la vida está “plasmada” en nuestra Constitución[1], en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano[2], en la Declaración Universal de los Derechos Humanos[3] y en muchos otros documentos jurídicos de los Estados y de la “comunidad internacional”.

La historia nos ha mostrado con muchos ejemplos que la vida no ha sido siempre invaluable o ha valido lo mismo, al menos en el papel. Los primeros descubridores y colonizadores usaron una especie de Discurso Colonial, parte de estas tesis o puntos de vista que justificaban los propósitos colonizadores hacían uso de los “epítetos” o calificativos con los cuales nombraron y, como diría Enrique Dussel[4], “negaron al otro”.

Para Vespucci[5], los originarios de estas tierras eran “salvajes” o “bárbaros”[6], pues “carecían de vestimentas”, no tenían autoridad superior ni ley, eran promiscuos, “no tenían iglesias” y “comían carne humana”. Colón opinaba de manera muy parecida en sus cartas a la Corona Española[7].

Los seres humanos no hemos valido lo mismo siempre porque ni siquiera hemos sido considerados humanos entre nosotros mismos. No nos hemos valorado como iguales, por eso ha habido discriminación de raza, nacionalidad e incluso por intelecto[8]. Los Cruzados hicieron la misma distinción pero entre los seres humanos (o cristianos) y los “perros infieles”[9]. Los serbios consideraban que al exterminar a los musulmanes no estaban violando los derechos humanos porque los musulmanes no son verdaderamente humanos, sino humanoides o pseudo-humanos. Los Nazis pensaron que acabando con los judíos se elevarían por sobre su animalidad, convirtiéndose en seres racionales y por lo tanto humanos.

Diariamente nos damos cuenta que las personas no somos iguales, que nuestros derechos no son tan inalienables, inviolables y fundamentales como se pretende en esos bellos documentos productos de revoluciones, convenios y asambleas constituyentes. La regla es excepción en la realidad[10].

Inclusive nuestro sistema jurídico se contradice a la hora de dar valor a los ciudadanos. En una parte dice que todos somos iguales (Artículo 13 de la Constitución) y en otra se pone precio a la vida, como cuando por Responsabilidad Civil Extracontractual[11] alguien tiene que indemnizar a la familia de la persona que lesionó por su culpa; o cuando en los accidentes de trabajo se indemniza al trabajador al sufrir un accidente. Hay diferentes equivalencias en dinero para las incapacidades permanentes del trabajador[12].

La vida de una persona, en términos económicos viene dada por su capacidad de trabajo. Tal vez por eso, en países como China, donde la población es tan numerosa y donde hay una sobreoferta de la mano de obra, el trabajo de una persona es tan poco remunerado, a veces casi gratuito, lo que puede ser visto como una especie de esclavitud[13].

El cuerpo del ser humano es como un producto porque es apreciable y comercializable. Los órganos de una persona pueden ser vendidos en el mercado negro o legalmente, como en Filipinas donde la comercialización de órganos no es ilícita y donde es posible encontrar un riñón a precios tan irrisorios entre 1.000 y 2.000 Euros[14]

¿Será posible que la vida humana sea tan invaluable, que al final no valga nada?


[1] Artículo 13: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica (…)”.

[2] Artículo 1: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.” En este artículo se puede interpretar que sí hay distinción entre las personas, pero cumpliendo con la condición de ser fundada en la “utilidad común”. En el artículo 13 de nuestra Constitución las únicas distinciones permitidas son por las que generen debilidad, por lo cual el Estado los “protegerá” con especial atención.

[3] Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

[4] DUSSEL, Enrique. “Europa, Modernidad y eurocentrismo”. Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina” La Colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, perspectivas latinoamericanas. Ed. Edgardo Lander. UNESCO.

[5] VESPUCIO, Américo. “Cartas de Vespucio”. Trads. Martín Fernández de Navarrete y Enrique Uribe White. Bogotá: Biblioteca Nacional de Colombia, 1942. Véase también  COLÓN, Cristóbal. “Textos y documentos completos. Relaciones de viajes, cartas y memoriales”. Ed. Consuelo Varela. Madrid: Alianza, 1984.

[6] Incluso les llamaban “Caníbales” porque “comían carne humana”.

[7] COLÓN, Cristóbal. “Textos y documentos completos. Relaciones de viajes, cartas y memoriales”. Ed. Consuelo Varela. Madrid: Alianza, 1984.

[8]La Discriminación por intelecto se funda en que los adultos son más inteligentes que los niños. De esta discriminación se puede derivar la que es objeto las mujeres, porque, anteriormente para casi todos los hombres, ellas siempre son y serán infantiles.

[9] Platón dijo que hay una gran diferencia entre los humanos y los animales basada en la razón. Contrario a esta posición , se encuentra Nietzsche, para quien los seres humanos, por sus actos en contra de la humanidad como violar o asesinar, es una peligrosa especie de animal. ¿A quién le creemos?

[10] Véanse los informes de las ONG’s y Organismos Internacionales sobre las cifras por violaciones de los derechos humanos en el mundo (y en Colombia).

[11] Código Civil. Artículo 2341: “El que ha cometido un delito o culpa, que ha inferido daño a otro, es obligado a la indemnización”. Sobre la Reparación del Daño: Código de Procedimiento Civil. Artículo 307, 308 y 335.

[12] Código Sustantivo del Trabajo. Artículo 209.

[13] Según Hewitt, InterChina, el salario anual de un operario de maquinaria es de U$2.000 – U$2.400, por lo tanto el jornal costaría U$2.000/360= U$5,55. Tomado de <http://www.casaasia.es/pdf/61405112728AM1118741248088.pdf&gt;

[14]“Filipinas lucha contra el tráfico de órganos”. Artículo en Línea. Disponible en <http://www.elmundo.es/elmundosalud/2008/03/28/medicina/1206722515.html&gt;.

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