No me ha importado leer el «artículo literariamente rico» que escribió Alejandra Azcárate para la culta y no «light» Revista Aló que parece haber generado tantas reacciones en los interwebz que todo el mundo tiene una… Antes de empezar a decir cualquier cosa en contra o a favor de la Azcárate, tengo que confesar que no soy la persona más «humorista» del mundo. No he escrito nunca nada en una revista, mucho menos light, ni he tenido ni tendré un Stand Up Comedy. Pero puedo decir si algo es chistoso o no, como también puedo decir si una obesa es asquerosa o adorable.
Puedo decir que Alejandra Azcárate, como cualquier mujer, no es chistosa, pudo haberme sacado una risa de vez en cuando en los «Comediantes de la Noche» –como la humorista mujer que llegó a ese programa gracias a la Ley de Cuotas y tal vez porque la vieja no está mal para la vista haciéndole contrapeso a la triste figura de Gonzalo Valderrama Múnera–, pero no es alguien que sea chistosa y puedo decir que su pieza literaria que «incendió la opinión especializada de internet», tampoco es chistoso. Si lo hubiera sido, habría sido un chiste más que todo el mundo hubiera olvidado luego de reírse de él de vez en cuando al recordarlo, pero nada más.
Pero para mis placeres, ya que me gusta reírme de la gente ridícula de este país que hace tormentas por nada y cuando en realidad pasa algo, los grillos trinan (no sé cuál es el sonido de los grillos). El problema de todo esto es como cuando en una fiesta alguien cuenta un chiste que no hace reír a nadie. La reacción normal sería hacer silencio, dejar que los grillos maúllen y luego reírse de la pendeja que lo contó (porque por lo general es una vieja que no hace reír a nadie y no es porque el malvado patriarcado no deje a las mujeres ser comediantes, sino que ellas no son chistosas). Pero no, aquí en Colombia todo es al revés: seguimos machacando sobre el mismo chiste flojo. ¿Quién es más ridícula, la persona que lo contó o la que lo repite sin cesar?
Gordita, si compraste la Revista Aló en que salió el artículo, esa revista está dirigida a ti. Si leíste lo que Azcárate escribió, pues lo escribió pensando en tí. Y si te ofendiste, te ofendiste porque así lo quisiste. Tú eres su público. Los muslos anchos de esta nación y uno que otro «chubby chasser» (debería haber un término análogo en español) se sintieron ofendidos porque quieren sentirse ofendidos. (Les gusta llamarse indignados).
Pero su indignación no contradice la idea principal que Azcárate no logró hacer chistosa y que de por sí es muy chistosa: a nadie, con excepción de uno que otro fetichista, nadie siente atracción hacia la gente obesa. Pero esa verdad no es vieja, lo que es nuevo es la reacción porque las pesadas y grasosas masas de esta nación quieren aprovechar este «chanchullo» para empezar a embutirnos por nuestras gargantas la grasosa empanada de «Que hay más de un estándar de belleza», «Todos los cuerpos son hermosos», «Las gorditas tienen carnecita», «Tienen más para agarrar», «Más de donde amar», «También tenemos dignidad»…
Sin embargo, solo supieron sentirse indignados y ofendidos en su dignidad, cuando precisamente su gordura y su obesidad es lo que se las quita. Se sintieron ofendidos e indignados como una excusa para no aceptar que tienen un serio problema de salud que está haciendo que sus vidas sean menos dignas y afecte a los que gustamos de ver bonitos paisajes. Quieren una lechona expiatoria hacia la cual volver su ira que tienen consigo mismos, echarle la culpa a Azcárate y a los medios por «promover estándares imposibles de belleza» que son los culpables de que tengan un estilo de vida poco saludable basado en tragar e hibernar frente al televisor.
No soy chistoso y tampoco soy médico, pero puedo decir que el sobrepeso y la obesidad son enfermedades que se tienen que curar y no se van a curar con piezas maestras de la literatura light como la mentada, pero mucho menos se van a curar si nos tragamos el cuento de que está bien estar enfermos. Ser delgado o un poco gordo per sé no son síntomas de una enfermedad, pero los excesos sí lo son (y no culpen al artículo de ser el causante de «que miles de jovencitas estén vomitando lo que comen para verse como…»).
No más hablar de enfermedades asquerosas como la que tiene como síntoma tener una desproporción entre el peso y la estatura ni del síntoma de perseguir leviatanes terrestres ante la imposibilidad de atraer seres más atractivos para la vista. Pero si alguien quiere mostrarle a los gorditos un poco de su grasosito amor, le recomendo que se una al Zafari de Nigel (alguien que sí hace reír) en Nigel’s Big Game Blog al ritmo de

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