III. Malinterpretando la Masculinidad: “La Mayoría del Cuarenta y nueve por ciento”

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

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Durante las últimas décadas, muchos han intentado “reimaginar” la masculinidad. La personas se han dado cuenda de que a pesar de los llamados del feminismo a abandonar conceptos como el género completamente y que a pesar –como veremos más adelante—de la terca creencia entre los científicos sociales de que los roles sexuales eran meramente guiones sociales aprendidos; hombres y mujeres siguen manteniendo identidades sociales separadas. Los hombres han estado particularmente preocupados con ser percibidos por otros como hombres o masculinos, y en evitar el estigma emasculador de lo afeminado. Los feministas hombres y mujeres continúan encontrando esto confuso. Después de haber dado por terminado una serie de estudios que conectaban las demostraciones de agresión al mantenimiento de la identidad masculina, la investigadora Jennifer K. Bosson recientemente admitió a la revista Time:

“Cuando yo era más joven, sentía que molestaba a mis amigos hombres quienes se habrían negado a decir si pensaban si otro hombre era atractivo o no. Yo solía pensar que era un defecto personal que ellos estuvieran tan ansiosos acerca de su masculinidad. Hoy en día, ya siento más simpatía por los hombres…”[1]

El artículo, escrito por una mujer, fue condescendientemente titulado “Masculinidad, una flor delicada”. La investigadora dijo que los hombres eran “ansiosos” y que los resultados indicaban que los hombres tenían más probabilidades de involucrarse en muestras de agresión cuando su estatus como hombres era “amenazado”. Esto es característico del modo en que la masculinidad es patologizada en los medios. La preocupación acerca del estatus masculino y la identidad –lo que yo llamo honor—es presentada como un curioso “defecto” de los hombres que les impide su progreso en la marcha hacia la postmoderna feliz utopía feminista. Cuando los hombres se reafirman, cuando defienden su honor, cuando ellos “son hombres”/”muestran huevos” y demuestran fuerza, coraje y maestría/dominio –ellos son mostrados como si estuvieran siendo inseguros farsantes que son en realidad temerosos, desesperados y débiles.

¿Comoparado con qué estándar es que los hombres son débiles e inseguros? ¿Comparados a las mujeres que gastan billones de billones cada año en cosméticos, fashion, artilugios para perder peso, cirugías plásticas, libros de autoayuda, psicoterapia, antidepresivos y la espiritualidad a contraentrega de gurús de la gama de Benny Hinn, pasando por Deepak Chopra hasta Oprah Winfrey?

Esto ha venido ocurriendo por demasiado tiempo. Este tipo de posicionamiento parcializado es evidente en la mayoría de artículos, libros y manuales instructivos para como lidiar con la masculinidad. John Wayne murió en 1979 y dos de los icónicos hombres Marlboro murieron de cáncer a comienzos de los noventa, pero las vestiduras de estos feministas cliché  siguen siendo destrozadas en toda representación convencional de anti-masculinidad en frente de los medios masivos.

Para poder entender mejor El Camino del Hombre, es importante entender cómo los hombres y la masculinidad han sido caricaturizados y malinterpretados por aquellos con una agenda ideológica. Para captar cómo los feministas han malentendido a los hombres, es útil entender primero la percepción que tienen de los hombres. ¿Dónde consiguen sus ideas de la hombría tradicional? ¿Cuáles son sus asunciones sobre la masculinidad, la femineidad y los roles sexuales? Es también útil ser capaz de separar la escritura reflexiva y honesta acerca de la masculinidad de entre tanto refraseo sin fundamento.

En su libro de 1976, The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento), el sicólogo conductual y fundador de NOMAS[2] Robert Brannon construyó un populista modelo de la hombría americana con el solo propósito de destruirla. Brannon afirmó que el rol masculino en la sociedad del siglo veinte tuvo cuatro dimensiones o tópicos básicos:

  • No Sissy Stuff: The stigma of all stereotyped feminine characteristics and qualities, including openness and vulnerability.
  • The Big Wheel: Success, status, and the need to be looked up to.
  • The Sturdy Oak: A manly air of toughness, confidence and self-reliance.
  • Give ‘Em Hell!: The aura of aggression, violence and daring.[3]

– No Sissy Stuff (Nada de maricadas): El estigma de todas las características y cualidades femeninas estereotipadas, incluyendo la franqueza y la vulnerabilidad.

– La Gran Rueda: Éxito, estatus y la necesidad de ser admirado.

– El Robusto Roble: Un viril aire de dureza, confianza y auto-suficiencia.

– Traigámosles el Infierno: El aura de agresión, violencia y temeridad.[3]

La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento se ha dejado de imprimir, pero la lista de Brannon sigue siendo influyente. Michael Kimmel, quien es considerado por muchos como el experto líder en estudios de los hombres, ha reimpreso o se ha referido reverencialmente a la lista de Brannon en la mayoría de los libros que ha escrito en el estudio del género. Su libro de 2009, Guyland (Tierra de chicos), incluye también la lista de las cuatro dimensiones que hace Brannon del rol del sexo masculino, la misma que ha sido citada en una amplia variedad de libros recientes, manuales y artículos acerca de la violación, los deportes, la transexualidad, psicoterapia, homosexualidad, educación, paternidad, matoneo, alzheimer, asistencia de salud, raza y religión[4]. A pesar de que relativamente pocas personas hayan leído el libro de Brannon, su lista sigue dando forma tanto ideas populares como académicas acerca de la masculinidad. Una vez que uno ha leído el ensayo introductorio de Brannon y uno ha ojeado The Forty-Nine Percent Majority, todos los argumentos, todos los titulares “controversiales” y todos los “recientes estudios” acerca de la masculinidad que provienen del campo profeminista se verán como los mismos meros refritos provenientes de la edad de los pantalones de poliéster y los pet rocks. Es uno de los textos sagrados de los estudios profeministas acerca de los hombres.

La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento es una colección de ensayos editas tanto por Brannon y la socióloga Deborah S. David. La introducción del libro en la que aparece la lista de “nada de maricadas” (no sissy stuff) se tituló “The Male Sex Role: Our Culture’s Blueprint of Manhood and What it’s Done for Us Lately” (El Rol Del Hombre: El Manual De Instrucciones De La Hombría De Nuestra Cultura Y Qué Es Lo Que Ha Hecho Por Nosotros Últimamente). Brannon y David escribieron que, en un intento de definir el rol sexual masculino, ellos estaban “esencialmente definiendo una nueva área de estudio”[5].A Brannon normalmente se le da el crédito de ser el autor de la introducción, ya que es parcialmente autobiográfica, por lo que para no sacrificar la brevedad me referiré a él como el único autor. Otros autores colaboradores al libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento) incluyó los feministas Warren Farrel (The Myth of Male Power – El mito del poder masculino), Kate Millet (Sexual Politics, The Prosttution Papers – Políticas sexuales, Ensayos sobre la prostitución), Lucy Komisar, Marc Feigen Fasteau (The Male Machine – La Máquina Masculina) y Jack Sawyer (On Male Liberation – Sobre la liberación masculina).

Brannon comenzó su libro introduciendo el rol social análogo a los papeles en las pobras de teatro. Role viene del francés y se refiere al rollo de papel en que la parte de un actor está escrita. Él puso de ejemplo el role de Hamlet para luego pasar a definir el rol social como “cualquier patrón de comportamientos que un individuo dado en un a determinada(as) situación(es) es tanto: (1) esperado y (2) promovido y/o entrenado para desempeñar”[6]. Un rol se distingue de un estereotipo en que en un estereotipo un individuo puede o no ser promovido/obligado o esperado a vivir de acuerdo con ese estereotipo determinado.

Brannon afirmó que él y “otros jóvenes científicos sociales” en el momento creían que la “respuesta más prometedora a la mayoría de las cuestiones acerca del comportamiento humano” no serían resueltas estudiando la historia antigua o la biología, pero sí estudiando los “invisibles pero casi irresistibles patrones sociales de presión que le dan forma y dirigen el comportamiento de todo hombre y de toda mujer”[7]. Aunque Brannon no haya hecho referencia al dilema entre lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture) explícitamente, su énfasis en el rol de los sitios de aprendizaje lo ubican en el lado de lo adquirido (nurture) junto a la antropóloga Margaret Mead. De hecho, Brannon apoyó el argumento principal de su “Manual de Instrucciones” (Blueaprint) concerniente a la importancia de los roles aprendidos en la determinación del comportamiento diferenciado entre los sexos que hace la misma Mead en su estudio de tres sociedades primitivas de Nueva Guines: los Arapesh, los Mundugumor y los Tchambuli. La caracterización que hace Mead de los roles sexuales en estas sociedades, como se reveló más tarde, era imperfecta o completamente equivocada.

De acuerdo con la lectura que hace Brannon de Mead, tanto los miembros masculinos como los femeninos del pueblo Arapesh tendían a ser “pasivos, cooperativos y pacíficos” y su cultura tendía hacia un comportamiento femenino como un todo. Brannon no pudo notar que Reo Fortune, quien estuvo casado con Mead y quien estudió con ella a los Arapesh en Nueva Guinea, caracterizó a los Arapesh de manera un poco diferente. En su artículo de 1939, “Guerra Arapesh”, Fortune explicó que aunque gran parte de los conflictos del pueblo Arapesh hayan sido suprimidos por la ocupación alemana, los Arapesh mantuvieron una larga tradición de robarse las esposas. Esto tendió a ser el mayor objetivo de sus conflictos violentos. Los hombres mayores de la tribu se vanagloriaban de sus matanzas en la guerra en tiempos más violentos, y si no tenían ninguna, entonces sentían orgullo de sus registros de cacería. Fortune rechazó la declaración de Mead de que los Arapesh esperaban y exhibían temperamento similar en los sexos. Los hombres Arapesh parecían seguir manteniendo, como los hombres a menudo hacen, una jerarquía de masculinidad dentro de sus clanes. Fortune escribió:

“Podemos citar el antiguo proverbio de los hombres, aramumip ulukwip nahaiya; aramagowep ulukwip nahaiya, “Los corazones de los hombres son diferentes; los corazones de las mujeres son diferentes”, y al igual citar la existencia de una clase de hombres llamada, aramagowem,“mujer masculina”, hombres afeminados. La clase de aramagowem es definitivamente una clase asignada con sus funciones definidas, a la cual les es dada menos comida en los festines y un lugar subordinado especial. El hombre, Djeguh, quien nos relató los conflictos de facciones y guerra, era, por ejemplo, un aramagowem, “mujer masculina” (la forma singular de aramago-wem). De él nunca se sospechó cobardía en la guerra. Él era, sin embargo, inferior en las danzas de los hombres, la oratoria, el liderazgo económico y en su entendimiento. Él fue considerado por el escritor como alguien muy reticente y silencioso”[8].

Mead también desvaneció a los mandones alfas de las villas –los “hombres grandes”—los abnegados pares quienes, aunque no hubieran estado realmente predispuestos a tal tipo de asertividad, tenían que pretender ser los “hombres grandes” por el bien de la comunidad. En 2003, habiendo visitado el país de los Arapash por sí mismo, el antropólogo Paul Roscoe reseñó el trabajo de Mead y Fortune. Escribió que Mead “lo tuvo todo mal” y que Fortune “describió de manera más precisa la guerra en el Monte Arapesh”[9]. Reseñantes tempranos notaron que varios detalles de los que dio cuenta Mead acerca de los Arapesh parecen invalidar su colorida conclusión de que ellos son un pueblo apacible. Otros antropólogos han coincidido en que mead retrató a los Arapesh de manera inexacta[10].

Tanto los hombres como las mujeres de una tribu vecina, los Mundugumor, son descritos por Brannon (via Mead) como agresivos y beligerantes. No hay nada particularmente notable en encontrar una tribu de guerreros. El punto relevante aquí es que los hombres y mujeres de la tribu fueron retratados como igual de agresivos. Uno tendría que sostener una inocente y cerrada noción de las cosas para imaginar que las mujeres son no-violentas por naturaleza. De hecho, YouTube y los realities frecuentemente nos proveen ejemplos de mujeres comportándose salvajemente. No tenemos que viajar a Nueva Guinea para observar mujeres violentas. Las mujeres son claramente capaces de agresión. ¿Eran tanto los hombres como las mujeres de la tribu Mundugumor son igual de agresivos? Teniendo todos los demás datos disponibles acerca de los seres humanos y otros simios, al igual que la tendencia de Mead de ver las cosas como quiere que parezcan, es fácil ver que su aserción no es más que una interpretación subjetiva.

Para apoyar su teoría de que los roles sexuales determinados culturalmente son los responsables primarios de las diferencias en los comportamientos entre machos y hembras humanos, Brannon cita la investigación que Mead hizo de los Tchambuli. Los hombres Tchambuli son descritos como “sensibles, artísticos, chismosos, amantes de los adornos y emocionalmente dependientes. De acuerdo con Brannon y Mead, de las mujeres Tchambuli se esperaba que fueran “competentes, dominantes, prácticas y eficientes”, al igual de sexualmente agresivas. Deborah Gewertz hizo algo de trabajo de campo con los tchambuli o Chambri (como ella se refería a ellos) en 1974 y 1975. Ella notó en un escrito de 1981 en la materia que “(en la literatura de los estudios de la mujer/de género) las mujeres Chambri habían logrado el estatus de íconos por sus significativos y dominantes roles dentro de sus aldeas”. Su propia percepción de las relaciones entre los géneros entre los chambri era algo diferente de lo que Mead había visto años atrás, y ella sospechaba que lo que Mead había visto era un nivel reducido de competición entre los hombres chambri debido a influencias culturales e históricas temporales. Durante el tiempo en que Mead los estuvo observando, los hombres chambri habían perdido recientemente una guerra y la tribu se encontraba en el exilio. Las mujeres chambri terminaron así haciendo mucha de la pesca y por tanto tenían temporalmente más influencia económica. Los hombres estaban invirtiendo su tiempo en buscar maneras para restablecer el dominio de la tribu en la región. Fue a través de los esfuerzos en la pesca de sus mujeres los que permitieron que los hombres restablecieran su estatus entre las tribus vecinas[11].

La evaluación de Gewertz es particularmente interesante a la luz de los cambios del poder económico que están ocurriendo entre hombres y mujeres en los Estados Unidos. Hombres y mujeres no son intercambiables entre sí y sus roles sociales no son las solas causas significativas de sus diferentes comportamientos, pero pueden ocasionalmente hacer variar los deberes para ayudarse unos a otros durante tiempos inciertos o de crisis. Unos años atrás, yo trabajé en entregas con un compañero muy competente quien eventualmente decidió quedarse en su casa a cuidar de sus hijos porque su esposa estaba haciendo mucho dinero como enfermera mientras su salario apenas cubría los gastos de la guardería. Tenía más sentido para él el quedarse en casa y sus niños estaban ciertamente mucho mejor con su padre cerca. Él no era un hombre afeminado desde ningún punto de vista, pero uno se pregunta qué sofisticadas aserciones Mead o Brannon habrían hecho de la flexibilidad de los roles sexuales si hubieran estudiado esta familia.

Como Gewertz dio por aludido, alrededor de 1970, la investigación de Mead se hizo extremadamente popular en los círculos feministas por lo que parecía sugerir acerca de la naturaleza humana y de las relaciones entre los sexos. Basado en sus interpretaciones de los arapesh, los mundugumor y de los tchambuli; Mead famosamente concluyó en 1935 que:

 “…muchos, si no todos, de los rasgos de personalidad que hemos llamados masculinos o femeninos están tan ligeramente relacionados con el sexo como la vestimenta, las maneras y los peinados que una sociedad asigna en un periodo dado a uno u otro sexo.”[12]

Mead hizo parecer como si los roles sexuales fueran tan superficiales y arbitrarios como el fashion, la moda. Uno puede fácilmente imaginar la influencia que esta malinterpretación tuvo en los incipientes ideólogos feministas como Brannon. Como hemos visto más arriba, sin embargo, las representaciones que Mead hizo de las tribus que dieron lugar a que ella llegara a este tipo de conclusiones podrían ser, caritativamente, descritas como “incompletas”. Dado que éstas son las bases sobre las que Brannon reposa su creencia de que los roles sexuales son casi completamente aprendidos –y por lo tanto, pueden ser desaprendidos o reformados completamente—su concepción del rol masculino es dejado reposar sobre un terreno movedizo. A medida que más personas estudian las sociedades sobre las que Mead escribió los patrones de los roles sexuales dentro de esos grupos se han hecho cada vez más familiares.

De acuerdo con Derek Freeman, el crítico más notorio y persistente de Mead, la cuestionable investigación de Margaret Mead jugó una parte crucial en el desplazamiento del zeitgeist antropológico del temprano siglo 20 desde un determinismo biológico a un determinismo cultural. En el tardío siglo 19, el trabajo de Charles Darwin pareció validar antiguas y constantes sospechas acerca de la importancia de la herencia en determinar el comportamiento humano. El Hombre ha enrazado por mucho tiempo animales y han sido consientes de que los animales tienen ciertos temperamentos y ciertas características físicas que pueden ser heredados a la siguiente generación. Grupos humanos parecían tener características físicas y conductuales heredables, también, por lo que no es absurdo imaginar que el futuro de una población humana podría ser controlado al ayudar al proceso de la selección natural a partir de la reproducción y crianza selectivas.

El estudio de la eugenesia[13] –“la dirección de la evolución humana”—se hizo popular y leyes eugenésicas fueron promulgadas tanto en Europa como en los Estados Unidos. Sir Francis Galton, el padre de la eugenesia, declaró en 1873 que “cuando lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture) compiten en los mismos términos por la supremacía”, la naturaleza o lo innato siempre emerge victorioso[14]. Los biólogos evolucionistas Richard Wrangham y Dale Peterson se refirieron a la solución de Galton del persistente debate entre “lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture)” como el “error de Galton”, dado que las fuerzas de la naturaleza y de la crianza están interactuando siempre en los seres humanos[15].

Fue durante el auge del caluroso debate entre lo innato vs. lo adquirido en Margaret Mead llegó a ser conocida. De acuerdo con Freeman, Franz Boas, el mentor de Mead, estaba buscando evidencia convincente que sustentara su creencia de que el “estímulo social” tenía una mayor influencia en el comportamiento humano que “el mecanismo biológico”. Cuando Mead fue a Samoa a los 23 años para estudiar la adolescencia, allí ella estaba buscando una “instancia negativa” –una explicación conflictiva que refutara una persistente generalización sobre el comportamiento humano. Esn este caso la persistente generalización que ella quiso refutar al ofrecer una sola excepción era la creencia de que la adolescencia es un período difícil. Buscando esta instancia negativa, Mead le restó importancia a las fuentes de tensión y conflicto de la sociedad samoana, y la represento como si estuviera caracterizada por una relativa paz[16]. Su ejemplo de Samoa fue elogiado por Boas e inmediatamente se volvió en un bestseller, uno de los favoritos de los defensores de la liberación sexual y del feminismo alrededor del mundo. Es más, la influencia de su investigación y énfasis en las instancias negativas que parecían probar la importancia de lo aprendido (nurture) por sobre lo innato o natural (nature) es evidente en el “Blueprint” (Manual de instrucciones), la introducción al libro de Brannon.

Freeman mencionó que a Mead se le había “negado la entrada a todos las reuniones de los jefes” porque ella era mujer “no tenía participación en la vida política de Ta’aū.” Ella vivió con una familia anfitriona de occidente en un hogar occidental e hizo la mayoría de su investigación por medio de entrevistas a niñas pequeñas[17]. Freeman, citando sus propias observaciones de primera mano de la vida política samoana  y las observaciones de muchos hombres que han visitado la isla en el siglo que precede, caracterizó a los samoanos como competitivos, celosos, orgullosos y obsesionados con el rango. Extrañamente, Mead retrató a los mismos samoanos como pacíficos, personas causales que no creen en ningún dios de la guerra, que no estiman la valentía y que no le dan un lugar especial en la sociedad al guerrero.  Casi la mitad de los dioses paganos samoanos son de hecho, dioses de la guerra. Los Samoanos tienen una larga historia de masacrar –posiblemente incluso canibalismo—a un gran porcentaje de sus rivales. Los hombres samoanos creían que era un gran honor morir en batalla. Cuando Freeman repitió las citas de Mead acerca de los guerreros no teniendo un lugar de importancia en la sociedad samoana a un hombre samoano de alto rango, este último se enfureció[18].

Los defectos en la investigación de Mead no fueron completamente revelados y conocidos en el momento en que Brannon escribió The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento). Sin embargo, al igual que Mead, las teorías de Brannon se apoyaran en fantasías. La investigación de Mead fue acogida porque le decía a ciertas personas –personas como Brannon—lo que querían escuchar acerca de la naturaleza humana y el género. El retrato que Brannon hace del rol masculino y la idea de que su script puede ser re escrito completamente se basa en las fantasías de Mead y atrae a los feministas, para quienes es esencial en su concepto de una sociedad sin géneros.

El estricto determinismo biológico de Galton echó por la borda la realidad y fue usado para justificar leyes eugenésicas que fueron a veces innecesariamente crueles o basadas en asunciones equivocadas. El énfasis en el estricto determinismo cultural impulsado por Mead, Boas y Brannon promueve otro tipo de arrogancia y prejuicios usados por entusiastas ingenieros sociales para justificar sus curanderas mediadas, programas y políticas. El método tradicional ha sido reconocer la naturaleza humana como tendiente a toda clase de maldad y con base en esto empezar a manufacturar soluciones sociales que doblan o redirigen los aspectos de nuestra naturaleza que hacen la vida civilizada imposible. Los humanos son animales sociales. Y el modo humano ha sido siempre el buscar el balance entre lo natural y lo cultural; entre lo innato y lo adquirido.

¿Existen los roles masculinos?

Indudablemente.

¿Las particularidades del rol masculino varían de cultura en cultura debido a diferencias en la economía, la religión, los recursos, los avances tecnológicos, el clima, los factores culturales e innumerables idiosincrasias culturales e influencias?

Indudablemente.

Sin embargo, Mead y Brannon rechazaron la importancia de las influencias biológicas en darle forma a aquellos roles. Los roles sexuales culturalmente determinados indudablemente influencian el modo en que hombres y mujeres se conducen a sí mismos. El error de Brannon –y el error de muchos de sus herederos culturales quienes, intentan una y otra y otra vez, “reimaginar” la masculinidad—fue retratar los roles sociales de los sexos como lo único importante. Todas las culturas tienen diferentes “scripts” para los sexos, pero esos scripts simplemente no pueden ser reescritos desde cero. Tomando prestado un ejemplo del ensayo de Brannon, muchos actores han actuado e interpretado el rol de Hamlet. El rol ha sido reescrito y adaptado en muchas versiones producidas. Pero no se puede cambiar del todo –algo de significancia tiene que quedar del personaje original para que podamos reconocer la similaridad. Después de un cierto número de desviaciones, el personaje no es más Hamlet.

Intentos para entender la masculinidad presentan la paradoja del “Barco de Teseo”. El Barco de Teseo fue preservado como un monumento por los atenienses por muchos años. De acuerdo con Plutarco, los atenienses iban remplazando las viejas tablas a medida que se iban pudriendo con madera más nueva y más fuerte. Él acotó que “este barco se convirtió en un vivo ejemplo entre los filósofos de la cuestión lógica de las cosas que crecen; un lado opina que el barco sigue siendo el mismo y el otro respondiendo que no es el mismo”.

¿Podrá cualquier guion, cualquier script, siempre biológicamente asignado de masculinidad enseñarles a ellos? Si no, ¿cuántas partes pueden ser reemplazadas o intercambiadas antes de que podamos reconocer que la masculinidad no es más reconocible? ¿Puede una fuerte viga ser reemplazada por una tabla podrida?

La mayoría de los antropólogos son rápidos en concederle importancia histórica al pionero trabajo de Mead y sus contribuciones al campo de la antropología, pero es claro que ella no fue exitosa en encontrar una “instancia negativa” en cuanto a los roles por sexo. Igualmente, ningún otro lo ha logrado. La lista de Donald Brown sobre los Universales Humanos[19] identifica las siguientes como normas para los varones:

Normas interculturales para los Hombres/Varones en las Sociedades Humanas[20]

– Hombre, mujer, adulto y niño son vistos como poseedores de diferentes naturalezas.

– Hombres dominan el campo público/político.

– Hombres se involucran en más violencia coalicional.

– Hombres son más agresivos.

– Hombres son más propensos a la violencia letal.

– Hombres más propensos al robo.

– Hombres, en promedio viajan, mayores distancias en la vida.

Es simplemente debido a un rol arbitrariamente predeterminado –un script que puede ser reescrito desde cero—por el que diversos pueblos alrededor del mundo comparten algunas de las mismas ideas básicas acerca de los hombres?

Antes de entrar a revisar el contenido de la lista de Brannon, hay otra lista con la que me topé que pone muchas discusiones acerca de los roles entre los sexos y la masculinidad en perspectiva. Podría ser considerada “la lista de las listas” en razón de que no está encasillada en una época, lugar o cultura. No es una “lista de deseos” detallando cómo alguien piensa que los hombres deberían comportarse, tampoco es un diagnóstico. El biólogo evolucionista Randy Thornhill y el antropólogo cultural Craig T. Palmer propusieron una lista de predicciones, basada en la teoría evolucionista, para los mamíferos macho “de especies con una historia de mayor selección sexual en machos que en hembras”[21]:

Predicciones Comparativas para Mamíferos Machos, en Especies Donde la Selección Sexual es Mayor en Machos[22]:

– Machos serán más grandes que las hembras.

– Más machos que hembras serán concebidos y nacidos.

– Machos mueren más jóvenes que las hembras, resultado de problemas fisiológicos.

– Machos se involucrarán en actividades más riesgosas que las hembras, en el contexto de adquirir compañeras para la reproducción.

– Machos tendrán una tasa de mortalidad mayor que las hembras como resultado de causas externas, tales como el combate, enfermedad y accidentes.

– Machos mostrarán más agresión que las hembras.

– Más frecuentemente que las hembras, los machos se enfrentarán en creciente agresión violenta que den lugar a lesiones e incluso la muerte.

– Machos pre-adultos se involucrarán en juego más agresivo y competitivo que las hembras pre-adultas.

– Machos serán menos discriminatorios y más dispuestos a copular con las hembras que viceversa.

Como se dijo anteriormente en este libro, la teoría evolucionista predice que a causa del esfuerzo parental requerido de las hembras humanas sea mucho mayor que el requerido de los machos humanos, siempre habrá más competición entre los machos humanos para acceder tal esfuerzo y los machos serán seleccionados en parte por su habilidad en superar en competición por oportunidades reproductivas. Para los humanos vivientes en sociedades complejas, el proceso de selección es mucho más complicado que simplemente tener la fuerza y el coraje necesario para superar los propios enemigos en combate cuerpo a cuerpo o alcanzar un mayor estatus dentro de la jerarquía de un grupo, sin embargo, por la mayor parte de la historia evolutiva humana, la fortuna –y las hembras—han favorecido al fuerte y al audaz.

Ahora, pasemos de nuevo a la lista de Brannon.

Tres de cuatro de sus slogans de hockey contienen consejos que, desde una perspectiva evolucionista, tienen mucho sentido y están alineados con las predicciones listadas más arriba.

– La Gran Rueda: Éxito, estatus y la necesidad de ser admirado.

– El Robusto Roble: Un viril aire de dureza, confianza y auto-suficiencia.

– Traigámosles el Infierno: El aura de agresión, violencia y temeridad.

Brannon presentó estos temas como parte de un arbitrario script, un rol que la sociedad le obliga a los hombres que satisfagan, un falso frente que los hombres deben fingir en orden de poder “lograrlo” (a la manera del famoso “Fake it till you make it”). Uno de los herederos intelectuales de Brannon, el pro-feminista y activista antiviolación Jackson Katz se ha referido a esta lista como un “duro pretexto” y se ha hecho su carrera de culpar a los medios de promover imágenes y modelos de violenta masculinidad. Desde un punto de vista evolucionista, los eslóganes de Brannon son simplemente rendiciones populares de consejos para hombres que quieren ganar el juego evolutivo. En términos directos, los temas de la gran rueda de Brannon, el robusto roble y traigámosles el infierno; son mensajes que les dicen a los hombres que muestren alto estatus dentro del grupo masculino y que demuestren fuerza, coraje y competencia.

– Nada de Maricadas/Nada de cositas de niñas/ No Sissy Stuff: El estigma de todas las esterotipadas características y cualidades femeninas, incluyendo la franqueza y la vulnerabilidad.

Brannon listó “Nada de Maricadas/Nada de cositas de niñas/No Sissy Stuff” como la primera dimensión del rol masculino. Él correctamente mencionó que mientras las mujeres naturalmente se identifican con sus madres, a causa de que ambas pertenecen al mismo sexo, en algún punto los hombres también mirarán a sus modelos masculinos para forjar sus identidades. Luego, él dio varios ejemplos de cómo tanto hombres y mujeres regañan a los niños cuando se comportan como niñas; y mencionó cómo los hombres se salen de su camino para evitar ser vistos como afeminados. Él empleó la táctica estándar de tomar una muy innocua práctica que era culturalmente asignada a las mujeres y luego intentar hacer ver a los hombres como neuróticos por no querer hacer algo tan inofensivo. Un ejemplo  fue un defensa (linebacker) de 104.55 kgs (230 libras) a quien se le preguntó si estaba preocupado por ser visto como una “niñita”/”mariquita” por hacer bordado en su tiempo libre. En un golpe bajo, con un clásico reductio ad Hitlerum, Brannon luego trajo una cita de Adolf Hitler explicando por qué él no quería una esposa abiertamente inteligente. La insinuación, por supuesto, es que cualquier hombre preocupado con su propia reputación como hombre –teniendo el honor masculino en mente—es moralmente comparable a Adolf Hitler[23].

Es cierto que Brannon “descubrió” que los hombres a veces evitan actividades que parecen triviales, simplemente por estar éstas asociadas a las mujeres o a afeminados. Resaltar esto es una forma fácil de hacer a los hombres y la masculinidad parecer absurdos o ridículos. Cuando los hombres hacen cosas fuera de sincronía con el rol masculino, a menudo bromean diciendo que “están seguros de su masculinidad”, para que no se preocupen de ello. Irónicamente, esta es una usual estrategia que hombres emplean para desviar críticas y afirmarse entre sí. Es una forma de fanfarronear que dice “Tengo demasiada credibilidad como hombre que no me tienen que preocupar pequeñas infracciones al código (de los hombres)”. La necesidad de reconocer la infracción es un reconocimiento en sí mismo de la existencia y la fuerza del código. Una indicación de que el hombre en cuestión es, de hecho, al menos un poco incómodo con infringirlo. Decir que no se esta preocupado y que no importa romper códigos de masculinidad es una manera indirecta de retar a los pares y hacerse ver valiente e invencible, mientras se hace parecer a otros temerosos y vulnerables.

Los códigos culturales de masculinidad pueden ser idiosincráticos dado que acumulan referencias y asociaciones a lo largo de grandes períodos de tiempo –no es poco común para los hombres evitar comportamientos o actividades sin realmente saber por qué. Por ejemplo, no hay nada particularmente masculino o femenino en lavar la loza. Hombres involucrados en los más viriles, riesgosas actividades exclusivas de hombres –barcos pesqueros, el ejército, en la frontera—han lavado a lo largo de los años sus propios platos y ollas. Sin embargo, en el hogar matrimonial, las mujeres tradicionalmente han terminado asumiendo esa pequeña labor, por lo que hay una resistente asociación cultural de lavar la loza como “trabajo de mujeres”. Esto es un poco tonto y la mayoría de los hombres lo reconocen, pero pocos hombres se las darían o fanfarronearían por lavar siempre los platos –al menos a sus pares hombres.

Brannon se quejó de que los hombres evitan la franqueza y la vulnerabilidad emocional, pero falló en reconocer o incluso considerar las obvias ventajas tácticas de ser reservado acerca de con quien alguien comparte sus lágrimas. En The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %), Warren Farrell (quien luego escribió The Myth of Male Power – El Mito del Poder Masculino) elaboró en el tema. Él caracterizó a los hombres de su tiempo como “emocionalmente incompetentes” y “emocionalmente constipados”, asociando la resistencia de los hombres a llorar en público con “una” resistencia pasiva a la integración negra entre blancos. Farrell escribió que los hombres crean una “mística masculina” al esconder sus emociones y teorizó que seríamos mejor vigilados y regulados si nuestros líderes hombres lloraran y admitieran sus fallas abiertamente. Él inocentemente –casi infantilmente—se pregunta por qué la gente cuestionaría la habilidad de un hombre de liderar a otros hombres o a una nación, si él se mostrara emocionalmente vulnerable[24]. En el ensayo que le siguió, Jack O. Balswick y Charles W. Peek melodramáticamente se refirieron al “hombre inexpresivo” como una “tragedia para la sociedad americana”, pero no pudieron articular por qué el seguro y confiado estoicismo de un vaquero como John Wayne o de un playboy como James Bond (¿no era Bond británico?) era tan “trágico”[25].

Como muchos “hombres” feministas, los escritores que David y Brannon escogieron para su libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %) repetían los mismos sentimientos de mujeres sin pensar críticamente acerca de por qué los hombres se comportan en la forma en que lo hacen. Si las mujeres han sido “libres” por llorar en público, la lógica dice, los hombres serían “más libres” si lloraran en público también. La palabra “vulnerabilidad” ha adquirido un cierto caché en los mundos ginocentristas del pensamiento feminista, pero para la mayoría de los hombres, sigue siendo lo que siempre ha sido –un eufemismo técnico para debilidad. Exponer una “vulnerabilidad” a los hombres es como decirle a uno que se eche al suelo, se gire y exponga el vientre a alguien más fuerte dispuesto a tomarlo. No es positivo. Es algo que uno haría solamente al lado de alguien a quien uno confía completamente. Las mujeres tienen el pequeño hábito, en acaloradas discusiones especialmente, de echarles en cara a los hombres las vulnerabilidades emocionales que ellos se atrevieron a mostrar ante ellas. Muchos hombres han sido quemados por desnudar sus almas. Incluso en el contexto de una privada relación, muchos hombres tienen buenas razones para mostrarles a mujeres u otros hombres las cosas que realmente los tocan.

Si se mira la vulnerabilidad desde la perspectiva de una jerarquía de grupo, es obvio entender por qué los hombres no quieren exponer sus vulnerabilidades públicamente y por qué los hombres se distancian de otros hombres que son obviamente vulnerables. Llorar es completamente natural. Es perfectamente natural admitir la derrota, el cansancio emocional, el miedo o la impotencia. Un hombre que es “vulnerable” es un eslabón débil. Ha mostrado que se romperá bajo presión o que es susceptible a la manipulación. Tácticamente, este es un problema para el grupo, y como resultado él perderá estatus dentro del grupo. Hombres que parecen ser imperturbables, por otro lado, hacen fuerte al grupo. Tiene todo el sentido del mundo para los hombres el querer aliarse con hombres fuertes que pueden cargar su propio peso y que no deshonrarán el grupo. Desde una perspectiva originaria (primal), el deshonor equivale a peligro. Debería ser obvio el por qué un grupo de hombres compitiendo con otros grupos de hombres por supervivencia querría mostrarse fuerte, valiente y competente.

Toda esta primitiva pose puede que parezca absurda, tal vez, en una oficina o caminando por el centro comercial; aún así el estatus importa. Mientras los medios populares a veces pintan la fantasía feminista de lo que sus mujeres más privilegiadas y exitosas quieren de los hombres (a menudo se resume a recursos y lamerles el ego); los hombres de a pie observan a las mujeres eligiendo con base en el alto estatus o en la apariencia de estatus. Todo el tiempo[26]. Al igual que muchas jovencitas aspiran a convertirse y excluir a las otras de los pedestales más altos, tiene el mismo sentido para los hombres el incrementar su estatus al querer pertenecer a los grupos de hombres de mayor estatus. Incluso el macho menor estatus del grupo de machos de alto estatus tiene una mayor posibilidad de cogerse un buen culito, más que si estuviera por fuera dentro de ese selecto grupo. Pero el juego del cortejo (mating game) es solo una parte de la ecuación. La membrecía a un grupo de alto estatus confiere muchos beneficios, incluyendo acceso a selectas redes sociales, recursos y protección contra el acoso.

Sound a little high-schoolish?  Perhaps. Most would agree, however, that a good way to become more successful is to surround oneself with successful people.

¿Acaso suena un poco escuelero? Tal vez. La mayoría coincidiría, sin embargo, que una buena forma de ser exitoso es rodearse de personas exitosas.

Evitar “sissy stuff” (cositas de niñas) no es meramente un deseo de diferenciarse de la propia madre y encontrar una separada identidad entre los hombres –aunque es cierto, también. “Nada de cositas de niñas”/”nada de maricaditas” es una advertencia a los jóvenes que los aleja de comportamientos aparentemente sumisos que podrían ser mala influencia y que podrían discapacitarlos –y que podrían hacerlos parecer vulnerables—mientras compiten y socializan con otros hombres. Si usted está teóricamente intentando ser elegido por una mujer, como hombre ¿por qué querría correr el riesgo de ser confundido con una mujer en lugar de intentar probar que se está entre los mejores hombres? ¿Por qué no querría usted publicitarse como un hombre ejemplar?

Cuando estén echando jerga evolucionista es importante recordar que, como humanos evolucionados, han estado inconscientes de los procesos de la evolución. Incluso en la actualidad, cuando estamos al tanto de la teoría evolucionista, no estamos conscientes de estar jugando el juego de la evolución. La selección sexual simplemente formó nuestros cuerpos y nuestros instintos para darnos ventajas tácticas en el ambiente primitivo. La tecnología y la complejidad de nuestra civilización han apilado un montón de otras variables, mientras nuestros cerebros de simios siguen siendo esencialmente los mismos después de milenios.

Por ejemplo, mi mejor amigo es un pensador estratégico y mecánico con una inteligencia superior al promedio. Es un luchador natural –grande, rápido, fuerte y atlético. No tiene que hacer shows para exudar un aura de seguridad, tenacidad, agresión, violencia o atrevimiento. De hecho, él tiene que hacer un esfuerzo consciente en refrenar todas esas cualidades tan solo para poder funcionar en una sociedad civilizada. La mayoría de los hombres simplemente le permiten a él dominar una conversación, incluso si él claramente no tiene idea de lo que está hablando. Él tiene todos los rasgos del cazador, hasta tal punto que incluso a la edad de treinta él apenas puede quedarse sentado quieto y necesita estar involucrado activamente en algún tipo de tarea exigente para evitar caer en una pequeña e inquieta depresión.

Mi amigo no tiene absolutamente ningún tipo de “game”/”juego”. Chicas saludables y atractives le piden su número y le mandan fotos provocativas de sus cuerpos semi desnudos. He visto esto pasar una y otra vez. He visto las imágenes y los desesperados mensajes. Todo lo que él tiene que hacer es estar en un bar, relajado y dejar que la naturaleza siga su curso. En un entorno primitivo, en ausencia de la anticoncepción, él tendría una considerable camada de criaturitas. Irónicamente, dado que él puede darse el lujo de escoger de entre las mujeres más atractivas, él a menudo termina con strippers llenas de pastillas anticonceptivas e implantes de seno. Sus mamas tecnológicamente mejoradas probablemente juegan con su cerebro primario haciéndolo pensar que ellas son ideales para amamantar su descendencia. El juego de la evolución –el cuál él está diseñado para gana—sigue llevando sus genes a una falsa victoria, un callejón sin salida evolutivo. Debido a las peculiaridades de nuestro disgénico nuevo y moderno mundo feliz, él es un alfa natural que está siendo sacado de la piscina de la evolución. He bromeado con él sobre esto, él está siendo desplazado por algún contador mormón que está criando a sus ocho hijos en algún lugar de Utah.

El punto aquí no es decir que necesitamos realinear nuestra sociedad para que coincida con las circunstancias primarias en todas sus circunstancias ni instituir algún tipo de programa eugenésico. Es simplemente para decir que el rol sexual masculino,  más o menos como lo describe Brannon, permanece porque es consistente con la forma en cómo nuestra especie ha ido evolucionando. La idea de que podemos simplemente reescribir el script desde cero o re-imaginar el rol masculino completamente para adecuarse a las preferencias de ciertas ideologías en boga es completamente absurda. La aparente des-motivación de los hombres en la sociedad contemporánea es un resultado directo de intentos de ignorar la historia y la evolución, por re-imaginar la masculinidad/hombría/virilidad en un modo que es del todo inconsistente con la naturaleza humana.

He escrito que Brannon ha reconstruido su populista modelo de la virilidad con la única finalidad de su deconstrucción y desmonte. Brannon no ha querido en lo más mínimo intentar entender a los hombres de la misma manera en que sí ha intentado cambiarlos. He hecho el punto a través de este texto al caracterizar su lista como “populista” y “cursi” porque considero que el haber armado el libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %) tomando como base una serie de anticuados y tontos eslóganes fue intencional o al menos conveniente a sus objetivos. En lugar de intentar entender en lo más mínimo el por qué los hombres se comportan de la manera en que se comportan o siquiera investigar por qué los hombres en la mayoría de las culturas[27] parecen hacerle reverencia a la fuerza, al coraje, a la competencia y al alto estatus en el grupo; Brannon caricaturizó las virtudes masculinas, falló en considerar los beneficios de la masculinidad aspiracional, se enfocó en los perdedores de las luchas jerárquicas masculinas y retrató a los hombres como huecas marionetas que están siendo manipuladas por un anticuado script.

“…como los políticos inseguros que decidieron “hacerse los duros” en Vietnam, como los ulcerados ejecutivos en sus lujosas oficinas, como los jóvenes líderes pandilleros, el joven soldado en My Lai, los ambiciosos gurus de la contra-cultura, los insensibles violadores ocasionales, y los silenciosos Walter Mittys del mundo que solo sueñan… cada uno de nosotros ha estado bailando los mismos descoordinados pasos que seguimos bailando. Hasta hace poco empezamos a descubrir los hilos invisibles que nos han estado moviendo por mucho tiempo, empezando a sentir sus ligeros jalones en nuestras fantasías, juicios y temores. Uno puede apenas vagamente imaginar cómo sería el mundo si pudiéramos en cierto modo bajarle el volumen a la música, cortar los hilos de los roles sexuales y descubrirnos a nosotros mismos”[28].

Esta estrategia de “burlarse del pobre, mal aconsejado, obsoleto hombre de paja” se ha vuelto la táctica estándar del profeminista movimiento de los hombres. El feminista Tony Doupkil en su segunda pieza de provocación para Newsweek, se refirió a los hombres como “Hombres Varados” (Beached White Males).

 “Como si la mediana edad no fuera lo suficientemente mala. El moribundo metabolismo. La píldora púrpura que mantiene tu comida adentro. La píldora azul que mantiene otra parte de tu anatomía levantada. ¿Ahora no puedes conseguir un jodido trabajo?  Metido en tu propio Detroit espiritual, con el machacante estrés de la forzada inactividad. La esposa que no te mira de la misma manera. Los punzantemente malagradecidos hijos. La mancha en tu masculinidad por convertirte en un perdedor. Los sudores nocturnos y el oscuro refugio de la pornografía en internet. El corrosivo miedo de que este puede que sea el comienzo de una lenta y penosa arrastrada a una temprana caridad pública”[29].

Treinta años después de Brannon, “hombres” feministas todavía no pueden hacer más que apuntar con el dedo y burlarse de sus propias insidiosas caricaturas de hombres y recomendarles a los hombres que abandonen “su pasado script de masculinidad”[30]. Hablando de un montón de tipos que están estancados cantando la misma cancioncita. Los burros hablando de orejas. Y cuando se les presenta nueva evidencia de la era post-Margaret Mead presentada por biólogos evolucionistas que corrobora lo contrario de lo que piensan, lo único que tienen para decir es “Nah, nah, nah, no te oigo, no te oigo”. Cuando el New York Times le pidió a Michael Kimmel  que discutiera las diferencias innatas entre los sexos, él desvió la atención del tema por completo y dijo “Ese barco ya partió –es un hecho”[31].

A Kimmel se le ocurrió su propia derivación de la lista de Brannon—llamada “The Guy Code” (Código de Chicos)—para su libro de 2009, Guyland (Tierra de chicos).

El Código de Chicos de Kimmel (Kimmel’s Guy Code – 2009)[32]

– “Los Hombres no lloran” (Boys don’t cry)

– “Es mejor estar bravo que triste” (“It’s Better to be Mad than Sad”)

– “No te pongas bravo – ponte parejo” (“Don’t Get Mad—Get Even”)

– “El que tenga más juguetes al final, gana” (“He Who has the Most Toys When he Dies, Wins”)

– “Solo hazlo” o “muévete o muere” (“Just Do It,” or “Ride or Die”)

– “El tamaño sí importa” (“Size matters”)

– “No me detengo a pedir indicaciones” (“I Don’t Stop to Ask for Directions”)

– “Los chicos Buenos terminan de último” (“Nice Guys Finish Last”)

– “Todo está bien” (“It’s all good”)

Al igual que Brannon, Kimmel pensó en una lista de “epigramas actuales” que representan preocupaciones masculinas sobre el estatus, la fuerza, el coraje y la competencia como un montón de cosas de niños que él podía fácilmente deshacer para sus lectores. El hombre de paja (falacia lógica) de Kimmel era el “chico”, un niño crecidito que está obsesionado con cosas que verdaderamente no importan. Al menos, no le importan a Kimmel mientras las mujeres están frustradas porque preferirían que los “chicos” estuviesen obsesionados con carreras bien pagas, nesting, el matrimonio y empezar una familia (feminista).

Kimmel se burló de sus estudiantes de fraternidad quienes, a pesar de su aparente ineptitud, siguen frustrando a sus feministas supermadres del tipo “puedes tenerlo todo” del mañana. La lista original de Brannon tiene una sensación más patricida. Brannon admitió  en el ensayo “Blueprint” (Guía) que su abuelo era un “duro y listo” hombre de la frontera conocido por matar a quienes rompían la lei y que su padre era una estrella del fútbol americano y un leñador. Luego, se describió a sí mismo como un debilucho distraído de 90 libras (40.91 kls) que intentó y falló en ser un hombre de acuerdo con los estándares de sus pares y de los hombres de su familia.

La lista de Brannon es claramente una lista de los valores de su padre, parafraseados en las palabras de los hombres de la generación de su padre. Sus eslóganes fueron seleccionados para presionar el botón  “papi no me ama” y generar resentimientos e inseguridades en sus lectores. The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) es en sí mismo un conjunto de ensayos del espesor de la envidiosa y adolecente era anti Vietnam, tan típica de baby-boomers malcriados y petulantes. El feminismo de Brannon es una crítica pasivo-agresiva contra la masculinidad de su padre y los ídolos masculinos de una generación más grande. Su parodia crítica de la hombría de mitad del siglo veinte y su disección de sus contradicciones es en parte un intento de tener contentos a sus burlones pares y a sus antepasados, que lo desaprueban.

Yukio Mishima, quien también escribió acerca de haber sido un joven debilucho tuvo esto que decir acerca de hombres como Brannon:

“El cinismo que considera el culto al héroe como cómico es siempre opacado por un sentido de inferioridad física”[33].

Mientras esto no es verdad de todos los feministas hombres (Jackson Katz se publicita a sí mismo como una “ex estrella del fútbol americano”), es aparentemente cierto tanto sobre Kimmel como de Brannon, cuyos trabajos continúan siendo extremadamente influyentes en el campo de los estudios de los hombres.

Este impulso por castrar y desacreditar al héroe y padre alfa es un intento abstracto de hombres de bajo estatus de incrementar o reganar el estatus por medios intelectualoides. El sensible paria aficionado a los libros grita “¡Tu hombría/masculinidad/virilidad es falsa y tú eres un fraude!” para luego salir corriendo a los brazos de simpatizantes mujeres que cuidan de sus heridas emocionales y hábilmente explotan sus expuestas vulnerabilidades. Si no logran esto, al menos son acogidos por el gueto de otros rechazados.

El paria, el omega o el hombre de bajo estatus que abandona el “Código de los Chicos” (The Guy Code) y los “temas” de la masculinidad idealizan a las mujeres porque las mujeres ardientes están en las cobijas de los alfa. En su revelador cuento sobre su padre, Brannon fue rápido en resaltar que su madre despreciaba a su padre por no ser un “hombre de verdad” luego de que él no pudo tirar abajo la puerta de su alcoba en una discusión nocturna.

Esta vengativa atracción a las mujeres castradoras y a las diosas perras castradoras (castrating bitch-goddesses) encuentra su máxima expresión en el campamento gay. El escritor gay Daniel Harris describió la adoración gay a las divas como un “triturante deporte en el cual los espectadores presencian el triunfo de las artimañas femeninas sobre las voluntades masculinas”; y a las divas como “el correctivo terapéutico a una masculinidad muy comprometida [la de los gays]”[34].

El pro-feminista movimiento de los hombres tiene mucho en común con el movimiento gay. Ambos han estado aliados desde los años setenta. Kimmel parecer aver encontrado la aprobación de feministas superestrella como Gloria Steinem en la misma manera en que los gays de su generación querían besarle la mano a Diana Ross. El sentimiento de superioridad intelectual de los hombres feministas encuentra comparación en el pavoneo “de inadaptación estética”[35] de los gays. Juntos montaron una vengativa evisceración de los inelocuentes, fornidos filistinos que les hicieron la vida difícil y los hicieron sentir como perras[36].

Este “argumento desde el fracaso” fue uno de los tres principales argumentos avanzados repetidamente en contra de “nuestra positiva proscripción de masculinidad en nuestra cultura”. En The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) Brannon escribió:

“Nadie menos que Atila el Huno podría haber vivido según esas normas y ese rol todo el tiempo; todos hemos sido perdedores. Pero creímos en los valores y normas que nos hicieron perdedores, los reforzamos y los impusimos a otros”.

Brannon estaba diciendo esencialmente que, ya que ningún hombre encarna todas las virtudes viriles todo el tiempo, todos los hombres son fracasos siendo hombres por lo que los hombres debería dejar de herirse a sí mismos y a otros al intentar alcanzar y mantener un ideal imposible. Este argumento asume que los costos incurridos por los hombres en no poder encarnar un ideal imposible son siempre mayores que los beneficios totales adquiridos como resultado de los hombres intentando probar su masculinidad/hombría/virilidad. No hay una forma real para medir estas ganancias y pérdidas abstractas. En cualquier caso, evaluar los datos siempre nos llevará de regreso a esta pregunta: “¿qué es bueno?” ¿El relato de un gran héroe vale mil corazones rotos y celosos? ¿Son los hombres mejores por este intento colectivo de lo que lo serían si no lo intentaran [alcanzar la hombría/virilidad/masculinidad]?

El argumento desde el fracaso es en cierta medida un ejemplo de la “falacia de la solución perfecta”, en la cual “perfecto” es hecho enemigo de lo “bueno”. El argumento desde el fracaso presupone que para que un rol pueda ser bueno, alguien en algún lugar tiene que ser capaz de vivir de acuerdo con ese rol en todo momento, todo el tiempo. Es un poco como decirle a los cristianos que no deberían molestarse intentando ser más como Cristo, porque ellos nunca serán Cristo. Para los cristianos, Cristo es una Forma perfecta, en el sentido platonista. Él es la encarnación de lo que han identificado como cualidades ideales. Ellos no esperan en convertirse en Cristo, sino sentir que al imitarlo lo mejor posible, podrán ser mejores personas. Uno podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con los valores que le atribuyen a Cristo, pero el concepto básico de mejorarse a uno mismo a través de la imitación imperfecta es lo que importa aquí. Los hombres están imitando esencialmente lo que creen que es la Forma perfecta de El Hombre. Todos los hombres acumulan una serie de “pecados”, deficiencias y pérdidas. Los sentimientos son heridos a lo largo del camino porque todos los hombres no son igualmente capaces de imitar esta Forma perfecta. Estos hechos no son críticas válidas contra las virtudes viriles.

Llamaríamos a esta “La Falacia de la Forma Imposible”.

Estas virtudes masculinas deberían ser consideradas por su propio derecho, no rechazadas porque un hombre no pueda ser la encarnación completa de los ideales masculinos todos y cada uno de los días de su vida.

¿Es mejor para un hombre ser “abierto o circunspecto”?

¿Es mejor para un hombre ser “vulnerable” o invulnerable?

¿Es mejor para un hombre tener alto estatus en el grupo o bajo estatus en el grupo?

¿Es mejor para un hombre ser exitoso o fracasado?

¿Es mejor para un hombre ser tenaz o delicado?

¿Es mejor para un hombre seguro de sí mismo o aprehensivo?

¿Es mejor para un hombre ser autosuficiente o dependiente?

¿Es mejor para un hombre ser agresivo o pasivo?

¿Es mejor para un hombre ser violento o no violento?

¿Es mejor para un hombre ser atrevido o temeroso?

Cada una de estas preguntas pueden ser preguntadas independientemente y las “mejores” respuestas variarán de acuerdo a la disposición sicológica propia y la situación a la mano. Podríamos hablar haciendo voz de Yoda-sensei y alcanzar respuestas inesperadas, ponderosas. Podríamos citar excepciones a reglas generales e instancias de “demasiado de una cosa buena”. Pero si nos referimos de nuevo a la lista de predicciones para los mamíferos macho en la cual la selección es mayor para los machos, veremos que muchas de estas virtudes viriles están asociadas con diferencias biológicas entre los sexos y que “nuestra positiva proscripción de masculinidad en nuestra cultura” refuerza comportamientos  que han ayudado a los hombres a competir exitosamente en contra de otros hombres. Nuestro heredado e inherente ideal masculino es el severo pero profundo consejo de nuestros padres antepasados. Es “lo innato” (nature) trabajando en armonía con “lo adquirido” (nurture).

El segundo argumento en contra del rol masculino como es caricaturizado por Brannon fue que este consejo no es más necesario—el argumento de que “la masculinidad no es más necesaria”. Hay algo en este argumento. El filósofo Nassim Nicholas Taleb recientemente escribió que, “Lo opuesto a la masculinidad no es cobardía; es tecnología”[37].

The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) contiene un ensayo por el sociólogo John H. Gagnon titulado “” (Fuerza física, una vez trascendente). Gagnon argumentó que mientras los juegos deportivos de los chicos siguen produciendo jerarquías sociales basadas en la fuerza física y la destreza, en la adultez la fuerza física y la destreza tienen poco valor económico debido a los avances en la tecnología. Esto es probablemente más cierto hoy a lo que fue en 1976. Habiendo pasado cinco años llevando bandas trotadoras y mancuernas arriba y debajo de los gimnasios caseros de los ricos –para que puedan “ponerse en forma”—estoy muy consciente de que el trabajo duro no paga tan bien como la neurocirugía.

Gagnon afirmó que en complejas naciones industrializadas, la fuerza no justifica las jerarquías patriarcales tan convincentemente como solía hacerlo. La “cualidad cerebral” de la guerra moderna, él imaginó, ejemplificaba el loco vago discapacitado retratado por Dr. Strangelove en una de las películas de Kubrick. Esto es una exageración. La guerra moderna sigue siendo extremadamente demandante físicamente. Los soldados a menudo tienen que cargar sus poderosas armas automáticas en terrenos hostiles. Los conflictos actuales del tipo “Estado contra guerrilla, insurgente o terrorista” hace un futuro cercano de guerras que se resuelven con tan solo presionar un botón, cada vez más lejano.

En las “economías del conocimiento” del primer mundo, es cierto que en general las virtudes marciales (virtus para los antiguos romanos) de nuestros ancestros pueden perjudicar a un hombre. Defender su honor puede probablemente meterlo en prisión. Los hombres se encuentran a sí mismos pasando un tiempo encerrados por riñas, por no decir duelos. Pocos hombres tienen una vida decente de hacer trabajo físico. Incluso industrias como la construcción están tan altamente reguladas y cuidadosamente administradas por abogados y compañías de seguros de tal manera que atrevidas aplicaciones de fuerza y habilidad son desalentadas por lo que los empleados estrella llevan corsés para la espalda y chalecos reflectivos naranja en los que se lee “LA SEGURIDAD ES PRIMERO”.

Este es el mundo en el que vivimos, aunque es también verdad que naciones ricas se basan fuertemente en el riesgoso y duro trabajo de hombres que viven en países más pobres. Aún así, debemos ser cuidadosos y no confundir entre “moderno” y “mejor” o “permanente”. ¿Es nuestro arreglo contemporáneo mejor? ¿Si es así, entonces para quienes? ¿Cui bono? ¿Es permanente? ¿Las cosas seguirán siendo de esta manera? ¿Alguna vez necesitaran los hombres volver a ser fuertes o valientes? ¿Si abandonáramos las virtudes masculinas que han caracterizado el rol masculino durante toda la historia humana, quién será voluntario para arriesgar su vida para protegernos de los hombres que no han abandonado aquellas virtudes? ¿Dado que es natural para los hombres, o al menos para una porción de ellos, desear el conflicto y arriesgarse, seguirán tomando esos riesgos si son despreciados por ello—si todo lo que les ofrecemos es un cheque? ¿Miran los hombres programas de televisión acerca de los pocos hombres que quedan quienes hacen sucios y peligrosos trabajos, tan solo por curiosidad o porque secretamente odian sus propias debilidades y sus vidas predecibles a prueba de niños para fantasear que hacen algo donde sus acciones tienen consecuencias inmediatas y significativas?

El tercer argumento principal en contra del rol masculino tradicional es que “la masculinidad causa inaceptables daños colaterales”. Hombres pro-feministas, al ser feministas, están preocupados principalmente por cómo las mujeres han sido heridas, subyugadas o incomodadas por estructuras sociales patriarcales. Las mujeres, en su mayor parte, ganan muy poco como resultado de conflictos violentos entre hombres y tienen demasiado que perder. Los hombres ganan estatus, derechos para jactarse y, al menos en los viejos días, varios tipos de culitos. Las mujeres pueden llegar a perder sus medios de apoyo y protección y, al menos en los viejos días, estaban en riesgo de ser raptadas, violadas y embarazadas por un nuevo “marido”.

Y aún así, las mujeres han clamado a menudo en pro de la guerra, porque hay algo que decir para pertenecer a un grupo de victoriosos hombres de alto estatus. Por ejemplo, el movimiento de la “pluma blanca” durante la Primera Guerra Mundial. Las mujeres en Gran Bretaña le daban plumas blancas –simbolizando cobardía—a hombres que no estaban en uniforme. Esta es difícilmente la primera y la última vez en que las mujeres incitaron a los hombres a ir a la guerra. Más recientemente, muchas estadounidenses pidieron venganza por la destrucción del World Trade Center el 11 de Septiembre de 2001. En un nivel interpersonal, la mayoría de los hombres están familiarizados con el escenario en que una mujer “firma un cheque que él tendrá que canjear”. Algunas mujeres son conocidas por provocar conflictos entre hombres al gritar de forma casual palabras incitadoras, insultos y amenazas –precisamente porque de ellas no se espera que peleen. Las mujeres a menudo pueden hablar mierda con impunidad.

Aunque algunas veces los hombres provocan problemas, es verdad que las mujeres y los niños han sido a menudo las víctimas de las guerras y los conflictos que ni empezaron ni querían desde un comienzo. Esto es, claramente, injusto –especialmente si se cree que los sexos son básicamente intercambiables y lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa. Si usted puede ver a los hombres y a las mujeres como dos animales humanos apenas diferentes entre sí con estrategias reproductivas en conflicto, luego entonces, la “justicia” y la “igualdad” son objetivos imposibles. EN lugar de intentar de imponer una obsoleta igualdad entre manzanas y naranjas, la pregunta se transforma, “¿Cuán justo es suficientemente justo?”

Con frecuencia se afirma que los hombres en sí mismos son el daño colateral de su propia agresiva búsqueda de estatus, pero esta línea de pensamiento nos regresa al argumento falaz del fracaso, anteriormente enunciado y contradicho.

A pesar de sus habladurías, dudo que las personas quieran realmente la justicia, la igualdad o la “paz”. Estrategias ideadas tener la paz y la igualdad a nuestro alcance invariablemente blandean el hacha de la coerción violenta, quitándosela a las manos de un grupo y pasándola a las manos de otro. Este –no la “igualdad”—ha sido el logro del feminismo. Por la primera vez en la historia, al menos en esta escala, las mujeres blandean el hacha del Estado por encima de los hombres.

Los autores de The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) explícitamente creían que las mujeres estarían mejor hechas para gobernar hasta que los hombres fueran curados de su masculinidad y se liberaran del código penal del rol masculino. Mientras ellos y sus herederos intelectuales se posicionaron a sí mismo como expertos al explorar un nuevo campo de estudio, la suya no fue una expedición en búsqueda de la verdad. Ellos eran fervientes feministas desde un comienzo y sus caricaturizadas malinterpretaciones de la masculinidad propaganda diseñada para difamar a los hombres, trivializar la masculinidad y valorizar a las mujeres. A menudo, su presunción básica  acerca de la flexibilidad de los roles de los sexos y la naturaleza humana estaban basados en desacreditada y parcializada antropología. Algunas veces, su trabajo fue claramente una venganza intelectual por haberse sentido inadecuados en el mundo de los hombres. Sus argumentos primarios en contra de los tradicionales modelos de masculinidad son subjetivos, falaces y parcializados. Sus conclusiones están en conflicto con la naturaleza humana, las conclusiones de biólogos evolucionistas y modelos interculturales de ideales masculinos a través de la historia.

¿Cuándo y donde la mayoría de los hombres no ha querido ser conocido por la fuerza, la valentía y el éxito?

¿Cuándo y dónde no se han preocupado por su posición esntre los otros hombres?

¿Cuándo y dónde han querido ser conocidos como “debiluchos”/”Afeminados”/”mariquitas”?

Cualquier respuesta será invariable e inevitablemente referencia desesperada a grupos de hombres que son raros, escasos, separados y excepcionales.

Brannon estuvo en lo correcto respecto de alguno de los temas básicos de la masculinidad, pero éstos no son temas “americanos” y no están ligados a ninguna época o lugar en particular. Ellos pueden ser aislados del erróneo ruido de su presentación para ser universalizados.

El estatus de un hombre como hombre, su identidad masculina –su honor—ha sido tan crítico a su sentido de valor propio que a través de la historia humana innumerables hombres y mujeres han trabajado para darle forma a la “Forma” de la masculinidad para reflexionar sus propios intereses y valores. El orgullo masculino puede ser el bien más grande para un hombre y su mayor debilidad. La gente usa el sentido de identidad de un hombre para manipularle. Algunas veces “sé un hombre” (man up) simplemente significa “haz lo que quiero”.

La gente de la calaña de Brannon juega un juego interesante. Saben muy bien que los hombres están preocupados por su reputación como hombres. Saben muy bien que los hombres quieren ser vistos como fuertes por lo que los incitan y les dicen que su deseo por la fuerza es lo que los hace débiles. Los reimaginadores le dicen a los hombres que reimaginen la fuerza.

¿Abandonar su preocupación por la fuerza o reimaginar la fuerza en pro de los mejores intereses de un hombre?

Depende del hombre y del contexto. La respuesta es filosófica, subjetiva e incierta. Lo que sí es cierto es que al abandonar su procupación e interés en la fuerza o al reimaginar la fuerza él estará sirviendo los intereses de aquellos que le dicen que cambie.


[1] Melnick, Meredith. “Masculinity, a Delicate Flower.” Time 5 May 2011. Web. 24 May 2011. http://healthland.time.com/2011/05/05/masculinity-a-delicate-flower

[2] “Leadership.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). Web. 23 Apr. 2011. http://www.nomas.org/leadership

[3] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 1-42. Print.

[4] A quick Google Books search for “Brannon Big Wheel Sissy” yielded over 200 references to Brannon’s list in various books and journals for popular as well as academic audiences.

[5] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. vii. Print.

[6] Ibid. 5.

[7] Ibid. 3.

[8] Fortune, R.F. “Arapesh Warfare.” American Anthropologist 1.1 Jan. (1939): 22-41. JSTOR. Web. 25 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/661720

[9] Roscoe, Paul. “Margaret Mead, Reo Fortune, and Mountain Arapesh Warfare.” American Anthropologist 105.31 Sept. (2003): 581-91. JSTOR. Web. 26 Apr. 2011.  http://www.jstor.org/stable/3566907

[10] Bashkow, Ira, and Lise M. Dobrin. “The Anthropologist’s Fieldwork as Lived World: Margaret Mead and Reo Fortune among the Mountain Arapesh.” Paideuma 53 (2007): 79-87. JSTOR. Web. 27 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/40341946

[11] Gewertz, Deborah. “A Historical Reconsideration of Female Dominance among the Chambri of Papua New Guinea.” American Ethnologist, 8.11 Feb. (1981): 94-106. JSTOR. Web. 27 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/644489

[12] Margaret, Mead. Sex and Temperament: In Three Primitive Societies. 1935. Harper Perennial, 2001. 262. Print.

[13] Hecho curioso: εὐγενής, la raíz griega de eugenesia significa bien nacido, de noble raza, de gran linaje. Es también la raíz del nombre “Eugenio(a)”

[14] Freeman, Derek. Margaret Mead and Samoa. N.p.: Harvard University Press, 1983. 10. Print.

[15] Wrangham, Richard, and Dale Peterson. Demonic Males : Apes and the Origins of Human Violence. New York: Mariner Books/Houghton Mifflin Company, 1996. 95. Print.

[16] Freeman, Derek. Margaret Mead and Samoa. N.p.: Harvard University Press, 1983. 82-94. Print.

[17] Ibid. 66-73, 131. Ta’aū, la isla más grande en la Samoa Americana fue la isla que ella famosamente estudió.

[18] Ibid. 157-173.

[19] Brown, Donald E. “Human Universals.” DePaul University, n.d. Web. 19 Feb. 2011. http://condor.depaul.edu/mfiddler/hyphen/humunivers.htm

[20] Ibid.

[21] Thornhill, Randy and Palmer, Craig T., A Natural History of Rape : Biological Bases of Sexual Coercion. The MIT Press. 2000. 37-38. Print.

[22] Ibid. Note: La lista de Thornhill and Palmer’s fue una colección de predicciones hechas por una amplia variedad de científicos que fueron citados en sus listas originals. Los lectores son enormemente aconsejados a comprar el libro de Thornhill and Palmer’s book, e investigar estas referencias por sí mismos. La MIT Press es llamada a hacer este excelente libro disponible via Kindle, Ipad, etc.

[23] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 16. Print.

[24] Ibid. “The Politics of Vulnerability.” 51-54.

[25] Ibid. “The Inexpressive Male: A Tragedy of American Society.” 55-57.

[26] Algunos de los mejores textos acerca de cómo funciona la selección sexual en el mundo real pueden ser encontrados en http://heartiste.wordpress.com/

[27] Incluso en la época de Brannon, era sabido que la mayoría de las culturas alrededor del mundo reverenciaban a los hombres Fuertes, valientes y altos en estatus. Las “instancias negativas” de Mead causaron sensación precisamente porque parecían ser la excepción a la regla.

[28] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 42. Print.

[29] Doupkil, Tony. “Dead Suit Walking.” Newsweek 17 Apr. 2011. Web. 29 Apr. 2011. http://www.newsweek.com/2011/04/17/dead-suit-walking.html

[30] Romano, Andrew, and Tony Doupkil. “Men’s Lib.” Newsweek. 20 Sept. 2010. Web. 24 Feb. 2011. http://www.newsweek.com/2010/09/20/why-we-need-to-reimagine-masculinity.html

[31] McGrath, Charles. “The Study of Man (or Males).” The New York Times 7 Jan. 2011. Web. 29 Apr. 2011. http://www.nytimes.com/2011/01/09/education/09men-t.html

[32] Kimmel, Michael. Guyland. 2008. HarperCollins e-books. Kindle. Loc. 902.

[33] Mishima, Yukio. Sun and Steel. 1970. Trans. John Bester. Kodansha International, 2003. 41. Print.

[34] Harris, Daniel. The Rise and Fall of Gay Culture. Ballantine Publishing Group, 1997. 13. Print.

[35] Ibid. 10, 26.

[36] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 66. Print. (The Forty-Nine Percent Majority contains a chapter on “Homophobia Among Men,” and its author, Gregory K. Lehne continues to specialize in “Evaluation and treatment of sexual and gender identity concerns in children, adolescents and adults.  Research and theory on the nature of human sexuality, lovemaps, sexual orientations and gender identities.” http://www.hopkinsmedicine.org/psychiatry/expert_team/faculty/L/Lehne.html

[37] Taleb, Nassim Nicholas. The Bed of Procrustes: Philosophical and Practical Aphorisms. Random House, 2010. Kindle. Loc. 163.

5 Comments

Filed under Próxima Parada, Rosetta

5 responses to “III. Malinterpretando la Masculinidad: “La Mayoría del Cuarenta y nueve por ciento”

  1. Pingback: “Reimaginando la Masculinidad” | Transmillenium

  2. Pingback: Jack Donovan’s No man’s Land – No es tierra de Hombres (Traducción) | Transmillenium

  3. Required

    ¡Gracias por la traducción!

  4. luis

    Gracias por la traducción. Porque no lo haces tambien en PDF para que sea mas fácil descargarlo y leerlo.

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