II. “Reimaginando la Masculinidad”

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

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Saltar al Capítulo III – Malinterpretando la Masculinidad: La Mayoría del Cuarenta y nueve porciento

Un animal de rapiña, cuando está domesticado y preso —cualquier jardín zoológico nos ofrece ejemplos de ello —, queda tullido en su alma, padece una dolencia cósmica, háyase interiormente aniquilado. Hay animales de rapiña que voluntariamente mueren de hambre, cuando han sido presos. Los herbívoros no pierden nada al convertirse en animales domésticos.

–Oswald Spengler, Man and Technics (Hombre y Técnicas)

Hoy en día, muchos consideran cruel el poner a un animal en un recinto que es drásticamente diferente de su hábitat natural. Diseñamos nuestros zoológicos, acuarios y terrarios de tal manera que simulen de la mejor manera posible las condiciones naturales. Aficionados y entusiastas invierten pequeñas fortunas en intentar crear facsímiles en miniatura del mundo natural. Esto es para “complacer” su fauna cautiva. Aunque muchos suponen que el animal estaría más “feliz” en la naturaleza, si es que los animales experimentan “felicidad”, la mayoría parece creer que los animales son los suficientemente tontos como para estar contentos en una mediocre copia del ecosistema del cual fueron sacados. Creyendo esto, arreglamos una pequeña caja de cristal y la llenamos de coral para hacer que se sienta como el océano o colgamos una guirnalda de hojas de palma y lo llamamos jungla. La mayoría de los animales no son tan brillantes, así que está bien que el Sr. Pez nade alrededor del barco pirata hecho de cerámica siempre y cuando él se encuentre razonablemente seguro y tenga la barriga llena.

Hacer que los hombres, especialmente los jóvenes, se adapten a los confines y limitaciones de la sociedad civilizada ha sido siempre un reto. La inquietud viril, el atletiscismo y la competitividad han sido entrenados y domados por los deportes y los juegos a través de la historia. El juego les ha proporcionado al zapatero y al albañil la sensación de conflicto, peligro y guerra en tiempos pacíficos y de prosperidad. La gente solía asumir que los hombres son más afines a cierto tipo de actividades y que proporcionar algún tipo de válvula de escape para la agresión natural masculina era saludable. Hacía felices a los hombres el hacer las cosas que querían hacer y es por ello que se idearon formas en que los hombres ejercieran su virilidad de forma constructiva –o con mínima destrucción.

Para la mayoría de los hombres, incluso el trabajo más “civilizado” demandaba más esfuerzo físico de lo que lo hace ahora. El trabajo estaba orientado a un objetivo; reqquería habilidad y know-how práctico. Proveía de un tangible, personal e inmediato sentimiento de propósito. La agricultura, la herrería y la construcción pueden ser todos enmarcados como luchas simbólicas en contra de la naturaleza. El trabajo se sentía más como agresión y como ejercicio de la voluntad. En nuestro continuum de masculinidad, el trabajo era más directo e interesante, menos removido de la primaria lucha por la supervivencia.

La revolución industrial alejó a los hombres de ocupaciones física y mentalmente gratificantes y las reemplazó con trabajos y tareas simples, los cuales requieren poca habilidad o pensamiento. De manera creciente, el trabajo se siente como sumisión. Los deportes se han vuelto más populares e importantes que nunca antes. Los hobbies como la ebanistería, la caza y varias actividades al exterior fueron promovidas como actividades masculinas. Los hombres compraban revistas pulp llenas de provocativos cuentos de aventuras exóticas que sabían jamás tendrían. Los hombres se maravillaron con los strongmen, luego con los levantadores de pesas, luego con los fisicoculturistas. Con decrecientes oportunidades para la acción viril, los hombres han estado crecientemente atraídos a oportunidades de demostración viril. La masculinidad se ha convertido cada vez más en algo vicario, virtual y simbólico.

La transición a una economía de servicios y a una economía del “trabajo intelectual”, hizo las cosas peores para los hombres. El cubículo se siente menos como un trabajo activo, agresivo. Algunos hombres son particularmente aptos para ello, o logran canalizar su energía en otra parte; per los “trabajos del futuro” dejan a muchos hombres interiormente muertos. El sitio de trabajo moderno a menudo se siente como una pecera, pero sin el barco pirata de cerámica para nadar a su alrededor. Si algo, estos días es un montón de flores rosadas de plástico. Si uno acepta la posibilidad de que los hombres y los niños, como los machos de la mayoría de las otras especies, tienen en general una naturaleza diferente y un diferente set de intereses reproductivos de los de la hembra de la especie. No es difícil ver por qué el mundo moderno post-feminista tiene a los hombres “sub-desempeñándose.”

Desafortunadamente, cuando aquellos en los medios hablan acerca de los hombres en el siglo veintiuno, las preguntas que hacen y las respuestas que ofrecen usualmente apestan a falsa inocencia. Como la reportera quien, sin chistar, le pregunto a Charlie Sheen por qué le gustaba tener sexo con pornstars, los medios permanecen, a propósito y sin importarles, ignorantes de la naturaleza de los hombres.

Los feministas reclamaron la superioridad moral, apelando al sentido de justicia de los hombres. Convencieron a los hombres de ayudarles a reorganizar la sociedad y eliminar la noción de que los hombres y las mujeres deberían tener diferentes roles y responsabilidades. Los hombres, tal vez de manera egoísta, acortaron que El Camino del Hombre era mejor y que por esto era injusto evitar que las mujeres alcanzaran su completo potencial en el mismo modo en que los hombres conceptualizan tanto los logros y el potencial. La riqueza y la tecnología occidental hicieron esta transformación social posible. Las virtudes masculinas fueron neutralizadas y simplemente denominadas “virtudes” –a pesar de que la raíz latina “vir” signifique “hombre”. Para hacer que las mujeres se sintieran iguales e impulsarlas a al éxito en el terreno público, los hombres fueron animados a cambiar la forma en que hablaban de la masculinidad. La fuerza, el coraje y el honor fueron desexuados y reintegrados en términos más relativos. Para ser inclusivos, las personas se inventaron diferentes “tipos” de fuerza, de coraje y de honor, de tal manera que el chico más débil o la niña más feíta pudieran sentirse fuertes, valientes u honorables. Como parte de este proyecto de construcción de autoestima, para las mujeres la idea de “inteligencia emocional” fue introducida y promovida, aunque nunca fue tomada en serio, en realidad. Para explicar la falta histórica de logros de las mujeres, los hombres como sexo fueron categorizados como meros tiranos. Los logros de los grandes hombres de la historia fueron reconsiderados y juzgados de acuerdo a estándares determinados por la ideología feminista. Nobles instituciones y grupos sociales para hombres que solían promover la responsabilidad civil y la “masculinidad moral” fueron clausurados y denunciados como exclusivos y patriarcales; o simplemente forzados a integrarse de forma “incluyente”, quedando de esta manera impotentes e irreconocibles.

Las mujeres se apropiaron de todo lo que querían de miles de años de cultura masculina mientras los hombres improvisaban una identidad colectiva de sus restos –hacerse el “macho” de manera benigna y aprobada, chistes de pedos y cerveza. Hoy en día, en que esa cerveza importada o “artesanal” se está convirtiendo en el nuevo vino y las mujeres en la política posan con armas y van de un lugar a otro diciéndole a los chicos que “sean hombres”, me temo que esos chistes de pedos sea todo lo que nos quede a los hombres. Esto es preocupante para mí porque –a pesar de los persistentes esfuerzos de uno que otro amigo flatulento—yo todavía no consigo ver qué es tan chistoso de los chistes de pedos y mucho menos consigo encontrar que sea una base para mi “identidad de género”.

En 1974, el feminista Janet Satzman Chaftez imaginó una utopía en que la androginia reemplazara los estereotipos de género. Ella esperaba que, tal vez para el año 2000, las personas pudierna ir más lejos de percibirse a sí mismos como masculino o femenino, y en su lugar se vieran a sí mismos meramente humanos[1]. Es un tema en mucho de los textos feministas que hombres y mujeres deben descubrir una humanidad común y abandonar las anticuadas ideas sobre los sexos.

Sin embargo, en el caso de las mujeres esto ha sido consistentemente el caso de decir una cosa y hacer otra. Solo se espera de los hombres que vean el mundo en términos neutrales de género. Las mujeres se organizan consistentemente com grupo para abogar en pro de los intereses de las mujeres. Incluso, han refunfuñado para la inclusión en cada campo una vez reservado a los hombres. Han creado una entera subcultura enfocada específicamente en la mujer. Mientras estoy escribiendo esto, hay un festival de cine de la mujer en la ciudad. Hay gimnasios para mujeres y hay una mareante gran cantidad de grupos de interés para la salud de la mujer y organizaciones para la salud de las mujeres. Las mujeres tienen sus propias revistas, canales de televisión, websites, librerías y más. Hay, como Hanna Rosin mencionó, una “viajante sororidad” de mujeres ayudándose unas a otras como mujeres –no meramente como seres humanos. Las mujeres están actuando colectivamente en sus propios intereses como sexo.

Las mujeres no han abandonado sus identidades sexuales, las han expandido. Cada vez que se les ordena a los hombres que no pueden hacer que solían hacer y se les ordena que repudien su herencia como hombres; a las mujeres, por otro lado, se les dice que abracen su pasado, que sigan haciendo todo lo que siempre han hecho –¡y más!

Una calcomanía dice lo siguiente:

““El feminismo es la noción radical de que las mujeres son personas””

En su lugar debería decir:

“El feminismo es la noción radical de que los hombres deberían hacer lo que sea que las mujeres digan, para que así las mujeres puedan hacer lo que sea que se les dé la gana

El andrógino feminismo de Chaftez se ha vuelto en la práctica un feminismo que le vende a las mujeres fuerza y poder, pero que al mismo tiempo les permite mantener una distinta identidad sexual y organizarse para avanzar sus propios intereses como sexo. No nos hemos convertido en “simplemente humanos” –seguimos reconociéndonos a nosotros mismos como hombres o mujeres, incluso en 2011. Chaftez reconoció que el feminismo constituye una amenaza a los hombres, dado que el cambio traería “una pérdida de muchas prerrogativas concretas.”[2] Ello estaba en lo correcto. Por cualquier medida, el feminismo requiere que los hombres progresivamente transfieran poder a las mujeres. Si los avances en la tecnología y en el intercambio global hubiesen sido más lentos, esta transferencia  habría sido más ordenada y equitativa. No obstante, en toda la vida de Chaftez, los cambios económicos y tecnológicos han ocurrido tan rápidamente que las mujeres han sido capases de capitalizar en ellos y transformar el trabajo y el terreno social a su gusto, mientras los hombres eran dejados atrás con sus vergas en sus manos.

Guy Garcia tiene la esperanza de que este fracaso en adaptarse liberará a los hombres – destruidos por el cambio económico y social, los hombres se recrearán a sí mismos a la sombra del triunfo de las Amazonas. En el Burning Man Festival, él se pregunto “¿Qué mejor manera de dar la bienvenida al resplandeciente retorno de la Diosa que con la inmolación simbólica del hombre ?”[3] Garcia introdujo su libro The Decline of Men (La Decadencia de lso Hombres) con la historia de Gerald Levin, quien fue el arquitecto de la desastrosa fusión de AOL/Time Warner en el 2000. Cuando la fusión falló, un tambaleante Levin empezó a hablar de traer “la poesía” de nuevo a la vida durante una entrevista con Lou Dobbs. Levin fue abordad por una mujer mucho más joven que quería que él invirtiera en una clínica boutique dirigida a las celebridades y otros clientes de alto perfil. Eventualmente, él le dejó que su esposa de 32 años fuera su nuevo compañero de negocios[4]. Levin se mudó a California, donde él ahora sirve como el Director Gerente de Moonview Sanctuary. El Moonview Sanctuary se especializa een terapia de la nueva era y en curación holística. Levin ha dicho varias veces que su misión es “destruir la cultura masculina”[5].

La dudosa noción de que una vez los seres humanos habitaron la tierra en pacíficas tribus matriarcales adoradoras de Diosas le dio a los feministas y a los pacifistas una manera de imaginar una masculinidad completamente diferente de la masculinidad basada en la fuerza y en la agresión que ha sido un relativo constante a través de la historia. Si los pueblos fueron una vez “naturalmente” pacíficos, entonces todo lo que conocemos de la Historia (HIStory) del hombre podría ser reformulada como una aberración –una fiebre de violencia masculina que contagió a todos los pueblos en todas las tierras. Si los pueblos fueron una vez “naturalmente” pacíficos, luego entonces, el feminismo puede ser reformulado como un retorno al orden natural de las cosas, en lugar de una desviación de la naturaleza. Los biólogos evolucionistas Wrangham y Peterson convincentemente afirmaron que:

“Es bueno soñar, pero sobriamente. La despierta racionalidad sugiere que si empezáramos desde nuestros ancestros como los chimpancés y termináramos con los modernos humanos que construyen murallas y plataformas de guerra, el largo-trayecto-de-5-millones-de-años en línea recta hasta nuestro ser moderno se caracteriza en su completud por una agresión masculina que estructuró las vidas sociales de nuestros ancestros, sus vidas y sus mentes”[6]

Es más probable que hombres armados con mayor fuerza física y mayor desarrollo de los miembros superiores, hayan usado esa fuerza para reafirmar sus propios intereses reproductivos por sobre los intereses de las mujeres y otros hombres en formas y patrones familiares y predecibles, una y otra vez. Cualquier conclusión en contrario requiere de un pensamiento mágico.

El ecopacifista Sam Keen también creyó en una prehistoria matriarcal y pacífica. Muchas de las ideas presentadas en su Bestseller del New York Times Fire in the Belly (Fuego en el vientre) descansan en la asunción de que las ideas que tenemos acerca de la masculinidad fueron formadas por un “sistema de guerra” que siguió el desarrollo agrícola[7]. Al igual que Wrangham y Peterson, el arqueólogo Lawrence Keeley concluyó en su gris catálogo de violencia prehistórica, War Before Civilization (Guerra antes de la civilización), que la noción de un pasado pacífico es “incompatible con la evidencia etnográfica y arqueológica más relevante”[8]. Los llamados a un retorno a un sistema femenino están basados en una pacífica prehistoria que nunca ocurrió. Luego entonces, no hay ningún pasado al cual retornar.

Mientras algunos feministas radicales, teóricos queer, personas transgénero y otros han argumentado en contra de los estereotipos de género y a favor de llegar a percibir a las personas más allá de si son masculinos o femeninas, permanece el hecho de que biológicamente hablando una mitad de los seres humanos son masculinos y la otra femeninas. La mayoría parece estar dispuesta a aceptar la idea de que los hombres y las mujeres son al menos diferentes en algo. Hombres y mujeres siguen manteniendo y prefieren distintas identidades sexuales.

De hecho, mucho del triunfalismo del siglo 21 acerca del ascenso de las mujeres y “El final de los hombres” reconoce diferencias entre los sexos mientras celebra una distinta identidad femenina.

El nuevo camino de la mujer le resta importancia a las diferencias físicas entre los sexos y al mismo tiempo elogia a las mujeres por sus habilidades comunicativas, su habilidad para el multitasking y sus preferencias para la construcción de coalición social y resolución pacífica de conflictos. El nuevo camino de la mujer celebra el empoderamiento de las mujeres y la importancia de las mujeres en darle forma a la historia. Es crónica de su ascenso a la prominencia en una forma pacífica de superar la opresión, guiadas por un deseo de justicia e igualdad. A las mujeres se les enseña a estar orgullosas de ser mujeres. Ellas esperan ser capaces de hacer casi todo lo que sus corazones desean.

El problema con el nuevo camino de la mujer es que descansa en una transferencia de poder y oportunidad de los hombres. Si esta transferencia de poder fuera perdurable, a los hombres se les enseñaría a reducir sus expectaciones, en la misma manera en que a las mujeres se les enseña a esperar del mundo. El nuevo camino de la mujer llamó por un nuevo camino del hombre. Muchos han intentado reimaginar la masculinidad en una forma que repudie los viejos, violentos “mitos” patriarcales acerca de los hombres y otorgar una visión más pacífica y sexualmente igualitaria de la hombría que sea compatible con lo que las mujeres quieren para ellas mismas.

El mitopoético movimiento de los hombres intentó hacer esto en los ochenta y comienzos de los noventa. En Iron John (Juan de Hierro), el poeta Robert Bly acudió al folklore para intentar ayudar a los hombres a entrar en contacto con el “hombre salvaje”. Iron John contenía algunas observaciones verídicas y tuvo algo de atención de los medios cuando fue publicado en 1990. Los feministas vieron en él un tipo de sexismo reinsurgente y se burlaron de él sin piedad. En 1995, Michael Kimmel editó una colección de ensayos titulado The Politics of Manhood: Profeminist Men respond to the Mythopoetic Men’s Movement (And the Mythopoetic Leaders Answer (La Política de la Hombría: Hombres profeministas responden al Mitopoético Movimiento de los Hombres y la Mitopoética respuesta de los líderes). La mayoría de los ensayos contenidos en ese libro eran críticas de Iron John. Los profeministas acusaron a Bly y compañía de todo, desde la homofobia hasta de histeria masculina[9].

Si le hubieran dado una buena leída a Bly, ellos se habrían dado cuenta de que su “hombre salvaje” era en realidad muy manso. El camino salvaje de Bly explícitamente estaba hecho en armonía y consonancia al proyecto feminista. Mientras era clara su incompatibilidad con la androginia retardada y de ciencia ficción del feminismo utópico de Chaftez, el ethos de Bly no era más que una respuesta al modo en que el feminismo había hecho las reglas.

Bly afirmó en sus respuestas a los hombres profeministas que era importante para los hombres “ponerse de pie y hablar acerca del dolor que millones de mujeres sienten” y que, como padre, él quería que sus hijas tuviesen una “justa oportunidad”. Él también negó las acusaciones de que él o cualquier otro de los hombres mitopoéticos tuvieran el más mínimo interés en restablecer el patriarcado, e incluso llegó a afirmar que la “destructiva esencia del patriarcado … se muevo para matar el joven masculino”[10]. Como otros feministas y muchos activistas por los derechos de los hombres, él creía que el patriarcado le hace daño a la mayoría de los hombres, también.

En Iron John, Bly escribió reverencialmente acerca del poder de lo femenino tanto en lo mítico como en la realidad. Su principal preocupación era que los hombres habían crecido más suaves y más gentiles, pero que “no se habían hecho más libres”[11] porque en el despertar del avance feminista muchos muchachos pasaron sus vidas trabajando en satisfacer a sus madres, novias y esposas –mientras las mujeres trabajaban en afirmar su poder en el hogar y en el trabajo. Él culpó a la revolución industrial por separar a los niños de sus padres, creando una generación de hombres que aprendieron a “sentir primariamente de la madre” y aprendieron a ver la hombría desde el punto de vista femenino, encontrándose a sí mismos temerosos o son sospechas de sus propia masculinidad[12]. Esta observación fue astuta, lo que es probable que sea el caso para un creciente número de hombres jóvenes que son criados por madres solteras cabezas de hogar. Los hombres siempre han aprendido a ser hombres de sus mayores, por lo que Bly creía que a medida que los niños crecían cada vez más distantes de sus padres, abuelos y otros mentores potencialmente positivos, ellos crecían inseguros de sí mismos e inconfortables en su propia piel. Su mito adaptado del “hombre salvaje” (un antiguo, peludo y misterioso mentor de los bosques) fue ideado para ayudar a los hombres a enfrentar su primitiva naturaleza y afrontar los retos de la modernidad con decisión, pero nunca con crueldad[13].

Bly comprendió algunos de los problemas que hombres y niños estaban enfrentando a medida que se paraban en los restos del patriarcado, mirando a las mujeres en ascenso. A pesar de esto, sus soluciones fueron forzadas y su tono de nueva era tuvo un atractivo limitado. La idea de hombres maduros saliendo a los bosques a sentarse en círculos a leer poesía y hablar de sus sentimientos era escalofriante. También parecía mimada y auto-indulgente. Pero el mayor problema con la reimaginación que Bly intenta hacer de la masculinidad es que carece de cojones.

Bly escribió de espadas y batallas. Pero sus batallas eran las insípidas batallas de caricatura y sin sangre del más inocente niño interior, no los verdaderos y sangrientos conflictos de los hombres. Su uso del mito fue selectivamente parcial en esta dirección. Él cita frecuentemente a Homero y pone al Rey Arturo como un ejemplo de “madre masculino”[14], pero pasa por encima de los temas prominentes de la sed de sangre y de honor de la Iliada y las lúridas orgías de muerte y decapitación que inundan Le Morte D’Arthur (La  Muerte de Arturo) por Malory. Bly defiende el cultivo de un guerrero interior pero minimiza a los hombres cuyo trabajo es hacer la guerra como si fueran meros “soldados”. El “guerrero interior” bien new age de Bly aprendió a reivindicarse a sí mismo, pero solo puede hacerlo con espadas. Es impotente.

En las propias palabras de Bly:

“Si una cultura no lidia con la energía del guerrero –tomarla conscientemente, disciplinarla, honrarla—esta se volverá hacia afuera en la forma de pandillas callejeras, golpeadores de esposas, violencia de drogas, brutalidad con los niños y asesinato

Una tarea muy importante para el hombre contemporáneo es reimaginar, ahora que la imagen del guerrero eterno y del guerrero externo no proporcionan más el modelo, el valor del guerrero en las relaciones, en los estudios literarios, en el pensamiento, en la emoción”[15].

El “guerrero interior” de Bly nunca hace la guerra y puede solo puede sobrevivir en un estado donde él está protegido de los hombres que están preparados para usar la violencia en contra de otros hombres violentos. EL mundo sigue siendo un lugar violento y el guerrero interior sería pocomás que un chiste –y un objetivo sin esperanza—en el guetto o en el Tercer Mundo. Bly habla desde una perspectiva de clase media alta mimada, donde las personas se dedican a “estudios literarios” y “relaciones”. El guerrero interior intenta hacer uso del vocabulario y de las virtudes que han caracterizado a la masculinidad a través de la historia. Sin los racionales del mundo real sobre la fuerza, el coraje y el honor, él no tiene más que un montón de metáforas melodramáticas apropiadas a una realidad mundana.

Sam Keen también intentó reimaginar la masculinidad apropiándose del lenguaje de la violenta masculinidad para hombres desarmados. En Fire in the Belly (Fuego en el vientre), él le dijo a los hombres que rechacen el “mito de la guerra” y se conviertan en “feroces caballeros”. El feroz caballero de Keen en realidad tiene nada que lo distinga de una feroz dama. Sus virtudes eran el Asombro, la Empatía, una Mente Cordial, Furia Moral, Recta Subsistencia, Disfrute, Amistad, Comunión, Esposo y Salvaje[16]. Ningunos de estos son particularmente antivalores, pero ellos no son conceptos propios ni tienen nada que ver con ningún sentido histórico de virilidad. Los feministas, a quienes Keen se les genuflexiona en numerosas oportunidades, han estado en el negocio de la exaltación moral por años.

Michael Kimmel, en su magnum opus de 1996, Manhood in America (Hombría en América), hipócritamente empleó el mismo libreto de la tradicional masculinidad basada en la fuerza para ridiculizar a Bly y a Keen en su capítulo sobre los “Wimps, Whiners and Weekend Warriors”[17] (Debiluchos, berrinchosos y guerreros de fin de semana). Sus intentos de criar alguna conexión significativa al mito y la historia de los hombres –a pesar de estar cuidadosamente editados, pacificados y conciliados al espíritu feminista—seguían siendo percibidos como una amenaza a las agendas de académicos y activistas feministas. Como alternativa, Kimmel ofreció lo que denominó una “hombría democrática”, definida por él como “una política de género de inclusión, de levantarse en contra de la injusticia basada en la diferencia”, y sugirió que los hombres deberían acoger el feminismo, la liberación gay y el multiculturalismo como una carta de ruta para la reconstrucción de la masculinidad[18]. Kimmel decora su hombría democrática con una noción de lucha en contra de la adversidad y un vago sentimiento de heroísmo, pero llamarle a esto “hombría” es una descarada y condescendiente manipulación. El hombre profeminista de Kimmel es un no-hombre. Su masculinidad se define por el rechazo de las definiciones tradicionales de masculinidad, salvo su dependencia en una narrativa de auto-sacrificio. Este no-hombre democrático debe renunciar a su propio sentido de identidad y dedicar todas sus energías en ayudar a otros a conseguir un “seguro y confiado” sentido de sí mismos y “compartir justamente el sol”[19]. Él debe comprometerse a un abnegado y altruista sacrificio y trabajo duro a favor de otros, sin cuestionar y sin quejarse. Kimmel asegura a los hombres de que de alguna manera, al renunciar a la lucha de “probar la hombría”, los hombres finalmente serán libres y capases de “dar un colectivo suspiro de alivio”.

Si está probado que la hombría no es más necesaria, ¿qué motivará a los hombres a esforzarse y probar que son el “hombre democrático”? Libres de todo, excepto de las más abstractas, altas y legalmente opcionales expectativas, ¿qué puede evitar que los hombres colectivamente pongan los pies sobre la mesa, den un suspiro de alivio y hagan … lo menos posible?

Las pacificadas, “reimaginadas” masculinidades de Garcia, Bly, Keen y Kimmel, todas requieren que los hombres nieguen sus propios intereses. Las únicas zanahorias en la vara, los únicos incentivos que le cuelgan a los hombres son oscuros y abstractos, y por lo tanto, tienen un atractivo limitdao. Garcia, Bly, Keen y Kimmel, todos ellos tienen nada que decrile ni ofrecerle al hombre que está buscando la forma de mejorar sus circunstancias o de ganársela por su propios medios en el mundo material.

Sintiendo que los hombres están incómodos en sus jaulas de concreto, los reimaginadores de la masculinidad han intentado redecorar la perrera del hombre con narrativas de viajes y habladurías de lo salvaje. Pero un viaje espiritual es al final de cuentas tan solo un cuento sobre el pensamiento. Uno en realidad no llega a ninguna parte. El guerrero interior nunca sabe lo que es tener la muerte cara a cara o ver la vida dejar los ojos de su enemigo vencido. Sus victorias son insignificantes y sus derrotas son triviales. La iniciativa de fin de semana de la hombría nunca siente la tierra en sus rodillas, la urgencia del hambre o la tibiez de la sangre fresca en la frente. El hombre que niega su propia voluntad para el poder para que otros prosperen, hace de sí un esclavo.

Kimmel y otros feministas frecuentemente provocan a los hombres que rechazan el feminismo y otros valores cosmopolitas acusándoles de escapismo y de cobardía. Pero la masculinidad ascética que los feministas promueven requiere un retiro hacia el interior –guiado por un compromiso infinito y casi religioso a ayudar a las mujeres, a los gays y a las minorías raiales lograr sus propios objetivos. Los feministas y los pacifistas le demandan a los hombres que vivan vidas pasivas de limitaciones y auto-control. Siempre ha habido curas, monjes y auto-flageladores que vivieron sus vidas den constante negación. Un cierto tipo de hombre, usualmente un intelectual, encontrará este estilo de vida apropiado a su gusto. Los hombres, por lo general, parecen apreciar la obsesiva fortaleza requerida para llevar a cabo tanto luchas internas como externas. La abstinencia tiene su propio momentum, ímpetu, que tiende a impartir una noción de superioridad por sobre aquellos que se dejan llevar por sus apetitos más básicos. Contrario a esto, Kimmel y los otros, son ciegos solipsistas si creen que una mayoría de hombres serán igualmente apasionados acerca de sus pequeños proyectos, o si todos los hombres estrán igual de dispuestos para apartar sus propios intereses de manera indefinida.

La igualdad no puede demandar que un grupo se restrinja a sí mismo en orden de que el otro grupo pueda prosperar y hacer todo lo que quiera. “Igualdad”, si tal cosa es siquiera posible, al menos teóricamente ofrecería a todos la misma oportunidad para actuar por sus propios y mejores intereses como individuos, con limitada interferencia de otros.

Sin embargo, como Diana Moon Glampers, la Handicapper General (Discapacitadora General) del cuento corto de Kurt Vonnegut “Harrison Bergeron”, los feministas organizados consistentemente demandan una cuantificable y medible igualdad de resultados. No les ha bastado a las mujeres el ganar igualdad de opordunidad[20]. Si suficientes mujeres no están metidas en los deportes o en las ciencias o si suficientes mujeres un estan equitativamente representadas como generales y capitanes de industria; los feministas reclaman que los recursos sean desviados de programas ideados para ayudar hombres y abogan por programas que promuevan a las mujeres. Dado que el éxito de tales programas solo puede ser medido por el éxito de las mujeres en el área deseada (ya sea que lo estén logrando o no),  si cualquier burócrata con intereses propios quiere complacer a sus superiores, basta con que tenga los números para probar que hombres y mujeres son iguales entodas y cada una de las formas. El resultado subyacente de todos esos escenarios es una suave y disimulada discriminación en contra de los hombres. La hipocresía de los feministas, cuando se trata de la “búsqueda de igualdad”, es evidente cuando se observa su aparente desinterés en crear igualmente programas para ayudar a los hombres en áreas en las que están teniendo dificultades. El discurso de la “igualdad” es empleado por mujeres cuando les sirve a sus propios intereses, pero muchos feministas toman un tono más punitivo cuando se trata de alzarle las bolsas de pesados perdigones de los cuellos de los hombres. Después de todo, los hombres se merecen sus dificultades y discapacidades por oprimir a las mujeres. Los hombres nacidos en la segunda ola del feminismo son castigados por los supuestos pecados de sus desaparecidos antepasados.

Aunque los profeministas desde Keen hasta Kimmel le atribuyan a las mujeres las miras más nobles e inocentes de igualdad y justicia, la verdad es que las mujeres no son ni buenas ni malas. Ellas son simplemente primates hembras, las cuales, como el macho de la especie, se unirán para inclinar la balanza hacia su lado, hacer las cosas a su manera al primer momento en que se les presenta la oportunidad. Las mujeres están en ascenso y no tienen la más mínima intención de hacer el menor cambio que pueda comprometer sus avances. Ellas errarán en el lado de la cautela, asegurándose de que sean siempre un poquito más iguales que los hombres, siempre y cuando ello cuente. No es que las mujeres sean malvadas; ellas servirán sus propios intereses, primero.

Hay un concepto en el “movimiento de los hombres” conocido como “Men Going Their Own Way” (Hombres yendo por su propio camino) o MGMTOW. Es un concepto feminista en el sentido de que el manifiesto MGTOW generalmente reconoce los derechos de las mujeres a votar y hacer lo que quieren, sin buscar restablecer el patriarcado. El movimiento MGTOW, más o menos, promueve que los hombres sirvan sus intereses más inmediatos y que hagan lo que se les de la gana, también. Es un movimiento descentralizado que aconseja a los hombres trabajar en contra de las leyes feministas o penalizan injustamente a los hombres[21]. La idea básica es, “tu ve por tu propio camino que yo voy por el mío”.

Aunque relativamente pocos hombres reconocerían el acrónimo MGTOW, es cierto que muchos hombres jóvenes están “tomando su propio camino”. Y eso es exactamente lo que feministas como Rosin, Kimmel, Garcia, Romano, Doupkil, Gabler y Hymowitz han estado cavilando. Siempre habrán excepciones –los ascéticos, pasivos chicos “bonobo” herbívoros[22]—jóvenes que fueron criados por mujeres, procesados en un sistema educativo feministoide, que ven que las mujeres probablemente tienen mejores prospectos y oportunidades que ellos y que se sienten liberados de las responsabilidades asociadas con el patriarcado. Estos chicos herbívoros no encuentran razón alguna en esforzarse para ayudar a que las mujeres logren lo que ellas quieren, especialmente en una sociedad que aspira a la “igualdad” entre los sexos. Aunque Rosin y otros pregonen y festejen un futuro en el que las niñas por primera vez en la historia son más deseables que los niños, ellos deben ver su propio descaro en pedirle a los hombres que se pongan contentos al acelerar el arado.

Los chicos jóvenes se están haciendo cada vez más cínicos y desconfiados de un sistema que está diseñado para favorecer a todo el mundo con excepción de ellos. Los constantes regaños infringidos por los agentes de la cultura de la diversidad que les dicen a los chicos que están simplemente reaccionando a una pérdida del “privilegio”, ciertamente no les inspiran a invertir en un futuro donde tienen incluso menos “privilegio” –especialmente si es posible que este futuro “privilegie” a todos los demás.

Young men who see no reason to invest in the future are doing what they always do—they’re thinking short term and taking whatever they can get in the present.

Los jóvenes que no encuentran razón alguna para invertir en el futuro están haciendo lo que siempre hacen –pensar a corto plazo y tomar lo que sea que puedan obtener en el presente.

Mark Simpson acuñó el término “metrosexual” en un ensayo de 1994, “Here Come the Mirror Men” (Aquí vienen los hombres del espejo), para describir un narcisismo masculino en aumento, evidente en las tendencias de consumo en las naciones occidentales. Estos hombres, también, estaban “yendo por su propio camino” –ejercitándose, comprando objetos a la moda y emperifollándose para atraer a las mujeres (u hombres) en virtud de sus apariencias, en lugar de su virilidad, sus logros o su habilidad de proveer económicamente. Simpson ha mencionado que estos “hombres del espejo” tenían más probabilidades de estar enamorados de sí mismos que de las mujeres[23].

Estos hombres jóvenes han descubierto que la buena apariencia y la apariencia de afluencia no es todo lo que necesitan para poder tener sexo.  Los Pick Up Artists (Artistas del Ligue) y defensores del “game” como los pseudónimos autores del popular blog Citizen Renegade (ahora “Heartiste”) aconsejan a los hombres el tomar ventaja de la psicología evolucionista y mostrarse como “alfas” –un líder primitivo del grupo—al lidiar con las mujeres. Los defensores del game (juego) dicen que un hombre puede utilizar el game dentro de un matrimonio o e una relación a largo plazo, pero ellos generalmente toman un tenue vistazo de las oportunidades de un hombre casado para una buena y realizada vida –especialmente su salud financiera y satisfacción sexual[24]. El Game como estrategia sexual parece estar ideado para dar gratificación a corto plazo para hombres y mujeres, pero también evitar miseria a largo plazo. Como mi colega W.F. Price en The Spearhead (Punta de Lanza) ha escritoque no hay más esposas –o al menos, quedan muy pocas. Las mujeres jóvenes no han sido preparadas para el diario vivir de la vida matrimonial, ellas son criadas para planear sus carreras, sus guardarropas y sus ostentosas bodas de fantasía[25].

Ha habido también cambios en la economía sexual que satisfacen los intereses a corto plazo de los hombres jóvenes. Como Tiger dio cuenta, la asequibilidad de la anticoncepción lo cambio todo. Las mujeres tienen la sartén por el mango en términos de opciones a largo plazo. Los hombres jóvenes saben que una mujer embarazada puede escoger abortar o no sin pedirle a él siquiera su opinión y ella puede demandar pensión de alimento y cuotas de manutención si ella escoge tener el bebé, de ella. Si él ha escogido hacer la inversión a largo plazo en una familia, él sabe que una mujer –las mujeres inician la mayoría de los divorcios—puede dejarlo y demandarlo por alimentos en cualquier momento. Pero cuando se trata de conseguir gratificación sexual a corto plazo, siempre y cuando sean usados métodos anticonceptivos,  “el precio en el mercado del ‘sexo’ es actualmente muy bajo”[26]. En el pasado, el sexo premarital tenía altos costos sociales (especialmente para las mujeres) y los precios sociales de los nacimientos por fuera del matrimonio eran incluso mayores. Sin embargo, hoy en día que el sexo por fuera del matrimonio se ha vuelto la norma, en que la anticoncepción es ampliamente accesible y en que las mujeres jóvenes tienen más probabilidades de ser económicamente exitosas o autosuficientes, ellas pueden permitirse demandar menos compromiso a largo plazo de los hombres a cambio de sexo. Si ellas demandan más, hay otras chicas que van a demandar menos y las primeras van a ser sacadas del mercado. De acuerdo con un artículo reciente en Slate, esto es exactamente lo que está sucediendo, especialmente en los campus universitarios donde hay más mujeres que hombres. Estas jóvenes tienen opiniones “más negativas de los chicos del campus, tienen opiniones más negativas de sus relaciones, van a menos citas, tienen menos posibilidades de tener un novio y reciben menos compromiso a cambio de sexo”. Un Estudio Nacional Longitudinal de la Salud Adolescente mostró que el sexo estaba ocurriendo cada vez más temprano en las relaciones y que el 30% de las relaciones de los hombres jóvenes “ni involucran romance: ni pretensiones, ni citas ni nada”[27].

Michael Kimmel notó similares tendencias en el campus en su libro Guyland (Tierra de chicos). Él culpa a los chicos por el hecho de que las chicas se hayan puesto salvajes (girls gone wild)—“hooking up” (acostándose) promiscuamente en lugar de salir en citas (dating) porque eso es lo que los chicos quieren. Es interesante que incluso Kimmel, quien afirmó que las mujeres jóvenes tienen las riendas del mundo, él más o menos admita que ellas están tan desesperadas por la atención masculina que ellas se dejen corromper tan fácilmente en busca de ella. Kimmel validó la visión del mundo alfa vs. beta propia de los teóricos del “game”, cuando escribió:

“Las mujeres mantienen Guyland (Tierra de chicos) porque Guyland parece estar poblada por Rhett Butlers que son mucho más cool que los Ashley Wilkeses del campus universitario –los chicos que estudian duro, que se esfuerzan, que son considerados de sus sentimientos y que las escuchan. Aquellos chicos son un poco nerdos, muy buenos amigos, pero ellos no te quitan el aliento”[28].

Las acciones y las palabras sin ensayar de las mujeres, revelan que ellas quieren otra cosa diferente a lo que dicen que quieren. Cuando las mujeres consiguen a un hombre blando que comparte las tareas del hogar que los feministas dicen que ellas quieren, ellas se burlan de estos hombres, los llaman “perras de cocina” (kitchen bitches) y se divorcian de ellos. Como mencionó Sandra Tsing Loh en una pieza de misandria y comedia poco refinada que escribió para The Atlantic acerca de sus propias decisiones para divorciarse. Ella rumió una bonoba solución para matrimonio en el que “los hombres/esposos/novios vengan a casa una o dos veces por semana a construir estanterías, reparar cosas, prepara ese bouillabaise o dar sexo”[29]. Hanna Rosin, la misma de “The End of Men” (El final de los hombres), respondió a la mentada pieza con unas confesiones acerca de su propio esposo, de quien se preocupaba la hubiese usurpado a ella en la cocina al hacerse un fino cocinero que disfruta cocinar para su familia. Su solución feminista era arrojarle un libro de cocina en la cara y salir corriendo por las escaleras. Ahora, ella se apresura a llegar a casa del trabajo para hacer la cena antes de que su esposo pueda llegar, presumiblemente, para que ella pueda sentirse más como una mujer. De su esposo, dijo Rosin, simplemente “entendió el mensaje” y le cedió de regreso “parte del territorio”[30].

A medida que las cosas se han venido sacudiendo en las postrimerías de la revolución sexual, los hombres están más capacitados para afirmar sus intereses en relaciones a corto plazo, mientras que las mujeres están mejor capacitadas para afirmar sus intereses en relaciones a largo plazo. Este es un tema cómico común en el cine y la televisión –los hombres frustran a las mujeres al evitar el “compromiso” (a una relación) por el tiempo que pueden, y a las mujeres les da histeria cada vez que sus relojes biológicos hacen tic-toc y su viabilidad en el mercado sexual declina.

Como los hombres jóvenes, especialmente aquellos en grupos socio económicos poco favorecidos, han invertido menos esfuerzos en la educación y se han vuelto menos interesados en perseguir los tipos de carreras que permiten alcanzarla afluencia en una economía globalizada porque los tipos de trabajo que muchos hombres solían disfrutar han sido degradados o exportados a países donde la mano de obra es barata; los refritos llamados a “reimaginar la masculinidad” se han vuelto cada vez más desesperados.

Activistas en contra de la violencia y la violación como Jackson Katz han estado dándole a lo mismo por años acerca de la “paradoja del macho”[31] y le han estado repitiendo a los hombres jóvenes cómo ésta perpetúa la violencia en contra de la mujer[32]. La Organización Nacional de Hombres en Contra del Sexismo (NOMAS por sus siglas en inglés) remonta sus raíces a los años setenta. Cuenta con “desaprender la agresividad” y”desaprender grandes rasgos del rol masculino” entre sus doctrina[33], y repite en sus principios que[34] los “hombres pueden vivir como seres humanos más felices y auto realizados al retar las anticuadas reglas de la masculinidad”. “Reimaginar la masculinidad” se ha convertido también en un tópico unificador en el movimiento de los hombres por algún tiempo.

Con la lucha de los hombres contra el insulto de menores trabajos en construcción aunados a la tercerización de la manufactura a países extranjeros, después de la crisis de los bienes raíces de comienzos del siglo veintiuno, previos llamados ignorados para solucionar la “crisis en la masculinidad” empezaban a ser finalmente escuchados por una audiencia más amplia. En 2010, una Fundación para Estudios del Hombre[35] se formó en un intento de crear programas universitarios para estudiar la condición masculina. Su temprano contenido promocional pareció hacerle eco a las preocupaciones tanto de los derechos de los hombres como de las comunidades profeministas que dicen que los hombres en promedio tienen más riesgo de ir a prisión, cometer suicidio o evitar buscar tratamientos médicos. Muchos prominentes activistas por los derechos de los hombres, en concordancia con los mismos feministas que identifican como enemigos –como también Bly y Keen ante ellos—ahora creen que la “masculinidad tiene, a medida que se relaciona a las realidades modernas, elementos corruptos, opresivos y destructivos que necesitan ser reemplazados”[36]. Algunos consideran a los hombres como un nuevo grupo minoritario[37], un nuevo grupo social identitario que reafirma sus propios intereses al competir por un lugar en el buzón de quejas y reclamos al igual que otros grupos sexuales, étnicos, raciales y religiosos.

Los feministas no tienen intención alguna en permitirles a los hombres competir justamente con las mujeres como grupo de quejas. Algunos han convertido sus ruegos a los hombres que “reimaginen su masculinidad” en una impaciente orden, “¡sean hombres!”. A los hombres se les está diciendo que es mejor que dejen de hacer teatro  y que es mejor que  abandonen pronto sus “rancios scripts” de masculinidad, porque el globalista futuro feminista no los está esperando. Las mujeres están en ascenso y si los hombres tienen que hacer “trabajos de niña” para ayudar a las mujeres a llegar a fin de mes o si les toca convertirse en padres amos de casa para elevar a la exitosa mamá, entonces los feministas dicen que así es como tiene que ser. Es mejor que los hombres aprendan a amarrarse los delantales y que aprendan a tomarle el gusto a ello.

La hipocresía de los feministas que le dicen a los hombres “sean hombres” y que “tengan cojones”, invoca los mismos antiguos arquetipos masculinos que todos esos que han intentado “reimaginar la masculinidad” han intentado implantar. Torpemente están intentando apelar a la misma “cultura machista” que quieren destruir. Le están diciendo a los hombres que prueben su masculinidad, después de haberles dicho que los hombres no tienen que hacerlo. Le están vendiendo a los hombres liberación de su “mancode”[38] (código de hombres) para luego decirles cómo deben comportarse para ser considerados “buenos hombres”, “hombres buenos”.

En efecto, los feministas ahora dicen que un hombre debe ser fuerte, valiente e incluso heroico en su disposición para sacrificar sus propios intereses en pos del bienestar de la tribu. Proviniendo de las bocas de los feministas, esto es descardo y manipulador. Los hombres puede que estén tambaleantes en el éxito educativo, pero ellos no son pendejos. Los hombres en el pasado han hecho grandes sacrificios por el honor, la gloria y la estima de sus pares (masculinos) –sin mencionar recompensas de sexo y mujeres. Los feministas quieren avergonzar a los hombres para que abandonen la audaz masculinidad/hombría/virilidad de sus padres antepasados por una palmadita en la cabeza y el privilegio de ser llamados perras de cocina (kitchen bitches).

Los reimaginadores de la masculinidad no han logrado en conectar con el hombre promedio y es por esto por lo que están condenados a fracasar hasta tanto dejen de tratar a los hombres como individuos egoístas. Sus modelos reimaginados de masculinidad fallarán en inspirar a la mayoría de los hombres hasta tanto sigan rechazando activamente la primacía natural de la fuerza en la jerarquía masculina de las virtudes.

Osama bin Laden famosamente dijo que “cuando las personas ven a un caballo vigoroso y fuerte al lado de uno débil, por naturaleza preferirán al fuerte”[39].

Todas estas “masculinidades reimaginadas” no son más que caballos débiles.

Considerarse a uno mismo un hombre salvaje no hace de uno un hombre salvaje. Todos lo sabemos.

Los pacifistas “caballeros feroces” y los “hombres democráticos” solo pueden dárselas de los duros –ellos pueden decir lo que quieran, porque nunca tienen que respaldar sus palabras con hechos. Quienes se las dan de duros sin probarlo y otros civilizados engreídos de ambos sexos pueden hablar lo que se les da la gana con impunidad solo en una sociedad legal asegurada de la amenaza de verdadera violencia de hombres armados. Si la hombría puede ser reducida como “asertividad”, como Harvey Mansfield afirmó, entonces él tuvo la razón en decir que Margaret Thatcher era una mujer masculina[40].

Si “hacerse hombre”/”ponerse los pantalones”/”coger un poco de cojones” (manning up) significa conseguir cualquier trabajo en el que uno tenga que traer el pan a la familia, cambiar pañales o hacer lo que sea que las mujeres quieren que uno haga, ¿por qué llamarlo hacerse hombre”/”ponerse los pantalones”/”coger un poco de cojones”? ¿Por qué no mejor llamarlo “ser responsable” o “ser obediente”? La escritora Amada Hess estaba en lo correcto cuando observó que lo que Doupkil y Romano llaman “reimaginar la masculinidad” meramente recodificaban la masculinidad como “personalidad”, ser simplemente una persona, no un Hombre de verdad[41].

Reimaginar la masculinidad es meramente un proyecto de construcción del autoestima de hombres impotentes y un proyecto de deconstrucción de los hombres que sí tienen autoestima.

Para mantener cualquier tipo de civilización, los hombres tienen que dar cierta parte de su soberanía personal. Los Romanos solían considerar los fasces el símbolo del poder unido de los hombres –un conjunto de varas atadas alrededor de un hacha, llevada por el Estado. Los hombres acuerdan rendir algo de su autonomía al Estado bajo la promesa de seguridad y orden. El Estado les confiere medios a los hombres para resolver sus disputas y reemplaza la desagradable, brutal e impredecible violencia del caos total con una ordenada repartición de violencia colectiva. El Estado se transforma en el hacha. El hacha se transforma en el Estado.

Sin embargo, a medida que el Estado crece, este requiere cada vez más sacrificios más grandes del poder personal de los hombres para poder mantener el orden. Los hombres hacen estos sacrificios con renuencia, hasta que con el tiempo el Estado obtiene el poder suficiente para demandar y hacer lo que sea que quiere, con o sin el mandato de la mayoría de los hombres. Hoy en día, nuestros líderes abiertamente se burlan de los hombres que están indispuestos a darle al Estado el total control por sobre la vida y la muerte[42].

El deseo de reimaginar la masculinidad es un síntoma de esclavitud. Los hombres han dado virtualmente todo su poder al Estado. Muchos países europeos han desarmado a sus ciudadanos y los hombres están a merced de los Estados que claman actuar por los mejores intereses de todos. Incluso hace un siglo, los hombres se reunían en las calles para violentamente derrocar gobiernos corruptos. Hoy, la mayoría de los americanos no podría concebir nada más que hacer una vigilia en la noche con inútiles velitas. Muchos hombres occidentales han renunciado a empresas, tareas y actividades individuales que solían ofrecer la satisfacción de voluntariosa agencia a cambio de cómodos pero insatisfactorias ocupaciones en grandes corporaciones donde no son más que meras hormigas y las mujeres son trabajadoras con todas las ventajas. Mientras las mujeres siguen ganando influencia política y económica, ,los hombres están renunciando a su soberanía en sus hogares, convirtiéndose en meros muñecos pegados en la pared y siervos de caprichosas reinas emasculadoras que pueden invocar el poder del hacha Estatal al primer momento en que se sientan retadas o amenazadas en su poder. Un simple suspiro de una mujer puede poner a un hombre en grilletes y forzarle, ya sea a confesar o tener que probar que es inocente de hasta de los más insignificantes cargos.

Feministas y socialestas están satisfechos en confiarle al estado su cuidado, protección y empleo. Chaftez admitió que trabajos de relleno tienen que ser creados para facilitar su utopía neutral de género y confesó también que fantaseaba sobre un mundo sin las armas a las que “muchos machos americanos se aferran” como una “expresión de su virilidad”[43].

Los reimaginadores de la masculinidad saben, tal vez subconscientemente, que los hombres siguen queriendo sentirse como hombres. Para aclimatar a los hombres a una vida en cautiverio y sin poder, los reimaginadores se han encargado ellos mismos de decorar la jaula un poco. Han intentado elaborar narrativas seguras que les den a los hombres apenas la sensación de expresar una virilidad virtual sin el peligro que representa a los intereses de las mujeres y del status quo. Han hecho lluvias de ideas para encontrar formas de empoderar a los hombres sin darles poder real. Para pacificar al hombre, le han ofrecido solo las masculinidades de “señora, ¿puedo?”, más compatibles con los intereses de las mujeres.

It is truly profound that, when the reimaginers of masculinity prepared to sell their domesticated manhoods to everyday man, even they could not imagine a way to appeal to him without resorting to coercive testing language of the male groups, the primal vocabulary of violence or by appealing to his desire to demonstrate strength, courage, mastery and a sense of honor.

Es verdaderamente profundo que, cuando los reimaginadores de la masculinidad se prepararon a vender sus masculinidades/hombrías domesticadas al hombre de a pié, incluso así no pudieron imaginar una forma de atraerlo sin tener que recurrir al lenguaje provocador y coercitivo propio del grupo masculino, un vocabulario primario de violencia o que apela a su deseo de demostrar fuerza, coraje, maestría y honor.

Saltar al Capítulo III – Malinterpretando la Masculinidad: La Mayoría del Cuarenta y nueve porciento


[1] Saltzman Chaftez, Janet. Masculine, Feminine or Human? 2nd ed. Itasca: Peacock Publishers, 1978. 221-58. Print.

[2] Ibid. 246.

[3] Garcia, Guy. The Decline of Men. N.p.: HarperCollins e-books. Loc. 4332. Kindle.

[4] Stevenson, Seth. “The Believer.” New York Magazine. 9 July 2007. Web. 24 Feb. 2011. http://nymag.com/news/features/34454/

[5] Garcia, Guy. The Decline of Men. N.p.: HarperCollins e-books. Loc. 4436. Kindle.

[6] Wrangham, Richard, and Dale Peterson. Demonic Males : Apes and the Origins of Human Violence. New York: Mariner Books/Houghton Mifflin Company, 1996. 172. Print.

[7] Keen, Sam. Fire in the Belly. Bantam Books, 1992. 35-48, 88-111. Print.

[8] Keeley, Lawrence H. War Before Civilization. Oxford University Press, 1996. 2338. Kindle.

[9] Kimmel, Michael S., ed. The Politics of Manhood : Profeminist Men Respond to the Mythopoetic Men’s Movement (And the Mythopoetic Leaders Answer). Temple University Press, 1995. Print.

[10] Ibid. 272.

[11] Bly, Robert. Iron John. Vintage Books. 1992. 2. Print.

[12] Ibid. 25.

[13] Ibid. 8.

[14] Ibid. 182.

[15] Ibid. 179.

[16] Keen, Sam. Fire in the Belly. Bantam Books, 1992. 112-122, 152-185. Print.

[17] Kimmel, Michael. Manhood in America : A Cultural History. The Free Press. 1996. 316-321. Print.

[18] Ibid. 333.

[19] Ibid. 334, 335.

[20] Vonnegut, Kurt. “Harrison Bergeron.” National Review. 16 Nov. 1965. Web. 26 Mar. 2011. http://www.nationalreview.com/nroriginals/?q=MDllNmVmNGU1NDVjY2IzODBlMjYzNDljZTMzNzFlZjc Nota del Traductor: Excelente cuento. Pronto lo traduciré.

[21] “MEN GOING THEIR OWN WAY ver. 2.2.” Men For Justice. N.p., 9 May 2006. Web. 13 Mar. 2011. http://menforjustice.net/cms/index.php?option=com_content&task=view&id=5&Itemid=4

[22] Otagaki, Yumi. “Japan’s “herbivore” men shun corporate life, sex.” Reuters. N.p., 27 July 2009. Web. 13 Mar. 2011. http://www.reuters.com/article/2009/07/27/usjapanherbivoresidUSTRE56Q0C220090727

[23] Simpson, Mark. “Here Come The Mirror Men.” Independent 15 Nov. 1994 [UK] . Web. 13 Mar. 2011. http://www.marksimpson.com/pages/journalism/mirror_men.html Nota del Traductor: Esta es una noción muy diferente del narcisismo que vemos en La Segunda Historia de Eco y Narciso.

[24] Chateau . “Game And Life Trajectory.” Citizen Renegade. N.p., 24 Feb. 2011. Web. 13 Mar. 2011. http://heartiste.wordpress.com/2011/02/24/game-and-life-trajectory/ (Updated link)

[25] Price, W.F. “Stop Looking For a Wife: You Won’t Find One.” The Spearhead. N.p., 8 Oct. 2010. Web. 21 Mar. 2011. http://www.thespearhead.com/2010/10/08/stoplookingforawifeyouwontfindone

[26] Regnerus, Mark. “Sex Is Cheap.” Slate. 25 Feb 2011. Web. 16 Mar. 2011. http://www.slate.com/id/2286240/pagenum/all/#p2

[27] Ibid.

[28] Kimmel, Michael. Guyland. 2008. HarperCollins e-books. Loc. 4447. Kindle.

[29] Tsing Loh, Sandra. “Let’s Call the Whole Thing Off.” The Atlantic July 2009. Web. 20 Mar. 2011. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2009/07/let-8217-scallthewholethingoff/7488/1/

[30] Rosin, Hanna. “Rise of the Kitchen Bitch.” Slate. N.p., 15 Dec. 2009. Web. 20 Mar. 2011. http://www.doublex.com/section/life/risekitchenbitch

[31] Katz, Jackson. The Macho Paradox : Why Some Men Hurt Women And How All Men Can Help. 2006. Sourcebooks, Inc. Print.

[32] Katz, Jackson. Tough Guise : Violence, Media and the Crisis in Masculinity. Media Education Foundation. 1999. Video.

[33] “Tenets.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.nomas.org/tenets

[34] “Principles.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.nomas.org/principles

[35] The Foundation for Male Studies. N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.malestudies.org/index.html

[36] Elam, Paul. “The Plague of Modern Masculinity.” A Voice for Men. N.p., 17 July 2010. Web. 19 Mar. 2011. http://www.avoiceformen.com/2010/07/01/theplagueofmodernmasculinity/

[37] Ellison, Jesse. “Are Men The New Minority?” Newsweek 29 Sept. 2010. Web. 19 Mar. 2011. http://education.newsweek.com/2010/09/29/thenewminorityoncampusmen.html

[38] Schwyzer, Hugo. “How Men’s Rights Activists Get Feminism Wrong.” The Good Men Project. N.p., 8 Mar. 2011. Web. 19 Mar. 2011.  http://goodmenproject.com/ethicsvalues/howthemensrightsactivistsgetfeminismwrong

[39] “Transcript of Osama bin Laden videotape.” CNN.com. CNN, 13 Dec. 2001. Web. 19 Mar. 2011. http://articles.cnn.com/2001-12-13/us/tape.transcript_1_binshaykhalbahranidiplomaticlanguageservices?_s=PM:US

[40] Mansfield, Harvey C. Manliness. 2006. Yale University Press.

[41] Hess, Amanda. “Newsweek’s “the new macho”: It’s the new “person”!” TBD. 21 Sept. 2010. Web. 20 Mar. 2011. http://www.tbd.com/blogs/amandahess/2010/09/newsweeksthenewmachoitsthenewperson–2051.html

[42] Kuhnhenn, Jim. “Obama says some voters are angry, bitter.” USA Today (Associated Press). 12 April 2008. Web. 26 Mar. 2011. http://www.usatoday.com/news/topstories/2008-04-11-3235435230_x.htm

[43] Saltzman Chaftez, Janet. Masculine, Feminine or Human? 2nd ed. Itasca: Peacock Publishers, 1978. 257. Print.

4 Comments

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4 responses to “II. “Reimaginando la Masculinidad”

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  4. Raul

    Excelente texto!, empece en desorden, pero bueno. Muchas, muchas gracias.

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