El Traductor dice: Iterative Learning versus the Student-Debt Trapes un artículo escrito por G. Stolyarov II, quien en sus palabras es un “Actuario, novelista de ciencia ficción, ensayista filosófico independiente, matemático amateur, compositor, colabor de Enter Stage Right, Le Quebecois Libre, Rebirth of Reason, y del Ludwig von Mises Institute, Editor en Jefe de The Rational Argumentator, una revista que lucha por los principios de la razón, los derechos y el progreso. EL Sr. Stolyarov también publica sus artículos en Yahoo! Contributor Network para ayudar a la propagación de ideas racionale. ÉL tiene el más alto nivel Clout (10) en The Yahoo! Contributor Network y es uno de sus Page View Millionaires, con más de 2 millones de visitas. El Sr. Stolyarov regularmente produce videos en Youtube discutiéndola extensión de la vida, el libertarianismo y temas relacionados. (…) El Sr. Stolyarov actualmente ostenta las designaciones de Chartered Property Casualty Underwriter (CPCU), Associate in Reinsurance (ARe), Associate in Regulation and Compliance (ARC), Associate in Personal Insurance (API), Associate in Insurance Services (AIS), Accredited Insurance Examiner (AIE), and Associate in Insurance Accounting and Finance (AIAF). EL Sr. Solyarov puede ser contactado en gennadystolyarovii@yahoo.com”. Este artículo es publicado por Eddie Caldwell de Ranger Self Defense en el blog Education Bubble and Scam Report.
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La educación formal contemporánea inculca una falacia contraproducente y a menudo estresante dentro de las mentes de millones de jóvenes –particularmente, en los mejores y más brillantes. La falacia, la cual mina las vidas de muchos, consiste en que, cuando se trata del aprendizaje, la productividad y el logro, tú tienes que hacerlo bien desde la primera vez, desde el primer y único intento. Considérese la forma en cómo las calificaciones son asignadas en el colegio. Tú completas una asignación o te sientas a hacer un test –y si el producto de tu trabajo es deficiente a ojos del docente de turno, o si respondes algunas preguntas incorrectamente, tu nota sufre. No importa si aprendes o no de tus errores inmediatamente o tiempo después; la nota no puede ser cambiada. Lo mejor que puedes hacer es esperar que, en futuras tareas y pruebas, lo hagas lo suficientemente bien que tu promedio permanezca lo suficientemente alto. Si no es así –si te toma más de lo usual para aprender el material—una baja calificación será una mancha permanente en tu registro académico, si te importan tales records. Si estas por debajo de la mayoría de edad y se te prohíbe ser dueño de propiedades sustanciales o de trabajar para vivir, las calificaciones pueden que sean en gran medida, la medida del éxito en tu modo de ver. Demasiados golpes a tus notas puede que te desalienten o te lleven a pensar que tu futuro no sea tan brillante como deseas.
Así no es como el mundo real funciona. Así no es como funciona el aprendizaje. Así no es como los grandes logros son obtenidos. Me tomó años darme cuenta de esto. Yo fui uno de esos estudiantes que insistía en siempre alcanzar las mejores calificaciones en todo. Fui el primero en mi clase en la secundaria (obteniendo honores y cursos de colocación avanzada cuando los ofrecían) y fui el segundo en la universidad –con tres carreras (majors). En la secundaria, especialmente, a veces veía que los criterios de calificación eran algo arbitrarios y subjetivos, pero yo pasaba tiempo considerable preparando mí mismo y mi trabajo con el fin de llenarlos. Mientras fui partícipe de un prolífico aprendizaje en mis años de preparatoria, la mayoría de ese aprendizaje ocurrió por fuera del alcance de mis clases y fue el resultado del estudio autónomo usando libros e internet. Desafortunadamente, mis esfuerzos de aprendizaje autónomo necesitaban abrirse un espacio en el precioso y escaso tiempo libre que tenía, porque la mayoría de mi tiempo era ocupado en intentar conciliar mi trabajo escolar a las demandantes y a menudo imperdonables expectaciones que necesitaban ser cumplidas para poder obtener las más altas calificaciones. Tuve éxito en ello –pero solo gracias a un régimen que sería insostenible a largo plazo: sin dormir, sin tiempo libre, en constante tensión y aprehensión por la posibilidad de un simple paso en falso académico. Hoy en día, sin embargo, me doy cuenta de que sea que haya tenido éxito o fracasado en el juego de las calificaciones perfectas, mis logros post-académicos habrían estado probablemente intactos.
¿Cómo ocurre el verdadero aprendizaje? No es un juego de todo o nada. No consiste en intentar una tarea solo una vez y avanzar si la logras o en ser ridiculizado y desalentado si no. El verdadero aprendizaje es un proceso iterativo. Gracias a una multitud de repeticiones e intentos –todas y cada una enfocadas en dominar la materia o en hacer progreso en un objetivo—uno gradualmente aprende lo que funciona y lo que no, lo que es verdadero y lo que es falso. En muchas áreas de la vida, los principios fundamentales no son inmediatamente aparentes o incluso conocidos por nadie. La solución a un problema en esas áreas, en lugar de emerger por medio de un conciso (aunque a veces lento) proceso deductivo de aquellos primeros principios solo puede ser alcanzada por medio de la inducción, de la prueba y el error, y del ajuste periódico a las circunstancias cambiantes. El error y el fracaso son una parte esperada del aprendizaje de cómo acercarse a estas áreas. Ningún aprendizaje ocurriría en ellas si cada fracaso fuera castigado con privación material o condena social.
Por supuesto, no todos los errores son del mismo tipo. Un error al resolver un problema matemático, mientras es severamente penalizado en la escuela, no es perjudicial en el mundo real. Si necesitas resolver el problema, tu solo lo intentas de nuevo una y otra y otra vez –hasta tanto reconozcas la diferencia entre el éxito y el fracaso y tengas el tiempo libre y el confort material para hacer los intentos. Por otro lado, un error al hacer el giro con el tráfico que se aproxima podría ser irreversible y devastador. La clave en aproximarse al fracaso es distinguir entre el error seguro y el error peligroso. Un error seguro es aquel que permite numerosas iteraciones hasta obtener la respuesta, el comportamiento o el objetivo correctos. Un error peligroso es aquel que cierra puertas, remueve oportunidades y –peor que todo—perjudica la vida. El aprendizaje ocurre mejor cuando puedes fallar cientos, incluso miles de veces en sucesión rápida –sin amenaza o con mínima amenaza de daño para ti y para otros. En tales situaciones, el fracaso es bienvenido como un paso en el camino hacia el éxito. Por otro lado, si un fracaso puede llevarse años de tu vida –ya sea acortándola o gastando colosales cantidades de tiempo—entonces el mero abordaje que podría resultar en el fracaso debería ser evitado, a menos que no haya otra manera de alcanzar logros comparables. Como un principio general, no es la posibilidad del éxito o del fracaso los que uno debería evaluar al escoger nuestras empresas, pero en su lugar considerar las consecuencias del fracaso, si este ocurre.
Muchas instituciones sociales contemporáneas, desafortunadamente, están estructuradas de una manera hostil para el aprendizaje iterativo. Ellas en su lugar promueven la inversión “todo o nada” (all in) en una o dos líneas de esfuerzo –con éxito incierto y devastadores consecuencias materiales o emocionales en el fracaso. Estas instituciones no dan segundas oportunidades, excepto a un considerable costo, y a veces ni siquiera dan primeras oportunidades debido a barreras proteccionistas para su ingreso. La educación superior está especialmente corrompida por este problema.
Con un costo de decenas de miles de dólares al año, la universidad es una enorme apuesta. Muchos piensan que al escoger la carrera y los cursos correctos para estudiar, podrían incrementar su futuro potencial de ingresos. Para algunos, esto funciona –a pesar de que sean una fracción decreciente de los estudiantes universitarios. Si una carrera resulta no ser muy bien remunerada, puede que haya alguna satisfacción en haber aprendido el material, y esto puede que esté bien –siempre y cuando que esta es una satisfacción costosa, de hecho. Algunos cambiarán de carrera durante su tiempo en la universidad, lo que es a menudo una decisión extremadamente cara en sí misma por prolongar el tiempo en el cual uno tiene que pagar la matrícula y la manutención. Para aquellos que pueden pagar carreras poco remunerativas o varias carreras universitarias en serie, ahí está el costo de oportunidad de su tiempo –pero es no es lo peor que puede pasar.
El peor destino cae en aquellos que financian su universidad a través de la deuda estudiantil. Este fue un destino que felizmente evité. Me gradué de la universidad sin haber tomado ni un solo centavo de deuda –jamás—en gran parte como resultado de las becas al mérito (y mi elección de una institución que ofrecía becas al mérito –una rareza estos días). Millones de mis contemporáneos, sin embargo, no son tan afortunados. Por muchos años en adelante, ellos tendrán que cargar con una recurrente carga financiera que restringirá sus oportunidades y los empujará a seguir por ciertos caminos de la vida a menudo estresantes e insostenibles.
La deuda estudiantil es el gran disruptor del aprendizaje iterativo. Tal deuda es asumida con base en la expectativa tremendamente propensa al fracaso de poder obtener un retorno monetario capaz de pagar toda la deuda. Especialmente en las economías occidentales post-2008, esta expectación es infundada –no importa quién, cuán conocedor, consumado o productivo sea uno. Los trabajos bien remunerados son difíciles de conseguir; los trabajos bien remunerados en el propio campo de estudio son inclus más escasos. El campo se angosta cada vez más que uno considera que el empleo no debería ser solo remunerado, sino también estar acompañado de decentes condiciones laborales, compatibles con un estilo de vida confortable que refleje los valores y objetivos propios. El dinero es básicamente un medio para poder vivir, no un fin en sí mismo. Continuar con un trabajo que requiere de constantes privaciones en otras áreas de la vida no es óptimo, para decir poco –pero la deuda no le deja a uno ninguna elección. No hay escape de la deuda estudiantil. La insolvencia ni la bancarrota pueden anularla. Uno debe seguir pagándola para evitar ser aplastado por el creciente interés. Pagarla le toma años a la mayoría, décadas para algunos. Para la época en la que es pagada (si llega), mucha juventud, energía y vitalidad han sido perdidas. Sigue a algunos a la tumba. Si uno logra pagarla lo más rápido posible, luego entonces uno podría disfrutar un poco de esa ventana de oportunidad entre la educación formal y la senilidad –pero el intenso afán y esfuerzo necesitados para lograr este objetivo limita nuestras opciones para poder experimentar en cómo resolver problemas, comprometerse con el logro creativo y explorar diversas avenidas para la ganancia material.
Si estás endeudado hasta el cuello, tomas cualquier ingreso que tienes sin quejarte. Pones toda tu energía en una sola carrera, en un solo campo, en una estrecha faceta de la existencia –con la esperanza de que los retornos inmediatos sean suficientes para salir del paso y medio vivir mientras se espera que los retornos a largo plazo sean mayores. Si deseas practicar el derecho o la medicina u obtener un Doctorado, tu dependencia de este modo de vida y en sus esperadas últimas consecuencias, es mucho mayor. Podrás aplazar el pago de de la deuda por un tiempo, pero la última carga será incluso mayor. Muchos abogados no empiezan a obtener cifras positivas sino hasta que llegan a los 30; muchos Doctores no alcanzan esta condición hasta que llegan a sus cuarenta –y esta es la realidad para aquellos que se graduaron antes de la crisis financiera con sus extendidos efectos colaterales. Los prospectos para los jóvenes de hoy son hasta más inciertos, y tal vez la misma esperanza de recompensas monetarias a largo plazo producto de la deuda estudiantil (o cualquier forma de educación superior que se lleva muchos años y mucho dinero) no sigue siendo realista. Este modo de vida no es solo estresante e incierto; a expensas de las relaciones materiales, el confort material, el tiempo libre, y experimentación con diferentes fuentes de ingreso. Es más, cualquier enfermedad terminal, accidente u otra crisis puede descarrilar la esperanza de una continua fuente de ingresos y con ello convertir la deuda en una verdadera destructora de vidas. El fracaso es costoso, de hecho, en este camino convencional de educación formal postescolar.
Puede ser difícil para muchos entender que el camino que convencionalmente se cree conduce al éxito es, de hecho, uno que expone a una persona a los más peligrosas formas de fracaso. El mejor camino hacia adelante es uno de sostenible trabajo iterativo –un camino que ofrece crecientes beneficios en el presente sin depender de grandes cargas en el futuro, todo mientras permite suficiente tiempo y confort para experimentar con discreción en la mejora de las propias posibilidades de vida. La diversificación es el compañero natural de la iteración. Entre más lo intentes, más podrás experimentarlo; entre más aprendas, más podrás aplicar. Habiendo evitado la trampa de la deuda estudiantil, puedo atestiguar cuán liberador puede ser el aprendizaje post-académico. En lugar de perseguir un título universitario o profesional, decidí tomar cursos actuariales (probabilidad y estadística) y exámenes relacionados con el campo de los seguros, donde el costo de cada examen es modesto a diferencia de un semestre en la universidad –y que uno puede volver a intentar si uno falló antes. En los 3.5 años posteriores a mi graduación de la escuela, fui capaz de obtener siete designaciones profesionales en seguros, y obtener una ganancia neta para mí. Aún así, tengo más tiempo de sobra para probas por obtener aún más designaciones. Mi empleo me ofrece la oportunidad de dedicarme a hacer trabajo creativo en una variedad de capacidades y yo me enfoco en maximizar mi rango de productividad en el trabajo para alcanzar los beneficios del aprendizaje iterativo, evitando el estrés de una carga de trabajo acumulada. Yo podría estar buscando dónde quiero vivir y tengo los recursos para comprar una casa con una gran cuota inicial. A diferencia de una hipoteca que estoy pagando antes del plazo, no tengo ninguna otra deuda. Incluso la hipoteca me pone un poco incómodo –por eso mi deseo de pagarla lo más rápido posible—pero cada pago me acerca a adueñarme de una gran y tangible propiedad que uso todos los días. Mientras tanto, yo ya tengo una decente cantidad para el tiempo para mi ocio, hacer ejercicio, el estudio independiente, el activismo intelectual y mis interacciones familiares.
Mi vida, sin duda, tiene sus propios retos y preocupaciones: la situación de cualquier otro podría ser mejor y puedo ciertamente concebir algunas mejoras –pero tengo el tiempo necesario a mi discreción para planea y conseguir tales mejoras. Además, el camino del aprendizaje iterativo no es completamente realizable en todos los aspectos del mundo actual. Comparativamente, tengo menores vulnerabilidades que estudiantes de mi edad metidos endeudados hasta el cuello, pero no soy tan inmune a los factores de estrés cotidianos de la vida contemporánea. Seguimos siendo rodeados por peligros y tareas donde es verdaderamente necesario no fallar la primera vez. A medida que avanza la tecnología y llegamos a vivir en un mundo más seguro y saludable, las fuentes de fracasos que pongan en peligro la vida disminuirán, y el campo de la saludable prueba y error se ampliarán. La clave, mientras tanto, es mantener los puntos de fracaso en el punto más bajo. Sí, los accidentes automovilísticos, el crimen y las enfermedades serias siempre tienen una probabilidad diferente de cero de perjudicar nuestra vida –incluso esa probabilidad puede ser reducida a través de la vigilancia, el cuidado y la tecnología. Para evitar introducir la vulnerabilidad en la propia vida, uno debe procurar vivir dentro de sus propias posibilidades –no basado en expectaciones de un ingreso futuro—y dejar para uno un margen de tiempo y flexibilidad para el logro de cualquier objetivo, económico o no. La productividad, la eficiencia y la habilidad son activos muy valiosos y bienvenidos, si son usados para prevenir, en lugar de invitar el estrés, la ansiedad y la incomodidad física.
Aprender absolutamente cualquier cosa de interés y valor es deseable, siempre y cuando el costo en tiempo y dinero –incluyendo el costo de oportunidad—sea conocido y pueda ser logrado usando recursos presentes. Este principio aplica a cualquier tipo de educación formal –o a la compra de vehículos, muebles y equipos electrónicos. Si lo disfrutas, si puedes pagarlo sin endeudarte demasiado y si no puedes pensar en otra manera de usar tu tiempo y tu dinero –entonces, por todos los medios inténtalo con la consciencia limpia. Si no puedes pagarlo o si necesitas el dinero para algo más importante, entonces mejor espera hasta que puedas tener los medios y mientras tanto, encuentra otras formas de usar y de disfrutar de tu tiempo. Con el internet, es posible aprender muchas habilidades y conceptos sin ningún costo monetario. Es también posible obtener programas de designación profesional a bajos costos en campos donde sentarse en un salón de clase no es ningún requerimiento.
Recuerda que el éxito es alcanzado a través de muchas iteraciones en una variedad de tareas. Intenta hacer de cada iteración lo más barata posible en términos de tiempo y dinero. Excepto en tiempos de aguda crisis, donde no hay otras opciones, evita todas las formas de deuda –con la posible excepción de una hipoteca para la adquisición de un inmueble, dado que es preferible a la alternativa de pagar renta a otra parte. No pongas todo tu tiempo y energías en un solo campo, un solo camino, una sola esperanza. Eres un ser humano con una variedad de facetas y tu trabajo en la vida es desarrollar un acercamiento funcional a la totalidad de la existencia –no solo a una sub especialidad. Recuerda, por sobre todo, nunca perder tu individualidad, tu favorecida manera de vivir y las relaciones constructivas por otros en la consecución de cualquier carrera. Debes ser tú el patrón de tu trabajo y de tu aprendizaje –no al revés.