Archivo mensual: enero 2013

Palabras Sabias – Words of Wisdom por @rosstraining

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Jack Donovan’s No Man’s Land – No es tierra de Hombres (Traducción)

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

Introducción

El arco de tres capítulos que viene a continuación originalmente hacían parte del texto llamado “The Way of Men” (El Camino de los Hombres). The Way of Men no es acerca del feminismo, ya que los escritos más populares sobre la masculinidad son escritos por feministas o por hombres que han aceptado un buen puñado de asunciones feministas. Mi propósito aquí es ubicar mi propio entendimiento de la masculinidad dentro del contexto de una discusión más amplia acerca de los hombres que ha estado sucediendo en las últimas décadas. Quise involucrar los argumentos de otros en una manera comprensiva y extraer los puntos en común. Quise “mostrar mi obra”.

En su conjunto, este arco de tres capítulos conforma un libro corto sobre el modo en que la masculinidad ha sido satanizada, re-imaginada y mal-interpretada por otros.

He decidido hacer gratuito el acceso online a este libro, No Man’s Land (No es tierra de Hombres), porque tengo la esperanza de que este material sea útil para otros hombres que estén escribiendo acerca de la masculinidad, del feminismo, del movimiento de los hombres y de los conflictos entre la masculinidad y la civilización.

Mientras tanto, tengo una pila de libros acerca de la masculinidad que provienen del establecimiento –de editoriales universitarias y de escritores aprobados por los medios masivos—la escritura más interesante sobre la masculinidad está sucediendo en línea. Uno puede citar un libro, pero uno no puede linkear a él—no exactamente, de todos modos.

Para aquellos inclinados a leer No Man’s Land (No es tierra de Hombres) como un libro, lo he hecho disponible en formato kindle y como un archivo .pdf descargable, pero también permanecerá online como una serie de páginas en mi sitio web.

Me gustaría agradecer a mi Vulcano amigo Trevor Blake por su ayuda en la edición de estos capítulos.

Una última cosa

No soy un académico titulado ni de tiempo completo. Manejo un camión para ganarme la vida. Poner en orden todo este material involucra mucho trabajo. Si usted encuentra esto valioso y quiere apoyar mi trabajo –écheme un par de dólares para cerveza, armas y libros. Hay un botón de donaciones en mi página web.

Contenidos (Versión Online –Aproximadamente 20.000 palabras)

Publicado online en:

http://www.jack-donovan.com/axis/no-mans-land/

Noviembre 11 de 2011.

No Man’s Land : Masculinity Maligned, Reimagined and Misrepresented by Jack Donovanis licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Please feel free to link to, distribute or quote this work online as long as Jack Donovan is credited as the author.

Kindle Version – Free Download

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I. No es tierra de Hombres (No Man’s Land)

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

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Saltar al Capítulo II – “Reimaginando la Masculinidad”

Si usted fuera un escritor de ciencia ficción escribiendo para una revista masculina independiente en los años 40, usted habría soñado con un tenebroso futuro distópico en el que las mujeres mandan. Usted tal vez habría descrito un “Nuevo Orden Feminal” o habría titulado su obra “El Fin de los Hombres”. Para su bizarro mañana, usted también habría visionado un mundo en que los niños varones fueran castigados, drogados o expulsados de la escuela por el tipo de cosas que usted recuerda hacer normalmente de niño. Los hombres serían referidos como “el segundo sexo”, vistos como “patanes” y relegados a trabajos de bajo estatus y mal pagos. Las mujeres serían sexualmente promiscuas, incluso marchando juntas como “putas orgullosas”[1], mientras los hombres estarían legalmente obligados a pedir permiso expreso por cada beso[2]. Cuando llegue el tiempo para reproducirse, las mujeres a menudo criarían a los críos (con suerte niñas) por su cuenta. Los padres serían considerados escasos, pero en última instancia, desechables.

Sus lectores, en aquel entonces, habrían tenido una pequeña risita.

Sin embargo, si los escritores de los periódicos y revistas más grandes de los Estados Unidos estuvieran en lo cierto, ese futuro parece no ser tan lejano. Aunque su redacción tuviera un toque de fantasía y las cosas no estuvieran tan mal como dicen, parece haber un creciente consenso de que a menos de que ocurran mayores cambios, el futuro no es tierra de hombres.

En mayo del 2000, Chritina Hoff Sommers retó el saber convencional acerca del sexo y de la educación cuando escribió para The Atlantic que era “un mal momento para ser un niño varón en los Estados Unidos”[3]. A lo largo de los 1980s y 90s, autores feministas incluyendo Carol Gilligan y Mary Pipher habían convencido a los educadores que las escuelas favorecían a los niños y defraudaban a las niñas. Sommers presentó el caso de que, quizás al menos en parte en respuesta a esfuerzos demasiado apasionados para ayudar a las niñas a lograr la paridad, la evidencia mostraba que las niñas de hecho estaban obteniendo mejores notas y tenían más altas aspiraciones educativas que los niños. Los niños estaban dominando las listas de “fracaso, de atraso y de problemas de aprendizaje”. Las niñas parecían estar más “dedicadas” al proceso educativo. Los niños seguían obteniendo aún mejores notas en algunas pruebas estandarizadas (como el SAT) pero esto fue porque pocos niños “en riesgo” se molestaban siquiera en tomar el test. De acuerdo con Sommers, el grueso de las niñas estaban haciendo las reglas. Los programas para ayudar a los niños tenían muy baja prioridad y la brecha de género en el éxito académico se venía ampliando.

Businessweek anunció en su portada un artículo de 2003 confirmando “La Nueva Brecha de Género”, Michelle Conlin afirmó que los niños se estaban convirtiendo en el “segundo sexo” desde el kínder hasta la graduación. Ella reiteró las conclusiones de Sommers y describió un deprimente panorama donde los niños eran denominados como problemáticos y “tocones”, y en el que un alarmante número de ellos eran diagnosticados con Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Conlin identificó lo que ella llamó un “escalofriante patrón de masculina desconexión y dependencia económica” que comenzaba en la juventud y aumentaba como una bola de nieve a través de la adolescencia, los años de universidad (o análogos), una decreciente tasa de hombres votantes y bajo rendimiento profesional[4]. Igualmente, Thomas Mortenson, un académico del Pell Institute para el Estudio de la Oportunidad en la Educación Superior, le respondió a Conlin que la “nueva economía” era “un mundo hecho para las mujeres.”[5]

Peg Tyre luego escribió para Newsweek en 2006 que las cosas se habían puesto más difíciles para los niños en la educación. De 1980 a 2001, el número de niños que dijo que no les gustaba la escuela aumentó hasta el 71% en un estudio conducido por la Universidad de Michigan. Cuando su pieza fue publicada, los hombres se habían vuelto una minoría en los campus universitarios, representando tan solo el 44% del cuerpo estudiantil.

Yo fui testigo directo de esto cuando se me pidió asistir a un taller “La Masculinidad en el Siglo 21” en un colegio privado del área. El Colegio era mixto y extremadamente liberal, pero el taller estaba dirigido solo para los chicos. Tuvo muy buena audiencia y los chicos tenían mucho que decir. Aunque los chicos fueran económicamente privilegiados, sus pares femeninas también lo estaban, así que en su mundo la clase social no era un factor. Había consenso generalizado de que los chicos se sentían de que a donde fuera que ellos vieran, incluso cuando se trataba de la educación física, “todo se trataba de qué es lo que querían las niñas.” La jerarquía social típica de las películas adolescentes de los chicos populares vs. nerds parecía también estar invertida. Eran los “alfas” naturales del grupo quienes parecían ser los más frustrados y privados. Ellos me contaron que eran constantemente corregidos y que les decían qué decir y cómo sentirse. A pesar de que los feministas digan frecuentemente que la masculinidad es meramente un rol que los hombres “desempeñan” y que el feminismo libra a los hombres de tener que conformarse a un ideal poco realístico, era claro para mí que estos chicos se sentían como si tuvieran que tener cuidado con todo lo que decían y hacían y que nunca sentían como si pudieran simplemente “ser ellos mismos”.

El asesor de los medios Guy Garcia escribió que, “Si los hombres fueran una marca, su valor estaría cayendo, simplemente porque la sociedad no está comprando lo que están vendiendo”[6]. En su libro de 2008, The Decline of Men (La Decadencia de los Hombres), él argumentó que los hombres estaban preocupados con anticuadas expectaciones e “hipermasculinos” rituales de violencia, mientras que las mujeres estaban obteniendo la mayoría de las credenciales académicas y haciendo más dinero. Los hombres estaban “optando por dejarlo todo y quedarse por detrás”[7]. Él imaginó un futuro en el que, en una inversión de los roles románticos, los hombres que querían casarse terminarían esperando pacientemente la espera del teléfono con la esperanza de que la Sra. Correcta llamase. Esta inversión a causa de que los hombres tendrían tan poco para ofrecer a sus pudientes y profesionalmente orientados prospectos femeninos. Sin embargo, García se preocupó por que los hombres tal vez “se sacudieran sus cadenas, tirando abajo, con ellas, todo el templo”[8].

En el mismo año, el sociólogo pro-feminista  Michael Kimmel le advirtió a los padres acerca del atractivo señuelo de “guyland”[9] (tierra de chicos). Los Chicos de fraternidad, aquellos jóvenes que por décadas se habían estado preparando para seguir una carrera y casarse, se han estado desinteresando cada vez más en hacer lo uno o lo otro. De acuerdo con Kimmel, “los chicos” estaban posponiendo aquellos marcadores tradicionales de la adultez hasta sus treinta. Él admitió qe los medios mostraban a los hombres casados rogando por sexo y siendo infantilizados rutinariamente por sus propias esposas[10]. Kimmel escribió “Si esa es tu idea de adultez, de matrimonio y de vida familiar; tiene sentido que quieras posponerla lo más que se pueda o de al menos tomes el tiempo para idearte formas de evitar las dificultades para que tu vida no se vuelva de esa manera.” Él observó que los hombres jóvenes a menudo estaban viviendo agrupados juntos tiempo después de la universidad, perpetuando la vidad de fraternidad, ocupando “MCJobs” (Trabajos en McDonalds), bebiendo, apostando y “hooking up” con chicas por sexo casual. Kimmel explicó que mientras las mujeres jóvenes estaban llegando a la mayoría de edad entusiasmadas por sus posibilidades y creyendo que todo es posible para ellas, más y más hombres jóvenes se estaban volviendo adictos a los deportes, el porno y los videojuegos.

Para el 2009, había una creciente evidencia de que los niños estaban quedándose atrás en la escuela y de que muchos chicos estaban más interesados en irse de fiesta, coger o molestar por ahí más de lo que lo estaban en casarse o invertir en sus propios futuros. A las mujeres les estaba yendo bien, los hombres estaban divirtiéndose  y todos estaban ganando dinero. Así que a nadie le interesó demasiado.

Sin embargo, dos eventos trajeron “el declive de los hombres” en el reflector.

El primero fue el que se le conoce como “la gran recesión”. La grave crisis económica de fines de la primera década del siglo 21, incluyó un desinfle de la burbuja de los bienes raíces que resultó en despidos y en escasez de trabajos que afectaron desproporcionadamente a los hombres del sector de la construcción y otras industrias relacionadas. El término “man-cession” (Recesión masculina) se volvió popular en describir una brecha sustancial en el desempleo entre hombres y mujeres. Los hombres estaban perdiendo sus empleos a un ritmo desproporcionado y el crecimiento laboral proyectado apuntaba a sectores de servicios dominados predominantemente por las mujeres como la asistencia sanitaria.

El segundo evento que trajo la atención al problema con los hombres fue un hito para las mujeres. A finales del 2009, las mujeres estaban encantadas de afirmar que ocupaban más de la mitad de la fuerza laboral. María Shriver y el Centro para el Progreso de los Estados Unidos sacó un triunfante reporte titulado A Woman’s Nation Changes Everything [11](La Nación de la Mujer lo Cambia Todo), que denominó a las mujeres “The New Breadwinners” (El nuevo sostén de la familia). Oprah Winfrey escribió un epílogo al reporte, el cual le decía a las mujeres que dependía de ellas “girar el mundo para donde toca.” The Economist puso a Rosie la Remachadora en su portada anunciando que en una “silenciosa revolución,” las mujeres estaban “tomándose el lugar de trabajo” en lo que era “indiscutiblemente el más grande cambio social de nuestro tiempo.”[12]

En 2010, Hanna Rosin declaró en The Atlantic que tal vez sea “El Fin de los Hombres” (The End of Men) y preguntó si la sociedad postindustrial moderna era simplemente más adecuada para las mujeres. Rosin escribió que por cada dos hombres que obtienen un título profesional, tres mujeres obtendrán uno; y que en las quince categorías laborales proyectadas para crecer en los Estados Unidos, todas menos dos estaban ya dominadas por mujeres. Ella caviló que “la economía estadounidense en cierto modo se está convirtiendo en una especie de sororidad: mujeres de clase alta dejan el hogar y entran en la fuerza de trabajo, creando trabajos domésticos para que los llenen otras mujeres.” Incluso las mujeres de clase trabajadora parecen estar haciendo el mismo show en casa, a medida que más padres están ausentes o son simplemente irrelevantes –despojados de autoridad en asuntos del hogar por no estar ganando lo mismo que sus esposas o “compañeras”. Y, por la primera vez en la historia, las parejas alrededor del mundo –incluso en la que una vez fue la estricta y patriarcal Corea del Sur—están esperando más a menudo tener niñas bebés[13].

Para Newsweek, Andrew Romano y Tony Doupkil se quejaron de que a pesar de que incluso las mujeres estuvieran haciendo más dinero, los hombres siguieran haciendo menos de la mitad de las labores del hogar y que estuvieran evitando trabajos “de niña” en la industria de la salud en auge a causa de que ellos se seguían acogiendo a un “rígido guion de masculinidad”[14]. En Los Angeles Times, Neal Gabler escribió que los hombres modernos se habían convertido en “patanes” (louts), y concluyó que “en un mundo de imparables presiones y de amenazante igualdad sexual, los hombres solo quieren ser niños”[15]. Días después en The Wall Street Journal, Kay Hymowitz se preguntó a dónde se han ido todos los “hombres buenos”. Por “hombres buenos”, como Garcia y los otros, ella parecía referirse a un hombre financieramente exitoso que estaba dispuesto a dejar a sus amigos hombres y las actividades que disfrutan juntos –deportes,video juegos, gadgets, películas de acción y sexo con múltiples mujeres—para comprometerse a una mujer y ayudarla a criar una familia (hasta cuando ella lo quiera así)[16].

Las mujeres quieren que los hombres compitan contra ellas en el trabajo y al mismo tiempo quieren que cooperen con ellas para los propósitos de la reproducción. El antropólogo Lionel Tiger identificó esta fuente de “tensión sustancial” en su libro de 1999, The Decline of Males (El Declive de los Hombres)[17]. De hecho, The Decline of Males predijo muchos de los problemas que los escritores citados anteriormente han estado repitiendo una y otra vez por la última década. Jugando con la palabras de Marx, Tiger entendió que los hombres no estaban siendo solo alienados de los medios de producción sino también de los medios de reproducción[18]. La invención de la píldora anticonceptiva, combinado con el alzamiento del feminismo, la economía industrial/información y el Estado de bienestar han producido un “sistema de madre soltera/cabeza de familia”. La intervención estatal, que pretende ayudar a los niños con necesidad, ha creado un nuevo tipo de familia: la burogamia. Tiger definió la burogamia como “un patrón familiar que involucra la madre, un menor y un burócrata”[19].

El sistema de parentesco patriarcal que demandaba la intervención paternal fue desmantelado por los feministas, la tecnología y el sistema legal. Fue reemplazado con un sistema que le dio a las mujeres el control sobre virtualmente todos los aspectos de la reproducción y en el que una mujer podría estar segura de que el Estado entraría a proveerle a sus hijos en ausencia de un esposo o de un padre. El divorcio, la mayoría de las veces iniciado por las mujeres, les ofreció a ellas una forma de hacerse con el control de sus familias, incluso cuando un hombre había escogido hacer una inversión paternal. Los hombres se han vuelto jugadores periféricos en las vidas de sus descendencias y ellos pueden ser sacados del equipo por la directora técnica Mamá en cualquier momento. EL burócrata de turno luego determinar cuál sería el rol que tendría el padre en las vidas de sus hijos –en el mejor caso le ofrecerían un rol co-parental; en el peor, él podría ser reducido a un mero cheque.

América puede no ser todavía un matriarcado, pero su estructura familiar se ha vuelto matrilineal, o al menos matrifocal.  La práctica de darle a un niño el apellido de su padre es un gesto vestigial, una anticuada norma social de un período anterior. Si las mujeres dejaran de hacerlo por completo o si ellas insistieran que sus nombres vinieran antes en una configuración apellido de la madre—guión—apellido del padre, cualquier persistente ilusión de patriarcado sería añicos. Uno tiene que preguntarse si, en la ausencia de tal ilusión, los hombres invertirían en algo, en lo más mínimo, en la paternidad. El cambio a una cultura de bonobos –donde los varones apenas inseminadores y ayudantes—sería a tal punto explícito y completo. ¿Por qué no simplemente los hombres lo dejan todo y se van por sí mismos o en pequeños e impotentes grupos en busca de jugar juegos y de gratificación masturbatoria a corto plazo? ¿Por qué harían ellos las inversiones o los sacrificios necesarios para ser buenos esposos y buenos padres, cuando una mujer puede quitárselo todo con el más mínimo capricho (whim)?

Ninguno de los autores anteriormente citados que se la pasan regañando a los hombres han logrado conseguir todavía la forma de hacer que los jóvenes “chicos” dejen de beber, de tener sexo casual o de jugar video juegos; y que empiecen familias, en su lugar. Todo lo que han logrado conseguir para exhortar a los hombres a “ser hombres” (man up) es invocar el “rancio script” de un sistema patriarcal que no existe.

Para darle algo de crédito a Kay Hymowitz, ella en su libro titulado Manning Up: How the Rise of Women Has Turned Men into Boys (Volviéndose Hombres: Cómo el ascenso de la mujer ha convertido a los hombres en niños), ella también reconoció que habían razones “demográficas, económicas, tecnológicas, culturales –y hormonales”[20] de por qué los hombres se han estado quedando atrás o han decidido abandonarlo todo; y de por qué, por primera vez, “las mujeres jóvenes están llegando a sus veintes con más logros, más educación, más propiedad y sin duda, más ambiciones que sus contrapartes masculinas.”[21] Ella astutamente observó que no era solo el feminismo sino también la mentalidad de Playboy[22] los que han corroído la prescripción social y moral de amor-matrimonio-bebés la cual, por mucho tiempo, empujó a los hombres jóvenes a pensar seriamente en sus carreras y en el matrimonio desde una corta edad. Mucho más que los otros, ella también simpatizó con el muy satanizado hombre americano –atascado con la cabeza inclinada mirando hacia abajo, hacia la “fría intimidad”[23] de una oficina domesticada y tratado como un desechable pendejo.

Hymowitz wondered, “where do boys fit into the girl-powered world?”[24]

Hymowitz se preguntó, “¿dónde pueden caber los chicos en el mundo de las chicas?”[24]

Ella no tuvo ninguna respuesta. La mayoría parecen alzar los hombros y hacerse los de la vista gorda. Algunos hablan y escriben acerca de hacer el sistema educativo más amigable y abierto con los chicos. Eso no le haría daño a nadie.

Los escritores mencionados más arriba coinciden, en su mayor parte, que pocas industrias en una pacífica, global y economía post-industrial favorecen las aptitudes o los temperamentos de los hombres. Sin embargo, como veremos, la sola idea de que los hombres tienen un temperamento natural irrita los prejuicios establecidos que se inclinan por el determinismo cultural y la ortodoxia de la teoría feminista de los roles sexuales.

En lugar de evaluar críticamente los planes de nuestra sociedad para el futuro  e intentar crear un sistema que sea mejor para ambos sexos, la mayoría de los autores han simplemente demandado que los hombres cambien sus temperamentos.

La Masculinidad, así como dice la teoría, puede ser cualquier cosa que queramos que sea –entonces ¿por qué mejor no “reimaginamos” una masculinidad que se adapte mejor al futuro?

Saltar al Capítulo II – “Reimaginando la Masculinidad”

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[1] Melnick, Meredith. “From Legal Defense to Rallying Cry: How ‘SlutWalks’ Became a Global Movement.” Time 10 May 2011. Web. 23 May 2011. http://healthland.time.com/2011/05/10/fromlegaldefensetorallyingcryhowslutwalksbecameaglobalmovement // Nota de El Traductor: Estoy utilizando la misma palabra con la cual las putas de la marcha de las putas quisieron autodenominarse, cuando deberían haber utilizado mejor la palabra promiscuas o fáciles. Esto es porque ¿quién en sus cabales estaría dispuesto a pagarles a ellas por sexo?

[2] “The Antioch College Sexual Offense Prevention Policy.” Antioch College. N.p., 1 Jan. 2006. Web. 23 May 2011.  http://antiochmedia.org/mirror/antiwarp/www.antiochcollege.edu/Campus/sopp/index.html

[3] Hoff Sommers, Christina. “The War Against Boys.” The Atlantic. May 2000. Web. 2 Mar 2011. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2000/05/thewaragainstboys/4659/

[4] Conlin, Michelle. “The New Gender Gap.” Businessweek 26 May 2003. Web. 23 May 2011. http://www.businessweek.com/magazine/content/03_21/b3834001_mz001.htm

[5] Conlin, Michelle. “This Is a World Made for Women.” Businessweek 26 May 2003. Web. 23 May 2011 http://www.businessweek.com/magazine/content/03_21/b3834010_mz001.htm

[6] Garcia, Guy. The Decline of Men. 2008. HarperCollins e-books. Loc. 738. Kindle.

[7] Ibid. Loc 77.

[8] Ibid. Loc 4190.

[9] Kimmel, Micheal. Guyland. 2008. HarperCollins e-books. Kindle.

[10] Ibid. Loc. 591.

[11] Shriver, Maria. “The Shriver Report : A Woman’s Nation Changes Everything.” The Center for American Progress. The Center for American Progress, 16 Oct. 2009. Web. 24 May 2011. http://www.americanprogress.org/issues/2009/10/womans_nation.html

[12] “We did it! .” The Economist. N.p., 30 Dec. 2009. Web. 24 May 2011. http://www.economist.com/node/15174489?story_id=1517448

[13] Rosin, Hanna. “The End of Men.” The Atlantic. July 2010. Web. 24 Feb. 2011. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2010/07/theendofmen/8135/

[14] Romano, Andrew, and Tony Doupkil. “Men’s Lib.” Newsweek. 20 Sept. 2010. Web. 24 Feb. 2011. http://www.newsweek.com/2010/09/20/whyweneedtoreimaginemasculinity.html

[15] Gabler, Neal. “Day of the Lout.” Los Angeles Times. 13 Feb. 2011. Web. 24 Feb. 2011. http://www.latimes.com/entertainment/news/lacalouts-20110213,0,2024755.story

[16] Hymowitz, Kay S. “Where Have The Good Men Gone?” The Wall Street Journal. 19 Feb. 2011. Web. 24 Feb. 2011. http://online.wsj.com/article/SB10001424052748704409004576146321725889448.html

[17] Tiger, Lionel. The Decline of Males. 1999. Golden Books. Print. 233.

[18] Ibid. 249.

[19] Ibid. 159.

[20] Hymowitz, Kay. Manning Up: How the Rise of Women Has Turned Men into Boys. 2011. Basic Books. Kindle. Loc. 1558.

[21] Ibid. Loc. 819.

[22] Ibid. Loc. 1837.

[23] Ibid. Loc. 1910.

[24] Ibid. Loc. 1035.

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II. “Reimaginando la Masculinidad”

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

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Saltar al Capítulo III – Malinterpretando la Masculinidad: La Mayoría del Cuarenta y nueve porciento

Un animal de rapiña, cuando está domesticado y preso —cualquier jardín zoológico nos ofrece ejemplos de ello —, queda tullido en su alma, padece una dolencia cósmica, háyase interiormente aniquilado. Hay animales de rapiña que voluntariamente mueren de hambre, cuando han sido presos. Los herbívoros no pierden nada al convertirse en animales domésticos.

–Oswald Spengler, Man and Technics (Hombre y Técnicas)

Hoy en día, muchos consideran cruel el poner a un animal en un recinto que es drásticamente diferente de su hábitat natural. Diseñamos nuestros zoológicos, acuarios y terrarios de tal manera que simulen de la mejor manera posible las condiciones naturales. Aficionados y entusiastas invierten pequeñas fortunas en intentar crear facsímiles en miniatura del mundo natural. Esto es para “complacer” su fauna cautiva. Aunque muchos suponen que el animal estaría más “feliz” en la naturaleza, si es que los animales experimentan “felicidad”, la mayoría parece creer que los animales son los suficientemente tontos como para estar contentos en una mediocre copia del ecosistema del cual fueron sacados. Creyendo esto, arreglamos una pequeña caja de cristal y la llenamos de coral para hacer que se sienta como el océano o colgamos una guirnalda de hojas de palma y lo llamamos jungla. La mayoría de los animales no son tan brillantes, así que está bien que el Sr. Pez nade alrededor del barco pirata hecho de cerámica siempre y cuando él se encuentre razonablemente seguro y tenga la barriga llena.

Hacer que los hombres, especialmente los jóvenes, se adapten a los confines y limitaciones de la sociedad civilizada ha sido siempre un reto. La inquietud viril, el atletiscismo y la competitividad han sido entrenados y domados por los deportes y los juegos a través de la historia. El juego les ha proporcionado al zapatero y al albañil la sensación de conflicto, peligro y guerra en tiempos pacíficos y de prosperidad. La gente solía asumir que los hombres son más afines a cierto tipo de actividades y que proporcionar algún tipo de válvula de escape para la agresión natural masculina era saludable. Hacía felices a los hombres el hacer las cosas que querían hacer y es por ello que se idearon formas en que los hombres ejercieran su virilidad de forma constructiva –o con mínima destrucción.

Para la mayoría de los hombres, incluso el trabajo más “civilizado” demandaba más esfuerzo físico de lo que lo hace ahora. El trabajo estaba orientado a un objetivo; reqquería habilidad y know-how práctico. Proveía de un tangible, personal e inmediato sentimiento de propósito. La agricultura, la herrería y la construcción pueden ser todos enmarcados como luchas simbólicas en contra de la naturaleza. El trabajo se sentía más como agresión y como ejercicio de la voluntad. En nuestro continuum de masculinidad, el trabajo era más directo e interesante, menos removido de la primaria lucha por la supervivencia.

La revolución industrial alejó a los hombres de ocupaciones física y mentalmente gratificantes y las reemplazó con trabajos y tareas simples, los cuales requieren poca habilidad o pensamiento. De manera creciente, el trabajo se siente como sumisión. Los deportes se han vuelto más populares e importantes que nunca antes. Los hobbies como la ebanistería, la caza y varias actividades al exterior fueron promovidas como actividades masculinas. Los hombres compraban revistas pulp llenas de provocativos cuentos de aventuras exóticas que sabían jamás tendrían. Los hombres se maravillaron con los strongmen, luego con los levantadores de pesas, luego con los fisicoculturistas. Con decrecientes oportunidades para la acción viril, los hombres han estado crecientemente atraídos a oportunidades de demostración viril. La masculinidad se ha convertido cada vez más en algo vicario, virtual y simbólico.

La transición a una economía de servicios y a una economía del “trabajo intelectual”, hizo las cosas peores para los hombres. El cubículo se siente menos como un trabajo activo, agresivo. Algunos hombres son particularmente aptos para ello, o logran canalizar su energía en otra parte; per los “trabajos del futuro” dejan a muchos hombres interiormente muertos. El sitio de trabajo moderno a menudo se siente como una pecera, pero sin el barco pirata de cerámica para nadar a su alrededor. Si algo, estos días es un montón de flores rosadas de plástico. Si uno acepta la posibilidad de que los hombres y los niños, como los machos de la mayoría de las otras especies, tienen en general una naturaleza diferente y un diferente set de intereses reproductivos de los de la hembra de la especie. No es difícil ver por qué el mundo moderno post-feminista tiene a los hombres “sub-desempeñándose.”

Desafortunadamente, cuando aquellos en los medios hablan acerca de los hombres en el siglo veintiuno, las preguntas que hacen y las respuestas que ofrecen usualmente apestan a falsa inocencia. Como la reportera quien, sin chistar, le pregunto a Charlie Sheen por qué le gustaba tener sexo con pornstars, los medios permanecen, a propósito y sin importarles, ignorantes de la naturaleza de los hombres.

Los feministas reclamaron la superioridad moral, apelando al sentido de justicia de los hombres. Convencieron a los hombres de ayudarles a reorganizar la sociedad y eliminar la noción de que los hombres y las mujeres deberían tener diferentes roles y responsabilidades. Los hombres, tal vez de manera egoísta, acortaron que El Camino del Hombre era mejor y que por esto era injusto evitar que las mujeres alcanzaran su completo potencial en el mismo modo en que los hombres conceptualizan tanto los logros y el potencial. La riqueza y la tecnología occidental hicieron esta transformación social posible. Las virtudes masculinas fueron neutralizadas y simplemente denominadas “virtudes” –a pesar de que la raíz latina “vir” signifique “hombre”. Para hacer que las mujeres se sintieran iguales e impulsarlas a al éxito en el terreno público, los hombres fueron animados a cambiar la forma en que hablaban de la masculinidad. La fuerza, el coraje y el honor fueron desexuados y reintegrados en términos más relativos. Para ser inclusivos, las personas se inventaron diferentes “tipos” de fuerza, de coraje y de honor, de tal manera que el chico más débil o la niña más feíta pudieran sentirse fuertes, valientes u honorables. Como parte de este proyecto de construcción de autoestima, para las mujeres la idea de “inteligencia emocional” fue introducida y promovida, aunque nunca fue tomada en serio, en realidad. Para explicar la falta histórica de logros de las mujeres, los hombres como sexo fueron categorizados como meros tiranos. Los logros de los grandes hombres de la historia fueron reconsiderados y juzgados de acuerdo a estándares determinados por la ideología feminista. Nobles instituciones y grupos sociales para hombres que solían promover la responsabilidad civil y la “masculinidad moral” fueron clausurados y denunciados como exclusivos y patriarcales; o simplemente forzados a integrarse de forma “incluyente”, quedando de esta manera impotentes e irreconocibles.

Las mujeres se apropiaron de todo lo que querían de miles de años de cultura masculina mientras los hombres improvisaban una identidad colectiva de sus restos –hacerse el “macho” de manera benigna y aprobada, chistes de pedos y cerveza. Hoy en día, en que esa cerveza importada o “artesanal” se está convirtiendo en el nuevo vino y las mujeres en la política posan con armas y van de un lugar a otro diciéndole a los chicos que “sean hombres”, me temo que esos chistes de pedos sea todo lo que nos quede a los hombres. Esto es preocupante para mí porque –a pesar de los persistentes esfuerzos de uno que otro amigo flatulento—yo todavía no consigo ver qué es tan chistoso de los chistes de pedos y mucho menos consigo encontrar que sea una base para mi “identidad de género”.

En 1974, el feminista Janet Satzman Chaftez imaginó una utopía en que la androginia reemplazara los estereotipos de género. Ella esperaba que, tal vez para el año 2000, las personas pudierna ir más lejos de percibirse a sí mismos como masculino o femenino, y en su lugar se vieran a sí mismos meramente humanos[1]. Es un tema en mucho de los textos feministas que hombres y mujeres deben descubrir una humanidad común y abandonar las anticuadas ideas sobre los sexos.

Sin embargo, en el caso de las mujeres esto ha sido consistentemente el caso de decir una cosa y hacer otra. Solo se espera de los hombres que vean el mundo en términos neutrales de género. Las mujeres se organizan consistentemente com grupo para abogar en pro de los intereses de las mujeres. Incluso, han refunfuñado para la inclusión en cada campo una vez reservado a los hombres. Han creado una entera subcultura enfocada específicamente en la mujer. Mientras estoy escribiendo esto, hay un festival de cine de la mujer en la ciudad. Hay gimnasios para mujeres y hay una mareante gran cantidad de grupos de interés para la salud de la mujer y organizaciones para la salud de las mujeres. Las mujeres tienen sus propias revistas, canales de televisión, websites, librerías y más. Hay, como Hanna Rosin mencionó, una “viajante sororidad” de mujeres ayudándose unas a otras como mujeres –no meramente como seres humanos. Las mujeres están actuando colectivamente en sus propios intereses como sexo.

Las mujeres no han abandonado sus identidades sexuales, las han expandido. Cada vez que se les ordena a los hombres que no pueden hacer que solían hacer y se les ordena que repudien su herencia como hombres; a las mujeres, por otro lado, se les dice que abracen su pasado, que sigan haciendo todo lo que siempre han hecho –¡y más!

Una calcomanía dice lo siguiente:

““El feminismo es la noción radical de que las mujeres son personas””

En su lugar debería decir:

“El feminismo es la noción radical de que los hombres deberían hacer lo que sea que las mujeres digan, para que así las mujeres puedan hacer lo que sea que se les dé la gana

El andrógino feminismo de Chaftez se ha vuelto en la práctica un feminismo que le vende a las mujeres fuerza y poder, pero que al mismo tiempo les permite mantener una distinta identidad sexual y organizarse para avanzar sus propios intereses como sexo. No nos hemos convertido en “simplemente humanos” –seguimos reconociéndonos a nosotros mismos como hombres o mujeres, incluso en 2011. Chaftez reconoció que el feminismo constituye una amenaza a los hombres, dado que el cambio traería “una pérdida de muchas prerrogativas concretas.”[2] Ello estaba en lo correcto. Por cualquier medida, el feminismo requiere que los hombres progresivamente transfieran poder a las mujeres. Si los avances en la tecnología y en el intercambio global hubiesen sido más lentos, esta transferencia  habría sido más ordenada y equitativa. No obstante, en toda la vida de Chaftez, los cambios económicos y tecnológicos han ocurrido tan rápidamente que las mujeres han sido capases de capitalizar en ellos y transformar el trabajo y el terreno social a su gusto, mientras los hombres eran dejados atrás con sus vergas en sus manos.

Guy Garcia tiene la esperanza de que este fracaso en adaptarse liberará a los hombres – destruidos por el cambio económico y social, los hombres se recrearán a sí mismos a la sombra del triunfo de las Amazonas. En el Burning Man Festival, él se pregunto “¿Qué mejor manera de dar la bienvenida al resplandeciente retorno de la Diosa que con la inmolación simbólica del hombre ?”[3] Garcia introdujo su libro The Decline of Men (La Decadencia de lso Hombres) con la historia de Gerald Levin, quien fue el arquitecto de la desastrosa fusión de AOL/Time Warner en el 2000. Cuando la fusión falló, un tambaleante Levin empezó a hablar de traer “la poesía” de nuevo a la vida durante una entrevista con Lou Dobbs. Levin fue abordad por una mujer mucho más joven que quería que él invirtiera en una clínica boutique dirigida a las celebridades y otros clientes de alto perfil. Eventualmente, él le dejó que su esposa de 32 años fuera su nuevo compañero de negocios[4]. Levin se mudó a California, donde él ahora sirve como el Director Gerente de Moonview Sanctuary. El Moonview Sanctuary se especializa een terapia de la nueva era y en curación holística. Levin ha dicho varias veces que su misión es “destruir la cultura masculina”[5].

La dudosa noción de que una vez los seres humanos habitaron la tierra en pacíficas tribus matriarcales adoradoras de Diosas le dio a los feministas y a los pacifistas una manera de imaginar una masculinidad completamente diferente de la masculinidad basada en la fuerza y en la agresión que ha sido un relativo constante a través de la historia. Si los pueblos fueron una vez “naturalmente” pacíficos, entonces todo lo que conocemos de la Historia (HIStory) del hombre podría ser reformulada como una aberración –una fiebre de violencia masculina que contagió a todos los pueblos en todas las tierras. Si los pueblos fueron una vez “naturalmente” pacíficos, luego entonces, el feminismo puede ser reformulado como un retorno al orden natural de las cosas, en lugar de una desviación de la naturaleza. Los biólogos evolucionistas Wrangham y Peterson convincentemente afirmaron que:

“Es bueno soñar, pero sobriamente. La despierta racionalidad sugiere que si empezáramos desde nuestros ancestros como los chimpancés y termináramos con los modernos humanos que construyen murallas y plataformas de guerra, el largo-trayecto-de-5-millones-de-años en línea recta hasta nuestro ser moderno se caracteriza en su completud por una agresión masculina que estructuró las vidas sociales de nuestros ancestros, sus vidas y sus mentes”[6]

Es más probable que hombres armados con mayor fuerza física y mayor desarrollo de los miembros superiores, hayan usado esa fuerza para reafirmar sus propios intereses reproductivos por sobre los intereses de las mujeres y otros hombres en formas y patrones familiares y predecibles, una y otra vez. Cualquier conclusión en contrario requiere de un pensamiento mágico.

El ecopacifista Sam Keen también creyó en una prehistoria matriarcal y pacífica. Muchas de las ideas presentadas en su Bestseller del New York Times Fire in the Belly (Fuego en el vientre) descansan en la asunción de que las ideas que tenemos acerca de la masculinidad fueron formadas por un “sistema de guerra” que siguió el desarrollo agrícola[7]. Al igual que Wrangham y Peterson, el arqueólogo Lawrence Keeley concluyó en su gris catálogo de violencia prehistórica, War Before Civilization (Guerra antes de la civilización), que la noción de un pasado pacífico es “incompatible con la evidencia etnográfica y arqueológica más relevante”[8]. Los llamados a un retorno a un sistema femenino están basados en una pacífica prehistoria que nunca ocurrió. Luego entonces, no hay ningún pasado al cual retornar.

Mientras algunos feministas radicales, teóricos queer, personas transgénero y otros han argumentado en contra de los estereotipos de género y a favor de llegar a percibir a las personas más allá de si son masculinos o femeninas, permanece el hecho de que biológicamente hablando una mitad de los seres humanos son masculinos y la otra femeninas. La mayoría parece estar dispuesta a aceptar la idea de que los hombres y las mujeres son al menos diferentes en algo. Hombres y mujeres siguen manteniendo y prefieren distintas identidades sexuales.

De hecho, mucho del triunfalismo del siglo 21 acerca del ascenso de las mujeres y “El final de los hombres” reconoce diferencias entre los sexos mientras celebra una distinta identidad femenina.

El nuevo camino de la mujer le resta importancia a las diferencias físicas entre los sexos y al mismo tiempo elogia a las mujeres por sus habilidades comunicativas, su habilidad para el multitasking y sus preferencias para la construcción de coalición social y resolución pacífica de conflictos. El nuevo camino de la mujer celebra el empoderamiento de las mujeres y la importancia de las mujeres en darle forma a la historia. Es crónica de su ascenso a la prominencia en una forma pacífica de superar la opresión, guiadas por un deseo de justicia e igualdad. A las mujeres se les enseña a estar orgullosas de ser mujeres. Ellas esperan ser capaces de hacer casi todo lo que sus corazones desean.

El problema con el nuevo camino de la mujer es que descansa en una transferencia de poder y oportunidad de los hombres. Si esta transferencia de poder fuera perdurable, a los hombres se les enseñaría a reducir sus expectaciones, en la misma manera en que a las mujeres se les enseña a esperar del mundo. El nuevo camino de la mujer llamó por un nuevo camino del hombre. Muchos han intentado reimaginar la masculinidad en una forma que repudie los viejos, violentos “mitos” patriarcales acerca de los hombres y otorgar una visión más pacífica y sexualmente igualitaria de la hombría que sea compatible con lo que las mujeres quieren para ellas mismas.

El mitopoético movimiento de los hombres intentó hacer esto en los ochenta y comienzos de los noventa. En Iron John (Juan de Hierro), el poeta Robert Bly acudió al folklore para intentar ayudar a los hombres a entrar en contacto con el “hombre salvaje”. Iron John contenía algunas observaciones verídicas y tuvo algo de atención de los medios cuando fue publicado en 1990. Los feministas vieron en él un tipo de sexismo reinsurgente y se burlaron de él sin piedad. En 1995, Michael Kimmel editó una colección de ensayos titulado The Politics of Manhood: Profeminist Men respond to the Mythopoetic Men’s Movement (And the Mythopoetic Leaders Answer (La Política de la Hombría: Hombres profeministas responden al Mitopoético Movimiento de los Hombres y la Mitopoética respuesta de los líderes). La mayoría de los ensayos contenidos en ese libro eran críticas de Iron John. Los profeministas acusaron a Bly y compañía de todo, desde la homofobia hasta de histeria masculina[9].

Si le hubieran dado una buena leída a Bly, ellos se habrían dado cuenta de que su “hombre salvaje” era en realidad muy manso. El camino salvaje de Bly explícitamente estaba hecho en armonía y consonancia al proyecto feminista. Mientras era clara su incompatibilidad con la androginia retardada y de ciencia ficción del feminismo utópico de Chaftez, el ethos de Bly no era más que una respuesta al modo en que el feminismo había hecho las reglas.

Bly afirmó en sus respuestas a los hombres profeministas que era importante para los hombres “ponerse de pie y hablar acerca del dolor que millones de mujeres sienten” y que, como padre, él quería que sus hijas tuviesen una “justa oportunidad”. Él también negó las acusaciones de que él o cualquier otro de los hombres mitopoéticos tuvieran el más mínimo interés en restablecer el patriarcado, e incluso llegó a afirmar que la “destructiva esencia del patriarcado … se muevo para matar el joven masculino”[10]. Como otros feministas y muchos activistas por los derechos de los hombres, él creía que el patriarcado le hace daño a la mayoría de los hombres, también.

En Iron John, Bly escribió reverencialmente acerca del poder de lo femenino tanto en lo mítico como en la realidad. Su principal preocupación era que los hombres habían crecido más suaves y más gentiles, pero que “no se habían hecho más libres”[11] porque en el despertar del avance feminista muchos muchachos pasaron sus vidas trabajando en satisfacer a sus madres, novias y esposas –mientras las mujeres trabajaban en afirmar su poder en el hogar y en el trabajo. Él culpó a la revolución industrial por separar a los niños de sus padres, creando una generación de hombres que aprendieron a “sentir primariamente de la madre” y aprendieron a ver la hombría desde el punto de vista femenino, encontrándose a sí mismos temerosos o son sospechas de sus propia masculinidad[12]. Esta observación fue astuta, lo que es probable que sea el caso para un creciente número de hombres jóvenes que son criados por madres solteras cabezas de hogar. Los hombres siempre han aprendido a ser hombres de sus mayores, por lo que Bly creía que a medida que los niños crecían cada vez más distantes de sus padres, abuelos y otros mentores potencialmente positivos, ellos crecían inseguros de sí mismos e inconfortables en su propia piel. Su mito adaptado del “hombre salvaje” (un antiguo, peludo y misterioso mentor de los bosques) fue ideado para ayudar a los hombres a enfrentar su primitiva naturaleza y afrontar los retos de la modernidad con decisión, pero nunca con crueldad[13].

Bly comprendió algunos de los problemas que hombres y niños estaban enfrentando a medida que se paraban en los restos del patriarcado, mirando a las mujeres en ascenso. A pesar de esto, sus soluciones fueron forzadas y su tono de nueva era tuvo un atractivo limitado. La idea de hombres maduros saliendo a los bosques a sentarse en círculos a leer poesía y hablar de sus sentimientos era escalofriante. También parecía mimada y auto-indulgente. Pero el mayor problema con la reimaginación que Bly intenta hacer de la masculinidad es que carece de cojones.

Bly escribió de espadas y batallas. Pero sus batallas eran las insípidas batallas de caricatura y sin sangre del más inocente niño interior, no los verdaderos y sangrientos conflictos de los hombres. Su uso del mito fue selectivamente parcial en esta dirección. Él cita frecuentemente a Homero y pone al Rey Arturo como un ejemplo de “madre masculino”[14], pero pasa por encima de los temas prominentes de la sed de sangre y de honor de la Iliada y las lúridas orgías de muerte y decapitación que inundan Le Morte D’Arthur (La  Muerte de Arturo) por Malory. Bly defiende el cultivo de un guerrero interior pero minimiza a los hombres cuyo trabajo es hacer la guerra como si fueran meros “soldados”. El “guerrero interior” bien new age de Bly aprendió a reivindicarse a sí mismo, pero solo puede hacerlo con espadas. Es impotente.

En las propias palabras de Bly:

“Si una cultura no lidia con la energía del guerrero –tomarla conscientemente, disciplinarla, honrarla—esta se volverá hacia afuera en la forma de pandillas callejeras, golpeadores de esposas, violencia de drogas, brutalidad con los niños y asesinato

Una tarea muy importante para el hombre contemporáneo es reimaginar, ahora que la imagen del guerrero eterno y del guerrero externo no proporcionan más el modelo, el valor del guerrero en las relaciones, en los estudios literarios, en el pensamiento, en la emoción”[15].

El “guerrero interior” de Bly nunca hace la guerra y puede solo puede sobrevivir en un estado donde él está protegido de los hombres que están preparados para usar la violencia en contra de otros hombres violentos. EL mundo sigue siendo un lugar violento y el guerrero interior sería pocomás que un chiste –y un objetivo sin esperanza—en el guetto o en el Tercer Mundo. Bly habla desde una perspectiva de clase media alta mimada, donde las personas se dedican a “estudios literarios” y “relaciones”. El guerrero interior intenta hacer uso del vocabulario y de las virtudes que han caracterizado a la masculinidad a través de la historia. Sin los racionales del mundo real sobre la fuerza, el coraje y el honor, él no tiene más que un montón de metáforas melodramáticas apropiadas a una realidad mundana.

Sam Keen también intentó reimaginar la masculinidad apropiándose del lenguaje de la violenta masculinidad para hombres desarmados. En Fire in the Belly (Fuego en el vientre), él le dijo a los hombres que rechacen el “mito de la guerra” y se conviertan en “feroces caballeros”. El feroz caballero de Keen en realidad tiene nada que lo distinga de una feroz dama. Sus virtudes eran el Asombro, la Empatía, una Mente Cordial, Furia Moral, Recta Subsistencia, Disfrute, Amistad, Comunión, Esposo y Salvaje[16]. Ningunos de estos son particularmente antivalores, pero ellos no son conceptos propios ni tienen nada que ver con ningún sentido histórico de virilidad. Los feministas, a quienes Keen se les genuflexiona en numerosas oportunidades, han estado en el negocio de la exaltación moral por años.

Michael Kimmel, en su magnum opus de 1996, Manhood in America (Hombría en América), hipócritamente empleó el mismo libreto de la tradicional masculinidad basada en la fuerza para ridiculizar a Bly y a Keen en su capítulo sobre los “Wimps, Whiners and Weekend Warriors”[17] (Debiluchos, berrinchosos y guerreros de fin de semana). Sus intentos de criar alguna conexión significativa al mito y la historia de los hombres –a pesar de estar cuidadosamente editados, pacificados y conciliados al espíritu feminista—seguían siendo percibidos como una amenaza a las agendas de académicos y activistas feministas. Como alternativa, Kimmel ofreció lo que denominó una “hombría democrática”, definida por él como “una política de género de inclusión, de levantarse en contra de la injusticia basada en la diferencia”, y sugirió que los hombres deberían acoger el feminismo, la liberación gay y el multiculturalismo como una carta de ruta para la reconstrucción de la masculinidad[18]. Kimmel decora su hombría democrática con una noción de lucha en contra de la adversidad y un vago sentimiento de heroísmo, pero llamarle a esto “hombría” es una descarada y condescendiente manipulación. El hombre profeminista de Kimmel es un no-hombre. Su masculinidad se define por el rechazo de las definiciones tradicionales de masculinidad, salvo su dependencia en una narrativa de auto-sacrificio. Este no-hombre democrático debe renunciar a su propio sentido de identidad y dedicar todas sus energías en ayudar a otros a conseguir un “seguro y confiado” sentido de sí mismos y “compartir justamente el sol”[19]. Él debe comprometerse a un abnegado y altruista sacrificio y trabajo duro a favor de otros, sin cuestionar y sin quejarse. Kimmel asegura a los hombres de que de alguna manera, al renunciar a la lucha de “probar la hombría”, los hombres finalmente serán libres y capases de “dar un colectivo suspiro de alivio”.

Si está probado que la hombría no es más necesaria, ¿qué motivará a los hombres a esforzarse y probar que son el “hombre democrático”? Libres de todo, excepto de las más abstractas, altas y legalmente opcionales expectativas, ¿qué puede evitar que los hombres colectivamente pongan los pies sobre la mesa, den un suspiro de alivio y hagan … lo menos posible?

Las pacificadas, “reimaginadas” masculinidades de Garcia, Bly, Keen y Kimmel, todas requieren que los hombres nieguen sus propios intereses. Las únicas zanahorias en la vara, los únicos incentivos que le cuelgan a los hombres son oscuros y abstractos, y por lo tanto, tienen un atractivo limitdao. Garcia, Bly, Keen y Kimmel, todos ellos tienen nada que decrile ni ofrecerle al hombre que está buscando la forma de mejorar sus circunstancias o de ganársela por su propios medios en el mundo material.

Sintiendo que los hombres están incómodos en sus jaulas de concreto, los reimaginadores de la masculinidad han intentado redecorar la perrera del hombre con narrativas de viajes y habladurías de lo salvaje. Pero un viaje espiritual es al final de cuentas tan solo un cuento sobre el pensamiento. Uno en realidad no llega a ninguna parte. El guerrero interior nunca sabe lo que es tener la muerte cara a cara o ver la vida dejar los ojos de su enemigo vencido. Sus victorias son insignificantes y sus derrotas son triviales. La iniciativa de fin de semana de la hombría nunca siente la tierra en sus rodillas, la urgencia del hambre o la tibiez de la sangre fresca en la frente. El hombre que niega su propia voluntad para el poder para que otros prosperen, hace de sí un esclavo.

Kimmel y otros feministas frecuentemente provocan a los hombres que rechazan el feminismo y otros valores cosmopolitas acusándoles de escapismo y de cobardía. Pero la masculinidad ascética que los feministas promueven requiere un retiro hacia el interior –guiado por un compromiso infinito y casi religioso a ayudar a las mujeres, a los gays y a las minorías raiales lograr sus propios objetivos. Los feministas y los pacifistas le demandan a los hombres que vivan vidas pasivas de limitaciones y auto-control. Siempre ha habido curas, monjes y auto-flageladores que vivieron sus vidas den constante negación. Un cierto tipo de hombre, usualmente un intelectual, encontrará este estilo de vida apropiado a su gusto. Los hombres, por lo general, parecen apreciar la obsesiva fortaleza requerida para llevar a cabo tanto luchas internas como externas. La abstinencia tiene su propio momentum, ímpetu, que tiende a impartir una noción de superioridad por sobre aquellos que se dejan llevar por sus apetitos más básicos. Contrario a esto, Kimmel y los otros, son ciegos solipsistas si creen que una mayoría de hombres serán igualmente apasionados acerca de sus pequeños proyectos, o si todos los hombres estrán igual de dispuestos para apartar sus propios intereses de manera indefinida.

La igualdad no puede demandar que un grupo se restrinja a sí mismo en orden de que el otro grupo pueda prosperar y hacer todo lo que quiera. “Igualdad”, si tal cosa es siquiera posible, al menos teóricamente ofrecería a todos la misma oportunidad para actuar por sus propios y mejores intereses como individuos, con limitada interferencia de otros.

Sin embargo, como Diana Moon Glampers, la Handicapper General (Discapacitadora General) del cuento corto de Kurt Vonnegut “Harrison Bergeron”, los feministas organizados consistentemente demandan una cuantificable y medible igualdad de resultados. No les ha bastado a las mujeres el ganar igualdad de opordunidad[20]. Si suficientes mujeres no están metidas en los deportes o en las ciencias o si suficientes mujeres un estan equitativamente representadas como generales y capitanes de industria; los feministas reclaman que los recursos sean desviados de programas ideados para ayudar hombres y abogan por programas que promuevan a las mujeres. Dado que el éxito de tales programas solo puede ser medido por el éxito de las mujeres en el área deseada (ya sea que lo estén logrando o no),  si cualquier burócrata con intereses propios quiere complacer a sus superiores, basta con que tenga los números para probar que hombres y mujeres son iguales entodas y cada una de las formas. El resultado subyacente de todos esos escenarios es una suave y disimulada discriminación en contra de los hombres. La hipocresía de los feministas, cuando se trata de la “búsqueda de igualdad”, es evidente cuando se observa su aparente desinterés en crear igualmente programas para ayudar a los hombres en áreas en las que están teniendo dificultades. El discurso de la “igualdad” es empleado por mujeres cuando les sirve a sus propios intereses, pero muchos feministas toman un tono más punitivo cuando se trata de alzarle las bolsas de pesados perdigones de los cuellos de los hombres. Después de todo, los hombres se merecen sus dificultades y discapacidades por oprimir a las mujeres. Los hombres nacidos en la segunda ola del feminismo son castigados por los supuestos pecados de sus desaparecidos antepasados.

Aunque los profeministas desde Keen hasta Kimmel le atribuyan a las mujeres las miras más nobles e inocentes de igualdad y justicia, la verdad es que las mujeres no son ni buenas ni malas. Ellas son simplemente primates hembras, las cuales, como el macho de la especie, se unirán para inclinar la balanza hacia su lado, hacer las cosas a su manera al primer momento en que se les presenta la oportunidad. Las mujeres están en ascenso y no tienen la más mínima intención de hacer el menor cambio que pueda comprometer sus avances. Ellas errarán en el lado de la cautela, asegurándose de que sean siempre un poquito más iguales que los hombres, siempre y cuando ello cuente. No es que las mujeres sean malvadas; ellas servirán sus propios intereses, primero.

Hay un concepto en el “movimiento de los hombres” conocido como “Men Going Their Own Way” (Hombres yendo por su propio camino) o MGMTOW. Es un concepto feminista en el sentido de que el manifiesto MGTOW generalmente reconoce los derechos de las mujeres a votar y hacer lo que quieren, sin buscar restablecer el patriarcado. El movimiento MGTOW, más o menos, promueve que los hombres sirvan sus intereses más inmediatos y que hagan lo que se les de la gana, también. Es un movimiento descentralizado que aconseja a los hombres trabajar en contra de las leyes feministas o penalizan injustamente a los hombres[21]. La idea básica es, “tu ve por tu propio camino que yo voy por el mío”.

Aunque relativamente pocos hombres reconocerían el acrónimo MGTOW, es cierto que muchos hombres jóvenes están “tomando su propio camino”. Y eso es exactamente lo que feministas como Rosin, Kimmel, Garcia, Romano, Doupkil, Gabler y Hymowitz han estado cavilando. Siempre habrán excepciones –los ascéticos, pasivos chicos “bonobo” herbívoros[22]—jóvenes que fueron criados por mujeres, procesados en un sistema educativo feministoide, que ven que las mujeres probablemente tienen mejores prospectos y oportunidades que ellos y que se sienten liberados de las responsabilidades asociadas con el patriarcado. Estos chicos herbívoros no encuentran razón alguna en esforzarse para ayudar a que las mujeres logren lo que ellas quieren, especialmente en una sociedad que aspira a la “igualdad” entre los sexos. Aunque Rosin y otros pregonen y festejen un futuro en el que las niñas por primera vez en la historia son más deseables que los niños, ellos deben ver su propio descaro en pedirle a los hombres que se pongan contentos al acelerar el arado.

Los chicos jóvenes se están haciendo cada vez más cínicos y desconfiados de un sistema que está diseñado para favorecer a todo el mundo con excepción de ellos. Los constantes regaños infringidos por los agentes de la cultura de la diversidad que les dicen a los chicos que están simplemente reaccionando a una pérdida del “privilegio”, ciertamente no les inspiran a invertir en un futuro donde tienen incluso menos “privilegio” –especialmente si es posible que este futuro “privilegie” a todos los demás.

Young men who see no reason to invest in the future are doing what they always do—they’re thinking short term and taking whatever they can get in the present.

Los jóvenes que no encuentran razón alguna para invertir en el futuro están haciendo lo que siempre hacen –pensar a corto plazo y tomar lo que sea que puedan obtener en el presente.

Mark Simpson acuñó el término “metrosexual” en un ensayo de 1994, “Here Come the Mirror Men” (Aquí vienen los hombres del espejo), para describir un narcisismo masculino en aumento, evidente en las tendencias de consumo en las naciones occidentales. Estos hombres, también, estaban “yendo por su propio camino” –ejercitándose, comprando objetos a la moda y emperifollándose para atraer a las mujeres (u hombres) en virtud de sus apariencias, en lugar de su virilidad, sus logros o su habilidad de proveer económicamente. Simpson ha mencionado que estos “hombres del espejo” tenían más probabilidades de estar enamorados de sí mismos que de las mujeres[23].

Estos hombres jóvenes han descubierto que la buena apariencia y la apariencia de afluencia no es todo lo que necesitan para poder tener sexo.  Los Pick Up Artists (Artistas del Ligue) y defensores del “game” como los pseudónimos autores del popular blog Citizen Renegade (ahora “Heartiste”) aconsejan a los hombres el tomar ventaja de la psicología evolucionista y mostrarse como “alfas” –un líder primitivo del grupo—al lidiar con las mujeres. Los defensores del game (juego) dicen que un hombre puede utilizar el game dentro de un matrimonio o e una relación a largo plazo, pero ellos generalmente toman un tenue vistazo de las oportunidades de un hombre casado para una buena y realizada vida –especialmente su salud financiera y satisfacción sexual[24]. El Game como estrategia sexual parece estar ideado para dar gratificación a corto plazo para hombres y mujeres, pero también evitar miseria a largo plazo. Como mi colega W.F. Price en The Spearhead (Punta de Lanza) ha escritoque no hay más esposas –o al menos, quedan muy pocas. Las mujeres jóvenes no han sido preparadas para el diario vivir de la vida matrimonial, ellas son criadas para planear sus carreras, sus guardarropas y sus ostentosas bodas de fantasía[25].

Ha habido también cambios en la economía sexual que satisfacen los intereses a corto plazo de los hombres jóvenes. Como Tiger dio cuenta, la asequibilidad de la anticoncepción lo cambio todo. Las mujeres tienen la sartén por el mango en términos de opciones a largo plazo. Los hombres jóvenes saben que una mujer embarazada puede escoger abortar o no sin pedirle a él siquiera su opinión y ella puede demandar pensión de alimento y cuotas de manutención si ella escoge tener el bebé, de ella. Si él ha escogido hacer la inversión a largo plazo en una familia, él sabe que una mujer –las mujeres inician la mayoría de los divorcios—puede dejarlo y demandarlo por alimentos en cualquier momento. Pero cuando se trata de conseguir gratificación sexual a corto plazo, siempre y cuando sean usados métodos anticonceptivos,  “el precio en el mercado del ‘sexo’ es actualmente muy bajo”[26]. En el pasado, el sexo premarital tenía altos costos sociales (especialmente para las mujeres) y los precios sociales de los nacimientos por fuera del matrimonio eran incluso mayores. Sin embargo, hoy en día que el sexo por fuera del matrimonio se ha vuelto la norma, en que la anticoncepción es ampliamente accesible y en que las mujeres jóvenes tienen más probabilidades de ser económicamente exitosas o autosuficientes, ellas pueden permitirse demandar menos compromiso a largo plazo de los hombres a cambio de sexo. Si ellas demandan más, hay otras chicas que van a demandar menos y las primeras van a ser sacadas del mercado. De acuerdo con un artículo reciente en Slate, esto es exactamente lo que está sucediendo, especialmente en los campus universitarios donde hay más mujeres que hombres. Estas jóvenes tienen opiniones “más negativas de los chicos del campus, tienen opiniones más negativas de sus relaciones, van a menos citas, tienen menos posibilidades de tener un novio y reciben menos compromiso a cambio de sexo”. Un Estudio Nacional Longitudinal de la Salud Adolescente mostró que el sexo estaba ocurriendo cada vez más temprano en las relaciones y que el 30% de las relaciones de los hombres jóvenes “ni involucran romance: ni pretensiones, ni citas ni nada”[27].

Michael Kimmel notó similares tendencias en el campus en su libro Guyland (Tierra de chicos). Él culpa a los chicos por el hecho de que las chicas se hayan puesto salvajes (girls gone wild)—“hooking up” (acostándose) promiscuamente en lugar de salir en citas (dating) porque eso es lo que los chicos quieren. Es interesante que incluso Kimmel, quien afirmó que las mujeres jóvenes tienen las riendas del mundo, él más o menos admita que ellas están tan desesperadas por la atención masculina que ellas se dejen corromper tan fácilmente en busca de ella. Kimmel validó la visión del mundo alfa vs. beta propia de los teóricos del “game”, cuando escribió:

“Las mujeres mantienen Guyland (Tierra de chicos) porque Guyland parece estar poblada por Rhett Butlers que son mucho más cool que los Ashley Wilkeses del campus universitario –los chicos que estudian duro, que se esfuerzan, que son considerados de sus sentimientos y que las escuchan. Aquellos chicos son un poco nerdos, muy buenos amigos, pero ellos no te quitan el aliento”[28].

Las acciones y las palabras sin ensayar de las mujeres, revelan que ellas quieren otra cosa diferente a lo que dicen que quieren. Cuando las mujeres consiguen a un hombre blando que comparte las tareas del hogar que los feministas dicen que ellas quieren, ellas se burlan de estos hombres, los llaman “perras de cocina” (kitchen bitches) y se divorcian de ellos. Como mencionó Sandra Tsing Loh en una pieza de misandria y comedia poco refinada que escribió para The Atlantic acerca de sus propias decisiones para divorciarse. Ella rumió una bonoba solución para matrimonio en el que “los hombres/esposos/novios vengan a casa una o dos veces por semana a construir estanterías, reparar cosas, prepara ese bouillabaise o dar sexo”[29]. Hanna Rosin, la misma de “The End of Men” (El final de los hombres), respondió a la mentada pieza con unas confesiones acerca de su propio esposo, de quien se preocupaba la hubiese usurpado a ella en la cocina al hacerse un fino cocinero que disfruta cocinar para su familia. Su solución feminista era arrojarle un libro de cocina en la cara y salir corriendo por las escaleras. Ahora, ella se apresura a llegar a casa del trabajo para hacer la cena antes de que su esposo pueda llegar, presumiblemente, para que ella pueda sentirse más como una mujer. De su esposo, dijo Rosin, simplemente “entendió el mensaje” y le cedió de regreso “parte del territorio”[30].

A medida que las cosas se han venido sacudiendo en las postrimerías de la revolución sexual, los hombres están más capacitados para afirmar sus intereses en relaciones a corto plazo, mientras que las mujeres están mejor capacitadas para afirmar sus intereses en relaciones a largo plazo. Este es un tema cómico común en el cine y la televisión –los hombres frustran a las mujeres al evitar el “compromiso” (a una relación) por el tiempo que pueden, y a las mujeres les da histeria cada vez que sus relojes biológicos hacen tic-toc y su viabilidad en el mercado sexual declina.

Como los hombres jóvenes, especialmente aquellos en grupos socio económicos poco favorecidos, han invertido menos esfuerzos en la educación y se han vuelto menos interesados en perseguir los tipos de carreras que permiten alcanzarla afluencia en una economía globalizada porque los tipos de trabajo que muchos hombres solían disfrutar han sido degradados o exportados a países donde la mano de obra es barata; los refritos llamados a “reimaginar la masculinidad” se han vuelto cada vez más desesperados.

Activistas en contra de la violencia y la violación como Jackson Katz han estado dándole a lo mismo por años acerca de la “paradoja del macho”[31] y le han estado repitiendo a los hombres jóvenes cómo ésta perpetúa la violencia en contra de la mujer[32]. La Organización Nacional de Hombres en Contra del Sexismo (NOMAS por sus siglas en inglés) remonta sus raíces a los años setenta. Cuenta con “desaprender la agresividad” y”desaprender grandes rasgos del rol masculino” entre sus doctrina[33], y repite en sus principios que[34] los “hombres pueden vivir como seres humanos más felices y auto realizados al retar las anticuadas reglas de la masculinidad”. “Reimaginar la masculinidad” se ha convertido también en un tópico unificador en el movimiento de los hombres por algún tiempo.

Con la lucha de los hombres contra el insulto de menores trabajos en construcción aunados a la tercerización de la manufactura a países extranjeros, después de la crisis de los bienes raíces de comienzos del siglo veintiuno, previos llamados ignorados para solucionar la “crisis en la masculinidad” empezaban a ser finalmente escuchados por una audiencia más amplia. En 2010, una Fundación para Estudios del Hombre[35] se formó en un intento de crear programas universitarios para estudiar la condición masculina. Su temprano contenido promocional pareció hacerle eco a las preocupaciones tanto de los derechos de los hombres como de las comunidades profeministas que dicen que los hombres en promedio tienen más riesgo de ir a prisión, cometer suicidio o evitar buscar tratamientos médicos. Muchos prominentes activistas por los derechos de los hombres, en concordancia con los mismos feministas que identifican como enemigos –como también Bly y Keen ante ellos—ahora creen que la “masculinidad tiene, a medida que se relaciona a las realidades modernas, elementos corruptos, opresivos y destructivos que necesitan ser reemplazados”[36]. Algunos consideran a los hombres como un nuevo grupo minoritario[37], un nuevo grupo social identitario que reafirma sus propios intereses al competir por un lugar en el buzón de quejas y reclamos al igual que otros grupos sexuales, étnicos, raciales y religiosos.

Los feministas no tienen intención alguna en permitirles a los hombres competir justamente con las mujeres como grupo de quejas. Algunos han convertido sus ruegos a los hombres que “reimaginen su masculinidad” en una impaciente orden, “¡sean hombres!”. A los hombres se les está diciendo que es mejor que dejen de hacer teatro  y que es mejor que  abandonen pronto sus “rancios scripts” de masculinidad, porque el globalista futuro feminista no los está esperando. Las mujeres están en ascenso y si los hombres tienen que hacer “trabajos de niña” para ayudar a las mujeres a llegar a fin de mes o si les toca convertirse en padres amos de casa para elevar a la exitosa mamá, entonces los feministas dicen que así es como tiene que ser. Es mejor que los hombres aprendan a amarrarse los delantales y que aprendan a tomarle el gusto a ello.

La hipocresía de los feministas que le dicen a los hombres “sean hombres” y que “tengan cojones”, invoca los mismos antiguos arquetipos masculinos que todos esos que han intentado “reimaginar la masculinidad” han intentado implantar. Torpemente están intentando apelar a la misma “cultura machista” que quieren destruir. Le están diciendo a los hombres que prueben su masculinidad, después de haberles dicho que los hombres no tienen que hacerlo. Le están vendiendo a los hombres liberación de su “mancode”[38] (código de hombres) para luego decirles cómo deben comportarse para ser considerados “buenos hombres”, “hombres buenos”.

En efecto, los feministas ahora dicen que un hombre debe ser fuerte, valiente e incluso heroico en su disposición para sacrificar sus propios intereses en pos del bienestar de la tribu. Proviniendo de las bocas de los feministas, esto es descardo y manipulador. Los hombres puede que estén tambaleantes en el éxito educativo, pero ellos no son pendejos. Los hombres en el pasado han hecho grandes sacrificios por el honor, la gloria y la estima de sus pares (masculinos) –sin mencionar recompensas de sexo y mujeres. Los feministas quieren avergonzar a los hombres para que abandonen la audaz masculinidad/hombría/virilidad de sus padres antepasados por una palmadita en la cabeza y el privilegio de ser llamados perras de cocina (kitchen bitches).

Los reimaginadores de la masculinidad no han logrado en conectar con el hombre promedio y es por esto por lo que están condenados a fracasar hasta tanto dejen de tratar a los hombres como individuos egoístas. Sus modelos reimaginados de masculinidad fallarán en inspirar a la mayoría de los hombres hasta tanto sigan rechazando activamente la primacía natural de la fuerza en la jerarquía masculina de las virtudes.

Osama bin Laden famosamente dijo que “cuando las personas ven a un caballo vigoroso y fuerte al lado de uno débil, por naturaleza preferirán al fuerte”[39].

Todas estas “masculinidades reimaginadas” no son más que caballos débiles.

Considerarse a uno mismo un hombre salvaje no hace de uno un hombre salvaje. Todos lo sabemos.

Los pacifistas “caballeros feroces” y los “hombres democráticos” solo pueden dárselas de los duros –ellos pueden decir lo que quieran, porque nunca tienen que respaldar sus palabras con hechos. Quienes se las dan de duros sin probarlo y otros civilizados engreídos de ambos sexos pueden hablar lo que se les da la gana con impunidad solo en una sociedad legal asegurada de la amenaza de verdadera violencia de hombres armados. Si la hombría puede ser reducida como “asertividad”, como Harvey Mansfield afirmó, entonces él tuvo la razón en decir que Margaret Thatcher era una mujer masculina[40].

Si “hacerse hombre”/”ponerse los pantalones”/”coger un poco de cojones” (manning up) significa conseguir cualquier trabajo en el que uno tenga que traer el pan a la familia, cambiar pañales o hacer lo que sea que las mujeres quieren que uno haga, ¿por qué llamarlo hacerse hombre”/”ponerse los pantalones”/”coger un poco de cojones”? ¿Por qué no mejor llamarlo “ser responsable” o “ser obediente”? La escritora Amada Hess estaba en lo correcto cuando observó que lo que Doupkil y Romano llaman “reimaginar la masculinidad” meramente recodificaban la masculinidad como “personalidad”, ser simplemente una persona, no un Hombre de verdad[41].

Reimaginar la masculinidad es meramente un proyecto de construcción del autoestima de hombres impotentes y un proyecto de deconstrucción de los hombres que sí tienen autoestima.

Para mantener cualquier tipo de civilización, los hombres tienen que dar cierta parte de su soberanía personal. Los Romanos solían considerar los fasces el símbolo del poder unido de los hombres –un conjunto de varas atadas alrededor de un hacha, llevada por el Estado. Los hombres acuerdan rendir algo de su autonomía al Estado bajo la promesa de seguridad y orden. El Estado les confiere medios a los hombres para resolver sus disputas y reemplaza la desagradable, brutal e impredecible violencia del caos total con una ordenada repartición de violencia colectiva. El Estado se transforma en el hacha. El hacha se transforma en el Estado.

Sin embargo, a medida que el Estado crece, este requiere cada vez más sacrificios más grandes del poder personal de los hombres para poder mantener el orden. Los hombres hacen estos sacrificios con renuencia, hasta que con el tiempo el Estado obtiene el poder suficiente para demandar y hacer lo que sea que quiere, con o sin el mandato de la mayoría de los hombres. Hoy en día, nuestros líderes abiertamente se burlan de los hombres que están indispuestos a darle al Estado el total control por sobre la vida y la muerte[42].

El deseo de reimaginar la masculinidad es un síntoma de esclavitud. Los hombres han dado virtualmente todo su poder al Estado. Muchos países europeos han desarmado a sus ciudadanos y los hombres están a merced de los Estados que claman actuar por los mejores intereses de todos. Incluso hace un siglo, los hombres se reunían en las calles para violentamente derrocar gobiernos corruptos. Hoy, la mayoría de los americanos no podría concebir nada más que hacer una vigilia en la noche con inútiles velitas. Muchos hombres occidentales han renunciado a empresas, tareas y actividades individuales que solían ofrecer la satisfacción de voluntariosa agencia a cambio de cómodos pero insatisfactorias ocupaciones en grandes corporaciones donde no son más que meras hormigas y las mujeres son trabajadoras con todas las ventajas. Mientras las mujeres siguen ganando influencia política y económica, ,los hombres están renunciando a su soberanía en sus hogares, convirtiéndose en meros muñecos pegados en la pared y siervos de caprichosas reinas emasculadoras que pueden invocar el poder del hacha Estatal al primer momento en que se sientan retadas o amenazadas en su poder. Un simple suspiro de una mujer puede poner a un hombre en grilletes y forzarle, ya sea a confesar o tener que probar que es inocente de hasta de los más insignificantes cargos.

Feministas y socialestas están satisfechos en confiarle al estado su cuidado, protección y empleo. Chaftez admitió que trabajos de relleno tienen que ser creados para facilitar su utopía neutral de género y confesó también que fantaseaba sobre un mundo sin las armas a las que “muchos machos americanos se aferran” como una “expresión de su virilidad”[43].

Los reimaginadores de la masculinidad saben, tal vez subconscientemente, que los hombres siguen queriendo sentirse como hombres. Para aclimatar a los hombres a una vida en cautiverio y sin poder, los reimaginadores se han encargado ellos mismos de decorar la jaula un poco. Han intentado elaborar narrativas seguras que les den a los hombres apenas la sensación de expresar una virilidad virtual sin el peligro que representa a los intereses de las mujeres y del status quo. Han hecho lluvias de ideas para encontrar formas de empoderar a los hombres sin darles poder real. Para pacificar al hombre, le han ofrecido solo las masculinidades de “señora, ¿puedo?”, más compatibles con los intereses de las mujeres.

It is truly profound that, when the reimaginers of masculinity prepared to sell their domesticated manhoods to everyday man, even they could not imagine a way to appeal to him without resorting to coercive testing language of the male groups, the primal vocabulary of violence or by appealing to his desire to demonstrate strength, courage, mastery and a sense of honor.

Es verdaderamente profundo que, cuando los reimaginadores de la masculinidad se prepararon a vender sus masculinidades/hombrías domesticadas al hombre de a pié, incluso así no pudieron imaginar una forma de atraerlo sin tener que recurrir al lenguaje provocador y coercitivo propio del grupo masculino, un vocabulario primario de violencia o que apela a su deseo de demostrar fuerza, coraje, maestría y honor.

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[1] Saltzman Chaftez, Janet. Masculine, Feminine or Human? 2nd ed. Itasca: Peacock Publishers, 1978. 221-58. Print.

[2] Ibid. 246.

[3] Garcia, Guy. The Decline of Men. N.p.: HarperCollins e-books. Loc. 4332. Kindle.

[4] Stevenson, Seth. “The Believer.” New York Magazine. 9 July 2007. Web. 24 Feb. 2011. http://nymag.com/news/features/34454/

[5] Garcia, Guy. The Decline of Men. N.p.: HarperCollins e-books. Loc. 4436. Kindle.

[6] Wrangham, Richard, and Dale Peterson. Demonic Males : Apes and the Origins of Human Violence. New York: Mariner Books/Houghton Mifflin Company, 1996. 172. Print.

[7] Keen, Sam. Fire in the Belly. Bantam Books, 1992. 35-48, 88-111. Print.

[8] Keeley, Lawrence H. War Before Civilization. Oxford University Press, 1996. 2338. Kindle.

[9] Kimmel, Michael S., ed. The Politics of Manhood : Profeminist Men Respond to the Mythopoetic Men’s Movement (And the Mythopoetic Leaders Answer). Temple University Press, 1995. Print.

[10] Ibid. 272.

[11] Bly, Robert. Iron John. Vintage Books. 1992. 2. Print.

[12] Ibid. 25.

[13] Ibid. 8.

[14] Ibid. 182.

[15] Ibid. 179.

[16] Keen, Sam. Fire in the Belly. Bantam Books, 1992. 112-122, 152-185. Print.

[17] Kimmel, Michael. Manhood in America : A Cultural History. The Free Press. 1996. 316-321. Print.

[18] Ibid. 333.

[19] Ibid. 334, 335.

[20] Vonnegut, Kurt. “Harrison Bergeron.” National Review. 16 Nov. 1965. Web. 26 Mar. 2011. http://www.nationalreview.com/nroriginals/?q=MDllNmVmNGU1NDVjY2IzODBlMjYzNDljZTMzNzFlZjc Nota del Traductor: Excelente cuento. Pronto lo traduciré.

[21] “MEN GOING THEIR OWN WAY ver. 2.2.” Men For Justice. N.p., 9 May 2006. Web. 13 Mar. 2011. http://menforjustice.net/cms/index.php?option=com_content&task=view&id=5&Itemid=4

[22] Otagaki, Yumi. “Japan’s “herbivore” men shun corporate life, sex.” Reuters. N.p., 27 July 2009. Web. 13 Mar. 2011. http://www.reuters.com/article/2009/07/27/usjapanherbivoresidUSTRE56Q0C220090727

[23] Simpson, Mark. “Here Come The Mirror Men.” Independent 15 Nov. 1994 [UK] . Web. 13 Mar. 2011. http://www.marksimpson.com/pages/journalism/mirror_men.html Nota del Traductor: Esta es una noción muy diferente del narcisismo que vemos en La Segunda Historia de Eco y Narciso.

[24] Chateau . “Game And Life Trajectory.” Citizen Renegade. N.p., 24 Feb. 2011. Web. 13 Mar. 2011. http://heartiste.wordpress.com/2011/02/24/game-and-life-trajectory/ (Updated link)

[25] Price, W.F. “Stop Looking For a Wife: You Won’t Find One.” The Spearhead. N.p., 8 Oct. 2010. Web. 21 Mar. 2011. http://www.thespearhead.com/2010/10/08/stoplookingforawifeyouwontfindone

[26] Regnerus, Mark. “Sex Is Cheap.” Slate. 25 Feb 2011. Web. 16 Mar. 2011. http://www.slate.com/id/2286240/pagenum/all/#p2

[27] Ibid.

[28] Kimmel, Michael. Guyland. 2008. HarperCollins e-books. Loc. 4447. Kindle.

[29] Tsing Loh, Sandra. “Let’s Call the Whole Thing Off.” The Atlantic July 2009. Web. 20 Mar. 2011. http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2009/07/let-8217-scallthewholethingoff/7488/1/

[30] Rosin, Hanna. “Rise of the Kitchen Bitch.” Slate. N.p., 15 Dec. 2009. Web. 20 Mar. 2011. http://www.doublex.com/section/life/risekitchenbitch

[31] Katz, Jackson. The Macho Paradox : Why Some Men Hurt Women And How All Men Can Help. 2006. Sourcebooks, Inc. Print.

[32] Katz, Jackson. Tough Guise : Violence, Media and the Crisis in Masculinity. Media Education Foundation. 1999. Video.

[33] “Tenets.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.nomas.org/tenets

[34] “Principles.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.nomas.org/principles

[35] The Foundation for Male Studies. N.p., n.d. Web. 19 Mar. 2011. http://www.malestudies.org/index.html

[36] Elam, Paul. “The Plague of Modern Masculinity.” A Voice for Men. N.p., 17 July 2010. Web. 19 Mar. 2011. http://www.avoiceformen.com/2010/07/01/theplagueofmodernmasculinity/

[37] Ellison, Jesse. “Are Men The New Minority?” Newsweek 29 Sept. 2010. Web. 19 Mar. 2011. http://education.newsweek.com/2010/09/29/thenewminorityoncampusmen.html

[38] Schwyzer, Hugo. “How Men’s Rights Activists Get Feminism Wrong.” The Good Men Project. N.p., 8 Mar. 2011. Web. 19 Mar. 2011.  http://goodmenproject.com/ethicsvalues/howthemensrightsactivistsgetfeminismwrong

[39] “Transcript of Osama bin Laden videotape.” CNN.com. CNN, 13 Dec. 2001. Web. 19 Mar. 2011. http://articles.cnn.com/2001-12-13/us/tape.transcript_1_binshaykhalbahranidiplomaticlanguageservices?_s=PM:US

[40] Mansfield, Harvey C. Manliness. 2006. Yale University Press.

[41] Hess, Amanda. “Newsweek’s “the new macho”: It’s the new “person”!” TBD. 21 Sept. 2010. Web. 20 Mar. 2011. http://www.tbd.com/blogs/amandahess/2010/09/newsweeksthenewmachoitsthenewperson–2051.html

[42] Kuhnhenn, Jim. “Obama says some voters are angry, bitter.” USA Today (Associated Press). 12 April 2008. Web. 26 Mar. 2011. http://www.usatoday.com/news/topstories/2008-04-11-3235435230_x.htm

[43] Saltzman Chaftez, Janet. Masculine, Feminine or Human? 2nd ed. Itasca: Peacock Publishers, 1978. 257. Print.

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III. Malinterpretando la Masculinidad: “La Mayoría del Cuarenta y nueve por ciento”

Nota de El Traductor: Esta es una traducción no autorizada de la obra cuyo título original es ‘No Man’s Land’ que traducido al español sería “Tierra de Nadie”. Sin embargo, se escogió usar “No es tierra de hombres”, en español, para hacer énfasis en que se está hablando de hombres y de la masculinidad. Jack Donovan, su autor, es el autor del aclamado libro “The Way of Men” (El Camino de los Hombres) y “Blood-Brotherhood: And Other Rites of Male Alliance” (Hermandad de Sangre: Y otros ritos de alianza masculina). Obras en las cuales intenta llevar a cabo una discusión sobre la masculinidad y qué significa ser un hombre (What makes a man good in being a man), libre de las máculas y mal intencionadas definiciones del feminismo emasculador. Jack Donovan ha contribuido artículos para Alternative Right, The Spearhead, The Hall of Manly Excellence, Counter-Currents, In Mala Fideand Amerika.

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Durante las últimas décadas, muchos han intentado “reimaginar” la masculinidad. La personas se han dado cuenda de que a pesar de los llamados del feminismo a abandonar conceptos como el género completamente y que a pesar –como veremos más adelante—de la terca creencia entre los científicos sociales de que los roles sexuales eran meramente guiones sociales aprendidos; hombres y mujeres siguen manteniendo identidades sociales separadas. Los hombres han estado particularmente preocupados con ser percibidos por otros como hombres o masculinos, y en evitar el estigma emasculador de lo afeminado. Los feministas hombres y mujeres continúan encontrando esto confuso. Después de haber dado por terminado una serie de estudios que conectaban las demostraciones de agresión al mantenimiento de la identidad masculina, la investigadora Jennifer K. Bosson recientemente admitió a la revista Time:

“Cuando yo era más joven, sentía que molestaba a mis amigos hombres quienes se habrían negado a decir si pensaban si otro hombre era atractivo o no. Yo solía pensar que era un defecto personal que ellos estuvieran tan ansiosos acerca de su masculinidad. Hoy en día, ya siento más simpatía por los hombres…”[1]

El artículo, escrito por una mujer, fue condescendientemente titulado “Masculinidad, una flor delicada”. La investigadora dijo que los hombres eran “ansiosos” y que los resultados indicaban que los hombres tenían más probabilidades de involucrarse en muestras de agresión cuando su estatus como hombres era “amenazado”. Esto es característico del modo en que la masculinidad es patologizada en los medios. La preocupación acerca del estatus masculino y la identidad –lo que yo llamo honor—es presentada como un curioso “defecto” de los hombres que les impide su progreso en la marcha hacia la postmoderna feliz utopía feminista. Cuando los hombres se reafirman, cuando defienden su honor, cuando ellos “son hombres”/”muestran huevos” y demuestran fuerza, coraje y maestría/dominio –ellos son mostrados como si estuvieran siendo inseguros farsantes que son en realidad temerosos, desesperados y débiles.

¿Comoparado con qué estándar es que los hombres son débiles e inseguros? ¿Comparados a las mujeres que gastan billones de billones cada año en cosméticos, fashion, artilugios para perder peso, cirugías plásticas, libros de autoayuda, psicoterapia, antidepresivos y la espiritualidad a contraentrega de gurús de la gama de Benny Hinn, pasando por Deepak Chopra hasta Oprah Winfrey?

Esto ha venido ocurriendo por demasiado tiempo. Este tipo de posicionamiento parcializado es evidente en la mayoría de artículos, libros y manuales instructivos para como lidiar con la masculinidad. John Wayne murió en 1979 y dos de los icónicos hombres Marlboro murieron de cáncer a comienzos de los noventa, pero las vestiduras de estos feministas cliché  siguen siendo destrozadas en toda representación convencional de anti-masculinidad en frente de los medios masivos.

Para poder entender mejor El Camino del Hombre, es importante entender cómo los hombres y la masculinidad han sido caricaturizados y malinterpretados por aquellos con una agenda ideológica. Para captar cómo los feministas han malentendido a los hombres, es útil entender primero la percepción que tienen de los hombres. ¿Dónde consiguen sus ideas de la hombría tradicional? ¿Cuáles son sus asunciones sobre la masculinidad, la femineidad y los roles sexuales? Es también útil ser capaz de separar la escritura reflexiva y honesta acerca de la masculinidad de entre tanto refraseo sin fundamento.

En su libro de 1976, The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento), el sicólogo conductual y fundador de NOMAS[2] Robert Brannon construyó un populista modelo de la hombría americana con el solo propósito de destruirla. Brannon afirmó que el rol masculino en la sociedad del siglo veinte tuvo cuatro dimensiones o tópicos básicos:

  • No Sissy Stuff: The stigma of all stereotyped feminine characteristics and qualities, including openness and vulnerability.
  • The Big Wheel: Success, status, and the need to be looked up to.
  • The Sturdy Oak: A manly air of toughness, confidence and self-reliance.
  • Give ‘Em Hell!: The aura of aggression, violence and daring.[3]

– No Sissy Stuff (Nada de maricadas): El estigma de todas las características y cualidades femeninas estereotipadas, incluyendo la franqueza y la vulnerabilidad.

– La Gran Rueda: Éxito, estatus y la necesidad de ser admirado.

– El Robusto Roble: Un viril aire de dureza, confianza y auto-suficiencia.

– Traigámosles el Infierno: El aura de agresión, violencia y temeridad.[3]

La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento se ha dejado de imprimir, pero la lista de Brannon sigue siendo influyente. Michael Kimmel, quien es considerado por muchos como el experto líder en estudios de los hombres, ha reimpreso o se ha referido reverencialmente a la lista de Brannon en la mayoría de los libros que ha escrito en el estudio del género. Su libro de 2009, Guyland (Tierra de chicos), incluye también la lista de las cuatro dimensiones que hace Brannon del rol del sexo masculino, la misma que ha sido citada en una amplia variedad de libros recientes, manuales y artículos acerca de la violación, los deportes, la transexualidad, psicoterapia, homosexualidad, educación, paternidad, matoneo, alzheimer, asistencia de salud, raza y religión[4]. A pesar de que relativamente pocas personas hayan leído el libro de Brannon, su lista sigue dando forma tanto ideas populares como académicas acerca de la masculinidad. Una vez que uno ha leído el ensayo introductorio de Brannon y uno ha ojeado The Forty-Nine Percent Majority, todos los argumentos, todos los titulares “controversiales” y todos los “recientes estudios” acerca de la masculinidad que provienen del campo profeminista se verán como los mismos meros refritos provenientes de la edad de los pantalones de poliéster y los pet rocks. Es uno de los textos sagrados de los estudios profeministas acerca de los hombres.

La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento es una colección de ensayos editas tanto por Brannon y la socióloga Deborah S. David. La introducción del libro en la que aparece la lista de “nada de maricadas” (no sissy stuff) se tituló “The Male Sex Role: Our Culture’s Blueprint of Manhood and What it’s Done for Us Lately” (El Rol Del Hombre: El Manual De Instrucciones De La Hombría De Nuestra Cultura Y Qué Es Lo Que Ha Hecho Por Nosotros Últimamente). Brannon y David escribieron que, en un intento de definir el rol sexual masculino, ellos estaban “esencialmente definiendo una nueva área de estudio”[5].A Brannon normalmente se le da el crédito de ser el autor de la introducción, ya que es parcialmente autobiográfica, por lo que para no sacrificar la brevedad me referiré a él como el único autor. Otros autores colaboradores al libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del Cuarenta y Nueve Por ciento) incluyó los feministas Warren Farrel (The Myth of Male Power – El mito del poder masculino), Kate Millet (Sexual Politics, The Prosttution Papers – Políticas sexuales, Ensayos sobre la prostitución), Lucy Komisar, Marc Feigen Fasteau (The Male Machine – La Máquina Masculina) y Jack Sawyer (On Male Liberation – Sobre la liberación masculina).

Brannon comenzó su libro introduciendo el rol social análogo a los papeles en las pobras de teatro. Role viene del francés y se refiere al rollo de papel en que la parte de un actor está escrita. Él puso de ejemplo el role de Hamlet para luego pasar a definir el rol social como “cualquier patrón de comportamientos que un individuo dado en un a determinada(as) situación(es) es tanto: (1) esperado y (2) promovido y/o entrenado para desempeñar”[6]. Un rol se distingue de un estereotipo en que en un estereotipo un individuo puede o no ser promovido/obligado o esperado a vivir de acuerdo con ese estereotipo determinado.

Brannon afirmó que él y “otros jóvenes científicos sociales” en el momento creían que la “respuesta más prometedora a la mayoría de las cuestiones acerca del comportamiento humano” no serían resueltas estudiando la historia antigua o la biología, pero sí estudiando los “invisibles pero casi irresistibles patrones sociales de presión que le dan forma y dirigen el comportamiento de todo hombre y de toda mujer”[7]. Aunque Brannon no haya hecho referencia al dilema entre lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture) explícitamente, su énfasis en el rol de los sitios de aprendizaje lo ubican en el lado de lo adquirido (nurture) junto a la antropóloga Margaret Mead. De hecho, Brannon apoyó el argumento principal de su “Manual de Instrucciones” (Blueaprint) concerniente a la importancia de los roles aprendidos en la determinación del comportamiento diferenciado entre los sexos que hace la misma Mead en su estudio de tres sociedades primitivas de Nueva Guines: los Arapesh, los Mundugumor y los Tchambuli. La caracterización que hace Mead de los roles sexuales en estas sociedades, como se reveló más tarde, era imperfecta o completamente equivocada.

De acuerdo con la lectura que hace Brannon de Mead, tanto los miembros masculinos como los femeninos del pueblo Arapesh tendían a ser “pasivos, cooperativos y pacíficos” y su cultura tendía hacia un comportamiento femenino como un todo. Brannon no pudo notar que Reo Fortune, quien estuvo casado con Mead y quien estudió con ella a los Arapesh en Nueva Guinea, caracterizó a los Arapesh de manera un poco diferente. En su artículo de 1939, “Guerra Arapesh”, Fortune explicó que aunque gran parte de los conflictos del pueblo Arapesh hayan sido suprimidos por la ocupación alemana, los Arapesh mantuvieron una larga tradición de robarse las esposas. Esto tendió a ser el mayor objetivo de sus conflictos violentos. Los hombres mayores de la tribu se vanagloriaban de sus matanzas en la guerra en tiempos más violentos, y si no tenían ninguna, entonces sentían orgullo de sus registros de cacería. Fortune rechazó la declaración de Mead de que los Arapesh esperaban y exhibían temperamento similar en los sexos. Los hombres Arapesh parecían seguir manteniendo, como los hombres a menudo hacen, una jerarquía de masculinidad dentro de sus clanes. Fortune escribió:

“Podemos citar el antiguo proverbio de los hombres, aramumip ulukwip nahaiya; aramagowep ulukwip nahaiya, “Los corazones de los hombres son diferentes; los corazones de las mujeres son diferentes”, y al igual citar la existencia de una clase de hombres llamada, aramagowem,“mujer masculina”, hombres afeminados. La clase de aramagowem es definitivamente una clase asignada con sus funciones definidas, a la cual les es dada menos comida en los festines y un lugar subordinado especial. El hombre, Djeguh, quien nos relató los conflictos de facciones y guerra, era, por ejemplo, un aramagowem, “mujer masculina” (la forma singular de aramago-wem). De él nunca se sospechó cobardía en la guerra. Él era, sin embargo, inferior en las danzas de los hombres, la oratoria, el liderazgo económico y en su entendimiento. Él fue considerado por el escritor como alguien muy reticente y silencioso”[8].

Mead también desvaneció a los mandones alfas de las villas –los “hombres grandes”—los abnegados pares quienes, aunque no hubieran estado realmente predispuestos a tal tipo de asertividad, tenían que pretender ser los “hombres grandes” por el bien de la comunidad. En 2003, habiendo visitado el país de los Arapash por sí mismo, el antropólogo Paul Roscoe reseñó el trabajo de Mead y Fortune. Escribió que Mead “lo tuvo todo mal” y que Fortune “describió de manera más precisa la guerra en el Monte Arapesh”[9]. Reseñantes tempranos notaron que varios detalles de los que dio cuenta Mead acerca de los Arapesh parecen invalidar su colorida conclusión de que ellos son un pueblo apacible. Otros antropólogos han coincidido en que mead retrató a los Arapesh de manera inexacta[10].

Tanto los hombres como las mujeres de una tribu vecina, los Mundugumor, son descritos por Brannon (via Mead) como agresivos y beligerantes. No hay nada particularmente notable en encontrar una tribu de guerreros. El punto relevante aquí es que los hombres y mujeres de la tribu fueron retratados como igual de agresivos. Uno tendría que sostener una inocente y cerrada noción de las cosas para imaginar que las mujeres son no-violentas por naturaleza. De hecho, YouTube y los realities frecuentemente nos proveen ejemplos de mujeres comportándose salvajemente. No tenemos que viajar a Nueva Guinea para observar mujeres violentas. Las mujeres son claramente capaces de agresión. ¿Eran tanto los hombres como las mujeres de la tribu Mundugumor son igual de agresivos? Teniendo todos los demás datos disponibles acerca de los seres humanos y otros simios, al igual que la tendencia de Mead de ver las cosas como quiere que parezcan, es fácil ver que su aserción no es más que una interpretación subjetiva.

Para apoyar su teoría de que los roles sexuales determinados culturalmente son los responsables primarios de las diferencias en los comportamientos entre machos y hembras humanos, Brannon cita la investigación que Mead hizo de los Tchambuli. Los hombres Tchambuli son descritos como “sensibles, artísticos, chismosos, amantes de los adornos y emocionalmente dependientes. De acuerdo con Brannon y Mead, de las mujeres Tchambuli se esperaba que fueran “competentes, dominantes, prácticas y eficientes”, al igual de sexualmente agresivas. Deborah Gewertz hizo algo de trabajo de campo con los tchambuli o Chambri (como ella se refería a ellos) en 1974 y 1975. Ella notó en un escrito de 1981 en la materia que “(en la literatura de los estudios de la mujer/de género) las mujeres Chambri habían logrado el estatus de íconos por sus significativos y dominantes roles dentro de sus aldeas”. Su propia percepción de las relaciones entre los géneros entre los chambri era algo diferente de lo que Mead había visto años atrás, y ella sospechaba que lo que Mead había visto era un nivel reducido de competición entre los hombres chambri debido a influencias culturales e históricas temporales. Durante el tiempo en que Mead los estuvo observando, los hombres chambri habían perdido recientemente una guerra y la tribu se encontraba en el exilio. Las mujeres chambri terminaron así haciendo mucha de la pesca y por tanto tenían temporalmente más influencia económica. Los hombres estaban invirtiendo su tiempo en buscar maneras para restablecer el dominio de la tribu en la región. Fue a través de los esfuerzos en la pesca de sus mujeres los que permitieron que los hombres restablecieran su estatus entre las tribus vecinas[11].

La evaluación de Gewertz es particularmente interesante a la luz de los cambios del poder económico que están ocurriendo entre hombres y mujeres en los Estados Unidos. Hombres y mujeres no son intercambiables entre sí y sus roles sociales no son las solas causas significativas de sus diferentes comportamientos, pero pueden ocasionalmente hacer variar los deberes para ayudarse unos a otros durante tiempos inciertos o de crisis. Unos años atrás, yo trabajé en entregas con un compañero muy competente quien eventualmente decidió quedarse en su casa a cuidar de sus hijos porque su esposa estaba haciendo mucho dinero como enfermera mientras su salario apenas cubría los gastos de la guardería. Tenía más sentido para él el quedarse en casa y sus niños estaban ciertamente mucho mejor con su padre cerca. Él no era un hombre afeminado desde ningún punto de vista, pero uno se pregunta qué sofisticadas aserciones Mead o Brannon habrían hecho de la flexibilidad de los roles sexuales si hubieran estudiado esta familia.

Como Gewertz dio por aludido, alrededor de 1970, la investigación de Mead se hizo extremadamente popular en los círculos feministas por lo que parecía sugerir acerca de la naturaleza humana y de las relaciones entre los sexos. Basado en sus interpretaciones de los arapesh, los mundugumor y de los tchambuli; Mead famosamente concluyó en 1935 que:

 “…muchos, si no todos, de los rasgos de personalidad que hemos llamados masculinos o femeninos están tan ligeramente relacionados con el sexo como la vestimenta, las maneras y los peinados que una sociedad asigna en un periodo dado a uno u otro sexo.”[12]

Mead hizo parecer como si los roles sexuales fueran tan superficiales y arbitrarios como el fashion, la moda. Uno puede fácilmente imaginar la influencia que esta malinterpretación tuvo en los incipientes ideólogos feministas como Brannon. Como hemos visto más arriba, sin embargo, las representaciones que Mead hizo de las tribus que dieron lugar a que ella llegara a este tipo de conclusiones podrían ser, caritativamente, descritas como “incompletas”. Dado que éstas son las bases sobre las que Brannon reposa su creencia de que los roles sexuales son casi completamente aprendidos –y por lo tanto, pueden ser desaprendidos o reformados completamente—su concepción del rol masculino es dejado reposar sobre un terreno movedizo. A medida que más personas estudian las sociedades sobre las que Mead escribió los patrones de los roles sexuales dentro de esos grupos se han hecho cada vez más familiares.

De acuerdo con Derek Freeman, el crítico más notorio y persistente de Mead, la cuestionable investigación de Margaret Mead jugó una parte crucial en el desplazamiento del zeitgeist antropológico del temprano siglo 20 desde un determinismo biológico a un determinismo cultural. En el tardío siglo 19, el trabajo de Charles Darwin pareció validar antiguas y constantes sospechas acerca de la importancia de la herencia en determinar el comportamiento humano. El Hombre ha enrazado por mucho tiempo animales y han sido consientes de que los animales tienen ciertos temperamentos y ciertas características físicas que pueden ser heredados a la siguiente generación. Grupos humanos parecían tener características físicas y conductuales heredables, también, por lo que no es absurdo imaginar que el futuro de una población humana podría ser controlado al ayudar al proceso de la selección natural a partir de la reproducción y crianza selectivas.

El estudio de la eugenesia[13] –“la dirección de la evolución humana”—se hizo popular y leyes eugenésicas fueron promulgadas tanto en Europa como en los Estados Unidos. Sir Francis Galton, el padre de la eugenesia, declaró en 1873 que “cuando lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture) compiten en los mismos términos por la supremacía”, la naturaleza o lo innato siempre emerge victorioso[14]. Los biólogos evolucionistas Richard Wrangham y Dale Peterson se refirieron a la solución de Galton del persistente debate entre “lo innato y lo adquirido (nature vs. nurture)” como el “error de Galton”, dado que las fuerzas de la naturaleza y de la crianza están interactuando siempre en los seres humanos[15].

Fue durante el auge del caluroso debate entre lo innato vs. lo adquirido en Margaret Mead llegó a ser conocida. De acuerdo con Freeman, Franz Boas, el mentor de Mead, estaba buscando evidencia convincente que sustentara su creencia de que el “estímulo social” tenía una mayor influencia en el comportamiento humano que “el mecanismo biológico”. Cuando Mead fue a Samoa a los 23 años para estudiar la adolescencia, allí ella estaba buscando una “instancia negativa” –una explicación conflictiva que refutara una persistente generalización sobre el comportamiento humano. Esn este caso la persistente generalización que ella quiso refutar al ofrecer una sola excepción era la creencia de que la adolescencia es un período difícil. Buscando esta instancia negativa, Mead le restó importancia a las fuentes de tensión y conflicto de la sociedad samoana, y la represento como si estuviera caracterizada por una relativa paz[16]. Su ejemplo de Samoa fue elogiado por Boas e inmediatamente se volvió en un bestseller, uno de los favoritos de los defensores de la liberación sexual y del feminismo alrededor del mundo. Es más, la influencia de su investigación y énfasis en las instancias negativas que parecían probar la importancia de lo aprendido (nurture) por sobre lo innato o natural (nature) es evidente en el “Blueprint” (Manual de instrucciones), la introducción al libro de Brannon.

Freeman mencionó que a Mead se le había “negado la entrada a todos las reuniones de los jefes” porque ella era mujer “no tenía participación en la vida política de Ta’aū.” Ella vivió con una familia anfitriona de occidente en un hogar occidental e hizo la mayoría de su investigación por medio de entrevistas a niñas pequeñas[17]. Freeman, citando sus propias observaciones de primera mano de la vida política samoana  y las observaciones de muchos hombres que han visitado la isla en el siglo que precede, caracterizó a los samoanos como competitivos, celosos, orgullosos y obsesionados con el rango. Extrañamente, Mead retrató a los mismos samoanos como pacíficos, personas causales que no creen en ningún dios de la guerra, que no estiman la valentía y que no le dan un lugar especial en la sociedad al guerrero.  Casi la mitad de los dioses paganos samoanos son de hecho, dioses de la guerra. Los Samoanos tienen una larga historia de masacrar –posiblemente incluso canibalismo—a un gran porcentaje de sus rivales. Los hombres samoanos creían que era un gran honor morir en batalla. Cuando Freeman repitió las citas de Mead acerca de los guerreros no teniendo un lugar de importancia en la sociedad samoana a un hombre samoano de alto rango, este último se enfureció[18].

Los defectos en la investigación de Mead no fueron completamente revelados y conocidos en el momento en que Brannon escribió The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento). Sin embargo, al igual que Mead, las teorías de Brannon se apoyaran en fantasías. La investigación de Mead fue acogida porque le decía a ciertas personas –personas como Brannon—lo que querían escuchar acerca de la naturaleza humana y el género. El retrato que Brannon hace del rol masculino y la idea de que su script puede ser re escrito completamente se basa en las fantasías de Mead y atrae a los feministas, para quienes es esencial en su concepto de una sociedad sin géneros.

El estricto determinismo biológico de Galton echó por la borda la realidad y fue usado para justificar leyes eugenésicas que fueron a veces innecesariamente crueles o basadas en asunciones equivocadas. El énfasis en el estricto determinismo cultural impulsado por Mead, Boas y Brannon promueve otro tipo de arrogancia y prejuicios usados por entusiastas ingenieros sociales para justificar sus curanderas mediadas, programas y políticas. El método tradicional ha sido reconocer la naturaleza humana como tendiente a toda clase de maldad y con base en esto empezar a manufacturar soluciones sociales que doblan o redirigen los aspectos de nuestra naturaleza que hacen la vida civilizada imposible. Los humanos son animales sociales. Y el modo humano ha sido siempre el buscar el balance entre lo natural y lo cultural; entre lo innato y lo adquirido.

¿Existen los roles masculinos?

Indudablemente.

¿Las particularidades del rol masculino varían de cultura en cultura debido a diferencias en la economía, la religión, los recursos, los avances tecnológicos, el clima, los factores culturales e innumerables idiosincrasias culturales e influencias?

Indudablemente.

Sin embargo, Mead y Brannon rechazaron la importancia de las influencias biológicas en darle forma a aquellos roles. Los roles sexuales culturalmente determinados indudablemente influencian el modo en que hombres y mujeres se conducen a sí mismos. El error de Brannon –y el error de muchos de sus herederos culturales quienes, intentan una y otra y otra vez, “reimaginar” la masculinidad—fue retratar los roles sociales de los sexos como lo único importante. Todas las culturas tienen diferentes “scripts” para los sexos, pero esos scripts simplemente no pueden ser reescritos desde cero. Tomando prestado un ejemplo del ensayo de Brannon, muchos actores han actuado e interpretado el rol de Hamlet. El rol ha sido reescrito y adaptado en muchas versiones producidas. Pero no se puede cambiar del todo –algo de significancia tiene que quedar del personaje original para que podamos reconocer la similaridad. Después de un cierto número de desviaciones, el personaje no es más Hamlet.

Intentos para entender la masculinidad presentan la paradoja del “Barco de Teseo”. El Barco de Teseo fue preservado como un monumento por los atenienses por muchos años. De acuerdo con Plutarco, los atenienses iban remplazando las viejas tablas a medida que se iban pudriendo con madera más nueva y más fuerte. Él acotó que “este barco se convirtió en un vivo ejemplo entre los filósofos de la cuestión lógica de las cosas que crecen; un lado opina que el barco sigue siendo el mismo y el otro respondiendo que no es el mismo”.

¿Podrá cualquier guion, cualquier script, siempre biológicamente asignado de masculinidad enseñarles a ellos? Si no, ¿cuántas partes pueden ser reemplazadas o intercambiadas antes de que podamos reconocer que la masculinidad no es más reconocible? ¿Puede una fuerte viga ser reemplazada por una tabla podrida?

La mayoría de los antropólogos son rápidos en concederle importancia histórica al pionero trabajo de Mead y sus contribuciones al campo de la antropología, pero es claro que ella no fue exitosa en encontrar una “instancia negativa” en cuanto a los roles por sexo. Igualmente, ningún otro lo ha logrado. La lista de Donald Brown sobre los Universales Humanos[19] identifica las siguientes como normas para los varones:

Normas interculturales para los Hombres/Varones en las Sociedades Humanas[20]

– Hombre, mujer, adulto y niño son vistos como poseedores de diferentes naturalezas.

– Hombres dominan el campo público/político.

– Hombres se involucran en más violencia coalicional.

– Hombres son más agresivos.

– Hombres son más propensos a la violencia letal.

– Hombres más propensos al robo.

– Hombres, en promedio viajan, mayores distancias en la vida.

Es simplemente debido a un rol arbitrariamente predeterminado –un script que puede ser reescrito desde cero—por el que diversos pueblos alrededor del mundo comparten algunas de las mismas ideas básicas acerca de los hombres?

Antes de entrar a revisar el contenido de la lista de Brannon, hay otra lista con la que me topé que pone muchas discusiones acerca de los roles entre los sexos y la masculinidad en perspectiva. Podría ser considerada “la lista de las listas” en razón de que no está encasillada en una época, lugar o cultura. No es una “lista de deseos” detallando cómo alguien piensa que los hombres deberían comportarse, tampoco es un diagnóstico. El biólogo evolucionista Randy Thornhill y el antropólogo cultural Craig T. Palmer propusieron una lista de predicciones, basada en la teoría evolucionista, para los mamíferos macho “de especies con una historia de mayor selección sexual en machos que en hembras”[21]:

Predicciones Comparativas para Mamíferos Machos, en Especies Donde la Selección Sexual es Mayor en Machos[22]:

– Machos serán más grandes que las hembras.

– Más machos que hembras serán concebidos y nacidos.

– Machos mueren más jóvenes que las hembras, resultado de problemas fisiológicos.

– Machos se involucrarán en actividades más riesgosas que las hembras, en el contexto de adquirir compañeras para la reproducción.

– Machos tendrán una tasa de mortalidad mayor que las hembras como resultado de causas externas, tales como el combate, enfermedad y accidentes.

– Machos mostrarán más agresión que las hembras.

– Más frecuentemente que las hembras, los machos se enfrentarán en creciente agresión violenta que den lugar a lesiones e incluso la muerte.

– Machos pre-adultos se involucrarán en juego más agresivo y competitivo que las hembras pre-adultas.

– Machos serán menos discriminatorios y más dispuestos a copular con las hembras que viceversa.

Como se dijo anteriormente en este libro, la teoría evolucionista predice que a causa del esfuerzo parental requerido de las hembras humanas sea mucho mayor que el requerido de los machos humanos, siempre habrá más competición entre los machos humanos para acceder tal esfuerzo y los machos serán seleccionados en parte por su habilidad en superar en competición por oportunidades reproductivas. Para los humanos vivientes en sociedades complejas, el proceso de selección es mucho más complicado que simplemente tener la fuerza y el coraje necesario para superar los propios enemigos en combate cuerpo a cuerpo o alcanzar un mayor estatus dentro de la jerarquía de un grupo, sin embargo, por la mayor parte de la historia evolutiva humana, la fortuna –y las hembras—han favorecido al fuerte y al audaz.

Ahora, pasemos de nuevo a la lista de Brannon.

Tres de cuatro de sus slogans de hockey contienen consejos que, desde una perspectiva evolucionista, tienen mucho sentido y están alineados con las predicciones listadas más arriba.

– La Gran Rueda: Éxito, estatus y la necesidad de ser admirado.

– El Robusto Roble: Un viril aire de dureza, confianza y auto-suficiencia.

– Traigámosles el Infierno: El aura de agresión, violencia y temeridad.

Brannon presentó estos temas como parte de un arbitrario script, un rol que la sociedad le obliga a los hombres que satisfagan, un falso frente que los hombres deben fingir en orden de poder “lograrlo” (a la manera del famoso “Fake it till you make it”). Uno de los herederos intelectuales de Brannon, el pro-feminista y activista antiviolación Jackson Katz se ha referido a esta lista como un “duro pretexto” y se ha hecho su carrera de culpar a los medios de promover imágenes y modelos de violenta masculinidad. Desde un punto de vista evolucionista, los eslóganes de Brannon son simplemente rendiciones populares de consejos para hombres que quieren ganar el juego evolutivo. En términos directos, los temas de la gran rueda de Brannon, el robusto roble y traigámosles el infierno; son mensajes que les dicen a los hombres que muestren alto estatus dentro del grupo masculino y que demuestren fuerza, coraje y competencia.

– Nada de Maricadas/Nada de cositas de niñas/ No Sissy Stuff: El estigma de todas las esterotipadas características y cualidades femeninas, incluyendo la franqueza y la vulnerabilidad.

Brannon listó “Nada de Maricadas/Nada de cositas de niñas/No Sissy Stuff” como la primera dimensión del rol masculino. Él correctamente mencionó que mientras las mujeres naturalmente se identifican con sus madres, a causa de que ambas pertenecen al mismo sexo, en algún punto los hombres también mirarán a sus modelos masculinos para forjar sus identidades. Luego, él dio varios ejemplos de cómo tanto hombres y mujeres regañan a los niños cuando se comportan como niñas; y mencionó cómo los hombres se salen de su camino para evitar ser vistos como afeminados. Él empleó la táctica estándar de tomar una muy innocua práctica que era culturalmente asignada a las mujeres y luego intentar hacer ver a los hombres como neuróticos por no querer hacer algo tan inofensivo. Un ejemplo  fue un defensa (linebacker) de 104.55 kgs (230 libras) a quien se le preguntó si estaba preocupado por ser visto como una “niñita”/”mariquita” por hacer bordado en su tiempo libre. En un golpe bajo, con un clásico reductio ad Hitlerum, Brannon luego trajo una cita de Adolf Hitler explicando por qué él no quería una esposa abiertamente inteligente. La insinuación, por supuesto, es que cualquier hombre preocupado con su propia reputación como hombre –teniendo el honor masculino en mente—es moralmente comparable a Adolf Hitler[23].

Es cierto que Brannon “descubrió” que los hombres a veces evitan actividades que parecen triviales, simplemente por estar éstas asociadas a las mujeres o a afeminados. Resaltar esto es una forma fácil de hacer a los hombres y la masculinidad parecer absurdos o ridículos. Cuando los hombres hacen cosas fuera de sincronía con el rol masculino, a menudo bromean diciendo que “están seguros de su masculinidad”, para que no se preocupen de ello. Irónicamente, esta es una usual estrategia que hombres emplean para desviar críticas y afirmarse entre sí. Es una forma de fanfarronear que dice “Tengo demasiada credibilidad como hombre que no me tienen que preocupar pequeñas infracciones al código (de los hombres)”. La necesidad de reconocer la infracción es un reconocimiento en sí mismo de la existencia y la fuerza del código. Una indicación de que el hombre en cuestión es, de hecho, al menos un poco incómodo con infringirlo. Decir que no se esta preocupado y que no importa romper códigos de masculinidad es una manera indirecta de retar a los pares y hacerse ver valiente e invencible, mientras se hace parecer a otros temerosos y vulnerables.

Los códigos culturales de masculinidad pueden ser idiosincráticos dado que acumulan referencias y asociaciones a lo largo de grandes períodos de tiempo –no es poco común para los hombres evitar comportamientos o actividades sin realmente saber por qué. Por ejemplo, no hay nada particularmente masculino o femenino en lavar la loza. Hombres involucrados en los más viriles, riesgosas actividades exclusivas de hombres –barcos pesqueros, el ejército, en la frontera—han lavado a lo largo de los años sus propios platos y ollas. Sin embargo, en el hogar matrimonial, las mujeres tradicionalmente han terminado asumiendo esa pequeña labor, por lo que hay una resistente asociación cultural de lavar la loza como “trabajo de mujeres”. Esto es un poco tonto y la mayoría de los hombres lo reconocen, pero pocos hombres se las darían o fanfarronearían por lavar siempre los platos –al menos a sus pares hombres.

Brannon se quejó de que los hombres evitan la franqueza y la vulnerabilidad emocional, pero falló en reconocer o incluso considerar las obvias ventajas tácticas de ser reservado acerca de con quien alguien comparte sus lágrimas. En The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %), Warren Farrell (quien luego escribió The Myth of Male Power – El Mito del Poder Masculino) elaboró en el tema. Él caracterizó a los hombres de su tiempo como “emocionalmente incompetentes” y “emocionalmente constipados”, asociando la resistencia de los hombres a llorar en público con “una” resistencia pasiva a la integración negra entre blancos. Farrell escribió que los hombres crean una “mística masculina” al esconder sus emociones y teorizó que seríamos mejor vigilados y regulados si nuestros líderes hombres lloraran y admitieran sus fallas abiertamente. Él inocentemente –casi infantilmente—se pregunta por qué la gente cuestionaría la habilidad de un hombre de liderar a otros hombres o a una nación, si él se mostrara emocionalmente vulnerable[24]. En el ensayo que le siguió, Jack O. Balswick y Charles W. Peek melodramáticamente se refirieron al “hombre inexpresivo” como una “tragedia para la sociedad americana”, pero no pudieron articular por qué el seguro y confiado estoicismo de un vaquero como John Wayne o de un playboy como James Bond (¿no era Bond británico?) era tan “trágico”[25].

Como muchos “hombres” feministas, los escritores que David y Brannon escogieron para su libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %) repetían los mismos sentimientos de mujeres sin pensar críticamente acerca de por qué los hombres se comportan en la forma en que lo hacen. Si las mujeres han sido “libres” por llorar en público, la lógica dice, los hombres serían “más libres” si lloraran en público también. La palabra “vulnerabilidad” ha adquirido un cierto caché en los mundos ginocentristas del pensamiento feminista, pero para la mayoría de los hombres, sigue siendo lo que siempre ha sido –un eufemismo técnico para debilidad. Exponer una “vulnerabilidad” a los hombres es como decirle a uno que se eche al suelo, se gire y exponga el vientre a alguien más fuerte dispuesto a tomarlo. No es positivo. Es algo que uno haría solamente al lado de alguien a quien uno confía completamente. Las mujeres tienen el pequeño hábito, en acaloradas discusiones especialmente, de echarles en cara a los hombres las vulnerabilidades emocionales que ellos se atrevieron a mostrar ante ellas. Muchos hombres han sido quemados por desnudar sus almas. Incluso en el contexto de una privada relación, muchos hombres tienen buenas razones para mostrarles a mujeres u otros hombres las cosas que realmente los tocan.

Si se mira la vulnerabilidad desde la perspectiva de una jerarquía de grupo, es obvio entender por qué los hombres no quieren exponer sus vulnerabilidades públicamente y por qué los hombres se distancian de otros hombres que son obviamente vulnerables. Llorar es completamente natural. Es perfectamente natural admitir la derrota, el cansancio emocional, el miedo o la impotencia. Un hombre que es “vulnerable” es un eslabón débil. Ha mostrado que se romperá bajo presión o que es susceptible a la manipulación. Tácticamente, este es un problema para el grupo, y como resultado él perderá estatus dentro del grupo. Hombres que parecen ser imperturbables, por otro lado, hacen fuerte al grupo. Tiene todo el sentido del mundo para los hombres el querer aliarse con hombres fuertes que pueden cargar su propio peso y que no deshonrarán el grupo. Desde una perspectiva originaria (primal), el deshonor equivale a peligro. Debería ser obvio el por qué un grupo de hombres compitiendo con otros grupos de hombres por supervivencia querría mostrarse fuerte, valiente y competente.

Toda esta primitiva pose puede que parezca absurda, tal vez, en una oficina o caminando por el centro comercial; aún así el estatus importa. Mientras los medios populares a veces pintan la fantasía feminista de lo que sus mujeres más privilegiadas y exitosas quieren de los hombres (a menudo se resume a recursos y lamerles el ego); los hombres de a pie observan a las mujeres eligiendo con base en el alto estatus o en la apariencia de estatus. Todo el tiempo[26]. Al igual que muchas jovencitas aspiran a convertirse y excluir a las otras de los pedestales más altos, tiene el mismo sentido para los hombres el incrementar su estatus al querer pertenecer a los grupos de hombres de mayor estatus. Incluso el macho menor estatus del grupo de machos de alto estatus tiene una mayor posibilidad de cogerse un buen culito, más que si estuviera por fuera dentro de ese selecto grupo. Pero el juego del cortejo (mating game) es solo una parte de la ecuación. La membrecía a un grupo de alto estatus confiere muchos beneficios, incluyendo acceso a selectas redes sociales, recursos y protección contra el acoso.

Sound a little high-schoolish?  Perhaps. Most would agree, however, that a good way to become more successful is to surround oneself with successful people.

¿Acaso suena un poco escuelero? Tal vez. La mayoría coincidiría, sin embargo, que una buena forma de ser exitoso es rodearse de personas exitosas.

Evitar “sissy stuff” (cositas de niñas) no es meramente un deseo de diferenciarse de la propia madre y encontrar una separada identidad entre los hombres –aunque es cierto, también. “Nada de cositas de niñas”/”nada de maricaditas” es una advertencia a los jóvenes que los aleja de comportamientos aparentemente sumisos que podrían ser mala influencia y que podrían discapacitarlos –y que podrían hacerlos parecer vulnerables—mientras compiten y socializan con otros hombres. Si usted está teóricamente intentando ser elegido por una mujer, como hombre ¿por qué querría correr el riesgo de ser confundido con una mujer en lugar de intentar probar que se está entre los mejores hombres? ¿Por qué no querría usted publicitarse como un hombre ejemplar?

Cuando estén echando jerga evolucionista es importante recordar que, como humanos evolucionados, han estado inconscientes de los procesos de la evolución. Incluso en la actualidad, cuando estamos al tanto de la teoría evolucionista, no estamos conscientes de estar jugando el juego de la evolución. La selección sexual simplemente formó nuestros cuerpos y nuestros instintos para darnos ventajas tácticas en el ambiente primitivo. La tecnología y la complejidad de nuestra civilización han apilado un montón de otras variables, mientras nuestros cerebros de simios siguen siendo esencialmente los mismos después de milenios.

Por ejemplo, mi mejor amigo es un pensador estratégico y mecánico con una inteligencia superior al promedio. Es un luchador natural –grande, rápido, fuerte y atlético. No tiene que hacer shows para exudar un aura de seguridad, tenacidad, agresión, violencia o atrevimiento. De hecho, él tiene que hacer un esfuerzo consciente en refrenar todas esas cualidades tan solo para poder funcionar en una sociedad civilizada. La mayoría de los hombres simplemente le permiten a él dominar una conversación, incluso si él claramente no tiene idea de lo que está hablando. Él tiene todos los rasgos del cazador, hasta tal punto que incluso a la edad de treinta él apenas puede quedarse sentado quieto y necesita estar involucrado activamente en algún tipo de tarea exigente para evitar caer en una pequeña e inquieta depresión.

Mi amigo no tiene absolutamente ningún tipo de “game”/”juego”. Chicas saludables y atractives le piden su número y le mandan fotos provocativas de sus cuerpos semi desnudos. He visto esto pasar una y otra vez. He visto las imágenes y los desesperados mensajes. Todo lo que él tiene que hacer es estar en un bar, relajado y dejar que la naturaleza siga su curso. En un entorno primitivo, en ausencia de la anticoncepción, él tendría una considerable camada de criaturitas. Irónicamente, dado que él puede darse el lujo de escoger de entre las mujeres más atractivas, él a menudo termina con strippers llenas de pastillas anticonceptivas e implantes de seno. Sus mamas tecnológicamente mejoradas probablemente juegan con su cerebro primario haciéndolo pensar que ellas son ideales para amamantar su descendencia. El juego de la evolución –el cuál él está diseñado para gana—sigue llevando sus genes a una falsa victoria, un callejón sin salida evolutivo. Debido a las peculiaridades de nuestro disgénico nuevo y moderno mundo feliz, él es un alfa natural que está siendo sacado de la piscina de la evolución. He bromeado con él sobre esto, él está siendo desplazado por algún contador mormón que está criando a sus ocho hijos en algún lugar de Utah.

El punto aquí no es decir que necesitamos realinear nuestra sociedad para que coincida con las circunstancias primarias en todas sus circunstancias ni instituir algún tipo de programa eugenésico. Es simplemente para decir que el rol sexual masculino,  más o menos como lo describe Brannon, permanece porque es consistente con la forma en cómo nuestra especie ha ido evolucionando. La idea de que podemos simplemente reescribir el script desde cero o re-imaginar el rol masculino completamente para adecuarse a las preferencias de ciertas ideologías en boga es completamente absurda. La aparente des-motivación de los hombres en la sociedad contemporánea es un resultado directo de intentos de ignorar la historia y la evolución, por re-imaginar la masculinidad/hombría/virilidad en un modo que es del todo inconsistente con la naturaleza humana.

He escrito que Brannon ha reconstruido su populista modelo de la virilidad con la única finalidad de su deconstrucción y desmonte. Brannon no ha querido en lo más mínimo intentar entender a los hombres de la misma manera en que sí ha intentado cambiarlos. He hecho el punto a través de este texto al caracterizar su lista como “populista” y “cursi” porque considero que el haber armado el libro The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del 49 %) tomando como base una serie de anticuados y tontos eslóganes fue intencional o al menos conveniente a sus objetivos. En lugar de intentar entender en lo más mínimo el por qué los hombres se comportan de la manera en que se comportan o siquiera investigar por qué los hombres en la mayoría de las culturas[27] parecen hacerle reverencia a la fuerza, al coraje, a la competencia y al alto estatus en el grupo; Brannon caricaturizó las virtudes masculinas, falló en considerar los beneficios de la masculinidad aspiracional, se enfocó en los perdedores de las luchas jerárquicas masculinas y retrató a los hombres como huecas marionetas que están siendo manipuladas por un anticuado script.

“…como los políticos inseguros que decidieron “hacerse los duros” en Vietnam, como los ulcerados ejecutivos en sus lujosas oficinas, como los jóvenes líderes pandilleros, el joven soldado en My Lai, los ambiciosos gurus de la contra-cultura, los insensibles violadores ocasionales, y los silenciosos Walter Mittys del mundo que solo sueñan… cada uno de nosotros ha estado bailando los mismos descoordinados pasos que seguimos bailando. Hasta hace poco empezamos a descubrir los hilos invisibles que nos han estado moviendo por mucho tiempo, empezando a sentir sus ligeros jalones en nuestras fantasías, juicios y temores. Uno puede apenas vagamente imaginar cómo sería el mundo si pudiéramos en cierto modo bajarle el volumen a la música, cortar los hilos de los roles sexuales y descubrirnos a nosotros mismos”[28].

Esta estrategia de “burlarse del pobre, mal aconsejado, obsoleto hombre de paja” se ha vuelto la táctica estándar del profeminista movimiento de los hombres. El feminista Tony Doupkil en su segunda pieza de provocación para Newsweek, se refirió a los hombres como “Hombres Varados” (Beached White Males).

 “Como si la mediana edad no fuera lo suficientemente mala. El moribundo metabolismo. La píldora púrpura que mantiene tu comida adentro. La píldora azul que mantiene otra parte de tu anatomía levantada. ¿Ahora no puedes conseguir un jodido trabajo?  Metido en tu propio Detroit espiritual, con el machacante estrés de la forzada inactividad. La esposa que no te mira de la misma manera. Los punzantemente malagradecidos hijos. La mancha en tu masculinidad por convertirte en un perdedor. Los sudores nocturnos y el oscuro refugio de la pornografía en internet. El corrosivo miedo de que este puede que sea el comienzo de una lenta y penosa arrastrada a una temprana caridad pública”[29].

Treinta años después de Brannon, “hombres” feministas todavía no pueden hacer más que apuntar con el dedo y burlarse de sus propias insidiosas caricaturas de hombres y recomendarles a los hombres que abandonen “su pasado script de masculinidad”[30]. Hablando de un montón de tipos que están estancados cantando la misma cancioncita. Los burros hablando de orejas. Y cuando se les presenta nueva evidencia de la era post-Margaret Mead presentada por biólogos evolucionistas que corrobora lo contrario de lo que piensan, lo único que tienen para decir es “Nah, nah, nah, no te oigo, no te oigo”. Cuando el New York Times le pidió a Michael Kimmel  que discutiera las diferencias innatas entre los sexos, él desvió la atención del tema por completo y dijo “Ese barco ya partió –es un hecho”[31].

A Kimmel se le ocurrió su propia derivación de la lista de Brannon—llamada “The Guy Code” (Código de Chicos)—para su libro de 2009, Guyland (Tierra de chicos).

El Código de Chicos de Kimmel (Kimmel’s Guy Code – 2009)[32]

– “Los Hombres no lloran” (Boys don’t cry)

– “Es mejor estar bravo que triste” (“It’s Better to be Mad than Sad”)

– “No te pongas bravo – ponte parejo” (“Don’t Get Mad—Get Even”)

– “El que tenga más juguetes al final, gana” (“He Who has the Most Toys When he Dies, Wins”)

– “Solo hazlo” o “muévete o muere” (“Just Do It,” or “Ride or Die”)

– “El tamaño sí importa” (“Size matters”)

– “No me detengo a pedir indicaciones” (“I Don’t Stop to Ask for Directions”)

– “Los chicos Buenos terminan de último” (“Nice Guys Finish Last”)

– “Todo está bien” (“It’s all good”)

Al igual que Brannon, Kimmel pensó en una lista de “epigramas actuales” que representan preocupaciones masculinas sobre el estatus, la fuerza, el coraje y la competencia como un montón de cosas de niños que él podía fácilmente deshacer para sus lectores. El hombre de paja (falacia lógica) de Kimmel era el “chico”, un niño crecidito que está obsesionado con cosas que verdaderamente no importan. Al menos, no le importan a Kimmel mientras las mujeres están frustradas porque preferirían que los “chicos” estuviesen obsesionados con carreras bien pagas, nesting, el matrimonio y empezar una familia (feminista).

Kimmel se burló de sus estudiantes de fraternidad quienes, a pesar de su aparente ineptitud, siguen frustrando a sus feministas supermadres del tipo “puedes tenerlo todo” del mañana. La lista original de Brannon tiene una sensación más patricida. Brannon admitió  en el ensayo “Blueprint” (Guía) que su abuelo era un “duro y listo” hombre de la frontera conocido por matar a quienes rompían la lei y que su padre era una estrella del fútbol americano y un leñador. Luego, se describió a sí mismo como un debilucho distraído de 90 libras (40.91 kls) que intentó y falló en ser un hombre de acuerdo con los estándares de sus pares y de los hombres de su familia.

La lista de Brannon es claramente una lista de los valores de su padre, parafraseados en las palabras de los hombres de la generación de su padre. Sus eslóganes fueron seleccionados para presionar el botón  “papi no me ama” y generar resentimientos e inseguridades en sus lectores. The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) es en sí mismo un conjunto de ensayos del espesor de la envidiosa y adolecente era anti Vietnam, tan típica de baby-boomers malcriados y petulantes. El feminismo de Brannon es una crítica pasivo-agresiva contra la masculinidad de su padre y los ídolos masculinos de una generación más grande. Su parodia crítica de la hombría de mitad del siglo veinte y su disección de sus contradicciones es en parte un intento de tener contentos a sus burlones pares y a sus antepasados, que lo desaprueban.

Yukio Mishima, quien también escribió acerca de haber sido un joven debilucho tuvo esto que decir acerca de hombres como Brannon:

“El cinismo que considera el culto al héroe como cómico es siempre opacado por un sentido de inferioridad física”[33].

Mientras esto no es verdad de todos los feministas hombres (Jackson Katz se publicita a sí mismo como una “ex estrella del fútbol americano”), es aparentemente cierto tanto sobre Kimmel como de Brannon, cuyos trabajos continúan siendo extremadamente influyentes en el campo de los estudios de los hombres.

Este impulso por castrar y desacreditar al héroe y padre alfa es un intento abstracto de hombres de bajo estatus de incrementar o reganar el estatus por medios intelectualoides. El sensible paria aficionado a los libros grita “¡Tu hombría/masculinidad/virilidad es falsa y tú eres un fraude!” para luego salir corriendo a los brazos de simpatizantes mujeres que cuidan de sus heridas emocionales y hábilmente explotan sus expuestas vulnerabilidades. Si no logran esto, al menos son acogidos por el gueto de otros rechazados.

El paria, el omega o el hombre de bajo estatus que abandona el “Código de los Chicos” (The Guy Code) y los “temas” de la masculinidad idealizan a las mujeres porque las mujeres ardientes están en las cobijas de los alfa. En su revelador cuento sobre su padre, Brannon fue rápido en resaltar que su madre despreciaba a su padre por no ser un “hombre de verdad” luego de que él no pudo tirar abajo la puerta de su alcoba en una discusión nocturna.

Esta vengativa atracción a las mujeres castradoras y a las diosas perras castradoras (castrating bitch-goddesses) encuentra su máxima expresión en el campamento gay. El escritor gay Daniel Harris describió la adoración gay a las divas como un “triturante deporte en el cual los espectadores presencian el triunfo de las artimañas femeninas sobre las voluntades masculinas”; y a las divas como “el correctivo terapéutico a una masculinidad muy comprometida [la de los gays]”[34].

El pro-feminista movimiento de los hombres tiene mucho en común con el movimiento gay. Ambos han estado aliados desde los años setenta. Kimmel parecer aver encontrado la aprobación de feministas superestrella como Gloria Steinem en la misma manera en que los gays de su generación querían besarle la mano a Diana Ross. El sentimiento de superioridad intelectual de los hombres feministas encuentra comparación en el pavoneo “de inadaptación estética”[35] de los gays. Juntos montaron una vengativa evisceración de los inelocuentes, fornidos filistinos que les hicieron la vida difícil y los hicieron sentir como perras[36].

Este “argumento desde el fracaso” fue uno de los tres principales argumentos avanzados repetidamente en contra de “nuestra positiva proscripción de masculinidad en nuestra cultura”. En The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) Brannon escribió:

“Nadie menos que Atila el Huno podría haber vivido según esas normas y ese rol todo el tiempo; todos hemos sido perdedores. Pero creímos en los valores y normas que nos hicieron perdedores, los reforzamos y los impusimos a otros”.

Brannon estaba diciendo esencialmente que, ya que ningún hombre encarna todas las virtudes viriles todo el tiempo, todos los hombres son fracasos siendo hombres por lo que los hombres debería dejar de herirse a sí mismos y a otros al intentar alcanzar y mantener un ideal imposible. Este argumento asume que los costos incurridos por los hombres en no poder encarnar un ideal imposible son siempre mayores que los beneficios totales adquiridos como resultado de los hombres intentando probar su masculinidad/hombría/virilidad. No hay una forma real para medir estas ganancias y pérdidas abstractas. En cualquier caso, evaluar los datos siempre nos llevará de regreso a esta pregunta: “¿qué es bueno?” ¿El relato de un gran héroe vale mil corazones rotos y celosos? ¿Son los hombres mejores por este intento colectivo de lo que lo serían si no lo intentaran [alcanzar la hombría/virilidad/masculinidad]?

El argumento desde el fracaso es en cierta medida un ejemplo de la “falacia de la solución perfecta”, en la cual “perfecto” es hecho enemigo de lo “bueno”. El argumento desde el fracaso presupone que para que un rol pueda ser bueno, alguien en algún lugar tiene que ser capaz de vivir de acuerdo con ese rol en todo momento, todo el tiempo. Es un poco como decirle a los cristianos que no deberían molestarse intentando ser más como Cristo, porque ellos nunca serán Cristo. Para los cristianos, Cristo es una Forma perfecta, en el sentido platonista. Él es la encarnación de lo que han identificado como cualidades ideales. Ellos no esperan en convertirse en Cristo, sino sentir que al imitarlo lo mejor posible, podrán ser mejores personas. Uno podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con los valores que le atribuyen a Cristo, pero el concepto básico de mejorarse a uno mismo a través de la imitación imperfecta es lo que importa aquí. Los hombres están imitando esencialmente lo que creen que es la Forma perfecta de El Hombre. Todos los hombres acumulan una serie de “pecados”, deficiencias y pérdidas. Los sentimientos son heridos a lo largo del camino porque todos los hombres no son igualmente capaces de imitar esta Forma perfecta. Estos hechos no son críticas válidas contra las virtudes viriles.

Llamaríamos a esta “La Falacia de la Forma Imposible”.

Estas virtudes masculinas deberían ser consideradas por su propio derecho, no rechazadas porque un hombre no pueda ser la encarnación completa de los ideales masculinos todos y cada uno de los días de su vida.

¿Es mejor para un hombre ser “abierto o circunspecto”?

¿Es mejor para un hombre ser “vulnerable” o invulnerable?

¿Es mejor para un hombre tener alto estatus en el grupo o bajo estatus en el grupo?

¿Es mejor para un hombre ser exitoso o fracasado?

¿Es mejor para un hombre ser tenaz o delicado?

¿Es mejor para un hombre seguro de sí mismo o aprehensivo?

¿Es mejor para un hombre ser autosuficiente o dependiente?

¿Es mejor para un hombre ser agresivo o pasivo?

¿Es mejor para un hombre ser violento o no violento?

¿Es mejor para un hombre ser atrevido o temeroso?

Cada una de estas preguntas pueden ser preguntadas independientemente y las “mejores” respuestas variarán de acuerdo a la disposición sicológica propia y la situación a la mano. Podríamos hablar haciendo voz de Yoda-sensei y alcanzar respuestas inesperadas, ponderosas. Podríamos citar excepciones a reglas generales e instancias de “demasiado de una cosa buena”. Pero si nos referimos de nuevo a la lista de predicciones para los mamíferos macho en la cual la selección es mayor para los machos, veremos que muchas de estas virtudes viriles están asociadas con diferencias biológicas entre los sexos y que “nuestra positiva proscripción de masculinidad en nuestra cultura” refuerza comportamientos  que han ayudado a los hombres a competir exitosamente en contra de otros hombres. Nuestro heredado e inherente ideal masculino es el severo pero profundo consejo de nuestros padres antepasados. Es “lo innato” (nature) trabajando en armonía con “lo adquirido” (nurture).

El segundo argumento en contra del rol masculino como es caricaturizado por Brannon fue que este consejo no es más necesario—el argumento de que “la masculinidad no es más necesaria”. Hay algo en este argumento. El filósofo Nassim Nicholas Taleb recientemente escribió que, “Lo opuesto a la masculinidad no es cobardía; es tecnología”[37].

The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) contiene un ensayo por el sociólogo John H. Gagnon titulado “” (Fuerza física, una vez trascendente). Gagnon argumentó que mientras los juegos deportivos de los chicos siguen produciendo jerarquías sociales basadas en la fuerza física y la destreza, en la adultez la fuerza física y la destreza tienen poco valor económico debido a los avances en la tecnología. Esto es probablemente más cierto hoy a lo que fue en 1976. Habiendo pasado cinco años llevando bandas trotadoras y mancuernas arriba y debajo de los gimnasios caseros de los ricos –para que puedan “ponerse en forma”—estoy muy consciente de que el trabajo duro no paga tan bien como la neurocirugía.

Gagnon afirmó que en complejas naciones industrializadas, la fuerza no justifica las jerarquías patriarcales tan convincentemente como solía hacerlo. La “cualidad cerebral” de la guerra moderna, él imaginó, ejemplificaba el loco vago discapacitado retratado por Dr. Strangelove en una de las películas de Kubrick. Esto es una exageración. La guerra moderna sigue siendo extremadamente demandante físicamente. Los soldados a menudo tienen que cargar sus poderosas armas automáticas en terrenos hostiles. Los conflictos actuales del tipo “Estado contra guerrilla, insurgente o terrorista” hace un futuro cercano de guerras que se resuelven con tan solo presionar un botón, cada vez más lejano.

En las “economías del conocimiento” del primer mundo, es cierto que en general las virtudes marciales (virtus para los antiguos romanos) de nuestros ancestros pueden perjudicar a un hombre. Defender su honor puede probablemente meterlo en prisión. Los hombres se encuentran a sí mismos pasando un tiempo encerrados por riñas, por no decir duelos. Pocos hombres tienen una vida decente de hacer trabajo físico. Incluso industrias como la construcción están tan altamente reguladas y cuidadosamente administradas por abogados y compañías de seguros de tal manera que atrevidas aplicaciones de fuerza y habilidad son desalentadas por lo que los empleados estrella llevan corsés para la espalda y chalecos reflectivos naranja en los que se lee “LA SEGURIDAD ES PRIMERO”.

Este es el mundo en el que vivimos, aunque es también verdad que naciones ricas se basan fuertemente en el riesgoso y duro trabajo de hombres que viven en países más pobres. Aún así, debemos ser cuidadosos y no confundir entre “moderno” y “mejor” o “permanente”. ¿Es nuestro arreglo contemporáneo mejor? ¿Si es así, entonces para quienes? ¿Cui bono? ¿Es permanente? ¿Las cosas seguirán siendo de esta manera? ¿Alguna vez necesitaran los hombres volver a ser fuertes o valientes? ¿Si abandonáramos las virtudes masculinas que han caracterizado el rol masculino durante toda la historia humana, quién será voluntario para arriesgar su vida para protegernos de los hombres que no han abandonado aquellas virtudes? ¿Dado que es natural para los hombres, o al menos para una porción de ellos, desear el conflicto y arriesgarse, seguirán tomando esos riesgos si son despreciados por ello—si todo lo que les ofrecemos es un cheque? ¿Miran los hombres programas de televisión acerca de los pocos hombres que quedan quienes hacen sucios y peligrosos trabajos, tan solo por curiosidad o porque secretamente odian sus propias debilidades y sus vidas predecibles a prueba de niños para fantasear que hacen algo donde sus acciones tienen consecuencias inmediatas y significativas?

El tercer argumento principal en contra del rol masculino tradicional es que “la masculinidad causa inaceptables daños colaterales”. Hombres pro-feministas, al ser feministas, están preocupados principalmente por cómo las mujeres han sido heridas, subyugadas o incomodadas por estructuras sociales patriarcales. Las mujeres, en su mayor parte, ganan muy poco como resultado de conflictos violentos entre hombres y tienen demasiado que perder. Los hombres ganan estatus, derechos para jactarse y, al menos en los viejos días, varios tipos de culitos. Las mujeres pueden llegar a perder sus medios de apoyo y protección y, al menos en los viejos días, estaban en riesgo de ser raptadas, violadas y embarazadas por un nuevo “marido”.

Y aún así, las mujeres han clamado a menudo en pro de la guerra, porque hay algo que decir para pertenecer a un grupo de victoriosos hombres de alto estatus. Por ejemplo, el movimiento de la “pluma blanca” durante la Primera Guerra Mundial. Las mujeres en Gran Bretaña le daban plumas blancas –simbolizando cobardía—a hombres que no estaban en uniforme. Esta es difícilmente la primera y la última vez en que las mujeres incitaron a los hombres a ir a la guerra. Más recientemente, muchas estadounidenses pidieron venganza por la destrucción del World Trade Center el 11 de Septiembre de 2001. En un nivel interpersonal, la mayoría de los hombres están familiarizados con el escenario en que una mujer “firma un cheque que él tendrá que canjear”. Algunas mujeres son conocidas por provocar conflictos entre hombres al gritar de forma casual palabras incitadoras, insultos y amenazas –precisamente porque de ellas no se espera que peleen. Las mujeres a menudo pueden hablar mierda con impunidad.

Aunque algunas veces los hombres provocan problemas, es verdad que las mujeres y los niños han sido a menudo las víctimas de las guerras y los conflictos que ni empezaron ni querían desde un comienzo. Esto es, claramente, injusto –especialmente si se cree que los sexos son básicamente intercambiables y lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa. Si usted puede ver a los hombres y a las mujeres como dos animales humanos apenas diferentes entre sí con estrategias reproductivas en conflicto, luego entonces, la “justicia” y la “igualdad” son objetivos imposibles. EN lugar de intentar de imponer una obsoleta igualdad entre manzanas y naranjas, la pregunta se transforma, “¿Cuán justo es suficientemente justo?”

Con frecuencia se afirma que los hombres en sí mismos son el daño colateral de su propia agresiva búsqueda de estatus, pero esta línea de pensamiento nos regresa al argumento falaz del fracaso, anteriormente enunciado y contradicho.

A pesar de sus habladurías, dudo que las personas quieran realmente la justicia, la igualdad o la “paz”. Estrategias ideadas tener la paz y la igualdad a nuestro alcance invariablemente blandean el hacha de la coerción violenta, quitándosela a las manos de un grupo y pasándola a las manos de otro. Este –no la “igualdad”—ha sido el logro del feminismo. Por la primera vez en la historia, al menos en esta escala, las mujeres blandean el hacha del Estado por encima de los hombres.

Los autores de The Forty-Nine Percent Majority (La Mayoría del cuarenta y nueve por ciento) explícitamente creían que las mujeres estarían mejor hechas para gobernar hasta que los hombres fueran curados de su masculinidad y se liberaran del código penal del rol masculino. Mientras ellos y sus herederos intelectuales se posicionaron a sí mismo como expertos al explorar un nuevo campo de estudio, la suya no fue una expedición en búsqueda de la verdad. Ellos eran fervientes feministas desde un comienzo y sus caricaturizadas malinterpretaciones de la masculinidad propaganda diseñada para difamar a los hombres, trivializar la masculinidad y valorizar a las mujeres. A menudo, su presunción básica  acerca de la flexibilidad de los roles de los sexos y la naturaleza humana estaban basados en desacreditada y parcializada antropología. Algunas veces, su trabajo fue claramente una venganza intelectual por haberse sentido inadecuados en el mundo de los hombres. Sus argumentos primarios en contra de los tradicionales modelos de masculinidad son subjetivos, falaces y parcializados. Sus conclusiones están en conflicto con la naturaleza humana, las conclusiones de biólogos evolucionistas y modelos interculturales de ideales masculinos a través de la historia.

¿Cuándo y donde la mayoría de los hombres no ha querido ser conocido por la fuerza, la valentía y el éxito?

¿Cuándo y dónde no se han preocupado por su posición esntre los otros hombres?

¿Cuándo y dónde han querido ser conocidos como “debiluchos”/”Afeminados”/”mariquitas”?

Cualquier respuesta será invariable e inevitablemente referencia desesperada a grupos de hombres que son raros, escasos, separados y excepcionales.

Brannon estuvo en lo correcto respecto de alguno de los temas básicos de la masculinidad, pero éstos no son temas “americanos” y no están ligados a ninguna época o lugar en particular. Ellos pueden ser aislados del erróneo ruido de su presentación para ser universalizados.

El estatus de un hombre como hombre, su identidad masculina –su honor—ha sido tan crítico a su sentido de valor propio que a través de la historia humana innumerables hombres y mujeres han trabajado para darle forma a la “Forma” de la masculinidad para reflexionar sus propios intereses y valores. El orgullo masculino puede ser el bien más grande para un hombre y su mayor debilidad. La gente usa el sentido de identidad de un hombre para manipularle. Algunas veces “sé un hombre” (man up) simplemente significa “haz lo que quiero”.

La gente de la calaña de Brannon juega un juego interesante. Saben muy bien que los hombres están preocupados por su reputación como hombres. Saben muy bien que los hombres quieren ser vistos como fuertes por lo que los incitan y les dicen que su deseo por la fuerza es lo que los hace débiles. Los reimaginadores le dicen a los hombres que reimaginen la fuerza.

¿Abandonar su preocupación por la fuerza o reimaginar la fuerza en pro de los mejores intereses de un hombre?

Depende del hombre y del contexto. La respuesta es filosófica, subjetiva e incierta. Lo que sí es cierto es que al abandonar su procupación e interés en la fuerza o al reimaginar la fuerza él estará sirviendo los intereses de aquellos que le dicen que cambie.


[1] Melnick, Meredith. “Masculinity, a Delicate Flower.” Time 5 May 2011. Web. 24 May 2011. http://healthland.time.com/2011/05/05/masculinity-a-delicate-flower

[2] “Leadership.” nomas.org (National Organization for Men Against Sexism, official site). Web. 23 Apr. 2011. http://www.nomas.org/leadership

[3] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 1-42. Print.

[4] A quick Google Books search for “Brannon Big Wheel Sissy” yielded over 200 references to Brannon’s list in various books and journals for popular as well as academic audiences.

[5] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. vii. Print.

[6] Ibid. 5.

[7] Ibid. 3.

[8] Fortune, R.F. “Arapesh Warfare.” American Anthropologist 1.1 Jan. (1939): 22-41. JSTOR. Web. 25 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/661720

[9] Roscoe, Paul. “Margaret Mead, Reo Fortune, and Mountain Arapesh Warfare.” American Anthropologist 105.31 Sept. (2003): 581-91. JSTOR. Web. 26 Apr. 2011.  http://www.jstor.org/stable/3566907

[10] Bashkow, Ira, and Lise M. Dobrin. “The Anthropologist’s Fieldwork as Lived World: Margaret Mead and Reo Fortune among the Mountain Arapesh.” Paideuma 53 (2007): 79-87. JSTOR. Web. 27 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/40341946

[11] Gewertz, Deborah. “A Historical Reconsideration of Female Dominance among the Chambri of Papua New Guinea.” American Ethnologist, 8.11 Feb. (1981): 94-106. JSTOR. Web. 27 Apr. 2011. http://www.jstor.org/stable/644489

[12] Margaret, Mead. Sex and Temperament: In Three Primitive Societies. 1935. Harper Perennial, 2001. 262. Print.

[13] Hecho curioso: εὐγενής, la raíz griega de eugenesia significa bien nacido, de noble raza, de gran linaje. Es también la raíz del nombre “Eugenio(a)”

[14] Freeman, Derek. Margaret Mead and Samoa. N.p.: Harvard University Press, 1983. 10. Print.

[15] Wrangham, Richard, and Dale Peterson. Demonic Males : Apes and the Origins of Human Violence. New York: Mariner Books/Houghton Mifflin Company, 1996. 95. Print.

[16] Freeman, Derek. Margaret Mead and Samoa. N.p.: Harvard University Press, 1983. 82-94. Print.

[17] Ibid. 66-73, 131. Ta’aū, la isla más grande en la Samoa Americana fue la isla que ella famosamente estudió.

[18] Ibid. 157-173.

[19] Brown, Donald E. “Human Universals.” DePaul University, n.d. Web. 19 Feb. 2011. http://condor.depaul.edu/mfiddler/hyphen/humunivers.htm

[20] Ibid.

[21] Thornhill, Randy and Palmer, Craig T., A Natural History of Rape : Biological Bases of Sexual Coercion. The MIT Press. 2000. 37-38. Print.

[22] Ibid. Note: La lista de Thornhill and Palmer’s fue una colección de predicciones hechas por una amplia variedad de científicos que fueron citados en sus listas originals. Los lectores son enormemente aconsejados a comprar el libro de Thornhill and Palmer’s book, e investigar estas referencias por sí mismos. La MIT Press es llamada a hacer este excelente libro disponible via Kindle, Ipad, etc.

[23] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 16. Print.

[24] Ibid. “The Politics of Vulnerability.” 51-54.

[25] Ibid. “The Inexpressive Male: A Tragedy of American Society.” 55-57.

[26] Algunos de los mejores textos acerca de cómo funciona la selección sexual en el mundo real pueden ser encontrados en http://heartiste.wordpress.com/

[27] Incluso en la época de Brannon, era sabido que la mayoría de las culturas alrededor del mundo reverenciaban a los hombres Fuertes, valientes y altos en estatus. Las “instancias negativas” de Mead causaron sensación precisamente porque parecían ser la excepción a la regla.

[28] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 42. Print.

[29] Doupkil, Tony. “Dead Suit Walking.” Newsweek 17 Apr. 2011. Web. 29 Apr. 2011. http://www.newsweek.com/2011/04/17/dead-suit-walking.html

[30] Romano, Andrew, and Tony Doupkil. “Men’s Lib.” Newsweek. 20 Sept. 2010. Web. 24 Feb. 2011. http://www.newsweek.com/2010/09/20/why-we-need-to-reimagine-masculinity.html

[31] McGrath, Charles. “The Study of Man (or Males).” The New York Times 7 Jan. 2011. Web. 29 Apr. 2011. http://www.nytimes.com/2011/01/09/education/09men-t.html

[32] Kimmel, Michael. Guyland. 2008. HarperCollins e-books. Kindle. Loc. 902.

[33] Mishima, Yukio. Sun and Steel. 1970. Trans. John Bester. Kodansha International, 2003. 41. Print.

[34] Harris, Daniel. The Rise and Fall of Gay Culture. Ballantine Publishing Group, 1997. 13. Print.

[35] Ibid. 10, 26.

[36] David, Deborah S., and Robert Brannon, eds. The Forty-Nine Percent Majority : The Male Sex Role. Philippines: Addison-Wesley Publishing Company, 1976. 66. Print. (The Forty-Nine Percent Majority contains a chapter on “Homophobia Among Men,” and its author, Gregory K. Lehne continues to specialize in “Evaluation and treatment of sexual and gender identity concerns in children, adolescents and adults.  Research and theory on the nature of human sexuality, lovemaps, sexual orientations and gender identities.” http://www.hopkinsmedicine.org/psychiatry/expert_team/faculty/L/Lehne.html

[37] Taleb, Nassim Nicholas. The Bed of Procrustes: Philosophical and Practical Aphorisms. Random House, 2010. Kindle. Loc. 163.

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