¿Qué es un Hombre? La Alegoría de la Carroza

La Alegoría de la Carroza | Entendiendo a Platón, Sócrates y el Thumos

Nota de El Traductor: Esta es la traducción del primer artículo ¿What is Man? The Allegory of The Chariot: Understanding Plato, Socrates and Thumos de una gran serie de artículos escritos por Brett & Kate McKay en su gran sitio web The Art of Manliness o El Arte de la Hombría, dedicado a “revivir el perdido arte de la hombría” con artículos que desde 2008 le enseñan a sus lectores habilidades, hábitos, experiencias y los motivan a ser mejores hombres en un mundo en que la masculinidad es un arte en vía de extinción.

phaedrus

¿Qué es un hombre? ¿Qué tipo de hombre debería ser yo? ¿Qué significa vivir una buena vida? ¿Cuál es la mejor manera de vivir y cómo alcanzo la excelencia? ¿A qué debo apuntar y qué entrenamiento y prácticas debo yo hacer para lograr esos fines?

Tales preguntas han sido formuladas por miles de años. Pocos hombres se han enfrentado a ellas y nos han proporcionado aproximaciones más profundas a las respuestas que las que nos han dado los filósofos de la antigua Grecia. En particular, la visión de Platón de la naturaleza tripartita del ser o de la psique, como se explica en la Alegoría de la Carroza es, es algo a lo que he estado volviendo constantemente a lo largo de mi vida. Simboliza como ninguna otra ilustración lo que es un hombre, lo que puede ser y lo que él debe hacer para unir esos dos puntos y alcanzar la andreia (masculinidad), arête (excelencia) y finalmente eudaimonia (pleno florecimiento humano).

Hoy discutiremos tal alegoría y su significado. Aunque un entendimiento de toda la alegoría y su reflexión pueden dar gran introspección, el fin último de este artículo es, de hecho, poner las fundaciones de dos posts por venir en loa cuales descubriremos la naturaleza de uno de los componentes de la visión de Platón del alma que ha sido casi enteramente perdida para los hombres modernos: thumos.

La Alegoría de la Carroza

En Phaedrus, Platón (a través de su portavoz, Sócrates) comparte la alegoría de la caverna para explicar la naturaleza tripartita del alma humana o psique.

La Carroza es halada por dos corceles alados, uno mortal y el otro inmortal.

El Caballo Mortal es deformado y obstinado. Platón describe este caballo como un “torcido y torpe animal, que de algún modo se mantiene en una sola pieza…de un color oscuro, ojos grises y complexión sanguínea; el compañero de la insolencia y el orgullo, terco y sordo, difícilmente obediente al látigo y al incentivo”.

El Caballo Inmortal, por otro lado, es noble y vivaz, “erecto, firme y limpiamente tallado… su color es blanco y sus ojos son negros; es un amante del honor y de la modestia y del coraje, seguidor de verdadera gloria; no necesita el toque del látigo, pero está guiado por la palabra y por la razón”.

En el asiento del conductor se encuentra el auriga, cuya tarea es guíar a esos dispares corceles, guiándolos y arriándolos para que impulsen el vehículo con fuerza y eficiencia. ¿El destino de la Carroza? La cresta del cielo, más allá de dónde se alcanza a ver las Formas: las esencias de las cosas como la Belleza, la Sabiduría, el Coraje, la Justicia, el Bien –la Verdad eterna y el Conocimiento absolutos. Estas esencias alimentan las alas de los Caballos, manteniendo la Carroza en vuelo.

El auriga se une a una procesión de Dioses, guiados por Zeus: un viaje a los cielos. A deferencia de las almas humanas, los Dioses tienen dos caballos inmortales que llevan sus Carrozas y tienen la facilidad de tomar vuelo. Los Mortales, por su parte, tienen un viaje mucho más turbulento. El Caballo Blanco quiere alzarse en vuelo, pero el Caballo Negro intenta halar el carro de regreso a tierra. Como los caballos halan en direcciones opuestas, y el auriga intenta lograr que sincronicen su vuelo, su carroza se mece hacia arriba, por encima del límite del cielo, y de nuevo hacia abajo, pudiendo él echar un leve vistazo a la grandeza en el más allá, antes de hundirse una vez más.

Si el auriga es capaz de vislumbrar las Formas, él puede seguir un poco más dando vueltas en la procesión alrededor de los cielos. Pero si él no puede exitosamente pilotar el carro, las alas de los caballos se marchitarán por la falta de alimento [las Formas] o se desprenderán cuando los caballos colisionen y se ataquen entre sí o por chocar por las carrozas de otras almas. Así, la carroza se desplomará a tierra, los equinos perderán sus alas y el alma se personificará en carne humana. El grado en el cual el alma caiga y el “rango” del ser mortal se basan en la cantidad de Verdad que pudo divisar mientras se encontraba en los cielos. Muy parecido a la idea de la reencarnación. El grado de la caída también determina cuánto será necesario para que los Caballos regeneren sus alas y tomen vuelo una vez más. Básicamente, entre más Verdad haya experimentado el piloto en su viaje, más superficial será su caída y más fácil le será levantarse y tomar vuelo de nuevo. El regeneramiento de las alas es acelerado por el alma mortal cuando encuentra personas y experiencias que contienen toques de divinidad y le llaman de nuevo a su memoria la Verdad que divisó en su preexistencia. Platón describe estos momentos como “mirar a través del traslúcido vidrio” y apresuran el retorno del alma a los cielos.

 

INTERPRETANDO LA ALEGORÍA.

La Alegoría platónica de la Carroza puede ser interpretada en varios niveles –como un símbolo del camino para convertirse en una especie de Dios, de trascendencia espiritual, de progreso personal y logro de estatus de “Superhumano”, o de salud psicológica. Hay mucho más que uno puede ponderar sobre ella. A continuación rebuscaremos en varios de los puntos principales.

El Alma Tripartita.

La Carroza, el Auriga y los Caballos Blanco y Negro simnbolizan el alma y sus tres componentes principales.

El Auriga representa la Razón del Hombre; el Caballo Negro, sus apetitos; y el Blanco, su thumos. Exploraremos la naturaleza del thumos con mayor profundidad en el siguiente post, pero por ahora, puedes leerlo simplemente como “coraje/espíritu”. Otro modo de denominar los tres elementos del alma es como amante de la sabiduría (Auriga), el amante de la ganancia (Caballo Negro) y el amante de la victoria (Caballos Blanco). Aristóteles describió los tres elementos como lo contemplativo, hedonístico y político; y como conocimiento, placer y honor.

Los griegos vieron estos elementos como entidades físicas y casi independientes, no como cuerpos en sí, sino como fuerzas reales, como la electricidad que puede mover a un hombre a actuar y pensar en ciertas maneras. Cada elemento tiene sus propias motivaciones y deseos: la Razón busca la verdad y el conocimiento; los Apetitos buscan la comida, la bebida, el sexo y la abundancia material; y el thumos busca la gloria, el honor y el reconocimento. Plato creía que la Razón tiene los más altos fines, seguida del Thumos y por último los Apetitos. Pero cada fuerza del alma, si es propiamente arriada y empleada, puede ayudar a un Hombre a convertirse en un eudaimon.

La labor de la Razón, con la ayuda del Thumos, es discernir los mejores objetivos a perseguir para luego entrenar sus “caballos” para que aprendan a trabajar juntos hacia esos fines. Como el Auriga, él debe tener visión y propósito –él debe saber hacia dónde se dirige— y él debe entender la naturaleza y los deseos de sus dos caballos si él desea propiamente canalizar sus energías. Un auriga puede errar ya sea por no poder enganchar uno o ambos caballos a la carroza, como por no poder refrenar sl caballo y en su lugar dejarlo correr salvajemente. Para el segundo caso, Platón afirmó, “la mejor parte [la Razón] es naturalmente débil en un hombre por lo que no puede gobernar y controlar las bestias que viven en su interior, solo pudiendo servirles y no puede aprender nada más que las formas de halagarlas”.

Obteniendo la completa armonía del espíritu.

El experto no ignora sus propias motivaciones ni los deseos del thumos y del apetito, pero tampoco deja que sus caballos se desenfrenen salvajemente. Él deja que la Razón gobierne, hace inventario de todos sus deseos, identifica los mejores y más verdaderos –aquellos que lo guían a la virtud y la verdad— y guía sus caballos hacia ellas. Él no las ignora ni se entrega a ellas –él las arrea. Cada caballo tiene sus propias fortalezas y debilidades: el caballo blanco puede llevar a cualquier hombre por el camino equivocado del mismo modo en que puede hacerlo el caballo oscuro, pero cuando es adecuadamente entrenado, el Thumos se convierte en el aliado del Auriga. Juntos, la Razón y el Thumos trabajan en halar los apetitos a la sincronía.

En lugar de hacer una “guerra civil entre ellos”, el hábil auriga entiende cada rol que las tres fuerzas de su alma juegan por lo que sabe guiarlas en su rol sin usurpárselos ni permitiéndoles que interfieran entre sí. Él alcanza la armonía entre los elementos. Así, en lugar de sisipar sus energías en direcciones contradictorias y perjudiciales, él canaliza estas energías hacia sus objetivos.

El alcanzar esta armonía del espíritu, Platón afirma, es un precursor para abordar cualquier otro esfuerzo en la vida:

“habiendo alcanzado primero la maestría sobre sí mismo y un bello orden en su interior, habiendo armonizado estos tres principios, las notas o intervalos de los tres términos: el más bajo, el más alto y el intermedio, y todos los demás que puede que haya entre ellos; y habiéndolos vinculado y atado a los tres entre sí haciendo de sí una sola unidad, un hombre en lugar de muchos, auto controlado y en unísono, él debería desde entonces y solo desde entonces, voltear a la práctica ya sea en la consecución de riqueza, en las ocupaciones de la carne o puede que en la acción política o en los negocios privados, en todas esos esfuerzos creyendo y nombrando la justa y honorable acción que preserva y ayuda a producir esta condición del alma”

Respecto de la naturaleza fundamental de ganar dominio sobre el alma de uno mismo, Platón agrega,

“es la razón principal de por qué debería ser nuestra primera preocupación que cada uno de nosotros, abandonando todos los otros estudios, deberíamos buscar y estudiar –si en cualquier modo fuese capaz de aprender y descubrir al hombre que le dará la habilidad y el conocimiento para distinguir la vida que es buena de la vida que es mala; y de siempre y en todo lugar poder escoger la mejor que las condiciones permitan”

Un hombre que haga de esta empresa su objetivo y permita que le guíe todos sus pensamientos y acciones, “felizmente será parte y disfrutará de aquellas cosas que él piensa lo hacen un mejor hombre, pero en la vida pública y en la privada él rechazará aquellas que derrocan el hábito establecido de su alma”.

Tomando Vuelo y Progresando en Nuestro Viaje.

A medida que vayas recordando, in la Alegoría de la Carroza, la carroza cae de los cielos cuando los Caballos no reciben el alimento adecuado que son las Formas, o cuando éstos se rebelan y el Auriga hace una pobre labor en dirigirlos. Perdiendo sus alas y teniendo que quedarse en tierra hasta cuando vuelvan a crecer –un proceso que es acelerado cuando se recuerda lo que se vio antes de la caída.

Platón creía que descubrir toda la verdad no era un proceso de aprendizaje sino de recordar lo que una vez se vio. Su filosofía puede ser interpretada literalmente como si dijera que nosotros tuvimos una preexistencia anterior a esta vida. Como también significa, en un sentido más figurativo, que nosotros nos salimos del camino para convertirnos en los hombres que deseamos ser cuando sucumbimos al vicio (ser vencidos por el Caballo negro). Tendemos a sucumbir al vicio cuando olvidamos quiénes somos, quiénes queremos ser y las reflexiones en estas dos piezas de conocimiento que hemos alcanzado y experimentado anteriormente pero que hemos olvidado. Hacer cosas que nos recuerdan las verdades que apreciamos nos mantienen “en vuelo” y en constante progreso con nuestras vidas.

Para leer más sobre este importante tema recomiendo: Hold Fast: How Forgetfulness Torpedos Your Journey to Becoming the Man You Want to Be, and Remembrance Is the Antidote

Entendiendo el Caballo Negro

En orden de poder entrenas y arriar el poder latent en las fuerzas de su alma, un hombre debe entender la naturaleza de sus “caballos” y cómo utilizar sus fortalezas y atar las riendas de sus debilidades.

El Caballo Negor de un Hombre –sus apetitos— no es difícil de entender. Tal vez has sentido su básico y primitiva fuerza halándote hacia el dinero, el sexo, la comida y la bebida muchas veces en tu vida.

A pesar de nuestro íntima relación con nuestros a petitos, o tal vez a causa de ella, el Caballo Negro no es fácilmente domable. Hacerlo requiere alcanzar la moderación o, como Aristóteles lo habría puesto, alcanzar la “media dorada” entre los extremos.

Un hombre que le da rienda suelta a sus apetitos es el hedonista descarado. Él no busca coger las riendas de su caballo negro en lo más mínimo, dejándole a este halar la Carroza siguiendo cual sea el placer que se cruce por su camino. Este es el hombre que no vive para nada más alto que para comer buena comida, embriagarse, tener sexo y hacer dinero. Persigue el lujo afeminado con abandono y es capaz de hacer lo que sea para alcanzarlo. Sin ningún control a su comportamiento, el resultado puede ser una gran panza, sesos podridos, una deuda masiva y una sentencia de prisión por el delito de corrupción.

Una vida enteramente dedicada a la satisfacción de las propias pulsiones corporales y pecuniarias hacen de un hombre un ser no muy diferente de los animales. Aristóteles denominó tal vida una existencia bovina, Platón por su parte afirmó que el resultado de dejarse a uno mismo ser dominado por sus apetitos es “la despiadada esclavización de la parte más divina de sí mismo a la más despreciable y profana”. Tal hombre, Platón sentenció, debería ser “considerado miserable”.

En el otro extremo del espectro se encuentra el hombre que ve sus deseos físicos como completamente equivocados o pecaminosos –problemáticas o malvadas piedras en el camino a la pureza espiritual o iluminación. Este hombre busca anular su carne y cortar sus apetitos de placer por completo. Este es el hombre que pasa demasiada parte de su vida pensando en el sexo como pecaminoso que ya no puede deshacerse de tal asociación y simplemente disfrutarlo, incluso después de estar casado. Aparta su mirada de las mujeres como si fueran porno viviente. La comida es meramente combustible. A menudo parece plano, estéril y cerrado a otros aunque a menudo puedas sentir los impulsos encerrados a presión, burbujeantes bajo la superficie que él ha intentado tanto negar. A causa de la falta de un saludable escape, ese burbujeo a menudo se convierte en un gas tóxico que un día estallará en una manera poco saludable.

Platón creía que los apetitos eran las más bajas de las fuerzas del alma y que dejar que el Caballo Negro te domine y te esclavice te va a llevar a una básica, unvirtuosa vida lejana de arête y eudaimonia. Sin embargo, él también dijo que el Caballo Negro, si era bien entrenado, tiene el potencial de impartir tanta energía a la carroza en la misma medida que el Caballo Blanco. La Carroza que se eleva más alto por los cielos hace uso de ambos caballos, halando sincronizadamente. Un auriga inexperto pero en proceso de aprendizaje no le da rienda suelta a su Caballo Negro, pero tampoco se deshace de él. Él lo arria y dirige la energía de manera positiva.

Entre el extremo de hedonismo desenfrenado y la supresión con mano de hierro sobre los apetitos corporales, yace un camino intermedio. Este es el hombre que mantiene un sentido de sensualidad y los pies en la tierra [earthiness], quien hace campo a los placeres del cuerpo y el dinero, pero poniéndolos en su lugar. Alguien que, como el Dr. Robin Meyers lo pone, es capaz de encontrar “la virtud en el vicio”. Disfruta el sexo completamente, pero dentro del contexto del amor y el compromiso. Disfruta la buena comida y la bebida sin rebosarse y excederse. Aprecia el dinero y lo que puede comprar con él, pero el adquirirlo no es su objetivo central.

El Caballo Negro, correctamente entrenado y dirigido, puede llevarlo a uno más cerca, no más lejos de la buena vida. Placeres satisfechos con discreción hacen a un hombre feliz y balanceado, lo hacen sentir saludable y lo suficiente mente motivado para encargarse de sus fines más altos. Los apetitos en sí mismos pueden llevar directamente a los objetivos más elevados. El deseo por ganar dinero, cuando es mantenido en balance, puede llevar al éxito, al reconocimiento y a la independencia. La lujuria, cuando es propiamente dirigida, guía a un hombre a amar. Platón creía que contemplar a quien se ama era un camino central a recordar la Belleza de entre las Formas y regenerar las propias alas para volver a dar otro viaje en los cielos.

Esta es la naturaleza del Caballo Negro –una fuerza que puede ser usada tanto para el bien como para el mal, dependiendo de la experticia del Auriga. Es relativamente fácil de comprender, si no, de vivir. ¿Ahora qué con el Caballo Blanco, Thumos? Este es otro asunto. No hay palabra en nuestro moderno idioma equivalente a este antiguo concepto. Lo hemos limitado a significar apenas “coraje/espíritu”, pero en realidad acompasa mucho, mucho más. Es de este tema que hablaremos la próxima vez.

Leer en Inglés Part II: Got Thumos?

Leer en Español Parte II: ¿Tienes tu Thumos?

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Puedes leer el complete El Fedro de Platón online en español gratis. Platón/Sócrates trató el tema desde otro ángulo y metáfora –la de un hombre racional, un león y un monstruo hydra –en el Libro IX de La República.

You can read the entire Phaedrus online for free here. Plato/Socrates hit the subject from another angle and metaphor – that of a rational man, lion, and hydra-like beast – in Book IX of the Republic.

Illustration by Ted Slampyak

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