¿Tienes tu Thumos?

Thumos y Por Qué la Pasión debe ser una Fuerza que Mueva tu Vida

Nota de El Traductor: Esta es la traducción del segundo artículo ¿Got Thumos?: Thumos and Why Passion Must be a Driving Force of Your Life de una gran serie de artículos escritos por Brett & Kate McKay en su gran sitio web The Art of Manliness o El Arte de la Hombría, dedicado a “revivir el perdido arte de la hombría” con artículos que desde 2008 le enseñan a sus lectores habilidades, hábitos, experiencias y los motivan a ser mejores hombres en un mundo en que la masculinidad es un arte en vía de extinción.

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La semana pasada exploramos la Alegoría Platónica de la Carroza (original en inglés), con la cual el antiguo filósofo solía explicar la naturaleza tripartita del alma o de la psiquis. En la alegoría, una Carroza (representando el alma) es halada por un rebelde Caballo Negro (simbolizando los apetitos del Hombre) y un brioso Caballo Blanco (simbolizando el Thumos). El Auriga, o la Razón, tiene la tarea de arriar y controlar la energía de ambos caballos, de lograr que los enérgicos corceles estén en sincronía para así pilotar con éxito la carroza hacia los cielos donde pueda presenciar la Verdad y convertirse cada vez más como los dioses.

Presentamos la alegoría no simplemente por los insights que puede ofrecer de la naturaleza del hombre y de cómo podemos progresar en nuestras vidas, sino más importantemente, poner las bases para sostener una discusión sobre el thumos.

Mientras que los otros componentes de la visión platonista del alma tienen equivalentes modernos, no hay palabra en nuestro idioma que verdaderamente pueda traducir toda la significación que encierra la palabra “thumos”. Esto es muy significativo. Cuando una cultura carece de una palabra para algo, es porque igualmente carece de su concepto.

Los griegos creían que el thumos es esencial para alcanzar andreia –masculinidad. Se menciona más de setecientas veces en La Ilíada y en La Odisea. El filósofo Allan Bloom lo denominó “la pasión central natural de las almas de los hombres”. Si hemos perdido la habilidad de reconocer, apreciar, cultivar y utilizar uno de los tres componentes principales de nuestra naturaleza, no deberíamos sorprendernos cuando le siguen consecuencias negativas a esto. Cuando se habla de una falta de virilidad, de lucha, de energía y de ambición en los hombres modernos, de una enfermedad en el espíritu que se ha posado sobre nuestro sexo; de lo que se habla en realidad es de una escasez de thumos. Para millones de hombres, el tumos yace dormido, una fuente de energía sin explotar. Es como si cada uno de nosotros tuviera un pura sangre del calibre del Derby de Kentucky esperando pasivo en el establo, listo y dispuesto a correr, pero mantenido encerrado, solo trotando de vez en cuando en paseítos a niñitos en sus fiestas infantiles.

Recuperar el entendimiento del thumos y de su rol como la fuente de energía vital de las almas de los hombres, será nuestra labor hoy.

¿Qué es thumos?

Como mencionamos la última vez, Platón visionó los tres componentes del alma como entidades independientes. El Thumos se pensó como la más independiente del grupo. Los griegos creían que existía en los animales en los humanos y en los dioses. El Thumos podía actuar separadamente de ti o en cooperación contigo –como un acompañamiento, una herramienta o  como la motivación detrás de alguna acción. Dado que es una parte distinta de ti, puedes hablarle, decirle que resista, que sea fuerte o que sea joven (el thumos se asociaba con la pasión y el poder de la juventud, pero los mayores podían tenerlo también). En La Iliada, Aquiles le habla a su “thumos de gran corazón” cuando estaba ansioso por el destino de Patroclo. Él también deleita a su thumos tocando la lira.

El filósofo griego Empédocles llamaba al thumos “el asiento de la vida”. Si te dejaba enteramente, te desvanecerías. La separación permanente significaba la muerte.

El Thumos, de la misma manera, constituye el “asiento de energía que puede llenar a una persona”, sirve como el agente activo dentro de un hombre. Es el estímulo, el impulso, el combustible de la acción –lo que hace que la sangre hierva y se mueva en tus venas. El filósofo Sam Keen tenía la idea con su concepto de “fuego en el vientre”.

Los romanos sostenían una creencia similar, igualando la energía con virtus o virilidad. “La total gloria del virtus”, Cicerón declaró, “reside en la actividad”.

¿Cuál es la naturaleza de esta energía y hacia dónde lleva? Los griegos veían el tumos como sirviendo distintas pero, al mismo tiempo, funciones interrelacionadas. Al igual que con el honor, es un concepto que era tan implícitamente entendido que no era necesario explicarlo. Intentar describirlo a la larga hizo que lo que una vez era una experiencia natural pareciese mucho más complicada de lo que es. Lo mejor que podemos hacer es ilustrarlo [el concepto de thumos] desde sus diferentes ángulos esperando que las piezas resuenen y formen un mosaico reconocible.

Nota: En este post usamos frases como “Los griegos creían…” Esto no es para implicar que los antiguos griegos fueran monolíticos en su filosofía –había diferentes ideas de masculinidad y thumos. Lo que hemos hecho aquí es destilar los temas centrales respecto del thumos, sobre los cuales no ha habido muchos desacuerdos, juntándolos con nuestra propia interpretación.

 

Las Funciones del Thumos

Asiento de Emoción

El Thumos es al mismo tiempo la fuente de la emoción y la emoción en sí misma. El agente y la función están fusionados. El Thumos es la fuente y la encarnación de cosas como la alegría, el dolor, el miedo, la esperanza y la aflicción. El Thumos también está interrelacionado con el amor. Los griefos dirían que tu podías amar a alguien “desde tu thumos”.

El Thumos está más relacionado, sin embargo, con la ira. En la literatura griega el thumos “hierve”, “se encoleriza” y “estalla”. Es un tipo especial de ira –activada cuando el honor de un hombre es violado, cuando su reputación está en la línea, cuando su familia y su propiedad están siendo amenazadas. Impulsa a un hombre a pararse por sí mismo, por su país, por sus seres queridos.

La ira del Thumos no solo puede dirigirse contra otros, contra enemigos externos; sino también contra uno mismo. El Thumos te hace enojar contigo mismo cuando no puedes vivir según tus principios ni según tu código de honor. Platón usa el ejemplo de un hombre quien ve una pila de cuerpos, aparta la mirada y sigue caminando, pero cuando vuelve de nuevo la mirada él se enfurece consigo mismo por haber cedido a una inclinación básica. El Thumos te puede poner indignado de tus propios deseos, si estos te compelen a hacer algo contrario a los dictados de la Razón.

El Impulso para luchar.

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El Thumos no solo produce ira, pero luego canaliza esa ira en el impulso para la lucha. Cuando Nestor, Rey de Pylos, recuerda sus hazañas del pasado, él dice, “Mi duro corazón resistente [thumos] en su audacia me llevo a luchar”. El Thumos motiva a los guerreros antes y durante el combate. Los griegos decían que los soldados valientes tenían un “thumos valiente” durante la batalla. En Los Siete contra Tebas, se dice que antes de la batalla los soldados y su “thumos de pulmones de hierro ardiendo de valor, respirando como si de leones resplandecientes con el poder de los dioses de la guerra se tratara”. El valor aquí se traduce de andreia – Hombría. El thumos de los guerreros resplandece con hombría en anticipación a la lucha.

Un hombre de thumos encuentra la gloria en la lucha –ya sea contra otros, contra los elementos de la naturaleza o contra sus instintos más másicos— como una manera de probar su determinación, su fuerza y probarse a sí mismo.

Coraje, Constancia, Indomabilidad

Una vez que un hombre está en una pelea, el thumos  lo impulsa, motivándolo a quedarse en la arena y a continuar, sin miedo, luchando por la victoria. Este “juego” (gameness) es una cualidad del thumos que el hombre comparte con las vestias. En The Fighters Heart, Sam Sheridan explora la centralidad del “gameness” en las peleas de perros. “Casi no nos importa cuán bien el perro pelee”, él anota, “la pelea es solo un elaborado test para verificar su gameness/juego”. Agrega un entrenador de perros con quien Sheridan habla: “Dame un perro cualquier día, un perro que muerda tan suave como un pañuelo pero que siga luchando y yo lo tomaré”.

La indomabilidad sin miedo es también central para el éxito del guerrero, quien no debe perder el corazón a medida que el calor de la batalla se intensifica y su moral blandea. Para motivar a sus respectivos ejércitos para que lucharan más duro en el fragor del combate, Ajax y Hector “revolvían el thumos y la fuerza” de cada uno de sus hombres.

Sin embargo, Platón no consideraba el gameness de los humanos como del mismo tipo al demostrado por los animales. En su lugar, él argumentaba que el thumos de un hombre, al menos después de ser propiamente entrenado, nace de un tipo racional de coraje –ese hombre es andreios (masculino/viril) cuando su thumos “obedece a la razón respecto de lo que debe y no debe temer, a pesar del placer y del dolor”. En otras palabras, en medio de una valiosa lucha tú temerariamente no subestimas  las amenazar reales que deben ser temidas ni sobreestimas las amenazas que no deben ser temidas; ni te desvías de tu curso ni por la satisfacción de perseguir la ciega venganza ni por el miedo de ser lastimado como tampoco por el amor a las comodidades y los lujos. Platón argumentó que andreia significaba conquistar el miedo y el dolor de cualquier tipo –ser el tipo de hombre “que confronta la mala fortuna en todos los casos con persistente resistencia”.

Evaluación, Discernimiento, Decisión.

Así que el thumos te mantiene en una pelea que tu Razón ha decidido vale la pena luchar. ¿Pero cómo haces tal determinación?

Platón creía, como Ángela Hobbs lo pone, que “el coraje envuelve tanto un compromiso emocional  como una creencia evaluativa; una apreciación emocional e intelectual por qué cosas vale la pena arriesgarse y en qué circunstancias.”

El Thumos juega un rol tanto en la parte emocional como en la parte evaluativa de tal ecuación. Como mencionamos la última vez, la labor de la Razón como el “Auriga” es de tomar cuenta de sus propios deseos y de aquellos de sus dos caballos para luego escoger satisfacer solo sus mejores y más verdaderos –aquellos que llevan a la virtud y arête, o excelencia. El aliado de la Razón en esta empresa es su Caballo Blanco, el Thumos, el cual puede ser entrenado para ayudarle a hacer este tipo de juicio.

Shirley Sullivan ofrece ejemplos de esta función del thumos en la literatura griega:

El Thumos es mencionado en conexión con numerosas actividades intelectuales. Estas incluyen ponderar, pensar, conocer, deliberar, planear y percibir. Muy a menudo una persona pone las cosas a consideración de su thumos. Odiseo ‘pondera los males con su thumos’. Zeus ‘piensa en eventos’ con su thumos a medida que observa la batalla de Troya… Hermes ‘delibera en thumos’ cómo extraer a Príamo seguro del campo de Aquiles. Circe le dice a Odiseo que ‘planee en su thumos’ el curso que tomará después de superar a las Sirenas. Telémaco le dice a Penélope que ahora que ha crecido, ‘él es capaz de percibir en su thumos’ tanto el bien como el mal. Es en el thumos que Hesiodo le dice a Perses que ‘considere’ el valor del espíritu competitivo”.

El Thumos es donde sopesas las posibilidades y al mismo tiempo te ayuda a saber y entender cuál de esas posibilidades escoger. Está relacionado con el sexto sentido y la intuición –lo que Jeffrey Barnow denomina “pensamiento visceral”— y también como poseedor de una cualidad profética –dándote una sensación de aprensión sobre a dónde puede llevar una decisión o de algo malo por venir.

Personalmente creo que puedes saber si una decisión es correcta cuando tanto tu mente como tu corazón están de acuerdo –cuando tu Razón y tu Thumos se alinean. Cuando sientas esa aceleración del corazón, ese curso de exaltación e inspiración corriendo por tus venas, ese es el thumos diciéndote que vas por el camino correcto.

Ambición y el Impulso por el Reconocimiento y el Honor

En contraste a los más bajos deseos del Caballo Negro simplemente por plaseres y abundancia material, el thumos busca independencia por encima de las posesiones y la sensualidad. Reconocimiento y honor por sobre seguridad. El Thumos desea orgullo y prestigio por sí mismos. Este impulso por reconocimiento le motivará a él a arriesgar mucho, incluso su propia vida, por su reputación como también por la reputación de un grupo del cual él es devoto. Platón califica al thumos “la parte ambiciosa [del alma] la cual es codiciosa de honor”.

El Thumos empuja a un hombre a despreciar la mediocridad y a querer superar al prójimo, a dominar y ser mejor de entre los mejores. El Thumos es en últimas lo que impulsa a un hombre a buscar la gloria, y por sobre todo, un legado.

Ahora podemos ver que mientras que el e thumos es a menudo traducido como coraje/espíritu, corazón, pasión, voluntad, ira, audacia o fiereza; es en realidad una combinación de todas esas descripciones y aún así es mucho más –algo que ninguna palabra moderna es capaz de describir enteramente. Tal vez la mejor y la más simple definición que he podido encontrar es “pensamiento energético que lleva a la acción”.

Domando el Caballo Blanco

Justo como el Caballo Negro de nuestros apetitos, el Caballo Blanco del Thumos puede ser usado tanto para el bien como para el mal. Los griegos lo consideraban tanto “lado oscuro”, “vano”, “terrible”, “codicioso” y “despiadado”… al igual que “valiente”, “noble”, “amable”, “moderado” y “fuerte”. Propiamente aprovechado y guiado tiene incluso más potencial de llevar a un hombre a la eudemonia o total florecimiento humano que el que pueda permitir el Caballo Negro. Pero si se le da rienda suelta, puede llevar a un hombre a fines destructivos. Depende del auriga que guíe su thumos por un noble camino.

Thumos desaprovechado.

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El auriga puede errar ya sea por no poder enganchar el Caballo Blanco a la carroza o por no ejercitarlo para que aumente su fuerza. Los griegos decían que el thumos de un hombre podía ser “lento” –ciertamente hay un buen número de hombres hoy que se adecúan a esa descripción. Un hombre carente de thumos es el nice guy que no se puede valer por sí mismo cuando otros lo irrespetan y se aprovechan de él. Es plácido. Está contento con la mediocridad o, al menos, no tiene la voluntad para mejorar las cosas. Es el tipo de chico que piensa que la entera idea de “masculinidad” es tonta y siente que está por encima de los “ignorantes” competiciones y carreras por posiciones que ocurren entre los hombre cuando muy, muy en lo profundo él está simplemente avergonzado de sentir que no podría hacer par y pararse entre ellos.

Thumos desenfrenado.

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Un hombre puede también irse hasta el otro extremo de no poder en lo más mínimo domar a su salvaje thumos. Los griegos llamaron esto “rendirse ante el thumos” o dejar que el propio thumos “corra más allá de toda medida”. Las consecuencias de dar rienda suelta al Caballo Blanco pueden variar. Cuando los griegos usaron el thumos negativamente, era más a menudo en el contexto de las emociones que ellos pensaban como pasiones. Estar dominado por las propias pasiones puede ser peligroso si usurpa el rol de la Razón y supera las facultades racionales de un hombre.

De las emociones, la ira era la más importante para controlar y canalizar. Contener la ira y contener el thumos estaban muy interconectados. Un tipo de hombre con thumos descontrolado es aquel quien quiere pelear con todos por todo. El tipo en el bar quien te choca el hombro por pensar que lo miraste feo. Está lleno de ira, pero no tiene ningún objetivo específico –solo está hirviendo dentro de él todo el tiempo, al menor impulso puede desencadenarla. El Thumos es como el fuego –contrólalo y tendrás un gran poder, juega con él y puedes salir quemado consumiendo todo lo que toques.

Para los griegos, Aquiles era el arquetipo de un hombre quien rendía mucho de sí a su thumos. El thumos de Aquiles impartía muchas cualidades a este guerrero consumado; él es fuerte, valiente, agresivo cuando es agraviado, impulsado al éxito y casi invulnerable. Pero su incandescente ira y preocupación por el honor a veces lo llevaron a la terquedad y al deshonor. La Ilíada lo describe como movido por menos [ira] y rebosante thumos. Sus dos primeras líneas dicen mucho: “Canta, Diosa, de la Ira del Hijo de Peleo, Aquiles/ la maldita rabia que trajo gran sufrimiento a los Aqueos”. Cuando Agamenon le roba a Aquiles su botín de guerra y amante, Briseida, Aquiles se encolerizó por su deshonor y se negó a luchar o a liderar sus tropas. Antes de ejecutar a Héctor, su némesis le imploró por un entierro honorable a lo cual Aquiles rugió en respuesta: “mi rabia, mi furia [thumos] me impulsan a arrancarte tu carne y comerla cruda –¡tantas agonías me has causado!”. Mata a Héctor, lo ata a una carroza y vergonzosamente lo arrastra de un lado a otro en frente de las puertas de Troya. A razón de tales actos, Ajax dice que Aquiles ha dejado que su thumos se vuelva “salvaje, implacable e incluso descaradamente malo”. Apolo etiqueta su thumos como “arrogante”.

Los griegos también advirtieron que el thumos desenfrenado podía ser “tonto” y “frívolo”, llevando a un hombre detrás de uno y de otro flash de inspiración. Con esto hablaban del segundo tipo de hombre quien deja su thumos correr sin control –aquel quien se le ocurre una nueva idea, se llena de excitación por unos pocos días o semanas, pero no tiene el impulso para seguir. Rápidamente se aburre y continúa con la siguiente gran cosa por la cual está “super apasionado”. Su thumos está constantemente persiguiendo una cosa u otra sin ningún fin o propósito claro.

El Thumos bajo el dominio del Caballo Negro

Además de no poder utilizar el Caballo Blanco o de dejarlo correr descontroladamente, un problema adicional que el Auriga debe evitar es dejar que su Thumos entre en sincronía con el Caballo Negro en lugar del modo contrario.

Como podrás recordar de la última vez, el Caballo Blanco, cuando es adecuadamente entrenado se convierte en el aliado del piloto del carro. Idealmente, la Razón y el Thumos trabajan juntos para alinear al Caballo Negro en su misión y cadencia. Cuando hay conflicto ente lo que la Razón sabe que es lo correcto y lo que los Apetitos quieren hacer, el Thumos entra a la acción para defender los fines de la Razón, pero si esta no es cuidadosa, el Caballo Negro puede hacer que el Caballo Blanco se vuelva su aliado.

Cuando esto sucede, lo que obtienes es lo que llamamos “hedonismo vigoroso” –algo que los griegos observaron a lo que los jóvenes son especialmente susceptibles. El Thumos siente el deseo de hacer grandes cosas, de ser apasionado, de enfrentar una aventura y tomar riesgos, de vivir la vida plenamente, pero el Caballo Negro se aprovecha de esta motivación y la desvía  en un estrecho e inferior canal –la mera afición por irse de fiesta. El Thumos quiere vivir realmente, solo que desafortunadamente los Apetitos lo convencen de que noches de fiesta embriagándose en los mismos bares una y otra y otra vez es vida. Parte de este hombre se lamenta el hecho de que nunca parece llegar a ninguna parte ni ver nada, pero el Caballo Negro acalla tal preocupación diciendo que en realidad sí está viviendo, mientras le da a beber otra copa.

El Thumos propiamente aprovechado

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El Thumos, adecuadamente entrenado y conducido puede ser uno de los más grandes aliados de un hombre –inspirándole y guiándole, exaltándolo e impulsándolo, urgiéndolo hacia los picos de la grandeza. Puede percibir sus posibilidades y hacerlas reales. Los griegos creían que un hombre experimentaba la verdadera felicidad “in thumos”.

La manera de hacer mejor uso del thumos es “simple”: dirigiéndolo hacia sus fines naturales –lo que es noble, fino, honorable y excelente. Platón creía que el thumos estaba hecho para “pelear en pro de lo que parece justo”, y los griegos vieron esta fuerza del alma como la esencial en hacer elecciones morales. En la poesía de Bacchylides, Apollo declara que el modo de “deleitar el thumos” es “haciendo actos buenos …ya que esta es la más alta de las ganancias”.

En orden de poder lograr que el thumos persiga fines nobles, Platón afirmó, tú tienes que enseñarle a responder a la Belleza, a la Verdad y al Bien. Esto puede ser hecho, creo yo, aprendiendo a usar y a ajustar tu radar innato para tales cosas. Cuando tú encuentras lo que es Bueno, tú puedes sentirlo resonar en tu alma y sentir cómo se hincha tu corazón. Interesantemente, una de las funciones que los griegos le asignaban al thumos era ser el productor del “temor reverencial”. La prueba de que algo es Bueno es que te ayuda a ser un mejor hombre –trae buenos frutos. Entre más tu thumos descifre estas señasles y se guíe por ellas, mejor se volverá en ello y a medida que este ciclo virtuoso continúe, tu thumos crecerá cada vez más fuerte y tu progresarás cada vez más como hombre.

El thumos no simplemente te impulsa a lo que es bueno, te inspira a pelear por ello. El hábitat natural del thumos es el campo de batalla. Su naturaleza más esencial es aquella de un llamado al coraje, la fuerza y la indomabilidad del guerrero en combate. Pero su incentivo, su espuela para la lucha opera también por fuera del campo de batalla. Impulsa a un hombre a ponerse de pie por sus ideales, causas más queridas y elecciones morales. También es su combustible para el deseo de reconocimiento, honor y estatus –el impulso que lo lleva a convertirse en lo mejor de lo mejor en la arena de la competición –ya sean los deportes, la profesión o simplemente la vida en sí misma. En cualquier situación en la que tu escoges no rendirte ni retroceder en tus creencias y objetivos a pesar de la oposición, negándote a rendirte cuando otros te aplastan, en situaciones como esta el Thumos está de tu lado.

Thumos es igualmente lo que lleva a un hombre a luchar por una vida menos ordinaria –una llena con más riesgo y aventura. Thumos es esa fuente fe vitalidad que empuja a un hombre a vivir la vida tanto como le sea posible, beber de ella tanto como pueda, elegir la “vida agotadora” por sobre la auto indulgencia y la mediocridad.

El Thumos y las Habilidades Técnicas

Cualquiera que sea la lucha en que un hombre esté involucrado, Platón dijo que la adquisición de habilidades técnicas –dominio, maestría, experticia [mastery]—puede actuar como un estímulo para el coraje y como una ayuda para el thumos. La práctica constante le da a un hombre la confianza que puede reforzarlo en el fragor del estrñes y de la oposición. Por ejemplo, entre más un soldado ha sido entrenado y ha practicado vigorosamente las artes de la guerra y de la defensa, más es él capaz de confiar en ese entrenamiento en medio del fragor de la batalla y menos probabilidad habrá de que se paralice o se rinda. En palabras de Hobbs:

“Las habilidades técnicas por sí solas no sustituyen el coraje; ni pueden proporcionar thumos si este está del todo ausente.  Ellas pueden, sin embargo, ayudar a reforzar el thumos y hacerlo más efectivo …Platón no confunde la técnica con la virtud, pero él es claro en ver la necesidad de proporcionar el mejor escenario posible para que la virtud se desarrolle”.

El Thumos Emasculado

¿Por qué parece que muchos hombres carecen de thumos en la actualidad?

El thumos es una fuerza potente –descontrolada destruye, pero domada crea. El thumos del hombre es responsable del progreso de la sociedad.

En el día moderno, en lugar de ayudarle al hombre a aprovechar su thumos de maneras positivas, la sociedad ha decidido que es mejor castrar la fuerza del todo. Para proteger a algunas personas de que salgan lastimadas, hemos intentado extraerla de los genes de los hombres, incluso si sus efectos positivos son sacrificados al igual que los negativos. Es como deshacerse de la electricidad, junto con todos los beneficios que nos brinda, en razón de que algunas personas se han electrocutado.

Desde una edad temprana, a los varones se les enseña a sentarse quietos y callados. Las confrontaciones físicas de cualquier tipo resultan en suspensión. La competición es rechazada porque significa que algunos van a perder y se van a sentir mal. Los premios y reconocimientos son distribuidos por igual; todos reciben un premio para evitar herir sensibilidades. Como resultado, los niños se sienten menos motivados a luchar por llegar a la cima.

Desafortunadamente hemos llegado a pensar de los elementos del thumos, como la ira, como enteramente negativos. En lugar de esto, lo que necesitamos es un entendimiento de que la ira no es ni buena ni mala –todo está en cómo es dirigida. Existe algo que es la justa indignación: la ira que nos impulsa a pararnos y oponernos en pro de lo que consideramos justo y correcto. Si extirpas la fuerza que hace que hombres malos hieran a los débiles, también eliminas la fuerza que mueve a los hombres buenos a proteger a los vulnerables.

Platón afirmó que tu no podías extirpar la fiereza de los genes de los hombres, tu la entrenas. Los hombres de la clase guerrera, él dijo, deberían ser entrenados no para ser perros guardianes que le ladran a todo –incluso a ruidos inocentes—ni perros que son gentiles y se ruedan con su vientre arriba con el que invade la casa. Son gentiles con aquellos que conocen y fieros con los extraños malintencionados. Su thumos está listo, si se necesita, para la lucha.

Estudiando Modelos a seguir en busca de Thumos.

Puedo imaginar que mucho de esto parece muy abstracto y puede que sea muy difícil para ver cómo se aplica a tu propia vida. Lo que puede hacer más tangible todo esto es observar cómo el thumos ha operado en las vidas de otros hombres.

Platón creía que el thumos naturalmente busca heroicos modelos a seguir. Estos modelos de comportamiento pueden inspirar thumos e igualmente, como Hobbs dice, “darle a la vida forma y estructura”.

Nuestras propias vidas pueden parecer un flujo amorfo –una cosa tras otra. Vemos el mundo a través de nuestros ojos así que es difícil tener una perspectiva real de lo que estamos haciendo y de dónde estamos en nuestro viaje. Dado que podemos verlos como observadores externos, es mucho más fácil ver la forma y la estructura de las vidas de otros, especialmente cuando puedes leer su biografía y presenciar la curva de sus vidas de comienzo a fin, de una vez. Es fácil identificar las diferentes etapas por las que pasaron, sus altos y bajos, sus puntos de inflexión más importantes. Podemos ver cómo ciertas elecciones que hicieron dieron lugar a ciertos resultados. Así podemos tener una noción del tipo de cosas por las que es posible que un hombre logre y qué tipo de fines es posible que busquemos en nuestras propias vidas.

Al estudiar cómo otros hombres a lo largo de la historia tuvieron éxitos (y fracasos) en domar su thumos, podemos obtener una noción de la naturaleza del thumos y de cómo podemos guiar nuestro Caballo Blanco.

Con esto en mente, concluimos por ahora esta serie de posts con un estudio de caso de la vida de Jack London, quien se erige como el ejemplo perfecto tanto del poder como de los peligros del thumos. Al examinar la influencia del thumos en un hombre moderno, tenemos la esperanza de que seas capaz de más fácilmente descubrir la esencia del thumos y de cómo puedes cultivarlo en tu propia vida.

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Sources

Plato and the Hero: Courage, Manliness and the Impersonal Good by Angela Hobbs

The Laws of Plato By Plato, Thomas L. Pangle

Psychological and Ethical Ideas: What Early Greeks Say by Shirley Darcus Sullivan

Odysseus, Hero Of Practical Intelligence: Deliberation And Signs In Homer’s Odyssey by Jeffrey Barnouw

Retrieving Political Emotion: Thumos, Aristotle, and Gender by Barbara Koziak

Illustrations by Ted Slampyak

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Filed under Próxima Parada, Rosetta

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