¿El racismo es Claro?

Si ves racismo aquí, eres racista; Si no ves racismo aquí, también

Si ves racismo aquí, eres racista; Si no ves racismo aquí, también

No voy a hablar de este anuncio que utiliza a la marca Claro y que bien puede ser auténtica o bien puede ser un uso indebido de marca, y por tanto accionable por violación de la propiedad industrial. No, se hablará del peligro de ver racismo en todos lados.

En este supuesto anuncio publicitario –que bien puede ser auténtica o bien puede ser un uso indebido de marca—se observa al lado izquierdo de la imagen un grupo de personas bajo el subtítulo “Planes Claro Control” y, a su derecha, otro grupo bajo el subtítulo “Planes Claro Prepago”. Ambos son de la misma “raza”, la “raza humana”, porque la raza es un “constructo social” del mismo modo que decir que la “raza es un constructo social” es en sí un “constructo social”.

Por lo que se quiere decir es que quienes ven una propaganda y dicen “Que publicidad tan racista y discriminadora ¡debemos censurarla por atreverse a mostrar como bonitos a la raza que no considero bonita!”, como a veces pareciera leerse a Morgan (2005) en su ensayo “Ese oscuro objeto de deseo”, son tan o más “racistas” que los que publican el supuesto anuncio “racista” y “discriminador”. Tal y como Trouillot (2010) propuso deshacerse del término cultura porque “enturbia, en vez de dilucidar los hechos que deben ser explicados”, también parafraseando a una tal Ashley Montagu dijo que “las únicas razones para desplegar los términos raciales eran políticas”.

Y es verdad, por más que Poliakov nos aclare la paradoja del etnocentrista que se cree superior a las otras razas, lo que es al mismo tiempo una actitud “salvaje” (1976, pág. 134), es una expresión de una ideología que quiere ocultar sus propios fundamentos “etnocentristas” e ideológicos que si se observan bajo lo que Geertz denomina la “teoría del interés”[1], buscan “lograr ventajas” (Geertz, 1993, pág. 177). Entonces, los que se indignan y claman a los cuatro vientos la censura de algo que consideran “racista”, son ellos mismos racistas porque están viendo diferencias entre grupos e individuos que no son diferentes, dado que las “razas no existen” y no son más que un “constructo social” (“no hay negros o blancos, sino seres humanos”), como el “género” (“no hay hombres y mujeres, sino personas”).

Bibliografía

Geertz, C. (1993). La ideología como sistema cultural. En C. Geertz, La interpretación de las culturas (págs. 171-202). Barcelona: Gedisa.

Morgan, N. (2005). Ese oscuro objeto del deseo: raza, clase y género y la ideología de lo bello en Colombia. En C. Rutter, Pasarela Paralela: Escenarios de la estética y el poder en los reinados de belleza. Bogotá: CEJA.

Poliakov, L. (1976). Le Racisme. Paris: Seghers.

Trouillot, M.-R. (2010). Adieu, Cultura: Surge un nuevo deber. En M.-R. Trouillot, Transformaciones Globales (págs. 175-209). Popayán: Ceso-Universidad del Cauca.

[1] “La teoría del interés (…) la ideología es una máscara y un arma; para la teoría de la tensión, es un síntoma y un remedio. Según la teoría del interés, los pronunciamientos ideológicos han de verse sobre el fondo de una lucha universal para lograr ventajas; según la teoría de la tensión, atendiendo a un permanente esfuerzo de corregir el desequilibrio sociopsicológico” (Geertz, 1993, pág. 177)

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