La Violencia Divina del Leviatán

Capitán – Escuchen muchachos, las ballenas tienen hambre.

[Homero entra y también hace el ruido]

Capitán – Entra Homero, sigue!

Homero – (sonido) Gracias.

Capitán –  ¿Qué es lo que más quieres?

Homero – ¿Que me paaas… (en los chícharos)

Capitán – ¿Paz? Todos queremos eso, ¡pero es inalcanzable!

Homero – D’Oh!

Capitán – ¿Cuál crees que sea la mejor forma de conseguirlo?

Homero – ¡Con un cuchillo!  [alcanzando finalmente los chícharos con uno]

Los Simpsons. Temporada 9. Capítulo 19. “Mi Querido Capitán

El Leviathán de Hobbes es el ‘texto implícito’ con base en el cual Benjamin, Dérrida y Agamben tratan de interpretar la relación aporética entre la Violencia y el Derecho y los conceptos de Soberano y del ‘Estado de Naturaleza’.

Retomando una lectura de estos autores, pretendo ver las relaciones aporéticas entre el “Estado de Excepción” y el Soberano desde Benjamin y Agamben; en segundo lugar plantearé la identidad entre el concepto de Soberano de Hobbes y el Concepto de Soberano en Schmitt; y, por último propondré el análisis del Leviatán como la Violencia Divina que para Benjamin promete acabar con la Violencia Mítica instrumental al interior de todo derecho.

La definición aporética del poder soberano del Leviatán

Todos de una u otra forma conocemos lo que dijo Hobbes: la ‘condición de mera naturaleza’ fue un momento anterior en el cual los Hombres, ‘ni soberanos ni súbditos’, se encontraban en una permanente y ‘miserable condición de guerra’ y anarquía que los avocó a instituir, por medio de un pacto ‘que descansa en la espada’, un poder lo suficientemente grande para mantener la seguridad, la paz y la defensa de los Hombres que lo conforman al conferirles a estos su obediencia y su fortaleza a los designios de esta voluntad única y soberana que se llama ‘Estado’ o ‘Leviatán’ (Hobbes, 1980, pág. 141).

Este Poder Soberano, sin importar la forma que tome —Monarquía, Asamblea o Democracia—es único por lo que su representación y sus derechos son ‘incomunicables e inseparables’ así se adquieran por institución (convenio) o por la fuerza de la conquista (adquisición)  del consentimiento que dan los hombres que temen la muerte (Hobbes, 1980, pág. 162).

La postulación del Leviatán de Hobbes encuentra un parecido con el concepto de Soberano visto en Agamben. Para Hobbes, el “soberano de un Estado, ya sea una asamblea o un hombre, no está sujeto a las leyes civiles ya que teniendo poder para hacer y revocar las leyes, puede, cuando guste, liberarse de esa ejecución” (Hobbes, 1980, pág. 218). Por su parte, Agamben hace clara la paradoja de la soberanía cuando la enuncia: “Yo, el soberano, que estoy fuera de la ley, declaro que no hay un afuera de la ley” (Agamben, 2003, pág. 27). En ambos casos, esta ubicación del soberano por fuera, pero adentro del derecho es lo que Benjamin develó al analizar la relación entre violencia fundadora y violencia conservadora del Derecho.

Estas dos violencias, para Benjamin están presentes en el Estado, que por medio del Derecho, pretende limitarlas, puesto que “si su origen es la violencia, la violencia coronada por el destino, es lógico suponer que en el poder supremo, el de vida y muerte, en el que aparece el ordenamiento jurídico, los orígenes de este ordenamiento afloren en forma representativa en la realidad actual y se revelen aterradoramente” (Benjamin, 2001, pág. 116).

Aparte de esta aporía del soberano, la representatividad de este poder conformado por hombres libres, en ‘Estado de Naturaleza’, nos presenta otra aporía que puede ser enunciada de la siguiente manera: “Los Hombres que son libres deciden someterse a una única voluntad soberana para que los haga libres”. Hobbes pretende resolverla al conferirle una única finalidad, la de que los hombres conforman el poder soberano para asegurar su paz.

 

La Masculinización del Leviatán

No obstante, el ‘Estado de Naturaleza’ en el cual se encuentran los hombres todos en un estado de guerra entre sí, es una suposición que carece de registro histórico. Igual es la suposición de que todos los hombres son igualmente libres para instituir el poder soberano que brinde la seguridad a sus miembros a cambio de su sometimiento casi incondicional.

Hobbes nos dice que el poder “soberano es único e indivisible sin importar el lugar en el que esté colocado” lo que nos hace preguntarnos cómo es que fue originalmente instituido, porque si algo no se puede dividir, no se puede conformar por multiplicación. Del mismo modo en que si se asume que todas las voluntades de conformar el poder soberano son idénticas, todas entonces se encuentran neutralizadas entre sí por encontrarse opuestas en un Estado de Naturaleza por lo que para salir de este, unas voluntades tendrían que imponerse por la fuerza por sobre las otras con el fin de crear una voluntad que se imponga a todos por igual y por tanto, ningún Estado sería Estado por Institución, sino que todos lo serían por Adquisición. Por ahí está la aporía que Benjamin descubrió[1].

Y es donde se vuelve al momento del ‘Homo homini lupus’, para preguntarnos si este ‘Estado de Naturaleza’ es en verdad anterior o posterior al Leviatán soberano, porque no se explica cómo es posible que los hombres hayan caído en ‘tan miserable estado’ porque para Hobbes en el momento en el que la soberanía acaba, empieza de nuevo la guerra.

Hobbes nos pone el ejemplo de las hormigas y las abejas que viven en ‘forma sociable una con otra’ (Hobbes, 1980, pág. 139) sin un poder coercitivo que las ordene. Además de que no observa a los parientes más cercanos del hombre para ver si en ellos hay o no un poder soberano que los ordene, Hobbes no explica más adelante cómo es que se da en los Hombres originalmente el Dominio Paternal de la Familia con base en el cual se forma el dominio sobre el Estado. ¿Acaso la elección del pater en la familia se hizo por medio de un convenio como se hizo la instauración del Leviatán soberano?

Hobbes responde que no, sino que esta es una asignación por parte de Dios al hombre, “por ser el sexo más excelente” (Hobbes, 1980, pág. 163) y lo presenta como análogo al dominio soberano, el cual no es de los Hombres como Humanidad sino de los Hombres Varones.

Por otro lado, la analogía entre el poder del padre y el poder del déspota están al interior del concepto mismo de soberano, quien para Hobbes es aquel que tiene el poder de otorgar soberanía: “Si se sabe quién tiene el poder de otorgar la soberanía después de su muerte, es evidente, también que la soberanía residía en él, antes: porque ninguno tiene derecho a dar lo que no tiene derecho a poseer, y a conservarlo para sí mismo si lo considera adecuado” (Hobbes, 1980, pág. 157).

De acuerdo con esto, sin importar qué forma tome el Estado, el dominio sobre este se adquiere en base a una sucesión por línea paterna que significa que el poder original, que es siempre el mismo, solo se ha pasado de “padre en padre”. El que decide en este momento de la amenaza de la inmortalidad de la soberanía es el soberano, que puede decirse es el mismo soberano que según Schmitt decide proclamar el Estado de excepción “in toto” (Agamben, 2003, pág. 27),

En el primer caso, si el soberano elige a otro, puede seguir siendo soberano; pero si elige a otro que pueda elegir quién es el soberano, sucede su soberanía. En el segundo caso, si el soberano es el que decide sobre un estado de excepción ilimitado solo por su propia voluntad, sigue siendo el Soberano; pero si la decisión de establecer un estado de excepción decide que otro la limite, o bien deja de ser soberano o nunca lo fue.

Todo lo anterior implicaría que el poder soberano no fue instituido originalmente por los Hombres como Humanidad (Menschen), sino por los Hombres como Varones (Männer), quienes en la naturaleza estarían en una posición de desigualdad por sobre las mujeres y por sobre otros hombres menos fuertes para, por medio de la adquisición impuesta por la fuerza, crear un soberano que limite la violencia. De modo que  por “Designio de Dios” hay unos que sí pueden convenir entre sí para conformar el poder que asegure la paz.

 

¿Es el Leviatán es la encarnación de la Violencia Divina de Benjamin?

La relación entre la violencia divina y la violencia mítica presentada por Benjamin encuentra un análogo en el Estado Soberano de Hobbes.

Para el primero,

La violencia divina constituye en todos los puntos la antítesis de la violencia mítica. Si la violencia mítica funda el derecho, la divina lo destruye; si aquélla establece límites y confines, ésta destruye sin límites; si la violencia mítica culpa y castiga, la divina exculpa; si aquélla es tonante, éste es fulmínea; si aquella es sangrienta, ésta es letal sin derramar sangre”. (Benjamin, 2001, pág. 126)

Mientras que para Hobbes la antinomia entre el “Poder Civil” y el “Poder de Dios” se resuelve en favor del último cuando “a un individuo se le ordena una cosa por el poder civil no sabe si ello es contrario o no a la ley de Dios; con lo cual o bien ofende a la Divina majestad por excederse en la obediencia civil, o por temor de ofender a Dios realiza una transgresión de los efectos del Estado. Para evitar estos dos inconvenientes es necesario saber qué son leyes divinas. Y teniendo en cuenta que el conocimiento de toda ley depende del conocimiento del poder soberano, a continuación voy a referirme al Reino de Dios”. (Hobbes, 1980, pág. 292)

No creo que Hobbes se haya referido por dios en el aparte citado al Dios judeocristiano porque él consideró que es injusto porque no puede haber un pacto con Dios, ni siquiera con representante (Hobbes, 1980, pág. 143) lo que nos deja preguntándonos cuál es el Dios que gobierna en virtud del derecho de naturaleza para Hobbes (Hobbes, 1980, pág. 294) y si este ‘Dios’ puede ser o no asimilado al concepto de violencia divina de Benjamin.

Bibliografía

Agamben, G. (2003). Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valenncia: Pre-textos.

Benjamin, W. (2001). “Para la crítica de la violencia”. En W. Benjamin, Ensayos Escogidos (H. Murena, Trad.). México D.F.: Ediciones Coyoacán.

Derrida, J. (s.f.). “Nombre de Pila de Benjamin”. En J. Derrida, Fuerza de ley. El “fundamento místico de la autoridad”. Madrid: Tecnos.

Hobbes, T. (1980). Leviatán, o, la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

[1] En esta “creación de derecho es creación de poder, y en tal medida un acto de inmediata manifestación de violencia. Justicia es el principio de toda finalidad divina; poder, el principio de todo derecho mítico.” (Benjamin, 2001, pág. 124)

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