Tecnologías más que juguetes: Reseña sobre “Tecnologías y Subjetividades Juveniles” de Gabriel Medina

maxresdefault[1]Gabriel Alfonso Medina Carrasco, chileno de nacimiento, es Licenciado en Auditoría (1982-1985) de la Universidad de Concepción en Chile, cursó su Maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Sede México) y es Doctor en Ciencia Social con Especialidad en Sociología con la tesis “Producción de subjetividades juveniles. Dispositivos tecnológicos y globalización”, dirigida por Rossana Reguillo, quien también es compiladora del libro ‘Los Jóvenes en México’ (2010), donde se encuentra el capítulo que reseño en este texto: Tecnologías y subjetividades juveniles.

Tecnologías y subjetividades juveniles es uno de los catorce ensayos que componen el libro ‘Los Jóvenes en México’, el cual, –desde las reformas en la educación, las perspectivas laborales, las problemáticas al interior de los grupos étnicos, la violencia histórica de México, la sexualidad y el género, la afectividad, el cuerpo y las tecnologías de la información y las telecomunicaciones–, hace un análisis de los complejos cambios transformadores de la sociedad mexicana –y, como lo mostraré en esta reseña, de otras sociedades– a través de las particularidades y pluralidades de las juventudes.

Particularmente en el ensayo que se reseña aquí, Gabriel Medina, tomando como punto de partida el caso de Thomas Beatie y todos los debates que se generaron en torno a que un “hombre había dado a luz a una saludable bebé”, se propone “analizar tres niveles de la producción de conocimiento sobre la relación tecnologías-subjetividad-sexualidad en la condición juvenil” (pág. 155).

En el primer nivel, a partir de la “creciente masificación y expansión de los dispositivos tecnológicos en los variados planos de la vida juvenil” (pág. 156), Medina observa la aparición de nuevas formas de socialización. Este análisis es innovador porque no concibe las tecnologías exclusivamente desde una perspectiva del consumo en un mercado, sino que las ve en su “condición de extensiones y/o suplementos en la producción de significaciones en los procesos de apropiación juvenil”.

El creciente y generalizado uso de las TIC’s, Medina subtitula como “Cotidianidad Tecnológica”, da paso a entender que estas son usadas para la interacción y en la construcción de relaciones simbólicas entre los jóvenes y, no como se tiende a afirmar en la academia y los medios, “sobre los riesgos de ensimismamiento, dificultades para la comunicación y depresión que provocaría pasar largas horas frente al monitor” (p. 160).

Con esto, Medina plantea en el segundo nivel la noción de “Tecnologías como ‘dispositivo cultural’”, entendido este en contraposición a la noción de “tecnologías como ‘dispositivos de control’” que Medina le atribuye en su texto a Giorgio Agamben, quien ve en las tecnologías una forma de control de las subjetividades. Contrario a esto, Medina ve en el uso del celular, del internet y de las redes sociales, “dispositivos inscritos en la cotidianidad de la experiencia juvenil, es decir, como dispositivos que generan las condiciones de enunciación y producción de nuevas subjetividades” (pág. 161).

De este modo, Medina contradice la visión de Agamben que supone las TIC’s como ‘dispositivos de control’ en sentido foucaultiano, al afirmar, por el contrario, que las tecnologías “devienen dispositivos culturales en la medida en que las juventudes les atribuyen la capacidad de participar y asistir en sus propios procesos de alteración, transformación o reconfiguración de los sentidos que el sistema (el mundo adulto) asocia con sus prácticas, entorno, cuerpo y relaciones” (p. 165).

En un tercer nivel, para Gabriel Medina las tecnologías no solo han permitido en los jóvenes una resignificación de los símbolos que utilizan los jóvenes para desarrollarse entre sí como con el sistema, sino que también han significado un rompimiento frente al cine y otros dispositivos tecnológicos y culturales que han reproducido “las estructuras simbólicas de una sociedad que ha renovado las formas de vigilancia y reproducción del orden social en favor de un selecto y reducido grupo social, y que promueve crecientes procesos de exclusión y marginación de la gran mayoría considerada prescindible para el orden capitalista: mujeres, jóvenes, campesinos, indígenas y diversidad sexual” (p. 169).

Y es aquí donde radica mi crítica al capítulo de Medina: mientras que es cierto que las nuevas tecnologías son dispositivos culturales que han inaugurado una nueva socialidad, no solo en los jóvenes mexicanos, sino en todas las edades de todo el mundo posindustrial y globalizado; este desplazamiento de la intimidad, del placer y de la subjetividad mediada por las tecnologías y sus dispositivos hacia nuevas prácticas de la sexualidad y de construcción del sujeto, son erróneamente vistas como diversificantes y son, por el contrario, homogeneizantes.

Es sospechoso el optimismo que Medina tiene de los “dispositivos tecnológicos” para “trastocar los códigos que promueven las discursidades modernas de la sexualidad” (p.174) porque estos mismos dispositivos que tanto prometen, son los mismos que son promovidos por el “orden capitalista” que Medina critica por poner como prescindibles a las mujeres, jóvenes, campesinos y a las diversidades sexuales.

El ‘patriarcado cisgeneromachistacapitalista y opresor’ que tanto critican los feministas y los LGBTIBBQ’s, es el mismo sistema que permite la existencia de esos movimientos. La ‘milagrosa píldora’ que le permitió a las mujeres salir de la opresión de estar relegadas a su rol de madres y esposas, para poder ir a ser ‘oprimidas’ ‘liberadas’ en un trabajo en el que ella hace exactamente lo mismo que los hombres por un menor salario, si nos creemos el ‘mito de la brecha salarial’, no fue inventada por las feministas quemabrasieres del 68. Los avances médicos que le permiten a miles de personas nacidas en el género equivocado salirse del opresivo binarismo de los géneros hombre-mujer no fueron inventados, producidos ni comercializados por la comunidad LGBTI; avances gracias a los cuales un hombre que se cree que es toda una mujer, excepto en el físico, se pueda automutilar pueda ser intervenida quirúrgicamente por un profesional de la cirugía plástica que respeta la ética médica o a una mujer que se cree un que en realidad es un hombre, solo que necesita de hormonas para parecerse a uno y ser el prodigio de ser el “primer hombre en dar a luz a un saludable bebé”, como Tracy Lagordino, mejor conocidx como Thomas Beathie.

Los ‘códigos institucionales’ o ‘narrativas del sistema’ que  Medina dice se han desdibujado por la creciente conectividad y vivencia en el ciberespacio, como las “instituciones del mundo adulto: familia, escuela, Iglesia, medicina, política” (Medina, 2010), son reemplazadas, gracias a la creciente conectividad y vivencia en el sistema por otros ‘códigos institucionales’ o ‘narrativas del sistema’ que institucionalizan otras ‘instituciones del mundo adulto’: los feminismos y los movimientos LGBTIQPZIn’s, en particular.

Bibliografía

Medina, G. (2010). Tecnologías y subjetividades juveniles. En R. Reguillo, Los jóvenes en México (págs. 154-182). México: Conaculta/FCE.

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