Eris, veo que con el paso del tiempo nos vamos helando más y más. Lo noté. En tu voz cuando me dijiste que pensáramos lo de la próxima semana. Y está bien.
Por un momento largo que duró todo el día, dudé si Usted vendría a la clase de salsa o no. Estuve súper ansioso. Tal vez ni le interese escuchar o leer lo que digo so pena de helarse más tal como me dijo que le causaba ahora lo que yo le decía, cuando en otra época le habría “calentado el corazón”. Qué curioso que ya hablemos de otra época, de historia pasada, con verbos en pasado, Ustedeos que Usted me había quitado.
Pero sí, lo estuve al punto en que casi no me concentré en el training, sino hasta cuando simplemente acepté la posibilidad casi hecha certeza de que usted no vendría.
En ese momento en que dejé esa expectativa, ahí sí me pude relajar y volver a poner atención. Pensé que no vendría porque su mensaje diciéndome que se le helaba el corazón, me heló a mi todo.
“¿Que ya no tenga mensajes de amor para ti impide que aprendamos a bailar juntos?” — me preguntaste.
No, no lo impide, fue más bien el tono final de cuando me dijo que se le helaba el corazón. Ese verbo se repite en mi mente.
Lo que me hizo pensar que no. Alcancé a pensar en cancelar, pero preferí no hacerlo. Si se perdía, que se perdiera. Ya no es que haya mucho. Ya hemos perdido más. La reserva es nada en comparación.
Así usted diga que estoy siendo negativo. Pues, es negativo, pero realista. Realmente fue una pérdida y una lección. Pero fue una pérdida.
Me alegró que fuera, aunque ya ni lo esperara. Agradeceré lo poco que tenga de contacto con usted hasta cuando sea sostenible. Pues cuando a usted le falle su firmeza y heladez, yo lo seré por Usted, y visceversa. No obstante lo dudo. Es más posible que yo falle. Y que usted se mantenga firme y helada, cada vez más con el paso del tiempo hasta el día en que ya ni queramos ni vernos más.
Sé que Usted no quiere que tenga de nuevo la posibilidad de decepcionarla. “Tal vez en ese sentido sea mejor dejar de vernos del todo y ya, no lo había pensado” — me dijo Ud. Yo sí lo he pensado y lo pienso cada vez que veo que los mensajes se van enfriando que ya ni vernos para bailar da lugar ni a un abrazo, cuando en algún momento no nos parábamos de la cama por días. Tal vez lo nuestro se quemó rápido como un cigarrillo: la felicidad se esfumará hasta que no queden ni las cenizas en el cenicero.
No te decepcionaré en que realmente puedo ser más helado e indiferente de lo que piensas. A mayor nivel incluso que tú.
Y si por algo quiere seguir aprendiendo a bailar, que sea una decisión cada semana. Sin más expectativa que practicar nuestros pasos.