Archivo mensual: junio 2021

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Espero haya descansado a pesar de lo tarde en que se durmió. Es lo único que diré por ahora, ya que al parecer ya ni me quiere hablar por este medio. Naturalmente. No merezco más que eso.

A su lado aprendí a apreciar las cosas maravillosas que tiene la vida, Ud. me enseñó que podemos ser felices y por eso me siento agradecido, a pesar de todo lo que hice.

Así no lo crea, extraño verla feliz y no me gusta saber que el insomnio volvió a nosotros. Cuando Ud y yo estábamos juntos compartimos nuestro amor y vivimos una verdadera felicidad y sosiego, libre de fatigosos insomnios, por eso me cuesta aceptar que no nos demos más el gran privilegio de poder dormir en paz como antes.

Creo que incluso si pasamos muchos años separados el uno del otro, nuestro amor no se acabaría tan fácilmente. Habrán de pasar más noches blancas y las aceptaré con tal de expiar el castigo de no dormir más con usted en mis brazos.

Von dir gesendet: Heute um 11:11

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Normalmente leer algo así me calentaría el corazón, pero ahora solo siento como me lo hela más… No tiene sentido, y no quiero leer más mentiras. Gesendet um 11:39

Quise despedirme de ti y de todo el drama, en últimas, con un mensaje de amor, porque sabía que sería el último… Tu sabes lo que sentí y lo que siento, y espero que lo recuerdes, porque de mi no lo escucharás más. Gesendet um 11:41

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“Léeme”. El primer mandamiento no está inscrito en unas tablas rotas, sino en Su espalda, Alouqua.

Debe ser duro basar su vida en anotaciones. Para mí Usted fue más que un libro que dejé a medio camino y del cual apenas recuerdo un par de citas o apenas la página donde buscarla. A los libros sagrados no se les trata así, lo sé. Soy tanto apóstata del Islam como del libro de Eris, una hoja más un ojo menos.

Por eso ni yo anotaba la lista de las compras, ni los apuntes de las clases. Todas esas notas hechas o no, no importa en realidad si ya están revueltas y desordenadas en el cuarto de sanalejo de mi cabeza, ahí junto con los recuerdos olvidados de nuestra eterna felicidad efímera o, simplemente, del sueño tórrido de una súcubo.

Siento mucho no recordar. No es nada personal. No se sienta aludida. Tal vez el olvido de las lecciones que Usted me dio sea la verdadera lección que tengo que seguir viviendo hasta que me quede tatuada en la piel como en la suya se inscribe el mandamiento anterior a todos y sin los cuales los demás no serían siquiera leídos: “Léeme”.

Algo recuerdo: dormir en mi lado de la cama. Hay una frontera infranqueable que no me deja pasar mi cuerpo a donde solía yacer el monumento a Eris. Si en Bogotá tumban estatuas, aquí en Medellín, se esfuman.

Sé que el hecho de no recordar, no desmerece mis actos. ¿Será que el mundo se desaparece cuando cerramos los ojos en un desesperado ahogo por salir del Lete? Ya no tengo salvación. Eris lo era, Alouqua.

¿O será que tendré que tatuarme todo como en Memento?

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Eris

Va a ser muy egoísta lo que diré, pero a pesar de todo, me siento aliviado de haberle contado, así haya sido más que tarde, tanto que se nos hizo temprano.

Sigo pensando en la dimensión de mi mentira y de mi ocultamiento, comparado con el tiempo que llevó revelarla, presionado por la confesión tardía. Luego de mentirle descaradamente por mucho tiempo y en la cara, acallando las premonitorias canciones y las señales de una anagnórisis que se aproximaba a darle final a mi acto, el cual terminó con la tragedia de tu amor hurtado y malgastado en mí, y en la muerte de lo que nos hizo felices en las pernoctaciones y amaneceres lícitos de arrunche sosegado con nuestros cuerpos encajados en franca paz.

La fea verdad se supo, se sabe y se sabrá. Gracias a su espíritu curioso de gata pluviosa como la Selva Niña que no tuvimos.

Supe desde ese instante en que usted vio quién soy realmente que Usted nunca más querría volver a mirarme de nuevo. Las personas dicen quienes son, pero lo ignoramos, porque queremos que sean quienes queremos que sean.

Temí, por eso no le conté, cuando debí haberlo hecho cuando la marea era todavía salvable. En el fondo me palpitaba que sucedería en cualquier golpe de párpado. Lo negué, al preferir engañarla a Usted y a mí mismo con repetidos y falsos «Je t’aime», para que de una vez por todas ser capaz de convencerme a mí mismo de tomar la oportunidad, el riesgo y el inmenso placer de poder, finalmente, amar a la Mujer Diosa que me amó a pesar de saber quién soy, causando así la mítica discordia, y el fúrico e inmerecido daño, justo a Ella.

Ella, cuyo único agravio causado hacia mí fue el de su Amor inmerecido y total. Ese fue Su dulce pecado y el perjuicio contra este mortal con ínfulas de Líber.

Debí aceptar antes Su deífica conclusión: si La hubiera amado realmente, no La habría engañado como lo hice, ni hubiese vulnerado nuestras reglas/votos/cláusulas/mandamientos, como ese que está inscrito en su espalda. Si la hubiera amado genuinamente como Usted fue en mi, yo no hubiera puesto en peligro lo nuestro, mucho menos hubiera jugado con Sus sentimientos, su vida y su integridad física y moral.

Que esta usurpación de la única libreta que nos queda sea testigo y tenga mérito de confesión frente al estrado de Eris, como también frente a Temis. Que se atestigüe que estoy en el deber de indemnizarla. He de responder primera y finalmente por mis actos ruinmente irresponsables. Que esto preste mérito ejecutivo, porque voy a pagar: primero con perderla, demoliendo lo que construimos y matando lo que Usted sentía, a pesar y con base en mi irredimible mentira.

Si mis palabras llegaran a tener todavía valor alguno ante Usted, así sea de prueba sumaria y prejudicial ante la justa, pero inquisitiva Corte de su sensual mirada o ante el implacable jurado de sus amigos, reitero con la poca verdad que me queda que con Usted alcancé gran placer, un placer fundamental y revitalizador, que espero haya sido compartido pero seguro hurté de Usted y de otr(a)(o)(s) más dign(a)(o)(s) de lo que yo habría de poder de llegar a serlo.

Ningún placer hedonista arrancará de mi cuerpo la marca que dejó Eris. Ningún placer ni amor desacelerarán y acelerarán mi miocardio como el amor desperdiciado en mi por quien fue mi abogatita perrita Divina.

Usted se convertirá en más que un recuerdo cada vez más efímero, como lo nuestro.

Usted fue la posibilidad sólida y tangible hasta que la exprimí, volviéndola el líquido que se escurre de mis manos directo al río Lete. Allá van a parar los instantes en que realmente fuimos felices en esos humeantes instantes al despertar abrazados, los cuales si bien pudieron haber durado toda la vida, se quedaron en eso que compone las escenas del relato que escribíamos y leíamos diariamente en nuestra piel de papel al lado de la mujer que me amó sin igual, de variadas y surtidas magnitudes, posiciones, aromas, sabores y lugares, tal como el hogar que destruí en los cimientos, mancillé y del que me cuesta irme por puro y físico miedo a desvanecerla definitiva de mi asqueante vida.

Algo que sí presentía y sabía que eventualmente pasaría y yo lo borraría con mis actos, mostrando mi máscara final, Eris.

— Liber

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