Me parece curioso y coincidente que justo en esta octava semana del Book Club Like No Other acerca de las Epístolas Morales a Lucilius (Epistulae morales ad Lucilium o Cartas a Lucilio Versión en audio con voz real: https://www.youtube.com/watch?v=xLXe6sBG3oA ) se trate en varias Epístulas los temas del carácter y la palabra, los cuales me han rondado la cabeza desde hace un tiempo, no solo por las lecturas de las Epístolas, sino también por mi interés de participar en el concurso de cuento.
Pasamos también por un período astrológico de Mercurio retrógrado en el que se han visto interrumpidas las comunicaciones. Puede que suene muy bobo y supersticioso, pero he visto recurrentemente cómo han fallado sistemas de comunicaciones en mi trabajo, continuos malentendidos, alejamientos y, ante todo, en la censura o la limitación al acceso libre de información mediante el acallamiento de voces disidentes de lo imperante.
No solo a través de banear cuentas por violar TOS, o encarcelar en virtud de talmúdicas leyes de discurso de odio lo que ha ocurrido durante todo este tránsito de mercurio en la astrología; sino también a través de ponerle un precio inflacionario a la educación. La educación es, en primer lugar, acceso a la información.
Cuando esta se limita tanto por la fuerza de una autoridad censuradora, como también por las barreras a su acceso a través de paywalls, suscripciones, los altos costos de servidores de páginas web y de la publicidad. Me sorprende cada vez más lo difícil que se ha ido volviendo encontrar en línea libros libres de derechos de autor, tutoriales en video o artículos científicos de revistas indexadas, las cuales son cada vez más caras.
Otra forma de supresión es la inundación del ruido causado por la masiva generación de “contenido” en el vestigio de internet que monopolizan las redes sociales, las cuales concentran nuestra atención en lo frívolo hasta que no podemos concentrarnos detenidamente en nada, mucho menos aprender habilidades y conocimientos. Para aprender, por ejemplo un idioma, se necesita tiempo y atención, pero si hay una IA que me puede traducir simultáneamente, ¿qué sentido tiene para mí aprender, por ejemplo, árabe o griego?
Más de miles de trillones de teras de información para nuestro consumo se generan en forma de fotos, videos, publicidad… “contenido” que nos tomaría igual número de millones de años filtrar y analizar para extraer lo que sirve de lo que no. Podríamos sentarnos eternamente a “scrollear” hasta el fin (doom scrolling) en Tik Tok, Twitter o Instagram y no acabaríamos de ver todo lo que el omnisapiente algoritmo sabe que nos va a gustar o, al menos, ocupar nuestra atención a través del like, de la indignación o del impulso consumista de comprar. “If you see it it’s meant for you”.
Es apenas el comienzo, ya que los contenidos generados por los usuarios no son lo único que apabulla nuestra atención. Las IA’s generadoras de contenido, amenazan con reemplazar miles de millones de trabajos intelectuales, pero también de que les deleguemos a ella nuestro intelecto y nuestra creatividad al preferir generar imágenes y textos con ellas, amenazando que hasta el arte y la literatura se acaben por nuestra conveniencia en dejar que piensen y creen por nosotros.
Ya les hemos delegado la automatización de procesos de manufactura a muchas máquinas que han dejado a personas sin trabajo; ahora consideramos que la gente se esterilice y viva encerrada gracias a un ingreso básico universal (Universal basic income – UBI), consumiendo insectos y aceptando la eutanasia como tratamiento médico y solución última a la sobrepoblación. «El hombre es un problema sin solución humana» – NGD
Las IAs saben lo que es mejor para nosotros, por lo que no solo les consultamos, les pedimos consejos, hablamos con ella de tú a tú; sino que ya las usamos para que guíen nuestras decisiones judiciales, económicas y gubernamentales.
Mientras tanto, debilitamos nuestro carácter y nos aislamos. Ya no hablamos por escrito ni frente a frente, sino que le pedimos a chatgpt que nos genere automáticamente un correo electrónico; no elegimos qué película ver, sino que nos vamos con las sugerencias del omnisapiente algoritmo; hasta les pedimos a las IAs que nos sugieran qué libros leer, pero ya no tenemos la atención suficiente para poder terminar ninguno, que preferimos descargar un resumen generado automáticamente.
Nos estamos volviendo dependientes de las Inteligencias en detrimento de la nuestra. No pensamos porque algo lo puede hacer por nosotros; no vemos el valor de crear, porque automáticamente ya tenemos a disposición miles de millones de alternativas compiladas en “la nube” de la propiedad intelectual de personas que no leyeron los términos de servicio.
¿Qué carácter y qué palabra podemos generar si ya no pensamos ni actuamos?
Epistula XXXVI – On the value of retirement – Rehuir la prosperidad, aprender el menosprecio de la muerte.
«Chi va col zoppo, impara a zoppicare»
«En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiese perdido la brújula y el mapa. ¿Consistirá en esto la libertad? Ni siquiera lo sé» – Haruki Murakami, Kafka en la orilla
Es completamente cierto que las ocupaciones en que nos ocupamos, nos ocupan hasta que nos desocupan de todo lo demás. Así, ¿cómo es posible buscar la sabiduría o la felicidad?
El éxito material nos distrae y nos entrega a los caprichos o envidias de la muchedumbre. Creemos ser más libres por tener más, pero más bien tenemos mal: lo que tenemos nos esclaviza a las cosas y a los demás, ayudándonos por sus peticiones y caprichos, siendo blanco de ambiciones ajenas.
Por eso es mejor ser prósperos sin ostentación, pasando desapercibidos entre los avaros y ambiciosos de lo ajeno como los ladrones, los políticos y los pordioseros que componen la muchedumbre de afuera de casa como de puertas a dentro: a veces nuestros peores enemigos están en nuestra propia familia. Estos “Amigos de lo ajeno” desean lo que no tienen porque lo propio es tan despreciable que vale menos que ellos; menos que nada.
No solo peligra que nos quiten las pocas posesiones a nuestro nombre fruto de nuestro trabajo o herencia, sino también el escaso tiempo de nuestras vidas cuando piden…no, exigen que atendamos sus asuntos como si fueran los nuestros, cuando en realidad no nos conciernen. Ruegan por nuestra solidaridad como si lo poco que tenemos nos obligara con la humanidad, con la patria, con el Estado o con el “prójimo”; en últimas, como si estuviéramos obligados con extraños a proveerles lo que no pueden proveerse a sí mismo de manera “honesta”.
Rehuir de sus clamores exigentes no significa ensimismarse con nuestras posesiones como el dragón que custodia el tesoro en el castillo, sino en saber usar nuestra libertad para construir algo de sabiduría y compartirla con quienes consideramos nuestros amigos de manera voluntaria y no impuesta. Cuando algo se nos impone, nos hace deudores, esto es, esclavos de la voluntad de otros.
Es recurrente de parte de Séneca invitarnos a alcanzar la libertad y la sabiduría por medio del desprecio de la muerte que, por más que nos genere temor, bien es el final de los sufrimientos o el comienzo de algo nuevo, desconocido e inevitable que, no obstante, no supone una destrucción de la vida, sino una transformación de lo que somos en más vida o, al menos, en más espacio para que otros vivan y ocupen el lugar que nosotros ocupamos.
Vivir sabiendo que morimos a cada instante, conscientes de nuestra inevitable mortalidad y de cuán azarosa puede llegarnos la muerte nos prepara para todo, como también nos invita a disfrutar su efimeridad.
Epistula XXXVII – On allegiance to virtue – El compromiso de la sabiduría.
«Como el triunfo de cualquier [virtud] mutila a otros, todo “progreso” acarrea un regreso simétrico» – C1 #14
«Entre adversarios inteligentes existe una secreta simpatía, ya que todos debemos nuestra inteligencia y nuestras virtudes a las virtudes y a la inteligencia de nuestro enemigo» –152
«Alchemy’s first law of equivalence: Humankind cannot gain anything without first giving something in return. To obtain, something of equal value must be lost» – Hiromu Arakawa, Full Metal Alchemist
«Se vis pacem parabellum»
La vida es una constante lucha hasta la muerte en la que si dejamos de pelear es porque ya estamos muertos.
Cualquier bienestar que consigamos exige el sacrificio de algo equivalente para conseguirlo: sangre, sudor, lágrimas, tiempo, seguridad, paz, vida, bienestar, tranquilidad, sueño y sueños. incluso a veces implica tener que sacrificarnos a nosotros mismos, inmolarnos por lo que creemos sabio o noble y de lo cual no obtendremos más ganancia en esta vida que irnos tranquilos a la muerte sabiendo que al menos hicimos algo que le va a servir a alguien que viene después de nosotros. Miserable es sacrificarlo todo por nada.
Epistula XXXVIII – Los preceptos en pequeñas dosis aprovechan más – On quiet conversation.
«El hombre no se comunica con otro hombre sino cuando el uno escribe en su soledad y el otro lo lee en la suya. Las conversaciones son o diversión, o estafa, o esgrima.» – 2310
A veces pensamos que es necesario pensar para lograr que nos escuchen, pero nos escuchan más claro cuando hablamos en susurros bajo todo el griterío de la muchedumbre que exige grosera e impertinentemente que la escuchemos y la sigamos.
Cuando hablamos personalmente a quien nos quiera escuchar en su soledad en lugar de a quien se vea obligado a hacerlo por no poderse tapar los oídos por no tener párpados como en los ojos.
Por algo es que las lecciones que más duro nos pegan y que mejor aprendemos no son las que nos gritan en la cara sino las que nos conocen lo suficiente para hablarnos de cerquita, al oído y en pocas palabras, como los escolios de NGD que no necesitan una ampulosa retórica para transmitirnos su sabiduría.
Irónicamente, pretendo desde la semana pasada evitar citar demasiadas fuentes externas para no cansar al lector accidental de estos comentarios y porque “quien cita a un autor muestra que fue incapaz de asimilárselo” – NGD 670
Si NGD dijo que las “frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector (….)” (43), Séneca dice en esta epístola que los principios que nos da la filosofía, la cual es el “buen aconsejar”, se esparcen como “semillas” que en el “suelo idóneo” germinan y prosperan.
Epistula XXXIX – On noble aspiration – Los grandes filósofos nos enseñan la moderación
«El hombre es más capaz de actos heróicos que de gestos decentes» – NGD
«¿Por qué sufrir de no tener ningún talento, de sentir tan sano nuestro deseo de grandeza, cuando tanta belleza se ofrece a nuestros ojos? ¿Qué importa lo que somos si nuestro orgullo, al fin olvidado, si nuestra humildad, por fin adquirida, nos permite amar el esplendor del mundo» –Notas 57
Una de las mayores tentaciones es la posibilidad de la grandeza cuando creemos que grandes recompensas nos esperan, olvidando el propósito de nuestro trabajo: hacerlo bien.
Cuando empezamos a desear más la victoria que el camino, al parecer terminamos por descuidar los medios para la victoria deseada. Es paradójico que el afán de perseguir lo que queremos nos aleja de aquello que perseguimos.
Soñamos tanto con placeres perfectos, riquezas inmensas y logros definitivos que despreciamos la imperfección de nuestros pequeños pasos que ni empezamos por dar el primero o retrocedemos intimidados ante la inmensidad del camino por recorrer.
Comparado con la lejura de la meta, lo poco que avanzamos parece nada. Es un error desdeñar el gesto decente, la acción mínima, la pequeña cortesía, el primer paso, la sonrisa que invita, el saludo matutino, la caricia reconfortante, el detalle de fina coquetería…
Hay una filosofía japonesa (Kaizen) que, de lo poco que he leído, entiendo habla de que así uno sea la persona con el trabajo de menos “estatus” y remuneración, uno debe hacer lo mejor posible en esa posición.
Fácil es olvidar o descuidar lo que hacemos, así sea poco, por pensar que no hace ninguna diferencia, ni trae ningún magnánimo cambio que nos haga acreedores de riqueza, fama y el amor de quien deseamos nos ame.
«Carácter es destino» – Heráclito
Según su etimología, carácter (χᾰρᾰκτήρ) alude a un instrumento para grabar o estampar. Este carácter arraigado o estampado en nosotros se imprime en nuestra conducta por las influencias que ejerce en nosotros la naturaleza y la crianza (nature and nurture) y que influye con gran fuerza en nuestros patrones de comportamiento, en nuestras decisiones, nuestras emociones ante las situaciones difíciles de la vida, nuestra forma de resolver problemas e interactuar con otros. Un carácter fuerte o débil se forma a través de hábitos, muchos inconscientes. Para cambiarlos se precisa una conciencia y práctica de construir hábitos nuevos y por tanto, un carácter nuevo, más fuerte que resista las situaciones de la vida a las que nos enfrentamos.
Por eso, el mayor indicador de nuestro carácter son nuestras acciones a lo largo del tiempo. A veces pareciera que estamos destinados a repetir los mismos errores una y otra vez, pero lo que confundimos con destino, es en realidad un carácter que no hemos develado y que, por tanto, seguimos repitiendo una y otra vez, ad aeternum, ad nauseam.
La plata de carácter la asocio con la pérdida de otro concepto que menciona Séneca en otras cartas: Euthymia o «Tener confianza en sí mismo y creer que vas por el buen camino, sin dejarse desviar en lo absoluto por las huellas cruzadas de los muchos que corretean por todas partes»; en contraposición a la Dysthymia (δυσθυμία, « mélancolía »). Euthymia me recuerda a Thumos.
El camino o la Euthymia revela quienes somos, revela nuestro carácter; definido también como esa cualidad distintiva o característica propia que nos diferencia de otros, la milésima individualizadora.
Carácter, en inglés character, significa “personaje” relacionado con el concepto de persona que en griego significa máscara, o la forma en que nos mostramos frente a otros como nuestro avatar en un videojuego o un personaje en una obra.
Atender el llamado del destino significa seguir nuestro camino con confianza (euthymia) a fin de descubrir y desarrollar nuestro carácter. Atender el llamado del héroe es nuestra epopeya; rechazarlo nuestra tragedia.
La mayor tragedia radica en que con lo poco que tenemos no hacemos todo lo que podemos hoy porque creemos, más bien, damos por sentado, contabilizado y ejecutoriado que mañana seguro nos llegará. Esto es un error.
No podemos contar con el día que no ha llegado. Cualquier eventualidad o imprevisto puede terminar con nuestra vida y sus planes en cualquier momento. Así que sólo nos queda hacer lo máximo posible con cada momento que por obra y gracia de la Fortuna vivimos.
“Necesito que te conviertas en el hombre que siempre estuviste destinado a ser. No el próximo año, ni mañana… Ahora. = I need you to become the man you were always meant to be. Not next year, not tomorrow… now.”
No hay mayor deber que hacer lo que podemos rápido, con el sentido de urgencia de quien minuto a minuto, segundo a segundo se acerca más y más al inevitable fin de sus días con la tranquilidad y determinación fruto de saberlo y aceptarlo. Este es el sentido de la moderación de nuestro carácter.
«Hicieron evidente a todos, y al rey no menos que a los demás, que los seres humanos son novedosos, pero los hombres son pocos» –Herodoto, Historias
Epistula XL – On the proper style for a philosopher’s discourse – La elocuencia deseable en el filósofo
«La mano que no supo acariciar, no supo escribir» – 1745
«El escritor que no ha torturado sus frases tortura al lector» –997
«Sit down at the typewriter and bleed» – David Mamet
«Nunca me avergonzaré de citar a un mal escritor con un buen dicho» – Séneca, Sobre la tranquilidad de la mente 11.8
«La novela es extensa; el cuento es intenso» – Juan Bosch
«It is better to remain silent and be thought a fool, than to open one’s mouth and remove all doubt» –Mark Twain
Todos deberíamos aprender a pensar primero y a hablar después.
No es suficiente un curso de un semestre de 4 meses de Lógica y Retórica para enseñar a un abogado a pensar y hablar como abogado.
En el imaginario ramplón que tenemos de los tinterillos colombianos está esto de que si queremos ganar un proceso, tenemos que aplicar la famosa frase que dice “confunde y reinarás” como un juego de palabras del divide et impera que usan en nosotros los quintacolumnistas que se pretenden a sí mismos (((le peuple choisi de Dieu))), si saben a quiénes me refiero.
Por eso, me atrae mucho la forma de hablar de los Lacedemonios, provenientes de la región de Laconia: corto y claro. A veces con un filo, precisos tanto al responder como al callarse y callar a sus enemigos que pretendían imponérseles con verborrea.
“Espartano” significa desde disciplinado, frugal y simple a firme, estóico, resoluto y fuerte ante las circunstancias, que lucha hasta la muerte incluso ante la derrota asegurada, como sucedió en las Termópilas frente a los Persas que amenazaban su libertad y su estilo de vida en el que procuraban una vida sin lujos, enfocada en el fortalecimiento de sus hombres desde temprana de edad como la única forma de fortalecer su Polis bajo las leyes de Licurgo.
Tener una existencia “espartana” significa que se abstenían de los placeres excesivos, enfocándose en lo esencial, tanto en la simplicidad de su forma de vestir, de su comida, su forma de pensar, hablar y vivir.
Su forma de pensar y de hablar se recoge en los vestigios que Plutarco recogió de sus dichos (Ἀποφθέγματα Λακωνικά), en los cuales se lee siempre una forma directa y concisa de comunicación, reflejo de su pragmatismo y forma de ver la vida con confianza en su fuerza como ciudadanos, como guerreros y como Polis.
Este discurso lacónico se diferenciaba del discurso ático proveniente de la región del Ática, cuya capital desde la antiguedad clásica es Atenas, los principales rivales de Esparta, no sólo militarmente, sino también en su filosofías de vida.
El estilo discursivo u oratorio ático se caracterizaba, en contraste, por presentar ideas y argumentos haciendo uso de una lógica muy precisa y una retórica florida para convencer a sus interlocutores o conciudadanos, por ejemplo en el areópago.
En Esparta también la expresión de ideas fue muy importante, pero querían ser concisos, no decir todas las premisas ni conclusiones, sino dejar implícitos muchos argumentos para hablar poco y hacer pensar más, siempre con un poco de humor, ironía y sarcasmo propios de guerreros enfrentados constantemente a su propia mortalidad en el campo de batalla.
Los estoicos como Séneca se inspiraron en la disciplina física y discursiva de Laconia. Séneca coincide en que “el discurso empeñado en la verdad debe mostrarse sin adornos y sencillo”. Para no pecar de parresía (παρρησία) y anaideia (Αναιδεια), es mejor decir menos de lo necesario, dejando a nuestro interlocutor pensar y hacer las preguntas correctas, en lugar de apabullarle la mente con palabras expulsadas sin control ni orden.
Se necesita una gran disciplina para hablar poco, pero al mismo tiempo decirlo todo. Saber callar, escuchar y responder corto, lento, preciso, para no hastiar, mas resonar en el interlocutor. Como un hombre piensa y habla es como examina su vida y, por tanto, como mejor puede organizarla. Si tenemos una mente con ideas organizadas (lógica), hablaremos de manera honesta (retórica) y seremos sensatos en nuestro actuar.
Como pensamos, actuamos. El pensamiento es nuestro carácter. Si tenemos pensamientos débiles, tendremos un carácter débil. Por eso tenemos que tomar responsabilidad por nuestros pensamientos; tengo que tomar responsabilidad por mis pensamientos y mis acciones.





