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  • Лео. Надеюсь, прочитаешь это не через год. В этом нет смысла, всё равно ты меня игнорируешь. Сообщения в вотсапе не прочитаны. Жаль, что не попрощались. Я тебе не позвонила утром, потому что спала.
    Желаю, чтобы в твоей жизни всё было хорошо, чтобы успешно закончил обучение, нашёл работу и своё счастье, чтобы много путешествовал как и хотел. Я на тебя не злюсь и не держу обиду. Только на то, что обещал звонить каждое утро, всегда.. Pero bueno. Время с тобой — бесценно для меня. Я верю в то, что все слова были искренними в тот момент. Я люблю твою семью и скучаю по ним и по Каруссо. Спасибо за знания, за испанский, за песни, за помощь, за звонки по утрам. Очень сложно сейчас жить без этого. Это мой наркотик. Я буду продолжать учить испанский и английский. Найду учителя и буду заниматься с ним без лишней информации и без «Как твои дела? Что ты ела сегодня?» без этого, только испанский, только задания. Я буду всегда тебя помнить.
    С Новым Годом! Bye bye
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Reseña de La Nueva Lucha de Clases: Los refugiados y el terror por Slavoj Žižek (2016)

 

Por TM y DMG  aka Alabama Monroe

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Creo que Žižek en su estilo de iconoclasta estaría opuesto a que en español —un idioma en el que no hay carones o anticircunflejos ⟨ ˇ ⟩ sobre las Z como en el apellido del filósofo (Ž)— se escribiera su nombre como a menudo se calca del esloveno. Creo que Žižek querría que su nombre se escribiera como “Chichec”, tal y como se pronuncia, sin mitificaciones ni extranjerismos que exotizan. Ya que es así como hay que hablar las cosas para “Chichec”: sin tabúes y como son. A pesar de ésto, mantendré el nombre de Žižek tal y como se ha mercadeado. ¡Qué paradójico, que para un autoproclamado “marxista” y un “iconoclasta”, que sus libros se vendan en el mercado mundial y su nombre se vuelva un ícono!

Difícil es no leer La nueva lucha de clases: Los refugiados y el terror (2016) sin imaginarse los constantes tics del filósofo que toca repetidamente su nariz, se arregla repetidamente su camiseta que dice “I would prefer not to” (Preferiría no) con su manera de hablar saltando de un tema a otro repentinamente, cuenta uno que otro chiste o recuerda una que otra historia graciosa, “and so on and so on”, —como acostumbra decir cuando no quiere alargarse con enumeraciones—; pero siempre guardando relación con la tesis que está exponiendo: la verdadera amenaza al “estilo de vida occidental” no son los inmigrantes, sino las dinámicas del capitalismo global (p.26).

Para tal fin, por ejemplo, comienza su obra por medio del diagnóstico de los cinco estados del duelo que padecen los pacientes terminales al saber que les queda poco de vida. Con éste ejemplo un poco oscuro, el autor muestra los discursos políticos respecto del terrorismo y la inmigración masiva, como si fueran las respuestas atormentadas de un enfermo de cáncer en las últimas etapas de su enfermedad: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.

En el primer capítulo de su libro, El Doble Chantaje, se ve el por qué Žižek incomoda a la izquierda porque es capaz de hablar honestamente y decirles que ellos lo tienen todo mal cuando se trata de los migrantes y que sus “buenas intenciones” no han hecho más que empeorar las cosas y hacernos víctimas de chantajes ideológicos por parte de los “liberales de izquierda”, que defienden a los migrantes por un lado; o por los “populistas antinmigración”, que ven en los migrantes africanos y árabes un problema para el “estilo de vida occidental o europeo”:

“¿Qué hacer, entonces, con los cientos de miles de personas desesperadas que aguardan en el norte de África o en las costas de Siria, que huyen de la guerra y el hambre e intentan cruzar y encontrar refugio en Europa? Nos encontramos aquí con dos respuestas principales que representan las dos versiones del chantaje ideológico cuyo objetivo es conseguir que nosotros, los destinatarios, nos sintamos irremisiblemente culpables. Los liberales de izquierda expresan su indignación ante el hecho de que Europa permita que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo: suplican que Europa muestre su solidaridad abriendo las puertas de par en par. Los populistas antiinmigración afirman que deberíamos proteger nuestro modo de vida y dejar que los africanos y árabes solucionen sus problemas solos. Ambas soluciones son malas, pero ¿cuál es la peor? Parafraseando a Stalin, las dos son las peores.

Los mayores hipócritas son aquellos que defienden abrir las fronteras: en su interior saben perfectamente que eso nunca ocurrirá, pues impulsaría una revuelta populista instantánea en Europa. Van de almas bellas que se sienten superiores al mundo corrupto mientras en secreto participan en él: necesitan este mundo corrupto, pues es el único terreno en el que pueden ejercer su superioridad moral. El motivo por el que apelan a nuestra empatía hacia los pobres refugiados que huyen a Europa lo formuló hace un siglo Oscar Wilde en las líneas iniciales de su obra ‘El alma del hombre bajo el socialismo’, donde señaló que “en el hombre resulta mucho más fácil suscitar emociones que inteligencia” (p.14).

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Con ésto, Žižek advierte que la actitud de idealizar o de romantizar a los refugiados por parte de la izquierda liberal es más preocupante que los “partidos populistas de la derecha” porque no permiten ver claramente los aspectos incómodos de la “crisis de los refugiados”: los contrastes entre los valores occidentales y los de los miles que llegan a Europa desde África y Medio Oriente; la amenaza del terrorismo por parte de los migrantes; y las inevitables tensiones generadas por la competencia por empleos y recursos. Todo esto está relacionado entre sí.

Cuando la izquierda, por ejemplo, minimiza diciendo que los ataques terroristas como el ocurrido el 13 de noviembre de 2013 en París no fueron llevados a cabo por “verdaderos musulmanes” o se hacen acuerdos comerciales con países que apoyan o fomentan el terrorismo islámico en pro de sus propios fines geopolíticos, como Arabia Saudí; o se le entrega dinero a Turquía para “frenar el flujo de refugiados”; se termina trivializando la “guerra contra el terrorismo” y se cae en el chantaje ideológico que ubica a Europa en medio de extremos ideológicos y geopolíticos:

Este confuso contexto deja bien claro que la “guerra total” contra el EI no se debería tomar en serio: los grandes guerreros no van a por todas. Sin duda nos hallamos en medio de un choque de civilizaciones (el Occidente cristiano contra el islam radicalizado, pero de hecho los choques ocurren dentro de cada civilización: en el espacio cristiano tenemos a Estados Unidos y Europa occidental contra Rusia; en el espacio musulmán tenemos a los sunitas contra los chiitas. La monstruosidad del EI sirve como fetiche para encubrir todas estas luchas, en las que cada bando finge combatirlo para golpear a su auténtico enemigo.” (p.10)

Al mismo tiempo, la “nueva lucha de clases” del título pareciera ser para el autor la disrupción “esporádica” en la vida privada de los países del primer mundo a causa de la violencia terrorista que, gracias al capitalismo y a la globalización, los ubica al interior de una “cúpula” o al interior de un Palacio de Cristal —asemejando al Crystal Palace de la exposición universal de 1851 en Londres— que es visible para todos los que quedan afuera y que no pueden entrar por el hecho de haber nacido afuera. No obstante éste apacible “mundo interior del capital” —como reza el título de la obra de Peter Sloterdijik que cita Žižek (2016, p. 11)— es interrumpido ahora por el flujo de refugiados y por los ataques terroristas esporádicos, pero que para ellos son cotidianos.

No significa tampoco que se haya de sucumbir a los sentimentalismos que llevan a pensar que para solucionar el problema de los refugiados se tenga que decir, “¡Vengan todos los refugiados y todos los pobres del mundo!” —lo que posiblemente daría lugar a una revolución populista en Europa y así a su fin. Hay que entender que Žižek no quiere simplemente hacer un exámen diagnóstico del problema de los refugiados y de la respuesta que frente a esta se tiene en la cultura occidental, sino que pretende apelar a transformar la sociedad para que no sea necesario que más personas tengan que irse como refugiadas a otros países. Esto tampoco significa que se tenga que abolir el capitalismo y el libre mercado, sino que asuntos como la ecología o las migraciones de refugiados no deben estar supeditadas a los caprichos del libre mercado y del capitalismo global, como lo que permite el acuerdo ATCI (Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión), que supedita a los gobiernos a tomar decisiones que “no proceden del gobierno europeo”, obedeciendo las palabras de la comisaria de comercio Cecilia Malmström. Un efecto de estas políticas se ve, por  ejemplo, en cómo las cuestiones sociales o medioambientales terminan siendo dictadas por las corporaciones e inversores extranjeros para que no afecten sus intereses ni beneficios cuando se les permite demandar a los Estados a través del ADIS (Arbitraje de Diferencias Inversor-Estado). El autor ilustra este proceso en el título del capítulo, Un descenso al maelstrom, a partir del remolino gigantesco del relato de Poe de 1841 (p.21) como una analogía del capitalismo que se lo traga todo, incluso a la cultura y los efectos que puede traer para Europa (y posiblemente para el resto de lo que se conoce como occidente).

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Para éste filósofo que se autoproclama un pesimista y, por lo tanto, un negativista, la problemática del terrorismo y de la bien o mal llamada “crisis de los migrantes” en Europa, no se puede entender ni explicar en el presente entorno de lo políticamente correcto que la izquierda ha pretendido sembrar alrededor del tema, porque esto ha dado lugar a que se cristalicen los tabúes y que los partidos populistas de derecha se fortalezcan. Y esto es precisamente algo que incomoda a la izquierda respecto de sus ideas. De hecho, en el segundo ensayo, Romper los tabúes de la izquierda, el autor identifica los tabúes izquierdistas –“actitudes que hacen que algunos temas se conviertan en intocables y sea mejor dejarlos en paz” (p.23)—partiendo del primero, que es: la idea que todos los puntos de vista, incluso el punto de vista del enemigo se han de escuchar sólo por pensar que el enemigo es como una víctima más que no ha sido escuchada.

El segundo tabú que invita a desterrar es la equiparación que hace la izquierda de los “valores europeos” con el “colonialismo eurocéntrico”, porque  —más allá de “la responsabilidad (parcial) de Europa en la situación de la cuál huyen los refugiados” (p.25) —, en el nuevo orden del capitalismo mundial, son precisamente estos “valores europeos” —igualitarismo, derechos fundamentales, estado de bienestar— los que podrían ser usados para enfrentarse contra la globalización capitalista, que en el presente toma la cara de un capitalismo asiático, organizado siguiendo los que él llama “valores autoritarios”.

El tercer tabú que invita a abandonar es “la idea de que la protección de nuestro modo de vida es en sí misma una categoría protofacista o racista” (p.26) que dice, “si protegemos nuestro modo de vida, abrimos la puerta a la oleada antinmigración que campa por toda Europa”, puesto que desvía los ojos del capitalismo global como la verdadera amenaza y lo ubica en aquellos que proponen una “protección de nuestro modo de vida”, ignorando así las verdaderas preocupaciones de la gente común y radicalizándolas al punto de poder caer en el discurso propuesto por los “populistas antiinmigración”, que para Žižek, “supone una amenaza mayor que todos los migrantes juntos” (p.27).

El cuarto tabú que denuncia el autor es que toda crítica del Islam sea tachada, satanizada o criminalizada de “islamofóbica” y de justificar la violencia que los críticos del Islam provocan en contra de ellos mismos por “islamofóbicos”, porque la excesiva tolerancia que practican quienes ven en el modo de vida musulmán como una alternativa al capitalismo global, además de generar más exigencias de tolerancia por parte de los musulmanes, no ofrecen nada más que el modelo capitalista de países fundamentalistas islámicos como Arabia Saudí o Emiratos Árabes, los cuales en palabras de Žižek, son de los países “más integrados en el capitalismo global” y ni siquiera la versión “moderada” del Islam es una verdadera alternativa.

El quinto y último tabú que contradice Žižek es creer como preferible en las sociedades laicas europeas que se practiquen las religiones de manera “moderada” o no sincera a un fanatismo religioso “fundamentalista” o sincero, porque la práctica fundamentalista de una religión, como su versión moderada pueden ser igual de violentas, como cuando se justifican posiciones políticas en términos religiosos como la justificación del Estado de Israel con base en el Antiguo Testamento (p.32).

Precisamente en El obsceno envés de las religiones, presenta invita a hacer una crítica paralela de los peligros que puede traer tanto el fundamentalismo judío, como el cristiano y el musulmán. Un ejemplo del primero, se vio en el capítulo anterior en la justificación religiosa con base en apartes del Antiguo Testamento del Estado de Israel, los cuales si son leídos fuera de contexto pueden llegar al extremo de justificar el genocidio Palestino, asemejándose al de los Cananeos; del segundo tipo de violencia ritual, puede observarse en la violencia institucional que encubrió casos de pedofilia en la Iglesia Católica, como el caso de Jimmy Saville; un ejemplo del último fundamentalismo, son los sucesos de Rotherdam, en los que miembros de bandas pakistaníes sometieron a al menos 1400 menores a una explotación sexual durante varios años. Tal explotación sexual estuvo encubierta por el miedo a que los investigadores fueran considerados “racistas” en un ambiente político en que la izquierda intentó distraer la atención de los factores raciales detrás del crimen o excusando a los perpetradores por ser de una minoría discriminada y echando en cara los casos de pedofilia (Saville), demostrando con todo esto el racismo encubierto en el antirracismo, “pues de manera condescendiente trata a los pakistaníes como seres moralmente inferiores a quienes no habría de aplicar nuestros criterios morales” (p. 37). En todo caso, para Žižek se tiene que criticar todo fundamentalismo religioso y toda violencia institucional o ritualizada devenida de ellos de manera equivalente.

En Violencia Divina, el autor retoma la “violencia divina” de Walter Benjamin, entendida ésta como una violencia sin un objetivo político específico, pero con un potencial destructor excesivo como una forma de poder pretender entender —evitando toda “tentación hermenéutica” o afán de explicación—  la violencia y destrucción de las manifestaciones del #BlackLivesMatter en Ferguson, en los Banlieues de París o los “palestinos que apuñalan a israelíes con cuchillos”.

La violencia terrorista no se da en un vacío, sino que interactúa con las misma s dinámicas del capitalismo global y de las intervenciones militares, que juntas producen los movimientos masivos de masas de refugiados, que para ser analizados precisa de La Economía Política de los Refugiados. Se resaltan por Žižek, particularmente, las intervenciones militares en Irak, Afganistán, Libia, Siria y el oculto conflicto “étnico” en el Congo, pero que no es más que el fruto de la intervención de corporaciones extranjeras que buscan explotar sus recursos naturales indispensables para las altas tecnologías; o los efectos del capitalismo global en las economías locales alrededor de la agricultura, provocando una “crisis alimentaria” en países tales como Haití y Etiopía. En ambos casos de Intervenciones Militares o Capitalismo Global, bajo la forma de “Colonialismo Económico”, los poderes locales se degradan en los “Estados Fracasados” de los que sale el flujo de migrantes. A pesar de ésta responsabilidad que se le imputa comúnmente a Europa, Žižek ve que ésta no es plena y ve que la “Crisis de los Refugiados” hace parte de un juego geopolítico planificado que se adecúa a la división de clases del mundo árabe que es ocultada por la forma en que los medios de comunicación presentan la “crisis de los refugiados”, fuera de todo contexto político aparte de la “guerra y la devastación” que los trae a las costas griegas. El contexto geopolítico que queda fuera del panorama presentado por los medios es uno en el que hay profundas divisiones de clases en el mundo árabe, de manera tal que los países ricos (Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, los EAU), a diferencia de los no tan ricos (Turquía, Egipto, Irán, etc.), son los países que son reacios a aceptar refugiados, pese a ser vecinos y tener cercanías culturales con los refugiados (p.59) o, a en muchos casos, ser instigadoras y beneficiarias de las crisis que generan los flujos de refugiados que no aceptan, ya sea porque financian a los grupos “terroristas” que desestabilizan la región; o porque se benefician en común del flujo de mano de obra barata que trabaja en condiciones que podrían calificarse como esclavitud. En Europa, el capitalismo global da pie a la esclavitud conformada por una mano de obra barata que es cada vez más protestada por parte de los trabajadores locales, quienes para Žižek ven en los “populistas antiinmigración” una voz a sus inconformidades.

La “nueva era de esclavitud” que se ha generado por la “crisis de los refugiados” desenmascara, para Žižek en De las guerras culturales a la lucha de clases… y viceversa, una paradoja al interior del capitalismo global:

La manera en que el universo del capital se relaciona con la libertad de movimiento de los individuos es, por tanto, inherentemente contradictoria: necesita individuos «libres» como mano de obra barata, pero al mismo tiempo necesita controlar sus movimientos, pues no se pueden permitir las mismas libertades y derechos para todos” (p. 64).

Ésta es una vez más la “la cúpula” a la que Žižek hizo referencia anteriormente para designar un sistema absolutamente ordenado de división entre aquellos al interior de la “casa de cristal” que dejaba por fuera a todas aquellas víctimas de la violencia cotidiana no sólo del terrorismo, sino también de la pobreza, el hambre e incluso de las catástrofes naturales. Ahora habla aquí de “nuevas formas de apartheid” entre quienes tienen libertad de movimiento, como los ciudadanos de la Unión Europea dentro del espacio Schengen; y los refugiados que llegan por centenares de miles a las costas europeas, naufragando muchos en el proceso, a engrosar las filas de la nueva esclavitud que mueve con más libertad a las mercancías. ¿Será que ahora los migrantes son mercancías?, sería una pregunta que Žižek podría invitarnos a hacernos, pero no lo hace. No textualmente.

Lo que sí hace analizar en términos lacanianos la distancia deseo-objeto de deseo entre el imaginario de Europa y la Europa a la que efectivamente llegan los inmigrantes para desenmascarar el tabú de que los migrantes se integrarán sin más a una Europa, que reproduce, a su manera, las mismas dinámicas y divisiones de clase del Medio Oriente que desconocen (p. 65). Los conflictos de clases se desplazan a formar los conflictos culturales, los cuáles dividen en enemigos a los que en otros contextos serían aliados naturales. Para ilustrar esto, Žižek dice que,

(l)a lucha feminista se puede articular en una cadena con la lucha progresista por la emancipación, o puede funcionar (y de hecho funciona) como una herramienta ideológica de las clases medias altas para afirmar su superioridad sobre las clases bajas «patriarcales e intolerantes». Y la cuestión aquí no es sólo que la lucha feminista se puede articular de diferentes maneras con el antagonismo de clase, sino que el antagonismo de clase se inscribe aquí de una manera doble: es la constelación de la propia lucha de clases lo que explica por qué las clases altas se apropiaron de la lucha de clases lo que explica por qué las clases altas se apropiaron de la lucha feminista. (Lo mismo se puede decir del racismo: es la dinámica de la propia lucha de clases lo que explica por qué el racismo directo es tan potente entre los trabajadores blancos de las clases más bajas. La lucha de clases es aquí la ‘universalidad concreta’ en el sentido estricto hegeliano: al relacionarse con su otredad (otros antagonismos) se relaciona consigo mismo, es decir que (sobre)determina la manera en que se relaciona con otras luchas” (p.71).

De éste modo, los conflictos culturales como el que se presenta por ejemplo entre los liberales laicos y los fundamentalistas religiosos, particularmente los de corte liberal; enmascaran la subyacente lucha de clases al disfrazarla de un choque de civilizaciones, dejando por fuera las preocupaciones de la gente común o, peor aún, culpándolas de la situación en que se encuentran los refugiados, algo que radicaliza sus prejuicios, acercándolos así a los “grupos populistas antiinmigración”, a los que Žižek tanto ve como una amenaza mayor al estilo de vida europeo que los mismos refugiados.

Y no es esa la única amenaza. En ¿De dónde procede la amenaza? se pregunta el autor en su octavo capítulo y nos presenta una respuesta de la mano de la reflexión cinematográfica. Primero en la película Junction 48 —de Udi Aloni— expone que la amenaza viene de dentro: de dentro de las comunidades de palestinos que practican los homicidios de honor a mujeres de su propia comunidad y que amenazan con la violencia o la expulsión del grupo a quien se atreve a criticar esta práctica, porque juega en favor de la idea sostenida por el invasor (Israel) para justificarse de que los palestinos son bárbaros y atrasados al llevar a cabo homicidios de honor. Por último, en la película Malcom X —de Spike Lee— la solución a éstas amenazas viene de dentro: la liberación de los negros viene de dentro de la comunidad. En ninguno de los dos ejemplos se necesita la intervención incómoda y condescendiente, que oculta, tras un manto de solidaridad y de universalidad de la moralidad de los derechos humanos, una idealización y un colonialismo del otro. No obstante, previene Žižek que no hay que caer en el otro extremo de pensar que el multiculturalismo y el anticolonialismo son ideales, porque se “encubre los antagonismos que hay dentro de cada uno de esos modos de vida en concreto, y justifica actos de brutalidad, sexismo y racismo como expresión de un modo de vida concreto que no tenemos derecho a medir con «valores occidentales» extranjeros” (p. 77).

En el caso de Europa, la amenaza y la solución viene de dentro, recalca Žižek. Específicamente, “el problema no son los extranjeros, sino nuestra propia identidad (europea)” (p.82), fundacional de la ideología unificadora detrás de Pégida, del Brexit o de los partidos de derecha antiinmigración europeos. El autor trae a colación a Victor Orban, quien se opone a la “democracia liberal consumista y multicultural”, por un lado; pero por el otro propende por un “capitalismo con valores asiáticos” y defiende la eventual sustitución de la democracia por un sistema político “imprescindible para nuestra supervivencia económica” (p. 80). Por otro lado, basado en una noticia de broma como si fuera de Actualidad Panamericana, pero que revela que en la idea antiinmigración subyace una fantasía nativista por la cuál cada grupo étnico tiene una “Nativia”, o sea, el lugar al que “(…) pertenecen las personas que nos molestan” (p. 83). Idea que ya se ha utilizado anteriormente con otro nombre para justificar el Apartheid en la forma de “bantustanes”, reservas para los “bantúes”, esto es los habitantes negros a quienes eventualmente se les daría la “independencia” para volver a sus territorios al quitárseles la ciudadanía y reservarlos en lugares arbitrariamente escogidos por no contener recursos naturales importantes. Al final de éste capítulo, se hace una pregunta definitiva: “(…) si un estado palestino surgiera en Cisjordania, ¿no sería precisamente un bantustán, y su «independencia formal» no serviría para liberar al gobierno israelí de cualquier responsabilidad con respecto al bienestar de la gente que viviera allí?” (p.84).

Otra fantasía bienintencionada que puede derivar en atrocidades es, para el filósofo, aquella del “prójimo”. En Los límites de amor al prójimo Žižek sospecha en contra de la idealización posmoderna que coloca al Prójimo, al otro, en un pedestal. En el afán globalizador de acercar a todos, se ha olvidado los conflictos e incompatibilidades que pueden estar subyacentes y llegar a hacerse latentes entre muchos individuos y grupos. Por ejemplo, en un afán humanizador de todo, se pueden justificar crímenes como la demolición de una casa de palestinos en el 2003 arguyendo que lo hicieron con amabilidad, ya que ayudaron a sacar antes los muebles y enseres de la casa, como si esos actos que se presentan como “humanos” pudieran minimizar la gravedad de los actos.

De hecho, para el esloveno no sólo el Prójimo es un abismo infranqueable, sino el propio individuo es infranqueable para sí mismo. Por lo tanto, en el momento en que comprende que no se puede comprender a sí mismo, es que es posible que haya un acercamiento con el otro. El acercamiento con el otro no se puede hacer basado en una simpatía o en una comprensión impuestas, sino en ver que el Prójimo es tan inhumano como lo soy yo. ¿Y cómo se hace eso? Žižek plantea jocosamente que la burla es una forma de acercarnos mutuamente, al reírnos de la “mutua falta de (auto)comprensión”, que puede incluir las bromas más políticamente correctas. Por eso no basta simplemente en proclamar condescendientemente “los pobres son buenos porque son pobres”, sino en entender que los pobres o los refugiados son como nosotros porque son más o menos igual de malos, un poco igual de violentos, tal vez igual de humanos y en lugar de ayudarlos por lástima o

“(…) compasión hacia su sufrimiento (…) deberíamos ayudarlos porque es nuestro deber ético hacerlo, porque no podemos no hacerlo si queremos seguir siendo personas decentes, pero sin ese sentimentalismo que se rompe en el momento en que comprendemos que la mayor parte de los refugiados no son «personas como nosotros» (no porque sean extranjeros, sino porque nosotros mismos no somos «personas como nosotros»)” (p.95).

The Hateful Eight es la película de Tarantino; Los Odiosos Mil en Colonia es el penúltimo capítulo del libro, en el cuál nos recuerda los ataques sexuales en la noche de año nuevo del 2015 en Colonia para traer a colación una vez más la idea que venía del anterior capítulo de que el sufrimiento a las peores pruebas (la enfermedad, la pobreza, la muerte) no es causa de redención ni nos hace milagrosamente capaces de una mejor moralidad. Apenas son la encarnación de diferentes tipos de subjetividad: el del sujeto liberal-democrático de clase media “civilizado” occidental, los refugiados-migrantes que anhelan integrarse en el sueño de occidente y los nihilistas facistas (p.97). A menudo se piensa que los ataques terroristas del ISIS son una expresión de fundamentalismo islámico, pero más allá de eso son en el fondo las muestras de una violencia de clase encubierta por el miedo inherente a la ideología de la clase media occidental, la cual al mismo tiempo que postula la superioridad de sus valores morales universales, teme ser reemplazada por los excluidos por la producción y el consumo del capitalismo global. Pero ese reemplazo es muy poco probable y la violencia terrorista no tiene un potencial revolucionario, sino que es “una pura expresión de la pulsión de muerte” (p.99) que se fundamenta en la envidia facista del migrante excluido por el capitalismo, y que se subjetiva (enmascara) en los discursos religiosos.

Desafortunadamente, cuando los medios reportan, ocultan este hecho por sus ánimos de mostrar en la mejor luz a los refugiados. Los muestran ya sea como seres ejemplares y civilizados o como brutales incivilizados, sin especificar que lo que en unos es una expresión de su clase media “civilizada” en los otros es una expresión exagerada de la brutalidad propia a fin de chocar a las clases medias que en su recato no toleran una revolución armada directa. El punto, recalca Žižek, “(…)no consiste en enseñarles lo que ya saben, sino en cambiar su envidia y agresividad vengativa”, ya que así es como van a obtener la verdadera libertad y protección de sus derechos, en lugar de la persecución represiva.

¿Qué hacer? Es la última pregunta que se formula el autor, mas no contentaría a los izquierdistas anarquistas por sus propuestas. Coquetea por un segundo con la militarización y seguidamente ve como utópica la consigna de “¡Abajo las fronteras!”. De hecho, formula la imposibilidad de la ausencia de control para el “estado de emergencia” que se cierne sobre Europa en caso de que se de paso libre y desorganizado a miles de personas. De tal modo que propone que las normas de inmigración sean claras y explícitas para conciliar las intenciones de los refugiados de entrar y la capacidad de acogida; algo que se ve truncado cuando los estilos de vida de las diferentes comunidades chocan, dada la falta de normas o presupuestos básicos europeos que serían inmodificables, so pena de aplicar la fuerza de la ley. De esto se trata, para Žižek, el conflicto entre las culturas.

Sin embargo, nos advierte no caer en la pregunta capciosa de cuán tolerante se puede ser, porque eso nunca será suficiente dado que se dejarán de aplicar los valores considerados como fundamentales en una lucha contra el capitalismo global, en el que ls refugiados son parte del precio que se paga. Pero el verdadero precio viene de la destrucción de los vínculos y de las locales, tradicionales y autosuficientes que arrancó la colonización. Ahora, el paradigma es diferente y la solución a los problemas del medio ambiente, las crisis económicas, los conflictos globales, etc. Sólo pueden ser solucionadas ahora gracias a la cooperación global en un mundo global  que protegen los bienes comunes de la humanidad y que en otras épocas, erróneamente o no, se habrían considerado como soluciones comunistas: el bien común de la cultura (capital cognitivo: el lenguaje, infraestructura compartida de transportes, electricidad, correos, etc), de la naturaleza exterior (amenazada por la polución y la explotación), de la naturaleza interior (la herencia biogenética de la humanidad) y de la propia humanidad (pp. 119-121). Bienes en peligro por el capitalismo generador de nuevas formas de apartheid superables sólo a través de la solidaridad global. “Quizá sea una utopía, pero si no luchamos por ella, estaremos realmente perdidos, y merecemos estar perdidos”, concluye el siempre negativo de Žižek. Habrá de verse si tiene finalmente la razón.

 

Bibliografía.

Žižek, Slavoj (2016). La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror. Barcelona: Anagrama .

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El miedo y el discurso de la seguridad como armas de control social: Reflexiones desde Durkheim, Weber y Foucault

Por Alabama Monroe y Transmillennium

El ser humano vive en la constante búsqueda de alivios momentáneos de la existencia. Uno de los componentes de la existencia del ser humano es el miedo, pero éste es un sentimiento o concepto parcialmente adquirido a lo largo de la vida del mismo. Si bien se ha llegado a afirmar que el miedo es un instinto inherente al ser humano, es decir que nace y muere con el mismo hombre, la mayoría de componentes y conceptos del miedo son impuestos y se manifiestan en la superestructura social que determina al individuo.

Mediante este ensayo se pretende evidenciar cómo el miedo y el discurso de la seguridad funcionan como mecanismos de control social. Para dar respuesta a este planteamiento, se examinarán las perspectivas teóricas de Durkheim, Weber y Foucault, específicamente sobre las siguientes cuestiones: ¿Es la criminalidad un constructo inventado por el Estado para ejercer un control social?; ¿Es el derecho penal una herramienta de control social a través del miedo y el discurso de la seguridad o es realmente la solución definitiva a las problemáticas sociales?; ¿Son el miedo y la seguridad soluciones reales a las problemáticas sociales?

La conducta social siempre se ha movido entre los extremos de hacer lo que se quiere o hacer lo que se debe. Muchas veces éstos fines no se cruzan, sino que se oponen, por lo que se presentan conflictos. En ese orden de ideas, los seres humanos hemos inventado mecanismos para mediar en estos conflictos y evitar que su magnitud supere unos parámetros aceptables, hasta el punto de poner en peligro la vida de un conjunto de individuos. Unos de estos mecanismos es hacer uso del miedo —en especial del miedo al dolor, al castigo, a la muerte o a un ser superior— para que hacer lo que se debe y/o lo que se quiere por aquel o aquellos que usan el miedo. Un ejemplo básico y un poco inocente lo vemos cuando a un niño chiquito su mamá le pide que se porte bien de lo contrario viene un monstruo y lo asusta, siendo ella plena conocedora de que los monstruos en realidad no existen, pero ¿nace el niño conociendo el concepto de lo que es un monstruo y lo que este le puede causar? ¿O por el contrario ese concepto se va construyendo gracias a estímulos externos impartidos cultural y políticamente?

Caravaggio — Medusa

Podemos resaltar tres cosas en el ejemplo anterior: (i) El miedo no es necesariamente natural al ser humano, ya que es un concepto que se crea a partir de otros conceptos preestablecidos; (ii) la autoridad —en éste caso la madre— utiliza el miedo como mecanismo de control sobre el sujeto —el niño— para que este responda positivamente a algo que quiere; y (iii) el miedo al castigo tiene diferentes objetos (un castigo físico, un monstruo, el infierno, etc).

De éste modo, se podría retomar el concepto de “Hecho Social” para afirmar que el miedo es su manifestación más elemental. Durkheim definió los Hechos Sociales como “formas de obrar, pensar y sentir, exteriores al individuo y están dotados de un poder de coacción en virtud del cual se imponen” (Durkheim, 1895, pp. 38-39). De acuerdo con tal definición, vemos que el miedo —ya sea al Sandman nocturno, al Infierno dantesco o a una “Colombia castrochavista”— no son más que manifestaciones de formas de obrar pensar y sentir exteriores al individuo y que pretenden imponérsele para coaccionar su conducta: hacer que el niño haga las tareas, que no pequemos o que votemos por el candidato que amenaza con una antiutopía si no se le elige en las próximas elecciones.

Ésta coacción que ejerce el hecho social del miedo se puede manifestar por medio de diferentes funciones sociales, entendidas éstas como la relación de correspondencia entre los movimientos vitales de los individuos y las necesidades del colectivo social (Durkheim 1892, pp. 49). Tales funciones sociales del miedo, podemos decir, se manifiestan de diferentes maneras en función de sus esferas de acción:  i. Esfera individual o ética; ii. Esfera familiar; iii. Esfera religiosa; iii. esfera legal y iv. esfera política.

No obstante, más allá de las diferentes esferas en que se observa al miedo, se ve que éste permea todas sus esfera y construye en común de ellas una especie de conciencia colectiva cuya vida propia informa la conciencia de los individuos y regula sus conductas. Es aquí donde se constata una vez más que el control del miedo no es sólo extrínseco al individuo, porque el miedo que lo controla no viene sólo desde una autoridad que se le impone por la fuerza desde fuera, sino que ésta fuerza es interiorizada y se manifiesta en sus miedos e incluso en su sentimiento de culpa cuando sabe que actúa en contra de alguna norma. Por lo tanto, es menester entender la conciencia colectiva que coge forma en la cultura, conceptualizada esta a partir de Weber como, “tramas de significación” que el mismo hombre ha tejido para darle sentido a su realidad.

En tal contexto cultural, de acuerdo con Weber, se encuentran diferentes tipos de autoridad que ejercen su control del miedo de manera diferente. En primer lugar, la autoridad carismática, cuya base es la lealtad a una figura que suscita un respeto casi místico y arbitrario, porque no es mayor que cualquier poder terrenal, como es el caso del Dios todopoderoso y vengativo que castiga a justos como a pecadores. En segundo lugar, la autoridad tradicional teniendo como eje un componente axiológico; un ejemplo de este tipo de autoridad es la familia, como la del ejemplo de la madre que le cuenta un cuento a su hijo para inducir una conducta esperada. En tercer lugar, se encuentra la dominación legal-racional que se impone siempre a partir de leyes y normas abstractas que requieren de un sistema estatal-burocrático para conseguir su aplicación (Weber 1964).

Es en éste último tipo de autoridad en el que se muestra y se afirma que el uso de la violencia y del miedo son instrumentos bárbaros del pasado, pero luego se nos revela que le son intrínsecos y que están ocultos detrás del manto de la legalidad y de la racionalidad que en muchos casos se pretende “democrático”. Después de todo, ¿qué norma no requiere del miedo a la amenaza real o implícita de violencia para su obediencia? Quien responde ésto es Foucault, para quien las relaciones de poder permean todo el entramado de relaciones sociales desde lo privado de la sexualidad, pasando por los castigos penitenciarios y en instituciones psiquiátricas, hasta el lenguaje público de los políticos en campaña.

Lo que empezó siendo el poder represivo de las prisiones se transformó con el tiempo en el poder disciplinario, en el poder que controla lo que el individuo piensa e incluso lo que es, porque en instituciones como la escuela o la institución psiquiátrica se controla no sólo el cuerpo de los individuos, sino también sus mentes a partir de una regulación minuciosa de su tiempo a fin de guiarlo a la producción, de modo tal que el individuo que no se ajuste a éstos parámetros de “normalidad” es institucionalizado: recluido o excluído (Foucault 1986). El poder y el miedo a la coacción son el elemento esencial de los sistemas y ordenamientos de normas porque sin el miedo a la amenaza de violencia, la ley y las normas se vuelven sólo palabras.

A lo largo de éste ensayo se ha hecho un tratamiento del miedo como un medio de control social a partir de conceptualizar como un Hecho Social en términos de Durkheim. Luego, por medio de la teoría de Weber, se observó brevemente cómo las diferentes funciones sociales del Hecho Social Miedo se manifiestan de diferente manera en la regulación del comportamiento. Por último, se hizo un paralelo entre la organización racional-legal de Weber y el Poder Disciplinario de Foucault para decir que el miedo social es un hecho inescapable de la organización del Estado moderno.

Crecientemente con los escándalos de los #FakeNews, la #Postverdad y la manipulación de la opinión pública en las redes sociales, se ha venido exacerbando una actitud de duda, rechazo y desconfianza hacia diversas fuentes y actores generadores de inseguridad o miedo generalizado, los cuales pueden ser o no inventados por diversos individuos o grupos poseedores de capitales económicos, sociales, culturales y políticos, en pro de sus intereses en el aumento de dichos capitales, por medio del uso de lo que denomino el Discurso de la Seguridad. Éste advertido discurso, que evoca un poco a los Ministerios del Amor y de la Verdad orwellianos, consiste en la generación de un estado constante de zozobra en los sujetos normativos a fin de lograr de ellos una mejor lealtad u obediencia. El Discurso de la Seguridad se hace visible en la creciente desconfianza que se tiene frente a las cifras y a los medios de comunicación, los cuales han hecho pronósticos electorales errados o simplemente no son tan imparciales como se presentan, ya que ellos pertenecen a los mismos grupos que pretenden aumentar sus propios capitales políticos. No obstante, lo que lo hace más insidioso no es la mentira, sino es que se establece como un discurso legítimo de miedo equiparable a la Ley y al Derecho, pero que resulta más antidemocrático porque llama a cruzadas contra enemigos creados de la nada para generar consenso en las propias filas y reacciones que van desde la pasividad hasta la violencia más sectaria y corrosiva.

El Discurso de la Seguridad lleva a reflexionar sobre la legitimidad de las legislaciones, especialmente sobre las legislaciones más punitivas. Si bien se considera que el Derecho Penal es la última ratio de los sistemas jurídicos, bajo un régimen dominado por el Discurso de la Seguridad, se hace visible que reina un Derecho Penal del Enemigo, o sea, un Derecho Penal en el que etiquetar a una persona o grupo trae consecuencias injustas tales como la intervención del derecho penal en casos en lo que una conducta se castiga aún si ésta no vulnera el derecho de nadie, sino por el simple hecho de que esa conducta fue realizada por un individuo o grupo que se ha tachado de “enemigo”, por potencialmente peligroso. (Reyes Alvarado, 2007). La etiqueta de “enemigo” evoca la represión que Foucault describió sucede bajo el poder disciplinario del hospital psiquiátrico, por medio del cual muchas veces se patologizó a los opositores de los regímenes políticos reinantes y se les recluyó, clasificándolos bajo las etiquetas más cientificistas de una pseudosiquiatría opresivamente torturante. Efectivamente, bajo un régimen dominado por el Discurso de la Seguridad en el que el miedo es la ley, la criminalidad se vuelve nada más que el constructo inventado por el Estado para ejercer un control social que puede ejercerse ilimitadamente, como ha sucedido en los peores sistemas totalitarios a lo largo de la historia. La Ley hace al criminal, no sus actos.

Igualmente, el Discurso de la Seguridad da lugar a la creación de los mismos problemas que pretende mitigar como se ve en la creación y renovación de entes criminales que perturban y alteran el funcionamiento armónico de una sociedad; en la creación de un estado policivo que se autolegitima a través de la represión y que vive de la corrupción que es producto de la ineficacia normativa que dejan los diferentes vacíos de tipificación y mal ejercicio de los funcionarios encargados de impulsar los procesos. 

“Aquellos que sacrifican libertad por seguridad no merecen tener ninguna de las dos.” Aquella famosa frase de Benjamin Franklin funciona aquí como una advertencia y una premonición de lo que ha sucedido y puede suceder cuando el Discurso de la Seguridad convierte al miedo en Ley. A menudo se llega a pensar erróneamente, en función de las insidiosas medias verdades de la estructuras, que la seguridad es la única cura contra el miedo, pero cuando el Miedo es el medio de control social imperante por parte de aquellos que tienen el poder, el control se puede salir de control, no hay quien vigile a los vigilantes ni juez que juzgue a los jueces.

Algunos dirán que ésta elegía es propia de conspiracionistas sin fundamentos en la realidad. Ojalá fuera así, pero la historia ha demostrado los peligros que puede traer el llegar a los mayores extremos del Discurso de la Seguridad y la Ley del Miedo. No se propone aquí la fobofobia sino que se debe comprender al miedo más allá de una simple emoción que se siente cuando se ve al monstruo al interior del armario, sino también en el mayor elemento de control, más peligroso que las armas, el control de las mentes.

Dado que el discurso de la seguridad se mantiene vigente gracias a la ignorancia, por medio de la cuál se produce una renovación constante de la figura del enemigo, que mantiene en un estado de apabullamiento permanente a los súbditos de éste opresivo aparato de control. En ese orden de ideas, así como los miedos individuales van transmutando, los miedos familiares, éticos, religiosos, legales y políticos también lo van haciendo, y por esa razón para los entes de control es necesario mantener en la ignorancia a las personas. Si el conocimiento es poder, la ignorancia es impotencia. Tal como se teme lo que se desconoce, la verdad es victoria. Veritas omnia vincit.

Bibliografía.

Durkheim, E. (1895). Las Reglas del Método Sociológico. Ediciones Orbis.

Durkheim, E. (1892). De la División del Trabajo Social. Editorial Schapire.

Foucault, M. (1986). Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI Editores.

Reyes Alvarado, Y. (2007). Normativismo y derecho penal del enemigo. Revista de Derecho Penal. Nº 19 Abr.-Jun. Disponible en <http://legal.legis.com.co/document?obra=rpenal&document=rpenal_7680752a8078404ce0430a010151404c> Consultado en 23.04.18.

Weber, M. (1964) Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva, Fondo de Cultura Económica, México, D. F.

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Ιθάκη

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις,
αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους·
να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις Aιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου.
Aλλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι.
Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.

Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης (Από τα Ποιήματα 1897-1933, Ίκαρος 1984) 

____________

Для Лине,

 

Когда задумаешь отправиться к Итаке,
молись, чтоб долгим оказался путь,
путь приключений, путь чудес и знаний.
Гневливый Посейдон, циклопы, лестригоны
страшить тебя нисколько не должны,
они не встанут на твоей дороге,
когда душой и телом будешь верен
высоким помыслам и благородным чувствам.
Свирепый Посейдон, циклопы, лестрнгоны
тебе не встретятся, когда ты сам
в душе с собою их не понесешь
и на пути собственноручно не поставишь.

Молись, чтоб долгим оказался путь.
Пусть много-много раз тебе случится
с восторгом нетерпенья летним утром
в неведомые гавани входить;
у финикийцев добрых погости
и накупи у них товаров ценных —
черное дерево, кораллы, перламутр, янтарь
и всевозможных благовоний сладострастных,
как можно больше благовоний сладострастных;
потом объезди города Египта,
ученой мудрости внимая жадно.

Пусть в помыслах твоих Итака будет
конечной целью длинного пути.
И не старайся сократить его, напротив,
на много лет дорогу растяни,
чтоб к острову причалить старцем —
обогащенным тем, что приобрел в пути,
богатств не ожидая от Итаки.

Какое плаванье она тебе дала!
Не будь Итаки, ты не двинулся бы в путь.
Других даров она уже не даст.

И если ты найдешь ее убогой,
обманутым себя не почитай.
Теперь ты мудр, ты много повидал
и верно понял, что Итаки означают.

Константинос Кавафис http://www.world-art.ru/people.php?id=41898

____________

As you set out for Ithaka
hope the voyage is a long one,
full of adventure, full of discovery.
Laistrygonians and Cyclops,
angry Poseidon—don’t be afraid of them:
you’ll never find things like that on your way
as long as you keep your thoughts raised high,
as long as a rare excitement
stirs your spirit and your body.
Laistrygonians and Cyclops,
wild Poseidon—you won’t encounter them
unless you bring them along inside your soul,
unless your soul sets them up in front of you.

Hope the voyage is a long one.
May there be many a summer morning when,
with what pleasure, what joy,
you come into harbors seen for the first time;
may you stop at Phoenician trading stations
to buy fine things,
mother of pearl and coral, amber and ebony,
sensual perfume of every kind—
as many sensual perfumes as you can;
and may you visit many Egyptian cities
to gather stores of knowledge from their scholars.

Keep Ithaka always in your mind.
Arriving there is what you are destined for.
But do not hurry the journey at all.
Better if it lasts for years,
so you are old by the time you reach the island,
wealthy with all you have gained on the way,
not expecting Ithaka to make you rich.

Ithaka gave you the marvelous journey.
Without her you would not have set out.
She has nothing left to give you now.

And if you find her poor, Ithaka won’t have fooled you.
Wise as you will have become, so full of experience,
you will have understood by then what these Ithakas mean.

Translated by Edmund Keeley/Philip Sherrard

__________

Cuando te encuentres de camino a Ítaca,
desea que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al enojado Poseidón no temas,
tales en tu camino nunca encontrarás,
si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al fiero Poseidón no encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si tu alma no los coloca ante ti.

Desea que sea largo el camino.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con qué alegría, con qué gozo
arribes a puertos nunca antes vistos,
deténte en los emporios fenicios,
y adquiere mercancías preciosas,
nácares y corales, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales de todo tipo,
cuántos más perfumes sensuales puedas,
ve a ciudades de Egipto, a muchas,
aprende y aprende de los instruidos.

Ten siempre en tu mente a Ítaca.
La llegada allí es tu destino.
Pero no apresures tu viaje en absoluto.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.

Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.

Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.

Tomado de http://ciudadseva.com/texto/itaca/

____________

Lorsque tu mettras le cap sur Ithaque,
fais de sorte que ton voyage soit long,
plein d’aventures et d’expériences.
Les Lestrygons et les Cyclopes,
et la colère de Poséidon ne crains,
ils ne se trouveront point sur ton chemin
si ta pensée reste élevée, si une émotion de qualité
envahit ton esprit et ton corps. Lestrygons Cyclopes,
et la fureur de Poséidon tu n’auras à affronter
que si tu les portes en toi,
si c’est ton âme qui les dresse devant toi.

Fais de sorte que ton parcours soit long.
Que nombreux soient les matins
oú — avec quel délice et quelle joie! —
tu découvriras des ports inconnus,
des ports nouveaux pour toi, et tu iras
t’arrêter devant les échoppes Phéniciennes
pour acquérir les belles marchandises
nacres, coraux, ambres, ébènes
et des parfums voluptueux,
surtout beaucoup de parfums voluptueux;
et tu iras d’une ville Egyptienne à l’autre
pour apprendre, et encore apprendre, de la bouche des savants.

La pensée d’Ithaque ne doit pas te quitter.
Elle sera toujours ta destination.
Mais n’écourte pas la durée du voyage.
Il vaut mieux que cela prenne des longues années
et que déjà vieux tu atteignes l’île,
riche de tout ce que tu as acquis sur ton parcours
et sans te dire
qu’Ithaque t’amènera des richesses nouvelles.

Ithaque t’a offert le beau voyage.
Sans elle, tu n’aurais pas pris la route.
Elle n’a plus rien à te donner.

Et si tu la trouvais pauvre, Ithaque ne t’a pas trompé.
Sage à présent et plein d’expérience,
tu as certainement compris
ce que pour toi Ithaque signifie.

Traduit par François Sommaripas

________________

Se partires um dia rumo à Ítaca
Faz votos de que o caminho seja longo
repleto de aventuras, repleto de saber.
Nem lestrigões, nem ciclopes,
nem o colérico Posidon te intimidem!
Eles no teu caminho jamais encontrarás
Se altivo for teu pensamento
Se sutil emoção o teu corpo e o teu espírito. tocar
Nem lestrigões, nem ciclopes
Nem o bravio Posidon hás de ver
Se tu mesmo não os levares dentro da alma
Se tua alma não os puser dentro de ti.
Faz votos de que o caminho seja longo.
Numerosas serão as manhãs de verão
Nas quais com que prazer, com que alegria
Tu hás de entrar pela primeira vez um porto
Para correr as lojas dos fenícios
e belas mercancias adquirir.
Madrepérolas, corais, âmbares, ébanos
E perfumes sensuais de toda espécie
Quanto houver de aromas deleitosos.
A muitas cidades do Egito peregrinas
Para aprender, para aprender dos doutos.
Tem todo o tempo ítaca na mente.
Estás predestinado a ali chegar.
Mas, não apresses a viagem nunca.
Melhor muitos anos levares de jornada
E fundeares na ilha velho enfim.
Rico de quanto ganhaste no caminho
Sem esperar riquezas que Ítaca te desse.
Uma bela viagem deu-te Ítaca.
Sem ela não te ponhas a caminho.
Mais do que isso não lhe cumpre dar-te.
Ítaca não te iludiu
Se a achas pobre.
Tu te tornaste sábio, um homem de experiência.
E, agora, sabes o que significam Ítacas.

Constantino Kabvafis (1863-1933) 
in: O Quarteto de Alexandria — trad. José Paulo Paz.

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Quando ti metterai in viaggio per Itaca
devi augurarti che la strada sia lunga,
fertile in avventure e in esperienze.
I Lestrigoni e i Ciclopi
o la furia di Nettuno non temere,
non sarà questo il genere di incontri
se il pensiero resta alto e un sentimento
fermo guida il tuo spirito e il tuo corpo.
In Ciclopi e Lestrigoni, no certo,
né nell’irato Nettuno incapperai
se non li porti dentro
se l’anima non te li mette contro.

Devi augurarti che la strada sia lunga.
Che i mattini d’estate siano tanti
quando nei porti — finalmente e con che gioia —
toccherai terra tu per la prima volta:
negli empori fenici indugia e acquista
madreperle coralli ebano e ambre
tutta merce fina, anche profumi
penetranti d’ogni sorta;
più profumi inebrianti che puoi,
va in molte città egizie
impara una quantità di cose dai dotti

Sempre devi avere in mente Itaca —
raggiungerla sia il pensiero costante.
Soprattutto, non affrettare il viaggio;
fa che duri a lungo, per anni, e che da vecchio
metta piede sull’isola, tu, ricco
dei tesori accumulati per strada
senza aspettarti ricchezze da Itaca.
Itaca ti ha dato il bel viaggio,
senza di lei mai ti saresti messo
in viaggio: che cos’altro ti aspetti?

E se la trovi povera, non per questo Itaca ti avrà deluso.
Fatto ormai savio, con tutta la tua esperienza addosso
già tu avrai capito ciò che Itaca vuole significare.

Trovato in https://fivosvalachis.weebly.com/itaca.html

__________

 

http://lyricstranslate.com/de/ithaki-ithaki-ithaka.html#ixzz5AEt1JcBT

Wenn Du aufbrichst nach Ithaka,
wünsch’ Dir, dass Deine Reise lang sein wird,
voll mit Abenteuern, voll mit Wissen.
Vor den Lästrygonen und Zyklopen,
dem wilden Poseidon fürchte Dich nicht,
solche wirst Du niemals auf Deinem Wege finden,
solange Du Deine Gedanken hoch erheben hälst, solange auserwählte Emotion Deinen Geist und Deinen Körper berührt.
Den Lästrygonen und Zyklopen,
dem wilden Poseidon wirst Du nicht begegnen,
wenn Du sie nicht in Deiner Seele trägst,
wenn Deine Seele sie nicht vor Dich stellt.
Wünsch’ Dir, dass die Reise lang sein wird.
Viele sommerliche Morgen soll’n es sein,
an denen mit welch’ Befriedigung, mit welcher Freude
Du in erstgesehenen Hafen einfährst.
Halt’ an an fönizischen Handelsstätten,
um deren feine Waren zu ergattern,
Perlmutte und Korallen, Bernsteine und Ebenhölzer,
und sinnliche Aromen jeder Art,
soviel Du kannst reichlich sinnliche Aromen.
In viele Ägyptische Städte gehe,
um zu lernen und lerne von den Studierten.
Immer in Deinem Geiste behalte Ithaka.
Deine dortige Ankunft ist Dein Ziel.
Aber dräng’ Deine Reise bloß nicht zur Eile.
Besser ist’s, wenn sie viel Jahre lang dauert.
Und erst als Greis die Insel erreichst,
reich mit Allem, was Du auf dem Weg gewonnen,
nicht erwartend, dass Dir Ithaka Reichtum bescheren würde.
Ithaka gab’ Dir die schöne Reise.
Ohne sie hättest Du Dich nicht auf den Weg gemacht.
Mehr kann sie Dir nicht mehr geben.
Auch, wenn Du sie ärmlich findest, sie hat Dich nicht getäuscht.
So weise Du geworden, mit so viel Erfahrung,
wirst Du schon längst verstanden haben, was Ithakas bedeuten.

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Voltaire et le peuple choisi de Dieu

«N’est-il pas clair (humainement parlant, et ne considérant que les causes secondes) que si les Juifs, qui espéraient la conquête du monde, ont été presque toujours asservis, ce fut leur faute? Et si les Romains dominèrent, ne le méritèrent-ils pas par leur courage et par leur prudence? Je demande très humblement pardon aux Romains de les comparer un moment avec les Juifs.»

« On ne voit au contraire, dans toutes les annales du peuple hébreu, aucune action généreuse. Ils ne connaissent ni l’hospitalité, ni la libéralité, ni la clémence. Leur souverain bonheur est d’exercer l’usure avec les étrangers ; et cet esprit d’usure, principe de toute lâcheté, est tellement enracinée dans leurs cœurs, que c’est l’objet continuel des figures qu’ils emploient dans l’espèce d’éloquence qui leur est propre. Leur gloire est de mettre à feu et à sang les petits villages dont ils peuvent s’emparer. Ils égorgent les vieillards et les enfants ; ils ne réservent que les filles nubiles ; ils assassinent leurs maîtres quand ils sont esclaves ; ils ne savent jamais pardonner quand ils sont vainqueurs : ils sont ennemis du genre humain. Nulle politesse, nulle science, nul art perfectionné dans aucun temps, chez cette nation atroce ».
(Essai sur les moeurs et l’esprit des nations, 1756)

« Vous me semblez être le plus mauvais du lot. Les Kaffirs, les Hottentots, et les Nègres de Guinée sont beaucoup plus raisonnables et plus honnêtes que vos ancêtres, les Juifs. Vous avez surpassé toutes les nations, dans des fables impertinentes, dans une mauvaise conduite et dans le barbarisme. Vous méritez d’être puni, tel est votre destinée. » (Lettre que Voltaire a envoyé à une personne de confession juive qui se plaignait de son antisémitisme dans son Essai sur les mœurs et l’esprit des nations)

« Pourquoi les Juifs n’auraient-ils pas été anthropophages ? C’eût été la seule chose qui eût manqué au peuple de Dieu pour être le plus abominable de la terre ». (Dictionnaire Philosophique, 1764, article : Anthropophage)

« …une horde de voleurs et d’usuriers… ». (Dictionnaire Philosophique, 1764, article : États, gouvernements)

« C’est à regret que je parle des Juifs : cette nation est, à bien des égards, la plus détestable qui ait jamais souillé la terre ». (Dictionnaire Philosophique, article Tolérance)

«Un peuple ignorant et barbare, qui joint depuis longtemps la plus sordide avarice à la plus détestable superstition, et à la plus invincible haine pour tous les peuples qui les tolèrent et qui les enrichissent. Il ne faut pourtant pas les brûler.»  (Dictionnaire Philosophique,article Salomon)»

Et encore :

«Leurs yeux ronds, leur nez épaté, leurs lèvres toujours grosses, leurs oreilles différemment figurées, la laine de leur tête, la mesure même de leur intelligence, mettent entre eux et les autres espèces d’hommes des différences prodigieuses. Et ce qui démontre qu’ils ne doivent point cette différence à leur climat, c’est que des nègres et des négresses transportés dans les pays les plus froids y produisent toujours des animaux de leur espèce.»

«Les Samoïèdes, les Lappons, les habitants du nord de la Sibérie, ceux du Kamshatka, sont encore moins avancés que les peuples de l’Amérique. La plupart des Nègres, tous les Cafres, sont plongés dans la même stupidité, et y croupiront longtemps.» (Essai sur les moeurs)

«Il me paraît essentiel qu’il y ait des gueux ignorants». (lettre, 1763)

«Il est à propos que le peuple soit guidé et non pas qu’il soit instruit». (lettre, 1769 )

— Quant à la célèbre phrase : «Je ne partage pas vos idées mais je me battrai jusqu’à la mort pour que vous puissiez les exprimer», elle n’est pas de lui, mais tirée d’un livre sur lui, Les amis de Voltaire, de Evelyn Beatrice Hall (1906), sous le pseudonyme S[tephen] G. Tallentyre. Par cette formule faussement attribuée, l’auteur a voulu exprimer l’idée qu’elle se faisait de lui.

(1) Du genre : «Vous êtes le vainqueur de la superstition, ainsi que le soutien de la liberté germanique. Vivez plus longtemps que moi, pour affermir tous les empires que vous avez fondés. Puisse Frédéric le Grand être Frédéric immortel !»
Frédéric, dira de lui plus tard : «J’ai pressé le citron et jeté l’écorce».

Pris de http://nouvelles-du-silence.over-blog.com/article-voltaire-67080509.html

Mahomet imposteur

» Contre ses attentats vous pouviez autrefois Lever impunément le fer sacré des lois, Et des embrasements d’une guerre immortelle

Etouffer sous vos pieds la première étincelle. Mahomet citoyen ne parut à vos yeux Qu’un novateur obscur, un vil séditieux. Aujourd’hui, c’est un prince ;

il triomphe, il domine ; Imposteur à La Mecque et prophète à Médine, Il sait faire adorer à trente nations Tous ces mêmes forfaits qu’ici nous détestons. Que dis-je ? En ces murs même une troupe égarée, Des poisons de l’erreur avec zèle enivrée, De ses miracles faux soutient l’illusion, Répand le fanatisme et la sédition, Appelle son armée et croit qu’un Dieu terrible L’inspire, le conduit et le rend invincible.

Bannis toute imposture et d’un coup d’oeil plus sage Regarde ce prophète à qui tu rends hommage ; Vois l’homme en Mahomet ; conçois par quel degré

Tu fais monter aux cieux ton fantôme adoré. Enthousiaste ou fourbe, il faut cesser de l’être ; Sers-toi de ta raison, juge avec moi ton maître : Tu verras de chameaux un grossier conducteur, Chez sa première épouse insolent imposteur, Qui, sous le vain appât d’un songe ridicule, Des plus vils des humains tente la foi crédule. »

» Le fanatisme ou Mahomet «, 1736.

Pour lui, les juifs…

… pratiquaient des sacrifices humains.» Il n’est donc que trop vrai que les juifs, suivant leurs lois, sacrifiaient des victimes humaines. Cet acte de religion s’accorde avec leurs moeurs ; leurs propres livres les représentent égorgeant sans miséricorde tout ceux qu’ils rencontrent, et réservant seulement les filles pour leur usage. »

» Essai sur les moeurs et l’esprit des nations «, 1756

… n’ont pas de philosophie.» Vous demandez quelle était la philosophie des Hébreux ; l’article sera bien court : ils n’en avaient aucune. Leur législateur même ne parle expressément en aucun endroit ni de l’immortalité de l’âme, ni des récompenses d’une autre vie. (…) Les juifs n’étaient attachés scrupuleusement, dans les derniers temps de leur séjour à Jérusalem, qu’à leurs cérémonies légales. Celui qui aurait mangé du boudin ou du lapin aurait été lapidé ; et celui qui niait l’immortalité de l’âme pouvait être grand prêtre. »

» Dictionnaire philosophique «, article » Juifs «, 1764

… sont les ennemis du genre humain.» Mon oncle était lié avec les plus savants juifs de l’Asie. Ils lui avouèrent qu’il avait été ordonné à leurs ancêtres d’avoir toutes les nations en horreur ; et, en effet, parmi tous les historiens qui ont parlé d’eux, il n’en est aucun qui ne soit convenu de cette vérité. (…)

On trouverait plus de cent passages qui indiquent cette horreur pour tous les peuples qu’ils connaissaient. Il ne leur était pas permis de manger avec des Egyptiens ; de même qu’il était défendu aux Egyptiens de manger avec eux. Un juif était souillé, et le serait encore aujourd’hui, s’il avait tâté d’un mouton tué par un étranger, s’il s’était servi d’une marmite étrangère. Il est donc constant que leur loi les rendait nécessairement les ennemis du genre humain. »

» La défense de mon oncle «, 1767, chapitre XIV

… sont haïs par leur faute.» Vous êtes frappés de cette haine et de ce mépris que toutes les nations ont toujours eus pour les juifs : c’est la suite inévitable de leur législation ; il fallait, ou qu’ils subjuguassent tout, ou qu’ils fussent écrasés. Il leur fut ordonné d’avoir les nations en horreur et de se croire souillés s’ils avaient mangé dans un plat qui eût appartenu à un homme d’une autre loi. (…) Ils gardèrent tous leurs usages, qui sont précisément le contraire des usages sociables ; ils furent donc avec raison traités comme une nation opposée en tout aux autres ; les servant par avarice, les détestant par fanatisme, se faisant de l’usure un devoir sacré. Et ce sont nos pères ! »

» Essai sur les moeurs et l’esprit des nations «, chapitre CIII, » De l’état des juifs en Europe «, 1753

… sont ignorants, barbares, avares, superstitieux, haineux.» Dire que les Egyptiens, les Perses, les Grecs furent instruits par les juifs, c’est dire que les Romains apprirent les arts des Bas-Bretons. Les juifs ne furent jamais ni physiciens, ni géomètres, ni astronomes. Loin d’avoir des écoles publiques pour l’instruction de la jeunesse, leur langue manquait même de terme pour exprimer cette institution. (…) Enfin, vous ne trouvez en eux qu’un peuple ignorant et barbare, qui joint depuis longtemps la plus sordide avarice à la plus détestable superstition et à la plus invincible haine pour tous les peuples qui les tolèrent et qui les enrichissent. Il ne faut pourtant pas les brûler. »

» Essai sur les moeurs et l’esprit des nations «, 1753

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The Street by H.P. Lovecraft

There be those who say that things and places have souls, and there be those who say they have not; I dare not say, myself, but I will tell of The Street.
     Men of strength and honour fashioned that Street; good, valiant men of our blood who had come from the Blessed Isles across the sea. At first it was but a path trodden by bearers of water from the woodland spring to the cluster of houses by the beach. Then, as more men came to the growing cluster of houses and looked about for places to dwell, they built cabins along the north side; cabins of stout oaken logs with masonry on the side toward the forest, for many Indians lurked there with fire-arrows. And in a few years more, men built cabins on the south side of The Street.
     Up and down The Street walked grave men in conical hats, who most of the time carried muskets or fowling pieces. And there were also their bonneted wives and sober children. In the evening these men with their wives and children would sit about gigantic hearths and read and speak. Very simple were the things of which they read and spoke, yet things which gave them courage and goodness and helped them by day to subdue the forest and till the fields. And the children would listen, and learn of the laws and deeds of old, and of that dear England which they had never seen, or could not remember.
     There was war, and thereafter no more Indians troubled The Street. The men, busy with labour, waxed prosperous and as happy as they knew how to be. And the children grew up comfortably, and more families came from the Mother Land to dwell on The Street. And the children’s children, and the newcomers’ children, grew up. The town was now a city, and one by one the cabins gave place to houses; simple, beautiful houses of brick and wood, with stone steps and iron railings and fanlights over the doors. No flimsy creations were these houses, for they were made to serve many a generation. Within there were carven mantels and graceful stairs, and sensible, pleasing furniture, china, and silver, brought from the Mother Land.
     So The Street drank in the dreams of a young people, and rejoiced as its dwellers became more graceful and happy. Where once had been only strength and honour, taste and learning now abode as well. Books and paintings and music came to the houses, and the young men went to the university which rose above the plain to the north. In the place of conical hats and muskets there were three-cornered hats and small-swords, and lace and snowy periwigs. And there were cobblestones over which clattered many a blooded horse and rumbled many a gilded coach; and brick sidewalks with horse blocks and hitching-posts.
     There were in that Street many trees; elms and oaks and maples of dignity; so that in the summer the scene was all soft verdure and twittering bird-song. And behind the houses were walled rose-gardens with hedged paths and sundials, where at evening the moon and stars would shine bewitchingly while fragrant blossoms glistened with dew.
     So The Street dreamed on, past wars, calamities, and changes. Once most of the young men went away, and some never came back. That was when they furled the Old Flag and put up a new Banner of Stripes and Stars. But though men talked of great changes, The Street felt them not; for its folk were still the same, speaking of the old familiar things in the old familiar accents. And the trees still sheltered singing birds, and at evening the moon and stars looked down upon dewy blossoms in the walled rose-gardens.
     In time there were no more swords, three-cornered hats, or periwigs in The Street. How strange seemed the denizens with their walking-sticks, tall beavers, and cropped heads! New sounds came from the distance—first strange puffings and shrieks from the river a mile away, and then, many years later, strange puffings and shrieks and rumblings from other directions. The air was not quite so pure as before, but the spirit of the place had not changed. The blood and soul of the people were as the blood and soul of their ancestors who had fashioned The Street. Nor did the spirit change when they tore open the earth to lay down strange pipes, or when they set up tall posts bearing weird wires. There was so much ancient lore in that Street, that the past could not easily be forgotten.
     Then came days of evil, when many who had known The Street of old knew it no more; and many knew it, who had not known it before. And (((those who came))) were never as those who went away; for their accents were coarse and strident, and their mien and faces unpleasing. Their thoughts, too, fought with the wise, just spirit of The Street, so that The street pined silently as its houses fell into decay, and its trees died one by one, and its rose-gardens grew rank with weeds and waste. But it felt a stir of pride one day when again marched forth young men, some of whom never came back. These young men were clad in blue.
     With the years worse fortune came to The Street. Its trees were all gone now, and its rose-gardens were displaced by the backs of cheap, ugly new buildings on parallel streets. Yet the houses remained, despite the ravages of the years and the storms and worms, for they had been made to serve many a generation. New kinds of faces appeared in The Street; (((swarthy, sinister faces with furtive eyes and odd features))), whose owners spoke unfamiliar words and placed signs in known and unknown characters upon most of the musty houses. Push-carts crowded the gutters. A sordid, undefinable stench settled over the place, and the ancient spirit slept.
     Great excitement once came to The Street. War and revolution were raging across the seas; a dynasty had collapsed, and its degenerate subjects were flocking with dubious intent to the Western Land. Many of these took lodgings in the battered houses that had once known the songs of birds and the scent of roses. Then the Western Land itself awoke, and joined the Mother Land in her titanic struggle for civilisation. Over the cities once more floated the Old Flag, companioned by the New Flag and by a plainer yet glorious Tri-colour. But not many flags floated over The Street, for therein brooded only fear and hatred and ignorance. Again young men went forth, but not quite as did the young men of those other days. Something was lacking. And the sons of those young men of other days, who did indeed go forth in olive-drab with the true spirit of their ancestors, went from distant places and knew not The Street and its ancient spirit.
     Over the seas there was a great victory, and in triumph most of the young men returned. Those who had lacked something lacked it no longer, yet did fear and hatred and ignorance still brood over The Street; for many had stayed behind, and many (((strangers))) had come from distant places to the ancient houses. And the young men who had returned dwelt there no longer. (((Swarthy and sinister))) were most of the strangers, yet among them one might find a few faces like those who fashioned The Street and moulded its spirit. Like and yet unlike, for there was in the eyes of all a weird, unhealthy glitter as of (((greed))), ambition, (((vindictiveness))), or misguided zeal. Unrest and treason were abroad amongst an (((evil few who plotted))) to strike the Western Land its death-blow, that they might mount to power over its ruins; even as assassins had mounted in that unhappy, frozen land from whence most of them had come. And the heart of that plotting was in The Street, whose crumbling houses teemed with (((alien makers of discord))) and (((echoed))) with the plans and speeches of those who yearned for the appointed day of blood, flame, and crime.
     Of the various odd assemblages in The Street, the law said much but could prove little. With great diligence did (((men of hidden badges))) linger and listen about such places as Petrovitch’s Bakery, the squalid Rifkin School of Modern Economics, the Circle Social Club, and the Liberty Café. There congregated (((sinister men))) in great numbers, yet always was their speech guarded or in a foreign tongue. And still the old houses stood, with their forgotten lore of nobler, departed centuries; of sturdy colonial tenants and dewy rose-gardens in the moonlight. Sometimes a lone poet or traveller would come to view them, and would try to picture them in their vanished glory; yet of such travellers and poets there were not many.
     The rumour now spread widely that these houses contained the leaders of a vast (((band of terrorists))), who on a designated day were to launch an orgy of slaughter for the extermination of America and of all the fine old traditions which The Street had loved. Handbills and papers fluttered about filthy gutters; handbills and papers printed in many tongues and in many characters, yet all bearing messages of crime and rebellion. In these writings the people were urged to tear down the laws and virtues that our fathers had exalted; to stamp out the soul of the old America—the soul that was bequeathed through a thousand and a half years of Anglo-Saxon freedom, justice, and moderation. It was said that the swart men who dwelt in The Street and congregated in its rotting edifices were the brains of a (((hideous revolution))); that at their word of command many millions of brainless, besotted beasts would stretch forth their noisome talons from the slums of a thousand cities, burning, slaying, and destroying till the land of our fathers should be no more. All this was said and repeated, and many looked forward in dread to the fourth day of July, about which the strange writings hinted much; yet could nothing be found to place the guilt. None could tell just whose arrest might cut off the damnable plotting at its source. Many times came bands of blue-coated police to search the shaky houses, though at last they ceased to come; for they too had grown tired of law and order, and had abandoned all the city to its fate. Then men in olive-drab came, bearing muskets; till it seemed as if in its sad sleep The Street must have some haunting dreams of those other days, when musket-bearing men in conical hats walked along it from the woodland spring to the cluster of houses by the beach. Yet could no act be performed to check the impending cataclysm; for the (((swart, sinister men were old in cunning))).
     So The Street slept uneasily on, till one night there gathered in Petrovitch’s Bakery and the Rifkin School of Modern Economics, and the Circle Social Club, and Liberty Café, and in other places as well, vast hordes of men whose eyes were big with horrible triumph and expectation. Over hidden wires strange messages travelled, and much was said of still stranger messages yet to travel; but most of this was not guessed till afterward,when the Western Land was safe from the peril. The men in olive-drab could not tell what was happening, or what they ought to do; for the (((swart, sinister men))) were skilled in subtlety and concealment.
     And yet the men in olive-drab will always remember that night, and will speak of The Street as they tell of it to their grandchildren; for many of them were sent there toward morning on a mission unlike that which they had expected. It was known that this nest of anarchy was old, and that the houses were tottering from the ravages of the years and the storms and the worms; yet was the happening of that summer night a surprise because of its very queer uniformity. It was, indeed, an exceedingly singular happening; though after all a simple one. For without warning, in one of the small hours beyond midnight, all the ravages of the years and the storms and the worms came to a tremendous climax; and after the crash there was nothing left standing in The Street save two ancient chimneys and part of a stout brick wall. Nor did anything that had been alive come alive from the ruins.
     A poet and a traveller, who came with the mighty crowd that sought the scene, tell odd stories. The poet says that all through the hours before dawn he beheld sordid ruins but indistinctly in the glare of the arc-lights; that there loomed above the wreckage another picture wherein he could descry moonlight and fair houses and elms and oaks and maples of dignity. And the traveller declares that instead of the place’s wonted stench there lingered a delicate fragrance as of roses in full bloom. But are not the dreams of poets and the tales of travellers notoriously false?
     There be those who say that things and places have souls, and there be those who say they have not; I dare not say, myself, but I have told you of The Street.

Taken from http://www.hplovecraft.com/writings/texts/fiction/s.aspx

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Время

Поторопись! Время идёт…
Как быстро летит время!
Ещё не время расстраиваться, всё будет хорошо
Нам надо быстро подписать котракт! Время — деньги.
Всему своё время
Я понимаю, что тебе плохо, но время лечит, скоро будет легче!
Мы уже отдохнули, теперь пора поработать. Делу время, потехе час.
Время от времени
Время не любит, когда его убивают
Я всегда хорошо сплю когда надо работать
Она часто меня вспоминает
Ты никогда не опаздываешь
Я редко туда хожу
Почему Время не отвечает?
Мужчина забывает
Я открываю дверь
Сейчас время не отдыхает
Я отвечаю на вопрос
Мы снова дома
Не за что. Только слова. Я не умею делать больше чтобы дать тебе хороший день

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