Suspendí tres semanas, dizque porque quería concentrarme en escribir el cuento para el concurso. Nada. Di muchos reveses. Me acosté con una gorda como la del meme, dejé de ir consistentemente a entrenar boxeo al gym; volví a redes para publicitar los apartamentos, pero me puse a ver memes y a chatear con viejas que no me gustan ni tanto sólo por sexo; y me puse a jugar Xbox nuevamente, aunque desconectado para no encontrarme con Fabián en Destiny. También dejé de leer las cartas de Lucilio y de hacer este diario inspirado en los videos de Book Club Like No Other.
Ya es hora de retomar.
También he pensado mucho en mis decisiones durante mi relación con K como una iteración más de todos mis errores durante todas mis relaciones y en cómo siempre yo he sido el factor común que encubro mi insatisfacción respecto de las mujeres con mentiras e infidelidades, no siendo capaz de manifestar mi inconformidad temprano en la relación, asumir mis inseguridades, prefiriendo alejar a la gente que me quiere porque en el fondo siento que no son dignas de quererlas. Constantemente estoy buscando nuevas mujeres y cuando encuentro una, busco luego imperfecciones en ella para luego reemplazarla por otra, cuando yo estoy lleno de imperfecciones, como una manera de evadir mi miedo a que me quieran y a tener que retribuir el amor: de Yura, que los dientes; de Livia, que mayor que yo, de K, que promiscua con pasado; de Eli, que negra; de Liz, que gorda; de Lorraine, que madre soltera; de Lilo, que enfermiza; de Stefanny, que loca… Todo lo que hice fue una forma de decir con actos lo que con palabras no tenía el valor de decir: que no las quería a largo plazo, sino tan solo para sexo pasajero.
Hasta ahora no he logrado estar con una mujer que verdaderamente me guste para hacer una familia con ella y construir un futuro juntos. Sé que no es productivo pensar en el pasado, porque la vida es ahora y va hacia adelante, pero reflexionar en mis decisiones me sirve para entender mejor lo que en verdad quiero para mi vida, lo que ha sido mi gran enigma.
Pico con una como con otra como empiezo algo y no lo termino. Esta tendencia y actitud inconstante o falta de compromiso, disciplina y decisión que he tomado no solo con las mujeres, sino también con mi profesión, con mis pasatiempos, con mi escritura, con los idiomas, con las artes marciales, con Dynamic… refleja mi falta de dirección en mi vida y mi falta de creencia en un futuro. Es una manifestación de mi miedo a que después de conocerme se aburran de mí o de comprometerme con el propósito o la mujer equivocada, a cometer errores y a terminar en una situación en la que no tenga escape. No es una situación de pena ni lástima, porque mi soledad se debe a mis propias elecciones que ya estoy entendiendo mejor.
You are the only one harming you
Epistula XLI – On the God within us – Un Dios habita en nuestra alma
«El hombre no crea sus dioses a su imagen y semejanza, sino se concibe a la imagen y semejanza de los dioses en que cree» – Notas 128
Es curioso que un romano, pagano, politeista como Séneca mencione en esta carta el “Espíritu Santo”, al Dios con D mayúscula en el interior de todos nosotros. ¿Será una manipulación de la traducción por la Iglesia Católica? (Epistulae morales ad Lucilium o Cartas a Lucilio Versión en audio con voz real: https://www.youtube.com/watch?v=xLXe6sBG3oA )
Más allá de si es auténticamente monoteísta o politeísta, este “Dios” al interior de todos nosotros presupone un alma creadora, integradora, unificadora y omnipresente en cada uno, desde el más pequeños al más grande. ¿Qué es? ¿El ser? (La vida? ¡El alma, lo divino?
Séneca afirma que este dios en nuestro interior vibra y brilla por sí solo, sin recurrir a la luz de fuentes externas como las posesiones, la gloria, la cuna o el estatus.
Lo que brilla en nuestro interior es lo mejor de nosotros que no se nos puede quitar, porque no es nuestra posesión. No se nos puede quitar lo que no poseemos, ya que este Dios somos nosotros.
En la película The Road (2009), protagonizada por Viggo Mortensen en el papel del ‘Hombre’ le decía a su hijo que, sea lo que sea que pasara, no se rindiera como su madre, quien se suicidó; que no dejara de sobrevivir, como muchos otros que murieron en la carretera, incluido su padre por salvarlo; y que llevara siempre el “fuego” consigo, un símbolo de que no perdiera su humanidad, como los caníbales que, ante la falta de alimentos en el paisaje apocalíptico, terminaban temblando por padecer kuru, una enfermedad neurodegenerativa infecciosa que padecen quienes comen carne humana,
Tenemos que procurar ser nosotros cada vez más, brillar por nuestra propia cuenta, cada vez más ser quien debemos ser: ser uno con la divinidad en nuestro interior o vivir de acuerdo con la naturaleza.
Asimismo, Séneca nos plantea el reto de ver también en los otros este Dios interno, que brilla a pesar del exterior lujoso o humilde, glorioso o mundano, bello o feo . Esto significa ver y aceptar a las personas por lo que son, en lugar de juzgarlas por lo que parecen ni dejarnos afectar por lo que hagan, al estar por fuera de nuestro control, pero en la medida de lo posible, debemos procurar que esta luz emerja a fin de vivir en un mundo más iluminado.
Se lee muy idealista. Es un sueño. Tal vez de eso se trata, de no perder la fé en que todo va a estar bien y que nosotros ayudaremos a que las cosas mejoren dado que tenemos la luz, un fuego por alimentar sin dejar que se apague. Parece ser esta nuestra única salvación y para esto toca empezar desde casa, con nuestros padres y hermanos a quienes a menudo olvidamos iluminarles un poquito el día antes de empezar a iluminar a los otros.: “No más luz para la calle y oscuridad para la casa”, como dice mi papá.
«El hombre tiene tanta alma cuanta cree tener.
Cuando esta creencia muere, el hombre se vuelve objeto» – Selección de Escolios p.190
Epistula XLII – Escasos número de los buenos. La justa valoración de las cosas – On values.
«A cynic is a man who knows the price of everything and the value of nothing» – Oscar Wilde
«En tiempos aristocráticos lo que tiene valor no tiene precio; en tiempos democráticos lo que no tiene precio no tiene valor» – NEI 25a
«¿Quién osará negar la evidencia de un valor?» – Notas 149
“Hombres de Alto Valor merecen Mujeres de Alto Valor”; “Alpha fucks, beta bucks”; “Stacys fuck Chads and Tyrones”; la hipergamia, la ley de Briffault, el muro, etc…En el mercado sexual se estima un puntaje a las personas de acuerdo al atractivo sexual y romántico que tengan el potencial de generar en el sexo opuesto por ciertas características “valiosas”.
En los hombres y mujeres el “valor” se cualifica por características diferentes: por el lado de los hombres, se valora su riqueza, experiencia, fuerza, estatura, simetría facial, y estátus socioeconómico; en las mujeres, el valor se determina por su juventud, belleza, inocencia (falta de parejas sexuales previas), fertilidad, rasgos faciales finos (europeos) y bajo BMI.
Se supone que quienes tienen un puntaje de valor socisexual y romántico pueden escoger emparejarse a corto plazo (ONS, lío de ina noche, fin de semana, monogamia serial, etc) y/o a largo plazo (noviazgo serio y matrimonio, más o menos monogámico) con alguien de un puntaje equivalente.
Entre más “puntaje” de valor se tenga; “más y mejores” parejas sexuales y románticas se puede elegir. Por otro lado, entre menor sea, menos se puede elegir y más tendrá que verse obligado a conformarse si no quiere quedarse célibe o soltero.
Por lo general, las valoraciones puestas a una persona en el mercado sexual o del matrimonio se basan en consideraciones superficiales y sesgadas por el “efecto halo”, mediante el cual se atribuyen características positivas a alguien guiados por su apariencia atractiva, como sucede bajo el efecto “women are wonderful” (las mujeres son maravillosas) que presupone qie alguien es bueno solo por ser mujer, lo que influye, por ejemplo, que se prefiera personas atractivas, principalmente mujeres para algún trabajo o posición de autoridad por encima de consideraciones sobre sus méritos profesionales.
El valor de uno no viene necesariamente del atractivo físico no de las credenciales que tengamos, como tampoco de nuestras posesiones o posiciones. Alguien dirá que esto lo dice quien no tiene atractivo, ni educación o experiencia laboral certificable o que es un pobre diablo, como una forma de sentirse mejor por sus fracasos en alcanzar indicadores externos de valor y éxito, constituidos por la sumatoria del capital biológico, sexual, social, cultural y económico.
Es innegable que el estatus viene de estas posesiones, pero estatus no es valor, el valor consiste en la actitud con que vivimos la vida y el carácter que construimos gracias a las dificultades. El valor radica entonces en nuestro carácter, en nuestra actitud y en el valor que damos a otros antes que el valor que tomamos de otros o que nos dan.
Las personas de carácter y actitud son valiosos porque son escasas. No necesariamente son valiosas o preciosas por costarnos caro como un mineral o un metal, sino que por lo general no hay nada más caro que lo que se nos da gratis. La gente “barata” sale “cara”.
Ser carentes de valor nos sale más caro aún. Los males que causamos y nos causamos por nuestro carácter débil, inconstante, cobarde, evasivo, depresivo, impulsivo, etc nos sale más caro a nosotros que a los demás, no solo en cuanto a lucro cesante o daño emergente, sino que destruye nuestra alma, nuestro rostro, nuestro honor,nuestra reputación, nuestra salud, nuestra vida y nuestra libertad.
¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por aquellos valores que anhelamos encarnar?
«Verdadero aristócrata es el que tiene vida interior. Cualquiera que sea su origen, su rango o su fortuna» – EI 306b
«Noble no es el que cree tener inferiores sino el que sabe tener superiores» – NEII 18c
La minusvalía o “menor valor” es la forma “políticamente incorrecta” de referirse a la condición de discapacidad física o cognitiva de una persona.
De poco valor es alguien de mala actitud o carácter débil así tenga todos sus cinco sentidos o pueda mover todas sus extremidades. Los paralímpicos nos demuestran que personas con discapacidades físicas, gracias a la fuerza de su voluntad y a veces sin el apoyo de nadie, pueden lograr hazañas con las que otros apenas soñamos.
Así alguien tenga los cartones que le acreditan como experto en una profesión, sepa hablar varios idiomas, tenga propiedades a su nombre y un porte de modelo, nada de esto lo hace valioso si ante la menor dificultad rehuye uno de sus responsabilidades, se aísla de sus amigos, renuncia a su disciplina y se somete al dominio de sus vicios. Esa es la peor minusvalía, la peor discapacidad, el menor valor.
«Noble no es el alma que nada hiere, sino la que pronto sana» – Selección p. 190
Epistula XLIII – Vivamos a vista de todos – On the relativity of fame
En esta epístola, Séneca dice algo que he llegado a pensar: los hombres buscamos intimidad como un parapeto para mantener nuestros vicios en secreto, ocultos de los ojos fisgones y juzgadores de otros que pueden hacernos objeto de sus burlas, rechazos, críticas y juzgamientos.
En epístolas anteriores, recalca a Lucilio el consejo de vivir como si alguien sabio y admirable por sus virtudes pudiera saber todo lo que ocultamos, a fin de nunca hacer algo que pueda avengonzarnos frente a este modelo de conducta y sabiduría.
Séneca esta vez va más allá al proponer que vivamos como si viviéramos a vista de todos, lo que me evoca un coco a vivir en una casa de vidrio como la de los “Números “ de la novela distópica Nosotros de Zamyatin.
Tal invitación a vivir “con la puerta abierta” o “vivir en un hogar de cristal” transparente a la vista de todos suena distópico excepto porque lo haríamos voluntariamente en lugar de impuesto por un Estado Único. ¿Acaso no lo hacemos ya voluntariamente en las redes sociales?
Lo que no quiere decir que uno deba vivir pendiente de lo que hacen los demás tras sus puertas transparentes. No. Tenemos que preocuparnos tan sólo por vivir bien nuestras vidas, por lo que uno hace y puede controlar: nuestra virtud.
«Bona conscientia turbam advocat, mala etiam in solitudine anxia atque sollicita est. Si honesta sunt quae facis, omnes sciant; si turpia, quid refert neminem scire cum tu scias? O te miserum si contemnis hunc testem!
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La buena conciencia apela al público, la mala, hasta en la soledad se encuentra angustiada y preocupada. Si son honestas tus acciones… todos deben saberlo; si son torpes, ¿qué importa que nadie los sepa, puesto que tú lo sabes? ¡Desdichado de ti si desprecias ese testigo!» – Seneca-Epistula ad Lucilium XLIII (Sen. Ep. Luc. XLIII)
Epistula XLIV – La verdadera nobleza está en la práctica de la virtud – On philosophy and pedigree
La alcurnia y el abolengo solo son adornos para ennoblecer un orígen fundado en la violencia y la acumulación por generaciones.
Como ya ha dicho Séneca anteriormente, la nobleza no radica necesariamente en un orígen distinguido, en una aristocracia del intelecto o militar, pero consiste en la virtud, en vivir de acuerdo con la naturalez, por lo que acepta un poco de manera igualitaria y esperanzadora que es alcanzable para todos. Sin embargo, toca ver a quiénes consideraba admitidos en esta nobleza; si excluía o no a las mujeres, a los enfermos, a los convictos, a los extranjeros, o a los esclavos o a los libertos.
Epistula XLV – On sophistic argumentation – La lectura provechosa. Inutilidad de las sutilezas dialécticas
«Ante el hombre inteligente que se vuelve marxista sentimos lo mismo que el incrédulo ante la niña bonita que entra al convento» –NGD
Séneca admite no tener todas las respuestas y soluciones a los problemas de la vida. De hecho nadie las tiene. Es menester desconfiar de aquellos que venden sus filosofías como la panacea.
Nadie sabe todo. Apenas llegamos a la superficie de las nociones de las preguntas que nos planteamos y sus soluciones nos plantean más problemas de por sí. No hay soluciones definitivas.
«El hombre es un problema sin solución humana» – NGD
Y es que es cierto, ningún libro nos va a solucionar nada con su retórica. Desde antes de la época de Séneca nos hemos formulado las mismas preguntas y hemos batallado con los mismos problemas que aquejan nuestra humana condición. Llega el punto en que creo es válido afirmar que ser humano es ser un problema. Los animales no tienen problemas, sólo viven y mueren.
Es más, si son problemas sin solución, no son problemas, son síntomas de la enfermedad que nos aqueja cuya única cura es el tiempo para olvidar nuestros padecimientos o la muerte para dar fin a nuestros sufrimientos. Problema sin solución no es problema por el que valga la pena preocuparnos.
Más bien por nada fuera de nuestro control. No controlamos el clima como para que valga la pena preocuparnos por el calentamiento global. No controlamos la economía para que importe la inflación y el desempleo. No controlamos el gobierno como para que importe cuál será el ladrón de turno de nuestros impuestos.
Tal vez sea cierto eso de que el “infierno son los otros” y que por tanto la única manera de alcanzar la paz, la felicidad y la sabiduría sea en soledad, aunque suponga un fracaso no tener poder para cambiar nada para mejor sino contentarnos con nuestras pequeñas y mundanas vidas.
El conformismo y la renuncia me parecen consuelo de débiles, de tontos de cobardes. Pero, ¿hay de otra?
Leo y leo y leo y no me convenzo de nada. Estoy cansado de buscar respuestas a preguntas que no sé si he sabido siquiera formular correctamente.
Sueño con el pasado, me despierto sobresaltado de repente soñando con mi muerte. Intento retener lo que imagino, pero se esfuma al despertar cansado recordándola también a ella y a los Katino. No sirve de nada, pero me gusta martirizar mi memoria recordando esa felicidad que cambié por la nada de mi presente, antes de seguir mi vida como si nada, como si nunca hubiese sido feliz, porque si lo hubiera sido, si hubiera amado verdaderamente, no habría cometido tantos errores. Fui yo el que decidió dejarlo todo por la nada y tengo que asumirlo.
La mejor manera de hacerlo es la soledad para no volver a dañar a nadie que me quiso. Soledad y libros. Pero no tantos, que el cuerpo no los asume, sino unos pocos para
«VIVIR con lucidez una vida sencilla, callada, discreta, entre libros inteligentes, amando a unos pocos seres (EI, 253a).»
Porque hay muchos libros y muchos autores, pero no todos valen la pena ser leídos, porque muchos nos venden vicios como virtudes, cual prestidigitadores, culebreros y mercachifles:
«Venit ad me pro amico blandus inimicus; vitia nobis sub virtutum nomine obrepunt: temeritas sub titulo fortitudinis latet, moderatio vocatur ignavia, pro cauto timidus accipitur. In his magno periculo erramus: his certas notas inprime. Ceterum qui interrogatur an cornua habeat non est tam stultus ut frontem suam temptet, nec rursus tam ineptus aut hebes ut nesciat nisi tu illi subtilissimā collectione persuaseris. Sic ista sine noxā decipiunt quomodo praestigiatorum acetabula et calculi, in quibus me fallacia ipsa delectat.
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En lugar del amigo se me presenta un enemigo lisonjero. Los vicios se nos insinúan con la apariencia de virtudes; la temeridad se esconde bajo el nombre de fortaleza, moderación se llama a la indolencia, al tímido se le considera precavido. En estos casos nos equivocamos con gran riesgo. Aplica a cada concepto sus notas distintivas. Por lo demás, el individuo al que se le pregunta si lleva cuernos no es tan estúpido que vaya a palpar su frente ni tampoco tan torpe u obtuso que diga no saberlo, si le persuades a ello con sutilísima argumentación. Estos sofismas nos engañan inocuamente, al igual que los cubiletes y las piedrecitas de los prestidigitadores, cuya personal astucia es la que me divierte.» –Seneca-Epistula ad Lucilium XLV (Sen. Ep. Luc. XLV)
Es lo que tiende a pasar, por ejemplo con la literatura de autoayuda que pulula actualmente. Esta transforma en virtud el exceso de codicia, haciéndonos obsesivos por el éxito, especialmente económico. Esta literatura es conocida por decir, por ejemplo, “el pobre es pobre porque quiere”, como si el único factor en la pobreza fuera la falta de voluntad de superarse.
En contraste, hay una literatura filosófica que critica a la autoayuda por esto y que mal leída puede terminar incitando lo contrario al esfuerzo personal, esto es la pereza y el conformismo. Esta literatura dice que el pobre no es pobre porque quiere, sino porque está determinado por fuerzas externas por fuera de su control o que son difíciles de cambiar por su propia voluntad. La virtud que exalta Séneca está entre los extremos de la avaricia y la desidia.





